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viernes, 5 de junio de 2026

Engaño Magistral

Muchos se preguntan, desconcertados, cómo es posible que 9.6 millones de compatriotas sigan creyendo un relato tan repetidamente desmentido por la realidad.

La explicación es sencilla: llevan décadas perfeccionando la técnica. Igual que sus referentes históricos —Castro, Chávez y tantos otros— se presentan como demócratas ejemplares. Prometen respetar elecciones, la propiedad privada, promover empresas, rescatar a los pobres, multiplicar la producción agrícola y hacerlo todo en un ambiente de paz, protección de derechos humanos y la naturaleza. ¿Quién podría oponerse a un programa tan atractivo?

Una vez en el poder aparecen las reformas constitucionales para perpetuarse, la persecución de la oposición y la prensa independiente, los controles crecientes sobre la economía y las regulaciones que terminan asfixiando la iniciativa privada. Cuando aumenta el descontento, surge una segunda herramienta indispensable: la estadística oficial. Algunas cifras pueden ser ciertas. El truco consiste en la forma de presentarlas. Se seleccionan períodos de comparación convenientes, se mezclan porcentajes con cifras absolutas y se atribuyen al gobierno tendencias que venían desarrollándose desde mucho antes. Una cifra que lleva décadas mejorando se compara únicamente con un pasado lejano. Asi, cualquiera resulta el protagonista de un progreso extraordinario. Con ese artificio reducen la mortalidad infantil, la pobreza, el desempleo, la inflación, y aumentan el turismo, los decomisos de droga, las vías terciarias o algunos indicadores de salud.

Un análisis serio de las series históricas muestra algo distinto: la mayoría de los indicadores favorables simplemente continúan tendencias previas que dependen mucho más de un empresariado pujante que de la acción del gobierno. En cambio las cifras preocupantes se confunden en una neblina informativa: homicidios, secuestros, expansión de grupos armados, déficit fiscal, producción y exportación de cocaína, caída de la inversión, emigración de talento y corrupción. Todo queda diluido en una verborrea galáctica o en la promesa fantasiosa de que, con cuatro años más de lo mismo, ahora sí llegará el paraíso anunciado.Vender sueños imposibles y volverlos realidad con estadísticas maquilladas ha sido la estrategia para prolongar durante décadas regímenes comunistas fracasados.
Publicado El Pais de Cali 26157






viernes, 22 de mayo de 2026

Ceguera mental

He dedicado toda mi vida a estudiar, prevenir y tratar la ceguera. He tenido la enorme satisfacción de devolver o mejorar la visión a miles de personas, que han expresado su agradecimiento de muy diversas maneras. Las más gratificantes han sido las sonrisas, los abrazos y la certeza de que, gracias a su visión recuperada, han podido llevar vidas normales y felices.

Por recibir tantas gracias suelo decirles a quienes me rodean que he tenido la fortuna de vivir en gracia. Los fracasos —afortunadamente escasos— han sido un verdadero motor para seguir estudiando, innovando y adaptando nuevas ideas y tecnologías que permitan reducirlos al mínimo.

Pero todo ese conocimiento, poco me ha servido para entender otra forma de ceguera: la mental. ¿Por qué tantos deciden voluntariamente renunciar al pensamiento independiente? ¿Por qué resulta tan atractivo —y tan cómodo— adherir a una ideología que, en su simplicidad, promete resolver todas las dudas y angustias de la vida?

La revolución cubana se instaló en el imaginario latinoamericano como una epopeya: David contra Goliat. Ese mito creó un ancla emocional que se convirtió en marco de referencia para entender el mundo. Reconocer su fracaso implica algo más profundo que un error político: significa aceptar que un sueño, una identidad cultural, es en realidad un espejismo.

El miedo al vacío ideológico lleva a muchos a preferir una mentira reconfortante antes que reconstruir sus creencias desde cero. La ideología no sólo ofrece respuestas; ofrece pertenencia. Romper con ella implica el riesgo del exilio social en los propios círculos intelectuales y políticos. Muy pocos están dispuestos a pagar ese precio. Entre los jóvenes opera además la ley del mínimo esfuerzo intelectual. Se adopta un relato simple de buenos y malos sin necesidad de estudiar ni de confrontar la complejidad de la sociedad. Frente a un mundo contradictorio, el discurso populista ofrece un culpable externo para todo. No hay que pensar: basta con repetir un slogan. Por eso los pintan y los cantan. Cualquier dato que contradiga la narrativa se descarta como propaganda enemiga o conspiración del “imperio”.

