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viernes, 24 de octubre de 2025

Guerra sin fin

Tuve el privilegio de vivir cuatro años en el mundo árabe y conocer de cerca su cultura. Mi trabajo me permitió interactuar con cientos de personas de todas las condiciones: desde príncipes billonarios en jet privado hasta beduinos en lomo de camello; desde damas asustadas y sometidas hasta mujeres rebeldes y visionarias. Tuve amigos y colegas sirios, libaneses, palestinos, egipcios, kuwaitíes, saudíes, emiratíes, bahreiníes, yemenitas, omaníes y cataríes. Muchos educados en Europa o Estados Unidos, cultos, equilibrados, con vidas normales y posiciones políticas diversas. Pero todos, sin excepción, compartían un punto de unión: el odio a los judíos. No es un sentimiento superficial. Es una convicción enseñada desde la infancia y reforzada cinco veces al día por los altavoces de las mezquitas. La peregrinación a La Meca, en teoría un acto de fe y reconciliación, se convierte en una inmersión en discursos de odio que justifican la violencia como deber religioso. El resultado está a la vista: nueve grandes guerras, dos intifadas, incontables operaciones militares, atentados suicidas, ataques con cohetes e invasiones. El propósito declarado de grupos como Hamás es la desaparición del Estado de Israel, una meta que comparten millones con distintos grados de fanatismo. Para la mayoría del mundo musulmán, Israel es una afrenta impuesta por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.

Del otro lado, los judíos permanecen firmes en su derecho a ocupar lo que consideran su tierra ancestral. Han construido una sociedad próspera, una democracia sólida, una sociedad basada en principios y una fuerza militar que les ha permitido sobrevivir rodeados de enemigos.

El ataque de Hamás el 7 de octubre fue de una sevicia y crueldad horrenda. Seguido por ataques de Hezbolá en el norte, milicias en Siria e Irak, misiles desde Irán y hutíes atacando barcos: una coreografía de agresión, sincronizada y predecible. Israel se defiende con brutal eficacia, y el sufrimiento ocasionado a los palestinos es indescriptible lo que genera la condena fervorosa del mundo mediático. Un conflicto donde la violencia es el idioma común, no podrá terminar mientras la fábrica de fanatismo y rencor siga funcionando. El mismo proceso que aquí vivimos con la producción constante de un discurso que solo alimenta el ciclo interminable del odio.
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viernes, 17 de octubre de 2025

La bofetada del Nobel

“¡Paz, paz, paz!”, grita el artífice del fraude electoral más descarado mientras ordena reprimir a manifestantes pacíficos, encarcela y tortura a miles de jóvenes —niños, dirían por aquí— y preside una opulenta dictadura que ha llevado a la miseria al 90 % de la población y forzado la emigración humillante, de una tercera parte del país.

“¡Paz total!”clama su émulo, el hombre que prometió amor pero nos ha entregado una violencia encarnizada. Paz que incluye convocar un ejército mundial para “combatir al imperio”, o sea, una tercera guerra mundial a ritmo de vallenato.

Las contradicciones de estos colados en el poder han redefinido lo grotesco. Petro no opina sobre Maduro porque, hay que respetar la autodeterminación de los pueblos. Pero resulta legítimo insultar a los noruegos por premiar con el Nobel a una valiente que defiende la libertad y la democracia. Exhibe su ignorancia cuando añora a los Suecos que nunca lo han entregado y muestra sus dotes de estadista cósmico cuando en plaza pública de otro país incita al ejército a desobedecer a su jefe. Sostiene que la pérdida de la visa fue por el sancocho de exabruptos que soltó ante un escaso auditorio de la ONU asombrado con el nivel de ridículo. Sí logró demostrar la decencia y tolerancia de la democracia americana. En cualquier otro país, incluyendo Colombia, detienen y juzgan al extranjero que se atreva a incitar a la sedición. Debería estar agradecido de que le impidan volver, porque si lo hace, ya sin inmunidad diplomática, lo que arriesga es que su discurso sea desde una celda

“¿Cuál Ucrania ni qué ocho cuartos?”, dijo con displicencia cuando empezó el genocidio de Putin. Ese mismo “respeto” que lo hace guardar silencio ante las matanzas de Ruanda o de cualquier otro lugar donde los asesinos sean sus amigos ideológicos.

