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viernes, 23 de mayo de 2025

Nihao Zonghuo

Hola, China. ¡Tantos temores infundados con la opción de hacer negocios contigo, China querida! Algunos se aterran por la ofensa a Trump, el magnate que solo se interesa por los negocios. Tian na! Si representamos el 0,01 % del comercio global de EE. UU. que tiene con nosotros un superávit que es apenas un 0,1 % del déficit que tienen contigo. Seamos realistas: no existimos.
Luego vienen otros con el susto de quedar amarrados por tu “correa” (Yi dai,Yi lu– la famosa Belt and Road). Es obvio que, siendo grande y poderoso, vas a tener influencia. Es lo normal. Los países que supieron aprovechar la influencia del Tío Sam se volvieron ricos. Aquí, en cambio, parece que nos esforzamos por seguir siendo chiquitos, desconocidos y pobres, repitiendo la vieja cantaleta del “imperialismo”.

Negociar contigo podría traer grandes proyectos de infraestructura, tecnología y un mercado inmenso para nuestras tímidas capacidades productivas. Si tuviésemos olfato, te entregaríamos en concesión el diseño, construcción y operación de toda la red vial y ferroviaria del país. Total, lo que tenemos es una combinación de ingeniería rudimentaria con una visión pichicata que nos impide hacer una obra que no se caiga al año siguiente. Aquí culpamos a la “difícil geografía” cuando se derrumban las carreteras o un túnel demora décadas. Para ti, eso sería un cuento chino.
Podríamos aprovechar la excusa ecológica para traer a BYD, fabricar “el carro eléctrico colombiano”, barato, pequeño, copiable. Tal vez así podríamos parar el genocidio motociclista y aprender lo que significa autoridad y orden en el tránsito.

Pero duibuqi, China. Discúlpanos. Ni este ni ningún plan concreto llevaba el Gran Líder Galáctico. Estaba convencido de que bastaba con darle un gran abrazo comunista y revolucionario a Xi, quien ignora el concepto. No sabía —como tampoco lo sabe la izquierda latinoamericana— que allá lo único que queda de comunista es el nombre y que operas el más salvaje de los capitalismos , lleno de billonarios que ya alcanzan a los gringos.
Lo devolviste con el rabo entre las piernas, sin tren transoceánico, con el cerebro hinchado por una ideología caduca y el pecho inflado en su convicción de haber asombrado al mundo. Y en efecto fueron muchos los noticieros de este verde planeta donde se burlaron de las burradas que fué a soltar allá.

viernes, 7 de febrero de 2025

Autorretrato

Los prudentes asumen que Petro tiene que estar borracho o drogado para escribir o expresar sus disparates con tanto desparpajo. Pero él se aplica a probar que ese es su estado natural. La carta de amor a Trump, las declaraciones que siguieron y su show de desgobierno en vivo son joyas para los estudiosos de la enfermedad mental.
Expone su alma violenta con lo unico que lo emocionó de Washington: las barricadas de los barrios negros, reminiscentes de los “estallidos” que organizó y lo hacen delirar con la recuperación de Panamá.
Exuda narcisismo. Él es único, el último Aureliano, el legatario de la espada de Bolívar, dispuesto a morir envuelto en su bandera de dignidad.
Involucra al país en su megalomanía: como Colombia es el centro del mundo, él preside el planeta y ésta es la cuna del arte y la libertad.
El sabe que “su pueblo” y la humanidad lo respaldan y quienes no, son esclavistas y fachos. Por eso invita a Trump a sumarse a la “histórica” tarea de tumbar o matar a tan gloriosa víctima.
Revela su racismo al restregarle al hombre naranja la superioridad del mestizaje, que diluye los determinantes genéticos de enfermedad. Confunde raza con cultura ignorando las ventajas de la anglosajona. No entiende el valor del esfuerzo individual, el trabajo duro, el estímulo a la iniciativa y la innovación con protección de la propiedad intelectual y física, el rechazo institucional a todas las formas de violencia que ha producido un entramado de prosperidad envidiado por el mundo y que tantos quieren disfrutar. Ese es precisamente el origen de la crisis de los migrantes.
Refuerza su sesgo ideológico al declararse seguidor de Noam Chomsky, padre intelectual de la idiotez latinoamericana y reafirma su cantaleta del fin de la humanidad.
Le sobró recalcar sus dos rasgos más conocidos. Su afición por el whisky y su terquedad sublime.
Se declara dueño de flamantes tonterías. Sin explicar desde cuando estaba cerrada, declara que Colombia se abrirá al mundo al que le venderemos… maíz!!!. ¿Será el mismo maíz que importamos de Estados Unidos? ¿Venderemos todas las 6 millones de toneladas que les compramos? No producimos ni el 20% de nuestro consumo.
En medio del adornado sancocho, una sola verdad: “Nuestros pueblos son ingenuos y amables”. Por eso se engañan con facilidad usando una verborrea confusa y votan equivocadamente.
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