Aunque pueda parecer simplista, el panorama político de los dos últimos siglos se ha visto moldeado por tres corrientes, cada una con sus variantes.
Está el Fascismo. Arraigado en un cuento de superioridad nacional o racial, abraza la confrontación violenta como su modus operandi. Su objetivo es imponerse sobre aquellos que considera inferiores, sea por sometimiento o aniquilación. Cuando no se ve posible, crean muros y barreras para poder vivir los privilegios de la superioridad en aislamiento.Los modernos fascistas adoptan disfraces democráticos, pero su esencia sigue siendo la sumisión ciega al gran líder. Los “otros” son todos de extrema izquierda.
Está el Marxismo que plantea una lucha perpetua entre clases, con los oprimidos destinados a dominar a los opresores mediante la violencia. Aunque su mantra es la equidad, sus resultados suelen consolidar élites poderosas y privilegiadas, rodeadas de una masa empobrecida. Son expertos en camuflarse bajo la apariencia de demócratas pacíficos, hasta que toman el poder y adoptan su verdadera faz. Por fuera de ellos, todo es extrema derecha.
Está el Liberalismo: abraza una visión optimista de la humanidad, creyendo en la cooperación sobre el conflicto. Reconoce valores e intereses compartidos entre las personas, abogando por el diálogo como herramienta para resolver injusticias. A diferencia de las doctrinas anteriores, el Liberalismo no se aferra a dogmas ni cultos mesiánicos, ajusta estrategias y cambia líderes. No disemina historias imaginarias que lleven a generar odio hacia los semejantes. Su búsqueda de la libertad, acepta críticas y cambios pacíficos, premiando la iniciativa individual y el aporte a la sociedad como generadores de bienestar. Invariablemente ha resultado en expansion de la democracia, de los derechos individuales y en bienestar creciente para las comunidades que lo saben entender y aplicar.
Sin embargo, entre estas corrientes también se encuentra el Confusionismo, que, lejos de las enseñanzas de Confucio, nubla el pensamiento racional con retórica vacía, dificultando la comprensión de la realidad y la toma de decisiones positivas a largo plazo para la comunidad. Es en buena parte el responsable de los triunfos electorales que se transforman gradual o rapidamente en autocracias. Heil Petro y su capacidad destructora de instituciones.
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viernes, 5 de abril de 2024
viernes, 16 de junio de 2023
Lucha de clases
Todo un capítulo, esencial en la ideología Marxista es la lucha de clases. Una elaboración que aun en el siglo 19 fue equivocada, se sigue reciclando para interpretar la sociedad encajonando la realidad en unos preceptos falsos. Una falacia repetida incansablemente por décadas y grabada en la mente de los creyentes como dogma. ¿Está realmente conformada la sociedad por clases inamovibles? Y si fuese así, el destino es que estén en lucha violenta permanente hasta que una clase aniquile a la otra? Es indiscutible que toda sociedad, incluyendo las que han logrado estadíos avanzados de comunismo, tienen su población distribuida en un amplio espectro de ingresos económicos, privilegios y nivel cultural, que difícilmente constituyen “clases”. Se pueden dar grados de educación y cultura muy variables en todos los segmentos. Millonarios ignorantes e incultos rodeados de brillos con una vida amargada y campesinos pobres y sabios con una existencia sobria y equilibrada. La movilidad ocurre en todos los sentidos. Desde el pobre, visionario, trabajador, disciplinado y recursivo que se sube en pocos años a la cima económica hasta el super rico vago y botaratas que acaba con una fortuna y termina en la calle. Y una enorme “clase” media en constante mutación, que difícilmente se puede encasillar.
Esa visión de opresores y oprimidos es esencial para justificar las medidas autoritarias que van configurando gradualmente la dictadura del proletariado. Los autodenominados intelectuales no son capaces de entender la sociedad como una compleja red de capacidades e intereses que pueden interactuar en paz, respetando un marco legal, por lo que terminan con el simplismo de dos facciones incompatibles, en guerra permanente. Sencillo y fácil de vender. Obviamente no hay espacio para el diálogo y la cooperación porque lo que prima es el odio a “los otros”. Las mentes no infectadas por tan dañina falacia, viven la vida real y perciben una sociedad muy distinta en la que, a pesar de las muchas diferencias, se forjan relaciones de ayuda y cooperación mutua con fuertes lazos de amistad y solidaridad.
Hay quienes sostienen que mencionar el peligro totalitario no tiene sentido en este país tan estructurado y para nada aplica al gobierno del cambio que solo nos quiere llevar hacia una socialdemocracia moderna.
Los deseos no les permiten leer los afiches minuciosamente preparados por funcionarios en la escuálida marcha del gobierno: “el poder destructor, perverso y satánico de los medios…que le hace creer a la clase trabajadora que es mejor ser esclavo…eso solo lo hace satanás”
¿No ven como se sigue el guión de la confrontación? Para acallar la crítica, hay que satanizar los medios. Lo novedoso es que es literal. No se libra una guerra contra los opresores, sino contra el mismísimo lucifer y su infernal fábrica de pobres.
No podrán entender que nadie fabrica pobres y que los países son ricos porque han logrado que un gran número de sus ciudadanos entiendan que lo que hay que hacer es proponerse a crear riqueza.
Que desperdicio lograr que la juventud salga a la calle portando carteles que parecen salidos del purgatorio de la ignorancia.
Esa visión de opresores y oprimidos es esencial para justificar las medidas autoritarias que van configurando gradualmente la dictadura del proletariado. Los autodenominados intelectuales no son capaces de entender la sociedad como una compleja red de capacidades e intereses que pueden interactuar en paz, respetando un marco legal, por lo que terminan con el simplismo de dos facciones incompatibles, en guerra permanente. Sencillo y fácil de vender. Obviamente no hay espacio para el diálogo y la cooperación porque lo que prima es el odio a “los otros”. Las mentes no infectadas por tan dañina falacia, viven la vida real y perciben una sociedad muy distinta en la que, a pesar de las muchas diferencias, se forjan relaciones de ayuda y cooperación mutua con fuertes lazos de amistad y solidaridad.
Hay quienes sostienen que mencionar el peligro totalitario no tiene sentido en este país tan estructurado y para nada aplica al gobierno del cambio que solo nos quiere llevar hacia una socialdemocracia moderna.
Los deseos no les permiten leer los afiches minuciosamente preparados por funcionarios en la escuálida marcha del gobierno: “el poder destructor, perverso y satánico de los medios…que le hace creer a la clase trabajadora que es mejor ser esclavo…eso solo lo hace satanás”
¿No ven como se sigue el guión de la confrontación? Para acallar la crítica, hay que satanizar los medios. Lo novedoso es que es literal. No se libra una guerra contra los opresores, sino contra el mismísimo lucifer y su infernal fábrica de pobres.
No podrán entender que nadie fabrica pobres y que los países son ricos porque han logrado que un gran número de sus ciudadanos entiendan que lo que hay que hacer es proponerse a crear riqueza.
Que desperdicio lograr que la juventud salga a la calle portando carteles que parecen salidos del purgatorio de la ignorancia.
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