El Nobel de la Paz, es promovido y otorgado por políticos y académicos de inclinación socialista. Por eso duele tanto en los círculos de izquierda que el premio haya sido entregado a María Corina Machado: una mujer que, sin ejércitos ni discursos incendiarios, encarna mejor la dignidad que todos sus críticos juntos.

Creyeron que su descarado cinismo había contaminado incluso a la izquierda democrática europea. Pero no: todavía hay decencia que atraviesa las fronteras ideológicas. Y esa, sí, es una buena noticia para la paz.



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viernes, 3 de octubre de 2025

La cruzada de San Petro

La humanidad parecía haber extraviado hasta el último gramo de esperanza. Los pronósticos de los analistas políticos y las cábalas de las pitonisas se disputaban quién pintaba más negro el panorama. Un cuadro tan sombrío no se veía desde la Segunda Guerra Mundial… salvo en un par de ocasiones que casi nos borran del mapa.

Tras los horrores de la guerra, los mejores cerebros del planeta —y algunos políticos con sentido común, hoy especie en vía de extinción— se sentaron a diseñar instituciones para evitar otro cataclismo, que sería más devastador y seguramente el último. Así nació la ONU, que pese a sus múltiples limitaciones y defectos ha cumplido en parte su cometido, con la OTAN como compañera de fórmula. Gracias a ese esfuerzo concertado “solo” hemos tenido unas 80 guerras mayores con “solo” 30 millones de muertos. Toda una ganga comparado con lo que pudo haber sido.

No solo han evitado que nos matemos tanto: se han creado unos 300 organismos multilaterales que mantienen algo de orden en finanzas (BM, FMI, BID), comercio (OMC), salud y educación (OMS, UNESCO, FAO, UNICEF), medio ambiente (PNUMA) y demás. Una especie de buró planetario para que la civilización no se caiga a pedazos del todo.

Todo parecía bajo control… hasta que llegaron internet, las redes sociales y el celular. Vino la oportunidad de exhibir la ignorancia en alta definición y los Narcisos colectivizaron la estupidez sembrando mentiras a granel. Como enseña la psicopatología no iban a buscar el bien común sino su show personal. Todas las instituciones que osaran cuestionar sus delirios de genialidad debían ser atacadas o eliminadas. Las pocas almas que todavía piensan —y saben algo de historia— venían advirtiendo del peligro de tanto Narciso en el poder. Basta oír los discursos en la ONU: Trump y Petro peleándose con su propia sombra y, en medio, Stubb de Finlandia intentando razonar

Pero entonces se nos reveló la “solución”. Petro anunció estar dispuesto a enlistarse como soldado para acabar a Netanyahu. Según varios informes, ya inspira a las primeras líneas, a las mingas, a las disidencias, a los elenos y a todo aquel que vive armado y con ganas de pelea, para que lo acompañen en su cruzada. Y como goza del respaldo masivo de todos los colombianos Maduro enviará una flotilla de barcos y aviones para transportarlos a Gaza. Aleluya.
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jueves, 17 de julio de 2025

Y de que lado estas?

Como todo lo susceptible de ser afectado por el mundo digital, el conflicto se reduce a dos bandos.Si tiene familiares o amigos palestinos, seguro recibe información constante sobre los atropellos sufridos por su pueblo durante los últimos 50 años, después de ser despojados de sus tierras. Una mayoría buena, trabajadora y pacífica termina bajo el liderazgo de una minoría fanática que decide que la única respuesta a la humillación es la violencia. Todo intento de entendimiento pacífico es saboteado por quienes sólo conciben las soluciones al ritmo de explosivos. La moderación de la OLP y los avances en Cisjordania parecían dar frutos. Pero en Gaza, la agresividad de Hamás solo endureció las condiciones de vida, atrapando a su propia población entre el yugo y el cañón. En ese contexto de desesperanza, muchos justifican la rebelión violenta contra un sistema que sienten injusto. Pero al hacerlo, tienden a cerrar los ojos ante atrocidades innegables. Prefieren pensar que las decapitaciones, los secuestros de mujeres y ancianos, son invenciones del enemigo. Así funciona el sesgo tribal: creemos solo lo que nuestra tribu valida.

