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martes, 15 de octubre de 2024

Empresas sociales

En medio de las críticas que les llueven a libertarios como Milei, hay que rescatar la revalorización de los empresarios. Ha sido muy bien visto por cierta arrogante intelectualidad universal, despotricar de las empresas, sus triunfos, su crecimiento y sobre todo sus dueños. Cuando son muy exitosos, sólo reciben reconocimiento en “lo social” si crean fundaciones que suelen ser mucho más eficientes que el Estado a la hora de ayudar a los necesitados. Se ha logrado distorsionar el lenguaje para que empresario sea sinónimo de avaricia, ambición desmedida y explotación. Por eso vale la pena mirar lo que significa la contabilidad de las empresas. Aunque los datos pueden variar, los siguientes son datos típicos.

El 30% de la facturación se va en nómina, es decir empleo digno y bienestar para la sociedad. Un 40% se va en insumos y proveedores, lo que representa también dinero que se le entrega a la sociedad en forma muy distribuida.Un 20% puede representar, servicios, planta, costos de venta, distribución, mercadeo. En suma, el 90% del dinero que le entra a una empresa recircula y se le devuelve a personas que participan en su actividad. Si le va bien suele dejar un 10% de utilidades de las cuales un 40% van para el Estado, lo que constituye otro aporte solidario a la sociedad.
Así que la empresa típica puede quedar con un 5 o 6% de toda su actividad económica para entregar a quienes han aportado su capital, tomando un riesgo para generar un producto o un servicio.

Mirar estas sencillas cuentas, casi universales, demuestra que la acción más “social” y más compasiva con una comunidad, es favorecer la creación de empresas. Lo que se logra es mover el dinero de manera que una gran parte vuelve a la sociedad que paga por los productos o servicios que se generan.
Como no se ha inventado una forma más eficiente de generar riqueza e ir acabando con la pobreza, los gobiernos que entienden esta sencilla dinámica económica, se dedican a proteger e impulsar a los empresarios de todos los tamaños, conduciendo a sus países a la prosperidad con mejoria dramáticas en la inequidad.
Los que no lo entienden, se dedican a perseguir, regular, acosar y dificultar la vida de los empresarios, logrando que pierdan interés en su comunidad y se lleven su capital, ideas y talento para otro lado. Es la fórmula perfecta para generar pobreza.

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domingo, 25 de agosto de 2024

Pobres Ricos

Antes de leer, hágase la pregunta: ¿soy rico? o pobre. Seguramente su respuesta será: “depende”. Porque la riqueza es relativa. Depende con quien me compare. Si miro a todos los que están por debajo de mi, soy muy rico, pero si miro a todos los que están por encima, resulto miserablemente pobre.

Se plantean sesudas deliberaciones de cómo acabar con la pobreza. Cuando se aplican las fórmulas, resultan invariablemente equivocadas, porque ese es el estado natural del hombre cuando llega a este mundo sin padrinos, educación o trabajo. Nadie tiene la capacidad, y menos el interés, de crear pobreza.
Lo que sí se puede, es crear riqueza. Todo grupo que coopere disciplinadamente en cualquier actividad, genera riqueza. Ese ha sido el secreto repetido de las comunidades judías en todo el mundo en su larga historia. Y es el secreto de la prosperidad de los 30 países más ricos. Sea produciendo alimentos, fabricando cosas o prestando servicios, todos tienen en común que han podido cooperar, bajo un estado que da seguridad, libertad y garantiza igualdad de condiciones para competir. Sin embargo, por este trópico se sigue repitiendo la falacia que explica la pobreza como consecuencia de la riqueza.

Y claro que nos tiene que molestar la convivencia de inmensamente ricos con los solemnemente pobres. Cuesta mucho digerir que en el juego libre de la economía se generen diferencias tan abrumadoras. El problema es que cada vez que el estado ha asumido el papel de justiciero social absoluto, ha terminado empeorando la pobreza, concentrando la riqueza en un círculo todavía más pequeño que lo controla todo, y que ya no se llaman ricos, sino camaradas. Eso ha llevado a los pragmáticos, a los que prefieren actuar con la realidad, a tratar de definir qué constituye una “justa” intervención del estado para generar el equilibrio. Si se le va la mano en restricciones, normas, impuestos, aranceles y controles, se frena la economía y la poca riqueza que se genera es acaparada por los funcionarios del estado. Si se llega al libertinaje, aparecen los monopolios, los abusos, las ambiciones desmedidas En ambos casos se dan aberrantes carencias para los que quedan por fuera.

