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viernes, 31 de enero de 2025

Dignidad

Es la palabra más socorrida por quienes se inflan llamándose progresistas, aunque sus ideas generen tan evidente regresión. Fue la favorita de Fidel para aislar a Cuba y condenarla a una pobreza irremediable, llevando a la mayoría de los cubanos a vidas miserables y forzándolos a huir en balsas, al realizar que perdían toda opción para una vida digna. Abandonar su país, su entorno y su familia es el mayor golpe a la dignidad de una persona. El destierro se consideró por siglos peor castigo que la cárcel o la muerte.
Es la palabra que brilló en una mente turbada en la mitad de la noche, desatando un absurdo duelo de narcisos. El loro tropical desafió al oso blanco y salió desplumado. Un arranque impulsivo que nada tiene de valentía, sino que está cargado de irracionalidad y desprecio por las consecuencias para su país. Más allá de las fijaciones ideológicas, es fácil entender que es mucho más inteligente cooperar con los poderosos, esquivando abusos con astucia. Japón, Alemania e Italia lo hicieron tras humillantes derrotas, y muchas naciones pequeñas han prosperado priorizando la cooperación y el lenguaje respetuoso sobre el discurso hirsuto y agresivo. En cambio, quienes eligen la confrontación siguen el camino seguro de la pobreza.
Honradez, nobleza, integridad y coraje son valores admirables, pero cuando nacen de un ego desproporcionado, llevan a un país al desastre. Vociferar orgullo no otorga superioridad; basta con revisar los discursos guerreristas que han desatado las peores tragedias. Pueden tener siempre una amplia corte de áulicos que aplauden pero termina sufriendo una gran masa empobrecida.
No podemos confundir el impasse con un asunto de principios. Condenamos con firmeza el trato de criminales a unos desvalidos migrantes. Se trata de gobernar con sensatez y no con arranques emocionales de un trasnochado incapaz de medir las consecuencias de un twitazo. De consultar opiniones y discutir opciones creativas y prudentes. Para no mencionar su carta de amor a Trump, una joya para una clase de psiquiatría, confirmatoria de la severidad de su trastorno, que merece toda una nota.
En medio de todo el barullo que se produjo, reconforta ver que el país, incluyendo a sus cercanos colaboradores, demostró la capacidad para negarse a seguir el camino de la indignidad de un trastocado aspirante a poeta.
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sábado, 27 de julio de 2024

Medicos y muerte

El oficio de los médicos implica convivir con la muerte. No solo porque están involucrados en los últimos pasos que damos en este mundo, sino porque al igual que los policías, bomberos y rescatistas, sacrifican sus vidas por salvar las de los demás. Los 115.000 que en el mundo entregaron sus vidas cuidando a los demás en la pandemia son una de la muchas abrumadoras estadísticas. Pero la muerte persigue a los médicos de manera más siniestra. La presión y la responsabilidad son tan altas que la tasa de suicidio de los médicos es 5 veces la de la población general, siendo el proceso de formación la etapa más escarpada.

Desde qué Hipócrates sentó los principios de la medicina eso lo han sabido todos los que deciden tomar ese difícil camino.El compromiso de enseñar y transmitir todos los conocimientos con generosidad y amor convertía al maestro en un padre que acompañaba el aprendizaje en humildad. Pero en los últimos 200 años la sofisticación del conocimiento y la tecnología generaron enormes avances en la capacidad para curar al punto que la sociedad espera y exige a los médicos infalibilidad. Los cirujanos con su salvadora destreza manual se convirtieron en medio dioses (MD) concentrando un enorme poder lo que facilitó la “escuela” del atropello y el abuso a los estudiantes que pasaron a llamarse “internos” y “residentes” porque debían estar confinados a vivir en los hospitales y no ver la luz del día en sus años de entrenamiento. La exigencia absurda, el maltrato verbal y físico, la misoginia, el racismo, el abuso sexual, el atropello económico fueron distorsiones que se convirtieron en paradigmas no solo aceptados sino considerados necesarios. La humildad, tan necesaria para seguir aprendiendo, fue aplastada por la prepotencia de quienes ven el aprendizaje como “retador y desafiante”. Un fenómeno universal que ha llevado al ente acreditador en USA (ACGME) a hacer una encuesta anual entre todos los residentes. Programa en el que se comprueba abuso, se cierra. Es la autoridad la que define que un camino duro y difícil se puede recorrer con amabilidad y sin generar el sufrimiento de absurdos patrones que se repiten. Hay que creer que no tengamos que seguir conviviendo con suicidios como el de Catalina Gutiérrez para que seamos capaces de parar a quienes han convertido el abuso en su “modus operandi”.
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