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viernes, 15 de mayo de 2026

¿El mito comunista?

Hay quienes sostienen que la evolución hacia el comunismo es un mito, porque ya “se sabe” que fracasó en Rusia y en China, aunque siga vivito y coleando en Corea del Norte y Cuba. Creen que las ideologías son blanco o negro: o se es comunista radical, con todas sus consecuencias, o no se es. No alcanzan a entender que cuando una forma de pensar se infiltra en las mentes, el daño no tiene que ser absoluto para ser efectivo.

La concepción de la sociedad como lucha de clases, la idea de que sólo con guerra se combate la pobreza, la necesidad de centralizar el poder económico y limitar la libertad de empresa y la propiedad: son piezas de un mismo engranaje. Ideas que parten de la fe fanática y que otorgan a sus líderes una supuesta superioridad moral. Solo ellos entienden la historia. Solo ellos pueden salvar al pueblo. Esa misión redentora —el paraíso socialista— termina justificándolo todo: expropiaciones, regulaciones asfixiantes, restricciones a la libre empresa y el ataque sistemático a cualquier institución que permita el disenso. La justicia, el congreso, la prensa, la universidad abierta, la alternancia, la libre opinión: todo se convierte en obstáculo de una “oligarquía” que debe ser reemplazada por el poder popular… convenientemente interpretado por el líder de turno.

El Estado debe ser fuerte para garantizar salud y educación “gratuitas”, lo que ocurre solo en la afiebrada imaginación. La oposición estorba, y sobra. La receta agraria tampoco es nueva: repartir tierras y debilitar la agroindustria. Ya la probaron Stalin, Mao y Castro dejando horrendas hambrunas y millones de muertos.A la versión criolla se le añade un ingrediente original: la indulgencia con el delito y el salvajismo. Las bandas armadas son vistas como consecuencia de la “violencia estructural”, y la respuesta es la convivencia que termina normalizando un Estado criminal. Con la teoría de la “guerra fracasada”, se abraza a todos los mafiosos y se enfrenta con “dignidad” al consumidor.

No, no es comunismo radical. Pero es muy parecido.Y ha sido suficiente para empeorar la inequidad donde se ha aplicado. El programa de Cepeda está escrito y cualquiera lo puede revisar. Lo sorprendente no es que unos muchachos alienados lo crean. Es que los educados que conocen la historia y que deberían saber mejor, sigan fingiendo que no lo reconocen.
Publicado El País de Cali - 26136


sábado, 31 de enero de 2026

Discursos y dislates

Hay discursos que revuelven el estómago por la profunda vergüenza que producen. Vergüenza con la humanidad. ¿Cómo es posible que más de 80 millones hayan votado por alguien capaz de soltar tantos dislates durante 70 minutos en Davos? ¿Cómo es posible que un 40% de los colombianos sigan apoyando a quien se dedica a “iluminar” audiencias con disparates que solo exhiben ignorancia, fanatismo y una desconexión alarmante con la realidad?
Pero para nuestro alivio —y como antídoto contra la náusea— es reconfortante constatar que aún existen estadistas de gran calibre, capaces de observar el mundo con lucidez, comprender sus desafíos y actuar en consecuencia. Mark Carney, primer ministro de Canadá, pertenece a esa rara especie. Su intervención en Davos fue una lección de realismo, coherencia y responsabilidad política.
Carney sostuvo que no estamos viviendo una transición, sino una ruptura del orden mundial. Que el llamado sistema internacional basado en reglas se ha erosionado, y que las grandes potencias ya no disimulan el uso de la economía, las finanzas y las armas para imponerse. Frente a ese escenario, los países medianos no pueden seguir fingiendo neutralidad ni refugiarse en la nostalgia del multilateralismo.
La respuesta no es aislarse ni construir fortalezas nacionales, sino fortalecer capacidades propias y tejer alianzas flexibles entre países con valores compatibles. Soberanía hoy no significa encerrarse, sino reducir vulnerabilidades: producir energía, alimentos, tecnología, defensa y conocimiento sin depender de un solo hegemón.
Carney propuso un realismo basado en valores: defender la democracia, los derechos humanos y la legalidad internacional, pero entendiendo que el mundo es imperfecto y que el poder sin principios conduce al desastre. Canadá, dijo, apuesta por diversificar relaciones, invertir masivamente en su economía real y construir coaliciones prácticas para cada problema. Un guión perfecto para Colombia.
Mientras algunos líderes convierten la política global en un espectáculo de egos, amenazas y resentimientos, otros aún recuerdan que gobernar va mucho más allá de las quejas e insultos. En tiempos de ruido, los estadistas no abundan. Por eso, cuando aparece uno, conviene escucharlo.
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viernes, 5 de septiembre de 2025