La ciencia nos dio herramientas para reducir con éxito la ceguera. Cabe esperar que algún día podamos encontrar las de la ceguera mental que mantiene unas ideas que hace mucho probaron ser un fracaso.

Publicado El País de Cali 26143





domingo, 5 de abril de 2026

Totalistarismo con vaselina

Que existan tantas mentes en las que florece la semilla del marxismo no es extraño. Son el producto de una bien diseñada campaña de adoctrinamiento que empieza en primaria y se perfecciona en la universidad. Igual que el Islam que solo alimenta a su juventud con el Corán, se convierten en fanáticos de una interpretacion de la realidad social que estaba equivocada aun cuando se creó hace 150 años. Seguir hablando de señores feudales y de la explotación infame de la clase obrera no describe en absoluto la complejidad de las sociedades actuales. Pero hay que entender que, para los adeptos a cualquier credo, la pereza mental es una aliada invaluable: simplifica el mundo y ahorra el esfuerzo de pensar.

Lo que sí desconcierta es que personas formadas en libertad, con acceso a teorías modernas y análisis más sofisticados, no sean capaces de reconocer —ni de alarmarse— ante la evolución gradual hacia formas de control cada vez más autoritarias. Siguen anclados en una versión de la historia que ya no aplica. Creen que las dictaduras llegan con tanques, golpes militares y discursos encendidos en balcones. Citan el siglo pasado como si fuera un manual vigente, sin notar que los métodos han cambiado… y mejorado.

En su visión edulcorada del presente, logran incluso aseptizar las horrendas dictaduras del vecindario. No quieren ver que la ideología y el objetivo siguen intactos: la toma del poder para instaurar la famosa “dictadura del proletariado”. Solo que, como ya comprobamos, “mi pueblo” termina siendo un reducido círculo de familiares y amigos, convenientemente ubicados y generosamente enriquecidos, mientras el resto aprende a hacer filas.

La estrategia también evolucionó. Ya no se trata de imponer, sino de seducir. De disfrazarse de democracia. De hablar el lenguaje correcto y envolverse en banderas de paz mientras cambian abrazos por balazos. Ahí entran en escena los llamados “tontos útiles”, que repiten con entusiasmo una neolengua diseñada para que la realidad resulte irrelevante. Embelesados en su ilusión igualitaria, siguen dejando constancia solemne de que no ven periódicos cerrados, ni opositores presos, ni expropiaciones. No logran entender que cuando las vean, ya no va a haber nada que hacer. Les quedará el recurso de arrepentirse y quejarse del engaño mientras buscan una trocha o una balsa.

Publicado El Pais de Cali - 2698 

domingo, 30 de noviembre de 2025

Farsa socialista

La riqueza y los privilegios que rodean a los “elegidos por el pueblo” desmontan de entrada cualquier sustento moral de su cruzada contra la pobreza. En cuanto llegan al poder, ellos y sus allegados se convierten en parásitos de lujo: mansiones, escoltas, caravanas de camionetas blindadas, aviones y banquetes con los mismos capitalistas que decían odiar.

Quienes aún se asombran por la habilidad que han mostrado para tomarse el poder, deben admitir que lo han hecho con persistencia. No por mérito, ni trabajo, ni conocimiento —eso lo desprecian—, sino por relecturas rancias de un marxismo fósil. Su recurso no es producir, sino fabricar una narrativa de catástrofe que promete un futuro utópico. Pero todo se revela cuando, ya en el poder, superan los sueños del más ambicioso oligarca.
Nunca fomentan el trabajo: al contrario, lo castigan. Obstaculizan al sector productivo bajo el pretexto de aplicar un modelo “generoso”. Halagan al que quiere vivir del trabajo ajeno y castigan al que quiere vivir del propio. Los jóvenes, obligados a ceder la mitad de su esfuerzo al Estado, terminan por desmotivarse, producir menos o emigrar. El sector privado se encoge, mientras los pocos que resisten cargan con más impuestos. Es un desastre, sí, pero no un accidente: es el plan.

