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viernes, 21 de junio de 2024

Riqueza va, pobreza viene

Toda reunión en la que se hable de la situación del país comienza exponiendo lo mal que estamos en el ranking de inequidad. Los asistentes se escurren en sus asientos, asumiendo su pecado, por el hecho de estar vestidos y disfrutando de 3 comidas al día. La culpa de la tragedia se distribuye entre los “ricos” quienes se empeñan en no repartir sus escasos o abundantes bienes. La excepción son los vociferantes amigos del comunismo quienes suelen poseer mucho más que la mayoría de “su pueblo”, pero lo de ellos no cuenta porque rico es solo quien tiene más que ellos y la equidad aplica es para todos los demás.

Una pandemia latinoamericana ha logrado infectar muchas mentes con el virus socialista enredador de neuronas que lleva a creer que el problema es distribuir la riqueza y no generarla. Nubla la visión impidiendo ver que también llevamos décadas clasificando como uno de los países más violentos con presencia de anacrónicas guerrillas, que existen porque las han justificado y se han tolerado todas sus acciones destructoras pintandolas de políticas.

No es difícil sumar las pérdidas y daños de 50 años de bombas, oleoductos rotos, comercios quemados, recursos malgastados en armas, minas, helicópteros caídos y las centenas de miles de jóvenes sacrificados. Ese es el costo directo porque el indirecto es mucho peor. Cinturones de miseria requiriendo subsidios, por los millones de desplazados de sus tierras donde podían llevar una vida digna. Para rematar, quienes logran un nivel educativo huyen de la “potencia de la vida” para lograr sobrevivir en el mundo civilizado. Poco se habla del sacrificio que significa separarse de sus familias y la dura vida que llevan. Sacamos pecho con esos seres que sostienen medio país con sus remesas y constituyen un importante “producto de exportación”.

La inequidad no es culpa de los que han logrado salir del pantano con honestidad y resulta absurdo perseguirlos y decomisar sus ahorros como lo hace la inviable reforma pensional. El camino a la prosperidad con equidad se construye desarmando un discurso que se quiere imponer con bombas. La violencia no es la consecuencia de la inequidad. Es su más importante causa. Seguirla justificando llevará a infinitas negociaciones con interminables cadenas de disidencias, y a enseñar cada vez mejor, la peor lección: el crimen sí paga.
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sábado, 9 de marzo de 2024

Los Privilegiados

Tiene razón el galáctico líder al decir que quienes marchan contra su gobierno son privilegiados.
Si se observan con cuidado los videos se encuentra que hay una mezcla heterogénea de razas, pintas, edades y categorías sociales. A pesar de la diversidad es muy obvio que todos son privilegiados.

Han tenido el privilegio de trabajar duro, ahorrar y construir un patrimonio y un modo de vida digno que no involucra disfrazarse de camuflado, reclutar niños para armarlos y obligarlos a matar y poner bombas.
Son privilegiados porque han sabido aprovechar la poca o mucha educación que recibieron y la han puesto al servicio de los demás creando empresas o contribuyendo a que las empresas de otros prosperen y generen más empleos dignos.

Son privilegiados porque marchando expresan libremente su rechazo a unas políticas que han demostrado ser fórmula de miseria. Lo hacen por convicción y sin quemar comercios ni atacar policías para permitir el cinismo de que no hubo heridos gracias al gobierno. No van en uniformes provistos por el gobierno. No llevan carteles elaborados por sus jefes. No marchan para conservar el puesto oficial que tanta indignidad y abuso les genera.
Marchan porque han tenido el privilegio de conducir sus vidas con honestidad, sin engaños ni trampas. Porque no estuvieron confundidos en la juventud participando en aventuras guerrilleras, en asaltos o tortura de secuestrados. Porque han tenido la mente abierta a muchas ideas y han sido capaces de encontrar su verdad, conectada con la realidad liberándose de dogmas y fanatismos.

Y si, temen perder sus privilegios. Los de la libertad de expresión, de trabajo, de movilización, de salud, de pensión. Temen perder las organizaciones sociales con las que canalizan la filantropía que ayuda a los demás en una forma mucho más eficiente que el Estado.
El temor lo comparten con el compañero Presidente, quien tampoco quiere perder sus enormes privilegios, ni los de su esposa y su séquito de masajeadores, maquilladores y estilistas, de Nicolás con sus gasticos de 200 millones al mes, de sus miles de ineptos funcionarios que reciben jugosos salarios por exhibir ignorancia e ineptitud.

¿Cómo cabe tanto privilegiado en el país de la inequidad?.
Son millones que protestan el privilegio de sostener a los cientos de parásitos que desconocen la austeridad.

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