Madurando la coca

La fábula de la dignidad latinoamericana y el orgullo patrio ha dado para mucho. Sirve para inflar discursos, hinchar pechos y emocionar multitudes dispuestas a dar la vida contra el imperialismo. Lo curioso es que quienes promueven esas visiones jamás se detienen a explicar cómo un país, que también fue colonia, logró convertirse en una de las sociedades más prósperas de la humanidad. No dicen qué los hizo tan fuertes económicamente ni cómo alcanzaron a ser potencia militar. Prefieren la ruta fácil: ignorar que partimos de orígenes similares —indígenas invadidos por europeos— y que en apenas dos siglos unos llegaron a la luna mientras nosotros seguimos hundidos en el barro. La salida mágica: culparlos de todos nuestros males y reciclar el eterno discurso, que está precisamente en la raíz de nuestra pobreza.

De ahí el cuento de que la coca es menos dañina que el whisky. Que la hojita es sagrada, que nuestros ancestros la mascaban para hablar con los dioses. De ahí la desfinanciación del Ejército, la eliminación de la erradicación, el aumento frenético de los cultivos. Y de ahí el respaldo a Maduro, jefe del cartel de los soles, quien convirtió a Venezuela en el más exitoso de los narcoestados, mucho más de lo que Pablo Escobar hubiese podido imaginar. De ahí que sea tan tonto aconsejar que no nos metamos en el lio de Venezuela cuando la alianza es esencial a la supervivencia de ambos. Paradójicamente, la ineptitud para gobernar contrasta con la eficacia para delinquir. Son incapaces de sacar a la gente de la pobreza, pero maestros en impulsar el negocio criminal.

Han creído, fruto de su ilusoria megalomanía, que la operación podía sostenerse indefinidamente, alimentada con dólares fáciles, corrupción institucional y elecciones robadas. Pero han sido tan descarados que los vecinos del norte, recipientes de todo el veneno, resolvieron cerrar la llave del jugoso flujo que mantiene la maquinaria aceitada. los sostiene en el poder y les permite un discurso cínico y ventijuliero.

Si el bloqueo naval logra afectar el flujo verde o la presión logra liberar a Venezuela del totalitarismo criminal, veremos caer el peso como plátano maduro, convirtiendo en humo otro “logro” del gobierno. El mismo estado gaseoso de tanta mentira empacada en épica revolucionaria, mezcolanza ecológica y batiburrillo socialista.

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viernes, 4 de julio de 2025

La improbable dictadura

Si revisamos los últimos cien años de política en América Latina, el diagnóstico es claro: las dictaduras han encontrado terreno fértil. Todos los países han sufrido alguna. En número de años bajo regímenes autoritarios, hay un amplio rango: desde apenas 4 en Colombia, hasta 60 en Nicaragua (o 71 en México, si se considera el largo monopolio del PRI). En promedio, la región ha pasado 32 de los últimos 100 años bajo dictadura. Una tercera parte de su historia reciente atrapada en el autoritarismo.
¿El campeón de la democracia? Colombia. Y en aparente paradoja también campeona en violencia. Tal vez porque la democracia, en su generosa amplitud, permitió pensar que la diversidad incluía también a quienes empuñaban las armas para llegar al poder. El resultado ha sido una cultura marcada por la transgresión: altas tasas de criminalidad, desconfianza en las instituciones y un concepto libertario que a veces se confunde con hacer “lo que se me dé la gana”.
Esa libertad mal entendida y abusada ha producido un curioso efecto: un rechazo subconsciente y persistente a cualquier intento de centralismo autoritario. Como si el país, por vivir al borde del caos, se estuviese vacunando —aunque con efectos secundarios— contra la obediencia ciega. Aquí muchos viven con miedo, sí, pero también dicen con resignado orgullo: “igual a esto no hay nada”. Un reconocimiento tácito al valor de la libertad.
Sea esa la explicación o no, la verdad estadística es que Colombia ha resistido mejor que otros países los encantos de las dictaduras. Y por eso resulta poco probable que acepte mansamente la que ahora se cocina, entre discursos populistas y reformas impuestas a golpe de megáfono.
Ya son varios los periodos de la historia en que el país ha sufrido incrementos en la capacidad violenta de grupos criminales. Se ha resuelto llamar guerra a este proceder como si fuese un recurso válido para dirimir las diferencias. El resultado ha sido siempre el empeoramiento de la condición que supuestamente se pretende mejorar con la generación de más pobreza, sufrimiento, desolación y muerte.
Por eso resulta tan equivocada la pretensión de solucionar “en la calle” las diferencias que existen con relación a nuevas leyes. Prender la mecha en un país que se enciende fácil es peligroso para todos, incluyendo el dueño del fósforo.