Cuando toda la energía de un gobierno se enfoca en castigar al que produce, expropiar al que ahorra y predicar el igualitarismo como dogma, se destruye el motor de la creación de riqueza: el trabajo disciplinado y creativo. Lo reemplazan por el ideal del subsidio perpetuo, financiado por un Estado imaginario que reparte milagros sin producir nada. Los promotores del adefesio se sorprenden con la pobreza generalizada, pero poco les importa porque ellos han logrado posicionarse en el curubito y a “su pueblo” lo mantienen aturdido con el discurso de la dignidad y un futuro próspero que nunca llega.
Los pocos que aún quieren emprender huyen. Los promotores del parasitismo exhiben a Europa como ejemplo, sin explicar que primero fue rica gracias al trabajo, la libertad y la responsabilidad y hoy enfrenta crisis fiscales, sistemas pensionales insostenibles, una fuerza laboral reemplazada por inmigración… y algo peor: generaciones jóvenes educadas en la idea de que esforzarse no vale la pena. Para qué trabajar, si papá Estado está obligado a resolverlo todo.
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domingo, 23 de noviembre de 2025

Estadolatría

Quedan muy pocos que creen en el comunismo tal como lo concibió Marx y lo aplicaron Stalin, Mao y Fidel. La mayoría reconoce que esas propuestas crearon una gran masa empobrecida dominada por una élite violenta. Sin embargo, gran parte de la filosofía política actual sigue influida por el socialismo. “No creo en el Estado pequeño”, puede sentenciar un reconocido capitalista.
El modelo predominante es una democracia liberal con un Estado fuerte que regula todo y se responsabiliza del bienestar general. “A la manera de las socialdemocracias escandinavas”. Pero no se entiende que, aunque los principios generales sean loables, es el detalle cuantitativo lo que lleva al desastre. Tan simple como que no se puede repartir riqueza que no existe.
Un mito recurrente afirma que, si se repartiera la fortuna de los más ricos, se solucionarían los problemas. En Colombia, confiscar la riqueza de los billonarios cubriría solo tres meses del presupuesto nacional. Este mito imagina la riqueza como monedas de oro en baules , cuando en realidad está representada por empresas que generan empleos y prosperidad. Por ejemplo, las 77.000 personas que viven dignamente gracias a las empresas de Luis Carlos Sarmiento.
“El Estado tiene la obligación de garantizar la salud a todos los colombianos”, escribe una campeona de la libre empresa. Pero, ¿y eso tan bonito cuanto cuesta? ¿De dónde salen los recursos? “Del Estado”, responden Petro, gremios médicos, y hasta los más “neoliberales”. Pocos se preguntan quién es realmente el Estado: son personas que administran recursos confiscados a quienes trabajan y producen. Al no ser fruto de su propio esfuerzo, padecen la propensión a que parte de esos recursos tiendan a deslizarse hacia sus bolsillos, lo que los lleva a querer confiscar cada vez más. (léase reformas tributarias)
Las necesidades son infinitas, pero si todos creen que quien debe satisfacerlas es el Estado, la riqueza se reduce gradualmente al pasar de manos productivas a improductivas. Como no se hace el diagnóstico correcto, el remedio es cada vez más Estado, en un ciclo de pobreza comprobado por Cuba, Venezuela y Argentina. En la obsesión por la equidad se escoge ignorar que en las economías liberales, el ingreso de los pobres es diez veces mayor que en las estatizadas. No se logra entender que el exceso de Estado y la falta de libertad son los ingredientes de la pobreza.
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domingo, 16 de noviembre de 2025

Sabrosura socialista

Que la historia la escriben quienes ganan las guerras es algo conocido. Pero podría agregarse que predomina la de quienes escriben mucho.
La intelectualidad política mundial, promueve las ideas socialistas, mientras disfruta de las ventajas del capitalismo. Sus exponentes reciben sin reparos los corrosivos billetes cuando sus libros, obras y películas se venden. Viven sabroso gracias a los sueldos de universidades y fundaciones que han prosperado en el inmundo capitalismo. Son teóricos de las ciencias sociales y les fascina elucubrar sobre modelos organizativos imaginados por grandes pensadores como ellos. Se molestan y ofenden cuando, con cifras y datos, se les demuestra que es la libertad, y no la planeación, la que más contribuye a la generación y mejor distribución de la riqueza. Desprecian e ignoran toda evidencia que haga tambalear los cimientos de su dogmático edificio ideológico.
Para seguir disfrutando de sus cómodas e intelectuales vidas, recurren al doble artificio de la transfiguración del presente y el pasado.
El relato de la actualidad se distorsiona atribuyéndole al mercado fallas que son producto del crimen, la corrupción o el intervencionismo estatal que interfiere con la libertad, limitando las leyes de oferta y demanda. Al capital se lo culpa de todos los dramas de la pobreza y la libertad económica se vuelve sinónimo de egoísmo. Cuando el bien común que promueven termina en farsa, logran corroer la solidaridad.
El segundo recurso, con el que son particularmente virtuosos, consiste en contar la historia de manera que valide su ideología. No se los ve dictando conferencias ni escribiendo libros sobre las horrendas dictaduras de Stalin, Mao, Kim, Pol Pot, Castro, Ceausescu, Hoxha, Zhivkov, Kádár o Honecker. En cambio, son prolijos en los recuentos de los horrores y atropellos de Franco y Pinochet, lo que sin duda afecta su objetividad y credibilidad, especialmente cuando evitan mencionar la transición pacífica del poder que sentó las bases de la prosperidad.
Ante las fallas de la democracia, los críticos piden un cambio de sistema. Pero cuando el cambio comienza a materializarse en forma de dictadura socialista, son los primeros en huir despavoridos.
Hay que persistir en el esfuerzo para lograr que muchos vean su entorno con objetividad y lean la historia con imparcialidad.