Como su medición está tan influida por la ideología, no siempre es fácil saber la verdad de la miseria. Se arman grandes engaños y se crean mitos cuidadosamente publicitados como el de Cuba, donde logran envolver la miseria masiva en un hipócrita ropaje de dignidad. O se desconoce la labor de fundaciones, empresas solidarias y cooperativas con el bálsamo social que logran.
Entonces, ¿qué es riqueza exagerada? Segunda pregunta: conoce a alguien con menos riqueza que la suya, que Ud haya evaluado como poseedor de una riqueza exagerada? ¿Acaso la suya no es exagerada?. Decidir dónde está el límite resulta fútil y quienes se empeñan en límites arbitrarios, terminan también golpeando la generación de riqueza. Con candor se denuncia al “neoliberalismo” como causante de las asimetrías, y se oculta que toda concentración de poder en manos del estado termina generando unos personajes que superan en lujos y privilegios a los vilipendiados “ricos”.

viernes, 21 de junio de 2024

Riqueza va, pobreza viene

Toda reunión en la que se hable de la situación del país comienza exponiendo lo mal que estamos en el ranking de inequidad. Los asistentes se escurren en sus asientos, asumiendo su pecado, por el hecho de estar vestidos y disfrutando de 3 comidas al día. La culpa de la tragedia se distribuye entre los “ricos” quienes se empeñan en no repartir sus escasos o abundantes bienes. La excepción son los vociferantes amigos del comunismo quienes suelen poseer mucho más que la mayoría de “su pueblo”, pero lo de ellos no cuenta porque rico es solo quien tiene más que ellos y la equidad aplica es para todos los demás.

Una pandemia latinoamericana ha logrado infectar muchas mentes con el virus socialista enredador de neuronas que lleva a creer que el problema es distribuir la riqueza y no generarla. Nubla la visión impidiendo ver que también llevamos décadas clasificando como uno de los países más violentos con presencia de anacrónicas guerrillas, que existen porque las han justificado y se han tolerado todas sus acciones destructoras pintandolas de políticas.

No es difícil sumar las pérdidas y daños de 50 años de bombas, oleoductos rotos, comercios quemados, recursos malgastados en armas, minas, helicópteros caídos y las centenas de miles de jóvenes sacrificados. Ese es el costo directo porque el indirecto es mucho peor. Cinturones de miseria requiriendo subsidios, por los millones de desplazados de sus tierras donde podían llevar una vida digna. Para rematar, quienes logran un nivel educativo huyen de la “potencia de la vida” para lograr sobrevivir en el mundo civilizado. Poco se habla del sacrificio que significa separarse de sus familias y la dura vida que llevan. Sacamos pecho con esos seres que sostienen medio país con sus remesas y constituyen un importante “producto de exportación”.

La inequidad no es culpa de los que han logrado salir del pantano con honestidad y resulta absurdo perseguirlos y decomisar sus ahorros como lo hace la inviable reforma pensional. El camino a la prosperidad con equidad se construye desarmando un discurso que se quiere imponer con bombas. La violencia no es la consecuencia de la inequidad. Es su más importante causa. Seguirla justificando llevará a infinitas negociaciones con interminables cadenas de disidencias, y a enseñar cada vez mejor, la peor lección: el crimen sí paga.
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viernes, 7 de junio de 2024

El enredo fundamental

No para la imaginación de los soñadores proponiendo que nos pongamos de acuerdo en las metas: acabar con la pobreza, con la violencia , con la injusticia e instaurar un paraíso de felicidad. Desde luego que eso es lo que quisiéramos y si nos infecta el virus del pendejismo simplista, terminamos todos bailando el mismo jarabe.
El dilema está en el método. Definir cuál es el camino que debemos recorrer para acercarnos a las ansiadas metas. Por un lado está el socialismo y la progresiva estatización sustentado con la fe en una teoría, en contra de la evidencia de una realidad empobrecedora, comprobada en todas las latitudes, todas las culturas y en todos los modelos.

Por el otro está la evidencia que demuestra cuáles son los pilares del bienestar de los 30 países más ricos que sí han logrado niveles de prosperidad uniformes y la erradicación de la miseria.
-La economía de libre mercado con respeto de la propiedad privada y reducción de la interferencia del estado y sus excesivas regulaciones.
-La democracia y su separación de poderes. Si, hay que defender el congreso con todo y sus cuestionados políticos impulsando la capacidad de discernimiento para ser capaces de elegir los más honestos y dedicados, y al lento poder judicial apoyando los magistrados y jueces más eficientes y más comprometidos con la defensa de la constitución.
-La prensa libre aceptando que a pesar de distorsiones y ligerezas es muy superior a la mordaza oficial disfrazada de verdad.
-Un sistema electoral independiente y limpio que no se invalida por la ocasional y esporádica trampa de unos pocos.
-Unas fuerzas armadas profesionales, no politizadas, educadas y bien dotadas que no se estigmatizan por esporádicos abusos, capaces de combatir el crimen y la violencia, en todas sus creativas variantes,
Estas cinco columnas se están resquebrajando en el actual régimen. Protegerlas debe ser el eje para lograr la unión que logre borrar de una vez por todas el adefesio ideológico que conduce a la ruina. Ese es el acuerdo fundamental que debe recibir el apoyo de todas las corrientes. El modelo de salud, pensión, educación, energético y todo lo demás, se resuelven con el diálogo civilizado que solo es posible si está sustentado en las cinco columnas.
Es elemental, pero sin libertad y orden no avanza la añorada prosperidad para todos.
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