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viernes, 23 de mayo de 2025

Nihao Zonghuo

Hola, China. ¡Tantos temores infundados con la opción de hacer negocios contigo, China querida! Algunos se aterran por la ofensa a Trump, el magnate que solo se interesa por los negocios. Tian na! Si representamos el 0,01 % del comercio global de EE. UU. que tiene con nosotros un superávit que es apenas un 0,1 % del déficit que tienen contigo. Seamos realistas: no existimos.
Luego vienen otros con el susto de quedar amarrados por tu “correa” (Yi dai,Yi lu– la famosa Belt and Road). Es obvio que, siendo grande y poderoso, vas a tener influencia. Es lo normal. Los países que supieron aprovechar la influencia del Tío Sam se volvieron ricos. Aquí, en cambio, parece que nos esforzamos por seguir siendo chiquitos, desconocidos y pobres, repitiendo la vieja cantaleta del “imperialismo”.

Negociar contigo podría traer grandes proyectos de infraestructura, tecnología y un mercado inmenso para nuestras tímidas capacidades productivas. Si tuviésemos olfato, te entregaríamos en concesión el diseño, construcción y operación de toda la red vial y ferroviaria del país. Total, lo que tenemos es una combinación de ingeniería rudimentaria con una visión pichicata que nos impide hacer una obra que no se caiga al año siguiente. Aquí culpamos a la “difícil geografía” cuando se derrumban las carreteras o un túnel demora décadas. Para ti, eso sería un cuento chino.
Podríamos aprovechar la excusa ecológica para traer a BYD, fabricar “el carro eléctrico colombiano”, barato, pequeño, copiable. Tal vez así podríamos parar el genocidio motociclista y aprender lo que significa autoridad y orden en el tránsito.

Pero duibuqi, China. Discúlpanos. Ni este ni ningún plan concreto llevaba el Gran Líder Galáctico. Estaba convencido de que bastaba con darle un gran abrazo comunista y revolucionario a Xi, quien ignora el concepto. No sabía —como tampoco lo sabe la izquierda latinoamericana— que allá lo único que queda de comunista es el nombre y que operas el más salvaje de los capitalismos , lleno de billonarios que ya alcanzan a los gringos.
Lo devolviste con el rabo entre las piernas, sin tren transoceánico, con el cerebro hinchado por una ideología caduca y el pecho inflado en su convicción de haber asombrado al mundo. Y en efecto fueron muchos los noticieros de este verde planeta donde se burlaron de las burradas que fué a soltar allá.

viernes, 31 de enero de 2025

Dignidad

Es la palabra más socorrida por quienes se inflan llamándose progresistas, aunque sus ideas generen tan evidente regresión. Fue la favorita de Fidel para aislar a Cuba y condenarla a una pobreza irremediable, llevando a la mayoría de los cubanos a vidas miserables y forzándolos a huir en balsas, al realizar que perdían toda opción para una vida digna. Abandonar su país, su entorno y su familia es el mayor golpe a la dignidad de una persona. El destierro se consideró por siglos peor castigo que la cárcel o la muerte.
Es la palabra que brilló en una mente turbada en la mitad de la noche, desatando un absurdo duelo de narcisos. El loro tropical desafió al oso blanco y salió desplumado. Un arranque impulsivo que nada tiene de valentía, sino que está cargado de irracionalidad y desprecio por las consecuencias para su país. Más allá de las fijaciones ideológicas, es fácil entender que es mucho más inteligente cooperar con los poderosos, esquivando abusos con astucia. Japón, Alemania e Italia lo hicieron tras humillantes derrotas, y muchas naciones pequeñas han prosperado priorizando la cooperación y el lenguaje respetuoso sobre el discurso hirsuto y agresivo. En cambio, quienes eligen la confrontación siguen el camino seguro de la pobreza.
Honradez, nobleza, integridad y coraje son valores admirables, pero cuando nacen de un ego desproporcionado, llevan a un país al desastre. Vociferar orgullo no otorga superioridad; basta con revisar los discursos guerreristas que han desatado las peores tragedias. Pueden tener siempre una amplia corte de áulicos que aplauden pero termina sufriendo una gran masa empobrecida.
No podemos confundir el impasse con un asunto de principios. Condenamos con firmeza el trato de criminales a unos desvalidos migrantes. Se trata de gobernar con sensatez y no con arranques emocionales de un trasnochado incapaz de medir las consecuencias de un twitazo. De consultar opiniones y discutir opciones creativas y prudentes. Para no mencionar su carta de amor a Trump, una joya para una clase de psiquiatría, confirmatoria de la severidad de su trastorno, que merece toda una nota.
En medio de todo el barullo que se produjo, reconforta ver que el país, incluyendo a sus cercanos colaboradores, demostró la capacidad para negarse a seguir el camino de la indignidad de un trastocado aspirante a poeta.
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sábado, 21 de diciembre de 2024