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viernes, 11 de julio de 2025

Dogma por wi-fi

La última joya del pensamiento mágico-petrista circula feliz por las redes: el atentado a Miguel Uribe fue un montaje. Así, sin rubor. Según esta hipótesis digna de Netflix, todo fue teatro: la caída perfectamente ensayada, la sangre artificial regada con pincel n°7, la ambulancia coreografiada, la clínica alquilada por horas, las cirugías simuladas, los partes médicos redactados por libretistas de RCN… hasta el sufrimiento de su familia, todo parte de un reality producido por una extrema derecha en pánico, ante los milagros que descienden de las galaxias con la fluidez del whisky. El dogma, como la fe ciega, tiene esas licencias. Para sus creyentes, cualquier cosa que no encaje con la narrativa del mesías debe ser falsa. Que haya balas, heridas, UCI y médicos no importa: es más fácil creer que todo fue organizado por Batman, con dirección de Mel Gibson y maquillaje de Tarantino.

Uno pensaría que no hay cerebro capaz de repetir tamaño disparate, pero hay miles. Y lo grave es que votan, opinan, y acumulan méritos para que los nombren en cargos del gobierno. Por eso no sobra revisar estas genialidades: no para interactuar con los fundamentalistas del dogma, sino para impedir que quienes aún poseen algo de cordura, se dejen arrastrar.

Es tan inútil escribirle cartas “fraternas” a Petro pidiéndole que respete la ley, o sea un buen demócrata, como explicarle a un tierraplanista cómo funciona un eclipse. Esta gente ve conspiraciones porque las ha hecho. Aún se pueden ver los videos de los “niños” de la primera línea revolcándose en pintura roja y lanzándose al suelo en sincronía con petardos. Un teatro tan bien actuado que mucha gente se lo tragó entero. Y el libreto funcionó: se instaló el caos, se sembró el miedo, y el “salvador” ganó.

Ahora que enfrentan el desmadre del gobierno de un poeta sin métrica, necesitan convencerse de que todo lo que no les conviene, es una farsa de la “extrema derecha”. Tiene que ser un montaje porque les resulta imposible digerir la realidad de quien hizo pactos con el hampa para obtener recursos y votos para su campaña y ahora paga cumplidamente permitiéndoles florecer.

Por eso los llamados al diálogo y al sentido común no deben dirigirse a los guionistas de estas óperas de cartón, sino a los millones de ciudadanos que aún no tienen delirio, pero sí señal de WiFi.
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jueves, 8 de mayo de 2025

El Sistema

Siempre que alguien se lamenta de la inequidad, concluye que hay que cambiar el sistema. Una palabra poderosa, usada con una ligereza desconcertante. Tras años de ensayo y error, de confrontación de ideas y sacrificios, vivimos bajo un sistema que, aunque imperfecto, hemos construido colectivamente: democracia liberal y economía de mercado. El mismo modelo hacia el cual ha evolucionado buena parte del mundo civilizado, alcanzando niveles inéditos de prosperidad y libertad.
Claro que existen defectos: inequidad, pobreza extrema, corrupción, violencia. Pero estas no son consecuencia del sistema en sí, sino del mal uso de la libertad que este ofrece y de la incomprensión de sus principios. Confundir fallas de funcionamiento con defectos estructurales ha llevado a muchos a abrazar la verborrea revolucionaria, esa que insiste en revolcarlo todo, arrasar con las instituciones imperfectas, destruir el aparato productivo y estatizar los servicios. El Estado —ese ente mágico que, por arte de burocracia, nos dará salud, educación, comida, vivienda y felicidad.

