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viernes, 28 de febrero de 2025

El engaño politico

La molestia con el engaño es una de las expresiones más críticas a los políticos. Todos los candidatos engañan. Una cosa es lo que dicen en campaña y otra lo que hacen en el poder. Lo que no se comprende es que el origen del engaño está en la esencia de la democracia. Al elegir un candidato, no escogemos qué partes de su programa nos gustan. Debemos aceptar el “paquete completo” tal como lo diseñó. Votamos por él porque nos parece el menos malo o el más cercano a nuestro pensamiento. Pero, una vez en el cargo, muchas de sus decisiones no nos gustan y las promesas que nos motivaron a votar por él son incumplibles. Por su lado, la mitad de la población que votó en contra, se ve obligada a convivir con un programa que rechazó.
Esta situación genera descontento, escepticismo y arrasa con el respaldo al elegido. Aún asumiendo que se habla con la verdad. Cuando en realidad nos encanta que nos engañen. Queremos oír propuestas atractivas, inmediatas y fáciles de entender. Un político astuto identificará los temas que más preocupan y ofrecerá soluciones simples y efectistas.
El ciclo esperanza-frustración es parte del juego democrático. Pero cuando el engaño tiene como propósito destruir la democracia, las consecuencias pueden ser devastadoras. Si Lenin o Hitler hubiesen revelado sus verdaderas intenciones, su votación habría sido minúscula. Son muy conocidos los videos de Chávez y de Fidel, en los que se presentan como defensores de la libre empresa, la propiedad privada y las instituciones democráticas, comprometiéndose a entregar el poder cumplidamente.
No se puede decir que el engaño del Gran Narciso haya sido excepcional. Aunque acudió a una notaría para garantizar que respetaría la Constitución, un análisis cuidadoso de sus propuestas, el lenguaje de sus discursos, sus simpatías y alianzas, combinado con su reconocida ineptitud permitían predecir la debacle. El aumento del crimen organizado y desorganizado, la fuga de capitales y talentos, el derroche, la corrupción y el nepotismo sin precedentes, junto con la caída de todos los indicadores de prosperidad, son el resultado de unas ideas equivocadas y la ejecución de un equipo de gobierno discapacidado, ignorante y sin experiencia de gestión.
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viernes, 16 de junio de 2023

Lucha de clases

Todo un capítulo, esencial en la ideología Marxista es la lucha de clases. Una elaboración que aun en el siglo 19 fue equivocada, se sigue reciclando para interpretar la sociedad encajonando la realidad en unos preceptos falsos. Una falacia repetida incansablemente por décadas y grabada en la mente de los creyentes como dogma. ¿Está realmente conformada la sociedad por clases inamovibles? Y si fuese así, el destino es que estén en lucha violenta permanente hasta que una clase aniquile a la otra? Es indiscutible que toda sociedad, incluyendo las que han logrado estadíos avanzados de comunismo, tienen su población distribuida en un amplio espectro de ingresos económicos, privilegios y nivel cultural, que difícilmente constituyen “clases”. Se pueden dar grados de educación y cultura muy variables en todos los segmentos. Millonarios ignorantes e incultos rodeados de brillos con una vida amargada y campesinos pobres y sabios con una existencia sobria y equilibrada. La movilidad ocurre en todos los sentidos. Desde el pobre, visionario, trabajador, disciplinado y recursivo que se sube en pocos años a la cima económica hasta el super rico vago y botaratas que acaba con una fortuna y termina en la calle. Y una enorme “clase” media en constante mutación, que difícilmente se puede encasillar.

Esa visión de opresores y oprimidos es esencial para justificar las medidas autoritarias que van configurando gradualmente la dictadura del proletariado. Los autodenominados intelectuales no son capaces de entender la sociedad como una compleja red de capacidades e intereses que pueden interactuar en paz, respetando un marco legal, por lo que terminan con el simplismo de dos facciones incompatibles, en guerra permanente. Sencillo y fácil de vender. Obviamente no hay espacio para el diálogo y la cooperación porque lo que prima es el odio a “los otros”. Las mentes no infectadas por tan dañina falacia, viven la vida real y perciben una sociedad muy distinta en la que, a pesar de las muchas diferencias, se forjan relaciones de ayuda y cooperación mutua con fuertes lazos de amistad y solidaridad.

Hay quienes sostienen que mencionar el peligro totalitario no tiene sentido en este país tan estructurado y para nada aplica al gobierno del cambio que solo nos quiere llevar hacia una socialdemocracia moderna.
Los deseos no les permiten leer los afiches minuciosamente preparados por funcionarios en la escuálida marcha del gobierno: “el poder destructor, perverso y satánico de los medios…que le hace creer a la clase trabajadora que es mejor ser esclavo…eso solo lo hace satanás”

¿No ven como se sigue el guión de la confrontación? Para acallar la crítica, hay que satanizar los medios. Lo novedoso es que es literal. No se libra una guerra contra los opresores, sino contra el mismísimo lucifer y su infernal fábrica de pobres.
No podrán entender que nadie fabrica pobres y que los países son ricos porque han logrado que un gran número de sus ciudadanos entiendan que lo que hay que hacer es proponerse a crear riqueza.

Que desperdicio lograr que la juventud salga a la calle portando carteles que parecen salidos del purgatorio de la ignorancia.