Telestar

“Colombia atraviesa una crisis económica de gravedad progresiva..se establecen alzas al subir el precio de la gasolina..ha habido fuga de capitales de quienes se sienten perseguidos e inseguros..no se abren nuevos frentes de trabajo porque no se dan las circunstancias favorables para que inviertan los que pueden abrirlos..si lo que quisieran es el bienestar del pueblo Colombiano, están logrando lo contrario..no es fácil acabar con un enfrentamiento de 30 años..el mayor enemigo de Colombia y su democracia es la corrupción..los que viajan por cuenta del estado.. con cualquier pretexto..si nos acercamos a la gente que trabaja y lucha, el balance es favorable”

Son algunos apartes de una columna “Telestar” de Clarita Zawadzki escrita en 1985. Hace casi 40 años, y los comentarios podrían ser perfectamente apropiados para el presente.
Tiene mucho valor repasar lo que escribían los columnistas hace décadas, especialmente para quienes creen que están inventando la pólvora al hacer análisis políticos y sociológicos.

Clarita nació en un periódico, y eso influyó para que desde temprana edad desarrollara una fluidez extraordinaria para escribir. Lo que para la mayoría de los mortales implica un esfuerzo considerable, revisiones y correcciones, ella lo hacía en minutos. Tuvo la paciencia y disciplina de recortar todos sus escritos —que sumaron miles— y encuadernarlos en tomos que mantenía muy organizados. Incluso cuando logró superar el terror al computador, lo que le dio aún más agilidad, se negó al archivo digital “para no llenar el disco duro” y continuó con su práctica de recortar, pegar y encuadernar.
Los libros de papel, tan amados por muchos, se van amarillando y apolillando con el tiempo. Por ello, la labor de escanear, clasificar y publicar todas las columnas de “Telestar” y sus libros ha sido larga y dispendiosa, pero está siendo completada gracias a la ayuda de familiares y amigos. Quienes se apegan al papel sabrán que su permanencia sólo ocurre en el mundo virtual.

Quizá no queden muchas personas que disfruten releer “Telestar”, pero, como demuestro con el fragmento inicial, es valioso confirmar que la historia se repite y que resulta muy instructivo leer una pluma tan ágil y diversa. Los admiradores y los numerosos amigos que tuvo, pueden volver a disfrutar de sus notas en bit.ly/claritatelestar

viernes, 21 de junio de 2024

Riqueza va, pobreza viene

Toda reunión en la que se hable de la situación del país comienza exponiendo lo mal que estamos en el ranking de inequidad. Los asistentes se escurren en sus asientos, asumiendo su pecado, por el hecho de estar vestidos y disfrutando de 3 comidas al día. La culpa de la tragedia se distribuye entre los “ricos” quienes se empeñan en no repartir sus escasos o abundantes bienes. La excepción son los vociferantes amigos del comunismo quienes suelen poseer mucho más que la mayoría de “su pueblo”, pero lo de ellos no cuenta porque rico es solo quien tiene más que ellos y la equidad aplica es para todos los demás.

Una pandemia latinoamericana ha logrado infectar muchas mentes con el virus socialista enredador de neuronas que lleva a creer que el problema es distribuir la riqueza y no generarla. Nubla la visión impidiendo ver que también llevamos décadas clasificando como uno de los países más violentos con presencia de anacrónicas guerrillas, que existen porque las han justificado y se han tolerado todas sus acciones destructoras pintandolas de políticas.