Y cuando el “iluminado” de turno promete la utopía, entonces sí nos asustamos. Ahí es cuando recordamos que la democracia, con todo y sus defectos, vale oro. Y que la economía de mercado, con todas sus inequidades, sigue siendo el mejor generador de riqueza que ha conocido la humanidad. Porque cambiar el sistema no es limpiar la casa: es incendiarla.
Cambiar el sistema implica recorrer un camino ya muy transitado, uno que ha demostrado no llevar a la ansiada equidad, sino a la miseria repartida y a la concentración de poder y privilegios en unos pocos. Un camino que pocos desean recorrer, salvo quienes sueñan con instalarse en la cúpula y vivir del esfuerzo ajeno, recurriendo a la represión disfrazada de justicia social.
Si de verdad queremos reducir la pobreza y la desigualdad, dejemos de pedir sandeces. No hay que cambiar el sistema. Hay que cambiar la ignorancia, la pereza mental, el desprecio por el mérito. Con educación en ética y controles reales se reduce la corrupción. Con educación en no-violencia se invalidan discursos armados. Con educación en Ciencia, se reducen las fantasías y los mitos que nos llevan a creer en las soluciones milagrosas. Y todo se puede hacer con el sistema de libertad económica, diversidad de opiniones e instituciones que nos rige.
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lunes, 17 de febrero de 2025

El anhelado cambio

Sin importar la ubicación en el espectro ideológico, casi sin excepción, todo el que opina sobre Colombia sostiene la necesidad de un cambio para acabar con la corrupción y la inequidad, que tienen la connotación de una maldición de los cielos.
Si el analista se inclina hacia la izquierda, el cambio implica estatizar, subir impuestos, controlar precios, intervenir la justicia, las elecciones, la prensa y aplicar una larga lista de regulaciones y barreras que “aseguren la justicia social”. Lo llaman cambiar el sistema.
Si se inclina hacia la derecha, defiende la propiedad privada, la libertad de empresa, el respeto a los precios establecidos por el mercado, la separación de poderes y la libertad de opinión. Aún así, coincide en lograr un sistema que de igualdad de oportunidades, educación y salud gratuitas, garantizadas por el Estado y la obligación de quienes logran cierta prosperidad de contar con un brazo social. Se apoyará en la moral cristiana y encontrará muchas coincidencias con la teología de la liberación.
Si analizamos la inequidad, es cierto que en el índice de Gini salimos mal, pero hay que considerar que su cálculo ignora la informalidad (consecuencia del exceso de regulaciones, controles y tributos) y se basa en encuestas de percepción. Su confiabilidad genera dudas: según este índice, EE. UU. está peor que Haití y Bolivia, mientras que Venezuela aparece mejor que Costa Rica. Quienes se lamentan por nuestro Gini deberían preguntarse cuántas balsas van de Florida a Haití. Además, en distribución de riqueza estamos mejor que EE. UU., Brasil y Rusia, y en desarrollo humano estamos a la par de México, Brasil y China.
Si queremos disminuir la inequidad y la corrupción el remedio no consiste en más Estado. Somos pobres por la violencia y la corrupción del estatismo. Para prosperar, basta con leer nuestro escudo: Libertad y Orden.
El cambio necesario consiste en aplicar una fórmula probada: reducir el poder de las bandas criminales, fortaleciendo la justicia. Al recobrar la confianza y la libertad que da la paz, la economía florece. Regresan los talentos colombianos y se atraen otros. Para entenderlo, no hay que estudiar economía; basta con comparar cómo evolucionaron los índices entre 2002 y 2010 y cómo han cambiado desde 2023. Se está probando que el cambio puede ser para empeorar.

viernes, 13 de diciembre de 2024

Morir a tiempo

Aunque en países como España un 70% de la población está a favor de la eutanasia, entendida como la muerte asistida dentro de un estricto marco regulado por la ley, el término tiene una connotación herética para una teología insensible al sufrimiento. Por ello, puede resultar valiosa la discusión con quienes creen en la libertad individual y dudan en encender las velas de su torta de cumpleaños cuando piensan en el calentamiento. La sola mención de la muerte en el ámbito familiar genera perturbación y escapismo. Es vista como algo inapropiado y de mal agüero.