Del otro lado, quienes conocen judíos y admiran su disciplina y talento, reconocen una nación que se construyó despues de un enorme sufrimiento. Con esfuerzo y apoyo internacional, lograron una sociedad vibrante y tecnológicamente avanzada. ¿Podrían los palestinos haber hecho algo similar con el territorio asignado en 1947 y el respaldo del poderoso mundo árabe?

Esa nación admirable ha sido atacada sin piedad por grupos que promueven el odio como ideología, y consideran que la única solución consiste en su desaparición, lo que la ha inducido a ser potencia militar. Su supervivencia, depende de su fuerza y con el liderazgo equivocado, la ha usado para perpetrar horrendas matanzas.

Al final, uno escoge bando según a quién escucha más. Y lo hace creyendo que está bien informado, cuando en realidad está bien sesgado. Porque si algo es cierto en toda guerra, es que ninguna es justa, ni equilibrada, ni limpia, y quienes más sufren no son los responsables de la barbarie. Por eso, cuando un jefe de Estado toma partido con fervor —sin matices, sin dudas—, no se alinea con la justicia: se compromete con el oprobio. Un escenario más del galimatías moral que justifica la violencia.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Nukeados

Los americanos que todo lo abrevian, hablan de “nukes”, para referirse a las bombas nucleares. Con Ucrania calentándose muchos han vuelto a revisar los arsenales y el significado de una guerra nuclear, y así calcular cuántas veces se puede destruir el planeta con la “limitada colección” que lucen los 9 miembros del Club de Exterminio. Desde las 20 de Corea del Norte hasta las 5977 de Rusia solo se puede meditar en cuanta estupidez hay que sumar para seguir caminando por el filo del precipicio. Un documental de Hiroshima, es espeluznante. No cabe en la imaginación, multiplicarlo por treinta mil. No puede ser que la suma de todas las arrogancias y ficciones de unos pocos puedan poner a la humanidad en riesgo de extinción.

Pero asusta revisar la historia de barbarie que han sido las guerras. Desde que los primeros grupos de machos inventaron historias para salir a matar al prójimo, primero con palos y cuchillos, y luego con fusiles, cañones, bombas y misiles demostraron que tienen una gran creatividad para mejorar la eficiencia en destrucción y muerte. Con visos de imbecilidad difíciles de creer. Alinear 10.000 jovencitos de un lado, para que se disparan mutuamente con 12.000 que están al frente pareciera de una crueldad inadmisible pero es lo que se sigue repitiendo con tanques, artillería y bombardeos. Buena parte del oficio de la historia, ha sido contar los muertos, que guardan estrecha relación con el tamaño del monumento que sustenta el mito de la “Gloria”. No sea que las futuras generaciones entren en razón y dejen de matarse.

Por un tiempo se pensó que la cadena de horrores se vería interrumpida con la invención de los “nukes” pues su uso no permite terminar en la victoria de un bando sino en un absurdo suicido colectivo, que se extiende a todo el planeta.

Pero ahí están, a un botón que puede activar el dedo inquieto de un enfermo mental que ha decidido creer la elaborada sarta de falacias de su distorsionada mente. ¡Imposible! nos repetimos mientras Kim y Putin siguen blandiendo sus cohetes.