No es difícil sumar las pérdidas y daños de 50 años de bombas, oleoductos rotos, comercios quemados, recursos malgastados en armas, minas, helicópteros caídos y las centenas de miles de jóvenes sacrificados. Ese es el costo directo porque el indirecto es mucho peor. Cinturones de miseria requiriendo subsidios, por los millones de desplazados de sus tierras donde podían llevar una vida digna. Para rematar, quienes logran un nivel educativo huyen de la “potencia de la vida” para lograr sobrevivir en el mundo civilizado. Poco se habla del sacrificio que significa separarse de sus familias y la dura vida que llevan. Sacamos pecho con esos seres que sostienen medio país con sus remesas y constituyen un importante “producto de exportación”.

La inequidad no es culpa de los que han logrado salir del pantano con honestidad y resulta absurdo perseguirlos y decomisar sus ahorros como lo hace la inviable reforma pensional. El camino a la prosperidad con equidad se construye desarmando un discurso que se quiere imponer con bombas. La violencia no es la consecuencia de la inequidad. Es su más importante causa. Seguirla justificando llevará a infinitas negociaciones con interminables cadenas de disidencias, y a enseñar cada vez mejor, la peor lección: el crimen sí paga.
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viernes, 16 de junio de 2023

Lucha de clases

Todo un capítulo, esencial en la ideología Marxista es la lucha de clases. Una elaboración que aun en el siglo 19 fue equivocada, se sigue reciclando para interpretar la sociedad encajonando la realidad en unos preceptos falsos. Una falacia repetida incansablemente por décadas y grabada en la mente de los creyentes como dogma. ¿Está realmente conformada la sociedad por clases inamovibles? Y si fuese así, el destino es que estén en lucha violenta permanente hasta que una clase aniquile a la otra? Es indiscutible que toda sociedad, incluyendo las que han logrado estadíos avanzados de comunismo, tienen su población distribuida en un amplio espectro de ingresos económicos, privilegios y nivel cultural, que difícilmente constituyen “clases”. Se pueden dar grados de educación y cultura muy variables en todos los segmentos. Millonarios ignorantes e incultos rodeados de brillos con una vida amargada y campesinos pobres y sabios con una existencia sobria y equilibrada. La movilidad ocurre en todos los sentidos. Desde el pobre, visionario, trabajador, disciplinado y recursivo que se sube en pocos años a la cima económica hasta el super rico vago y botaratas que acaba con una fortuna y termina en la calle. Y una enorme “clase” media en constante mutación, que difícilmente se puede encasillar.

Esa visión de opresores y oprimidos es esencial para justificar las medidas autoritarias que van configurando gradualmente la dictadura del proletariado. Los autodenominados intelectuales no son capaces de entender la sociedad como una compleja red de capacidades e intereses que pueden interactuar en paz, respetando un marco legal, por lo que terminan con el simplismo de dos facciones incompatibles, en guerra permanente. Sencillo y fácil de vender. Obviamente no hay espacio para el diálogo y la cooperación porque lo que prima es el odio a “los otros”. Las mentes no infectadas por tan dañina falacia, viven la vida real y perciben una sociedad muy distinta en la que, a pesar de las muchas diferencias, se forjan relaciones de ayuda y cooperación mutua con fuertes lazos de amistad y solidaridad.

Hay quienes sostienen que mencionar el peligro totalitario no tiene sentido en este país tan estructurado y para nada aplica al gobierno del cambio que solo nos quiere llevar hacia una socialdemocracia moderna.
Los deseos no les permiten leer los afiches minuciosamente preparados por funcionarios en la escuálida marcha del gobierno: “el poder destructor, perverso y satánico de los medios…que le hace creer a la clase trabajadora que es mejor ser esclavo…eso solo lo hace satanás”

¿No ven como se sigue el guión de la confrontación? Para acallar la crítica, hay que satanizar los medios. Lo novedoso es que es literal. No se libra una guerra contra los opresores, sino contra el mismísimo lucifer y su infernal fábrica de pobres.
No podrán entender que nadie fabrica pobres y que los países son ricos porque han logrado que un gran número de sus ciudadanos entiendan que lo que hay que hacer es proponerse a crear riqueza.

Que desperdicio lograr que la juventud salga a la calle portando carteles que parecen salidos del purgatorio de la ignorancia.