Gina Montaner ha escrito un conmovedor libro sobre la eutanasia de su padre, Carlos Alberto Montaner, ese gigante del pensamiento racional que abordó la actualidad mezclándola con apuntes históricos y filosóficos para iluminar la controversia entre socialismo y capitalismo. Fue un columnista que publicaba sin falta en varios periódicos de prestigio internacional y gran difusión. Su demoledora crítica a la dictadura de Fidel Castro solo pudo ser rebatida con el epíteto de "gusano", un insulto que enalteció aún más la importancia de un intelectual honesto, provisto de una argumentación inteligente y bien documentada. Siempre promovió la transición pacífica hacia un régimen democrático que devolviera la libertad a su querida Cuba, de la que había salido muy joven escapando de la cárcel.
Gina describe la firme decisión de su padre de no aceptar el deterioro causado por una enfermedad neurodegenerativa, que iba reduciendo sus facultades y lo conducía a una vida sin dignidad, provocando además un enorme sufrimiento a su familia. Aunque no toca el aspecto económico, no sobra saber que el 50% del gasto en salud de un estadounidense promedio ocurre durante los últimos 15 días de vida.
En su hermoso libro, Gina relata en detalle la lucha contra la burocracia médica y la infinita paciencia que exigen los tiempos de la medicina socializada.

No solo me identifico con los discursos y escritos de este gran pacifista en vida, sino también con su forma de enfrentar la muerte. Siempre he intentado comprometer a quienes me rodean en la ayuda para ese último empujón "cuando deje de ser persona". Montaner fue más preciso: "Quiero morir sabiendo quién soy". Es su mejor legado para quienes creemos, junto a Sampedro, que vivir es un derecho, no una obligación.



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viernes, 6 de diciembre de 2024

Parásitos

Los parásitos invaden un organismo, crecen, se multiplican, y consumen sin aportar. Si las defensas no actúan, no se detienen hasta matar a su víctima; entonces comienzan a morir por falta de sustento o saltan desesperados buscando otro huésped.

La riqueza de las sociedades se puede determinar por el balance entre personas que producen y las que solo consumen.

El capitalismo padece parásitos que viven únicamente de una renta pero en la medida en que no aportan, el mercado los va eliminando. En cambio el socialismo busca multiplicar a quienes creen tener el derecho a recibir sin necesidad de producir. Poco a poco, la generación de riqueza y bienestar se agotan y el organismo-país comienza a desfallecer.
Los parásitos, que al principio chupaban felices mientras el cuerpo estaba gordo y rozagante, terminan peleándose por los restos demacrados hasta encontrarse con los huesos. No les queda más opción que saltar, incluso en maltrechas balsas o por peligrosas trochas, para buscar sustento en otros lugares.

Quienes conciben una sociedad de parásitos no logran entender lo que ocurre. Su mantra ha sido combatir el egoísmo y culpar al mercado por la supuesta perversidad del dinero. Mientras piden sacrificio y austeridad a los demás, justifican moralmente el abuso del poder y disfrutan de una opulencia robada.
A medida que la escasez y la pobreza aumentan, aplican más controles, más prohibiciones, más subsidios y menos libertad, cerrando así el círculo de la miseria. Un sector se dedica a producir, y surge la economía subterránea con un mercado negro que mantiene al famélico organismo con vida, aunque con un dramático incremento de la desigualdad.

Es sorprendente que una teoría diseñada para explicar y resolver la pobreza —que no resistió un análisis de coherencia teórica y que, en la práctica, ha generado tanto sufrimiento— siga colonizando mentes que se niegan a estudiar una realidad tan sencilla de sumar y restar.
Es comprensible que influya en mentes jóvenes que, sin haber trabajado nunca, solo perciben derechos y consideran que todo está mal hecho. Sin embargo, cuando personas maduras repiten esta misma cantaleta, queda al descubierto que el discurso igualitario es una farsa. Lo usan para obtener votos y así ascender a niveles de riqueza que jamás habrían alcanzado con su propio trabajo y talento.

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viernes, 21 de junio de 2024

Riqueza va, pobreza viene

Toda reunión en la que se hable de la situación del país comienza exponiendo lo mal que estamos en el ranking de inequidad. Los asistentes se escurren en sus asientos, asumiendo su pecado, por el hecho de estar vestidos y disfrutando de 3 comidas al día. La culpa de la tragedia se distribuye entre los “ricos” quienes se empeñan en no repartir sus escasos o abundantes bienes. La excepción son los vociferantes amigos del comunismo quienes suelen poseer mucho más que la mayoría de “su pueblo”, pero lo de ellos no cuenta porque rico es solo quien tiene más que ellos y la equidad aplica es para todos los demás.

