La explicación es sencilla: llevan décadas perfeccionando la técnica. Igual que sus referentes históricos —Castro, Chávez y tantos otros— se presentan como demócratas ejemplares. Prometen respetar elecciones, la propiedad privada, promover empresas, rescatar a los pobres, multiplicar la producción agrícola y hacerlo todo en un ambiente de paz, protección de derechos humanos y la naturaleza. ¿Quién podría oponerse a un programa tan atractivo?
Una vez en el poder aparecen las reformas constitucionales para perpetuarse, la persecución de la oposición y la prensa independiente, los controles crecientes sobre la economía y las regulaciones que terminan asfixiando la iniciativa privada. Cuando aumenta el descontento, surge una segunda herramienta indispensable: la estadística oficial. Algunas cifras pueden ser ciertas. El truco consiste en la forma de presentarlas. Se seleccionan períodos de comparación convenientes, se mezclan porcentajes con cifras absolutas y se atribuyen al gobierno tendencias que venían desarrollándose desde mucho antes. Una cifra que lleva décadas mejorando se compara únicamente con un pasado lejano. Asi, cualquiera resulta el protagonista de un progreso extraordinario. Con ese artificio reducen la mortalidad infantil, la pobreza, el desempleo, la inflación, y aumentan el turismo, los decomisos de droga, las vías terciarias o algunos indicadores de salud.
Un análisis serio de las series históricas muestra algo distinto: la mayoría de los indicadores favorables simplemente continúan tendencias previas que dependen mucho más de un empresariado pujante que de la acción del gobierno. En cambio las cifras preocupantes se confunden en una neblina informativa: homicidios, secuestros, expansión de grupos armados, déficit fiscal, producción y exportación de cocaína, caída de la inversión, emigración de talento y corrupción. Todo queda diluido en una verborrea galáctica o en la promesa fantasiosa de que, con cuatro años más de lo mismo, ahora sí llegará el paraíso anunciado.Vender sueños imposibles y volverlos realidad con estadísticas maquilladas ha sido la estrategia para prolongar durante décadas regímenes comunistas fracasados.
Un análisis serio de las series históricas muestra algo distinto: la mayoría de los indicadores favorables simplemente continúan tendencias previas que dependen mucho más de un empresariado pujante que de la acción del gobierno. En cambio las cifras preocupantes se confunden en una neblina informativa: homicidios, secuestros, expansión de grupos armados, déficit fiscal, producción y exportación de cocaína, caída de la inversión, emigración de talento y corrupción. Todo queda diluido en una verborrea galáctica o en la promesa fantasiosa de que, con cuatro años más de lo mismo, ahora sí llegará el paraíso anunciado.Vender sueños imposibles y volverlos realidad con estadísticas maquilladas ha sido la estrategia para prolongar durante décadas regímenes comunistas fracasados.
Publicado El Pais de Cali 26157