La fábula de la dignidad latinoamericana y el orgullo patrio ha dado para mucho. Sirve para inflar discursos, hinchar pechos y emocionar multitudes dispuestas a dar la vida contra el imperialismo. Lo curioso es que quienes promueven esas visiones jamás se detienen a explicar cómo un país, que también fue colonia, logró convertirse en una de las sociedades más prósperas de la humanidad. No dicen qué los hizo tan fuertes económicamente ni cómo alcanzaron a ser potencia militar. Prefieren la ruta fácil: ignorar que partimos de orígenes similares —indígenas invadidos por europeos— y que en apenas dos siglos unos llegaron a la luna mientras nosotros seguimos hundidos en el barro. La salida mágica: culparlos de todos nuestros males y reciclar el eterno discurso, que está precisamente en la raíz de nuestra pobreza.
De ahí el cuento de que la coca es menos dañina que el whisky. Que la hojita es sagrada, que nuestros ancestros la mascaban para hablar con los dioses. De ahí la desfinanciación del Ejército, la eliminación de la erradicación, el aumento frenético de los cultivos. Y de ahí el respaldo a Maduro, jefe del cartel de los soles, quien convirtió a Venezuela en el más exitoso de los narcoestados, mucho más de lo que Pablo Escobar hubiese podido imaginar. De ahí que sea tan tonto aconsejar que no nos metamos en el lio de Venezuela cuando la alianza es esencial a la supervivencia de ambos. Paradójicamente, la ineptitud para gobernar contrasta con la eficacia para delinquir. Son incapaces de sacar a la gente de la pobreza, pero maestros en impulsar el negocio criminal.
Han creído, fruto de su ilusoria megalomanía, que la operación podía sostenerse indefinidamente, alimentada con dólares fáciles, corrupción institucional y elecciones robadas. Pero han sido tan descarados que los vecinos del norte, recipientes de todo el veneno, resolvieron cerrar la llave del jugoso flujo que mantiene la maquinaria aceitada. los sostiene en el poder y les permite un discurso cínico y ventijuliero.
Si el bloqueo naval logra afectar el flujo verde o la presión logra liberar a Venezuela del totalitarismo criminal, veremos caer el peso como plátano maduro, convirtiendo en humo otro “logro” del gobierno. El mismo estado gaseoso de tanta mentira empacada en épica revolucionaria, mezcolanza ecológica y batiburrillo socialista.
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viernes, 5 de septiembre de 2025
sábado, 29 de marzo de 2025
Coca al whiskey
Ocuparse de las burradas y mentiras que salen de la presidencia se ha convertido en un ejercicio para expertos en esquizofrenia. Solo tiene sentido en la medida en que mentes ilustradas pretenden validar la imparable verborrea.
Una muestra reciente es la comparación de la coca con el whisky. En el mundo se producen 286,000 millones de litros de alcohol; 3,600 millones de adultos lo consumen, hay 283 millones de alcohólicos con 2.6 millones de muertes anuales. Esto representa un 7% de adicción,con un 2% de irrecuperables y un 0.07% de muertes. Ciertamente, esta droga legal tiene un panorama preocupante.
De coca se producen 2,757,000 kilos, es decir, 100,000 veces menos por peso y 50 veces menos por dosis. Hay 292 millones de usuarios, con una proyección de 58 millones de adictos y 500,000 muertes. La adicción atrapa al 20%, con un 12% de irrecuperables y un 0.2% de muertes.
Si el argumento es que “el whisky es peor que la cocaína”, habría que calcular qué pasaría si, en vez de alcohol, la coca fuese legal y ampliamente consumida. Habría 720 millones de adictos (frente a los 283 millones del alcohol), 86 millones de zombis (contra 5.6 millones del alcohol) y 14 millones de muertes (contra 500,000 del alcohol).
La ligereza para difundir falsedades queda probada. Sus cifras son equivocadas, mal interpretadas y buscan desinformar, distorsionando datos para reforzar su manida lucha de clases. Por eso habla de whisky, propio de ricos y presidentes, contra la coca, que asocia con campesinos pobres. Omite mencionar que en Colombia, entre cerveza y aguardiente se venden 11 billones, y el whisky representa el 4% del mercado.
Todo químico, natural o de laboratorio, que altere el estado mental tiene efectos negativos en el organismo. Todos pueden producir daños agudos por sobredosis y crónicos por adicción. Todos conducen al deterioro, la esclavitud o la muerte del consumidor.
El alcohol está integrado en la cultura de casi todos los pueblos, pese a sus efectos deletéreos sobre la salud. Legalizar y diseminar el uso de drogas solo generará más adicción, sufrimiento y muerte. Con el torpe argumento de la “guerra perdida”, habría que normalizar la enfermedad, el hambre y la pobreza, porque esas “guerras” tampoco se ganan. Queda ilustrado el daño neuronal que se genera cuando se le agrega coca al whisky.
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Una muestra reciente es la comparación de la coca con el whisky. En el mundo se producen 286,000 millones de litros de alcohol; 3,600 millones de adultos lo consumen, hay 283 millones de alcohólicos con 2.6 millones de muertes anuales. Esto representa un 7% de adicción,con un 2% de irrecuperables y un 0.07% de muertes. Ciertamente, esta droga legal tiene un panorama preocupante.
De coca se producen 2,757,000 kilos, es decir, 100,000 veces menos por peso y 50 veces menos por dosis. Hay 292 millones de usuarios, con una proyección de 58 millones de adictos y 500,000 muertes. La adicción atrapa al 20%, con un 12% de irrecuperables y un 0.2% de muertes.
Si el argumento es que “el whisky es peor que la cocaína”, habría que calcular qué pasaría si, en vez de alcohol, la coca fuese legal y ampliamente consumida. Habría 720 millones de adictos (frente a los 283 millones del alcohol), 86 millones de zombis (contra 5.6 millones del alcohol) y 14 millones de muertes (contra 500,000 del alcohol).
La ligereza para difundir falsedades queda probada. Sus cifras son equivocadas, mal interpretadas y buscan desinformar, distorsionando datos para reforzar su manida lucha de clases. Por eso habla de whisky, propio de ricos y presidentes, contra la coca, que asocia con campesinos pobres. Omite mencionar que en Colombia, entre cerveza y aguardiente se venden 11 billones, y el whisky representa el 4% del mercado.
Todo químico, natural o de laboratorio, que altere el estado mental tiene efectos negativos en el organismo. Todos pueden producir daños agudos por sobredosis y crónicos por adicción. Todos conducen al deterioro, la esclavitud o la muerte del consumidor.
El alcohol está integrado en la cultura de casi todos los pueblos, pese a sus efectos deletéreos sobre la salud. Legalizar y diseminar el uso de drogas solo generará más adicción, sufrimiento y muerte. Con el torpe argumento de la “guerra perdida”, habría que normalizar la enfermedad, el hambre y la pobreza, porque esas “guerras” tampoco se ganan. Queda ilustrado el daño neuronal que se genera cuando se le agrega coca al whisky.
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