Una pandemia latinoamericana ha logrado infectar muchas mentes con el virus socialista enredador de neuronas que lleva a creer que el problema es distribuir la riqueza y no generarla. Nubla la visión impidiendo ver que también llevamos décadas clasificando como uno de los países más violentos con presencia de anacrónicas guerrillas, que existen porque las han justificado y se han tolerado todas sus acciones destructoras pintandolas de políticas.

No es difícil sumar las pérdidas y daños de 50 años de bombas, oleoductos rotos, comercios quemados, recursos malgastados en armas, minas, helicópteros caídos y las centenas de miles de jóvenes sacrificados. Ese es el costo directo porque el indirecto es mucho peor. Cinturones de miseria requiriendo subsidios, por los millones de desplazados de sus tierras donde podían llevar una vida digna. Para rematar, quienes logran un nivel educativo huyen de la “potencia de la vida” para lograr sobrevivir en el mundo civilizado. Poco se habla del sacrificio que significa separarse de sus familias y la dura vida que llevan. Sacamos pecho con esos seres que sostienen medio país con sus remesas y constituyen un importante “producto de exportación”.

La inequidad no es culpa de los que han logrado salir del pantano con honestidad y resulta absurdo perseguirlos y decomisar sus ahorros como lo hace la inviable reforma pensional. El camino a la prosperidad con equidad se construye desarmando un discurso que se quiere imponer con bombas. La violencia no es la consecuencia de la inequidad. Es su más importante causa. Seguirla justificando llevará a infinitas negociaciones con interminables cadenas de disidencias, y a enseñar cada vez mejor, la peor lección: el crimen sí paga.
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sábado, 15 de junio de 2024

El fantasma de la vaca

Hace unas semanas y ante la controversia de la financiación de vías en Antioquía, se armó una “vaca” muy exitosa recogiendo recursos que los paisas usaron para demostrar su independencia del gobierno central.
Simultáneamente aparecieron llamados a un boicot tributario. Se argumentó que Petro dispone de una cantidad enorme de recursos y los está usando para comprar votos subvencionando la pobreza que aplicadamente disemina, financiar grupos criminales que le den supremacía militar en el campo. así como primeras líneas y mingas que acorralen las ciudades. Así, podría imponer reformas radicales, y cambiar la constitución para eternizarse en el poder. La reacción propuesta consistía en apretar al Estado dejando de pagar impuestos.

La propuesta no tuvo eco porque muchos consideraron que se establecía un precedente de desobediencia civil muy peligroso y otros estimaron muy difícil de implementar y riesgoso para los pioneros más atrevidos. Pero sin que oposición alguna se lo hubiese propuesto, apareció en el país del realismo mágico el fantasma de la vaca que ha llevado a la caída en el recaudo de la DIAN más dramática de la historia.

En realidad no ha sido magia, sino la consecuencia de un torpe y errático manejo de la economía por parte del gobierno. Un presidente que no logra entender que con incoherentes y contradictorios tweets, salidos del impulso del momento y cocinados en una mente monotemática, se está logrando arrasar con la poca confianza que queda. No hay inversión, no hay nuevas empresas, se han cerrado miles (200.000 solo en 2024) y los talentos siguen emigrando. El desbarajuste de la economía aún no compromete la calidad de vida de la mayoría porque 20 años de prosperidad y confianza tienen mucha inercia. Es fácil navegar la barca impulsada por gobiernos anteriores y la frenada ocurre lentamente. La dramática caída en los ingresos de la DIAN está probando el absurdo de la ideología que resuelve todo con la intervención del Estado. Aun mentes educadas en economía, usan con frecuencia el universal remedio. ¿Y qué es el Estado? De donde saca los recursos para tanta maravilla? Simplemente no existe si no hay empresas y personas “moliendo” para entregar la harina que lo mantiene.
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viernes, 7 de junio de 2024

El enredo fundamental

No para la imaginación de los soñadores proponiendo que nos pongamos de acuerdo en las metas: acabar con la pobreza, con la violencia , con la injusticia e instaurar un paraíso de felicidad. Desde luego que eso es lo que quisiéramos y si nos infecta el virus del pendejismo simplista, terminamos todos bailando el mismo jarabe.
El dilema está en el método. Definir cuál es el camino que debemos recorrer para acercarnos a las ansiadas metas. Por un lado está el socialismo y la progresiva estatización sustentado con la fe en una teoría, en contra de la evidencia de una realidad empobrecedora, comprobada en todas las latitudes, todas las culturas y en todos los modelos.

Por el otro está la evidencia que demuestra cuáles son los pilares del bienestar de los 30 países más ricos que sí han logrado niveles de prosperidad uniformes y la erradicación de la miseria.
-La economía de libre mercado con respeto de la propiedad privada y reducción de la interferencia del estado y sus excesivas regulaciones.
-La democracia y su separación de poderes. Si, hay que defender el congreso con todo y sus cuestionados políticos impulsando la capacidad de discernimiento para ser capaces de elegir los más honestos y dedicados, y al lento poder judicial apoyando los magistrados y jueces más eficientes y más comprometidos con la defensa de la constitución.
-La prensa libre aceptando que a pesar de distorsiones y ligerezas es muy superior a la mordaza oficial disfrazada de verdad.
-Un sistema electoral independiente y limpio que no se invalida por la ocasional y esporádica trampa de unos pocos.
-Unas fuerzas armadas profesionales, no politizadas, educadas y bien dotadas que no se estigmatizan por esporádicos abusos, capaces de combatir el crimen y la violencia, en todas sus creativas variantes,
Estas cinco columnas se están resquebrajando en el actual régimen. Protegerlas debe ser el eje para lograr la unión que logre borrar de una vez por todas el adefesio ideológico que conduce a la ruina. Ese es el acuerdo fundamental que debe recibir el apoyo de todas las corrientes. El modelo de salud, pensión, educación, energético y todo lo demás, se resuelven con el diálogo civilizado que solo es posible si está sustentado en las cinco columnas.
Es elemental, pero sin libertad y orden no avanza la añorada prosperidad para todos.
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viernes, 24 de mayo de 2024

¡ EXPROPIESE !

Es difícil saber si tendremos nuestra propia versión de lenguaraz tirano recorriendo calles y dictaminando expropiaciones según su antojo. No es imposible si se tiene en cuenta que ha lanzado las tropelías que prometió evitar. Pero parece improbable porque si el atropello es muy obvio, el país ha mostrado que tiene capacidad de reacción.

Además, no es necesario ya que está probada una estrategia más lenta pero igualmente efectiva, que en términos similares, resumió Reagan así: Si tienen éxito, acóselos con impuestos. Si a pesar de eso siguen bien, cérquelos con regulaciones. Cuando logre que se quiebren, los estatiza y los subsidia. Es la lenta pavimentación del camino socialista hacia la pobreza. Quien genera riqueza, está cometiendo una injusticia porque se posiciona por encima de los demás. Por eso hay que perseguirlo y agobiarlo hasta que se vaya o caiga de rodillas a suplicar las dádivas estatales, agradeciendo luego con su apoyo el privilegio de existir.

Los hechos y las filtraciones lo confirman. Los rudimentos de economía, esenciales para la generación de riqueza, no se encuentran en las mentes de los dirigentes.
Dónde están los que consideraron precipitada e infantil la comparación con Venezuela o Cuba? En solo dos años de viaje ya estamos montados en el mismo bus del progreso, junto con Haití.
Se puede creer que con consejos para que sigan las elementales leyes de la economía, que no entienden, se va a lograr el cambio de rumbo?

¡No hay ninguna posibilidad!. El rumbo no se traza con hechos y datos. Está trazado con la fe en una farsa de asistencia al pueblo que solo sirve para concentrar poder en unos pocos. No es sino ver el billonario montaje de la repartición de cajas de comida, las famosas CLAP de Venezuela, denunciado en documental de Armando Info. El pueblo pobre recibiendo miserables raciones de leche falsa y su gestor con flotilla de jets para pasearse por sus mansiones en las grandes ciudades del mundo. Para no mencionar los que se han destapado y se siguen destapando aquí.

Mientras los ilusos aspiran a “corregir el rumbo”, la dinámica es seguir ahorcando con impuestos a quienes producen y empalizar con regulaciones y controles a los que sobrevivan. De esa manera el poder se va trasladando del pueblo que controla sus recursos hoy, a un ente central en manos de unos pocos que todo lo controla.
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