Que la estupidez humana es infinita, ya lo dijo quien sentó las bases físicas para llegar a la barbaridad nuclear. Ojalá haya tiempo para educar en psicopatología y no seguir entregando poder a enfermos mentales, y que ellos puedan desarmar sus juguetes mortales mientras ellas se sientan a dialogar y cooperar.
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viernes, 10 de mayo de 2024

El gran consenso

Cada vez son más frecuentes los llamados a un “Acuerdo sobre lo Fundamental”, advirtiendo que, de no lograrlo, el país está condenado al odio y a la guerra.
No se dan cuenta sus promotores que precisamente en esa concepción está la tragedia de Colombia. Creer que desacuerdo significa enfrentamiento violento.
Es obvio que en toda sociedad plural habrá desacuerdos, inclusive en lo fundamental. Para muchos, el respeto a la propiedad, la libertad de prensa, las elecciones libres y limpias, la adherencia a la constitución, y una estrategia seria y coherente de seguridad son fundamentales.
Cual es el acuerdo que se puede lograr con alguien que ofrece atropellar la propiedad y la libertad, y expresa su admiración por los regímenes despóticos? Dónde está el punto medio con quien grita en plazas que las normas y las instituciones que no le sirven deben desaparecer? Cual es el acercamiento con quien recibió dinero del crimen organizado y ahora les paga con territorios, amnistías, y cargos? Como será que se puede acordar con alguien que incendió el país para lograr su elección, ofreció repetir si no ganaba y ahora amenaza con guerra si le aplican las leyes diseñadas para controlar abusos? Y además la planea descabezando el liderazgo del ejército, humillando a sus miembros y desmantelando su dotación.

Desde luego que el diálogo civilizado ha sido siempre el camino. No importa cuán distantes estén las posiciones, si se acepta la diversidad y se respetan los mecanismos inventados por la democracia, se puede encontrar la forma de resolver las diferencias. Pero los canales del diálogo se cierran cuando un culto político se cree poseedor de la moral revelada y único dueño de la sensibilidad para ayudar a los desposeídos y lograr una sociedad justa,

La realidad es que todos buscamos mejorar las condiciones de vida, generar empleos dignos, abrir oportunidades educativas y evitar los abusos del poder económico y político. La diferencia no está en los sueños sino en el método que se propone para lograrlos. Por un lado están las políticas que han demostrado ser ruinosas y por el otro las que han probado ser efectivas en generación de prosperidad.

Seguir clamando por unidad de criterios es pintar en las nubes. La única opción para defender la paz y la vida es aferrarse a la democracia y sus instituciones.

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viernes, 3 de mayo de 2024

Historia Cruel

Es paradójico que quienes se sienten determinados a dejar una huella en la historia, sean quienes más la ignoran. Si se estudia con cuidado la génesis de los horrores que los humanos se han autoinfligido es fácil concluir que casi todos han surgido de la imaginación y no de condiciones objetivas, como muchos repiten. Si los cuentos que se inventan no son para promover la cooperación sino para generar odio y estimular la división, lo que termina ocurriendo es destrucción y muerte. Ha sido una constante histórica la aparición de relatos con variantes alrededor de una realidad infernal, una sociedad injusta con miles muriendo de hambre y enfermedad, un pueblo sin acceso a educación y oportunidades y la ambición por el bienestar material destruyendo el planeta y llevándo al apocalipsis.

Los jóvenes que comienzan a descubrir el mundo se fascinan y conmueven con las historias de horror y poco les importa que la evolución de las estadísticas muestran todos los indicadores negativos disminuyendo y los positivos mejorando. Pocos se detienen a ver su propia realidad, que suele ser en muchos casos bastante más sabrosa que la que les han pintado.
Se impone el poder de la repetición de mentiras y la cuidadosa selección de lo negativo, va quedando grabada en mentes susceptibles con lo que se logra el escenario planeado: todo quedó mal hecho y hay que cambiar para llegar a un imaginario mundo perfecto, que se describe y se enseña con candoroso fervor y consagración. Una vez se ha trazado el camino de la nueva sociedad idealizada y feliz se tienen que entender y aceptar los sacrificios. Vienen épocas de disrupción, destrucción, desorganización, desabastecimiento, hambre y sufrimiento. Se hace necesario remover a los herejes. Se fusila, se encarcela, se exilia, porque todo se justifica en el camino hacia el futuro venturoso.
Casi todas las guerras, purgas, exterminios y atrocidades han seguido éste mismo guión. Siguen frescos en la memoria los del siglo pasado y fáciles de ver, los presentes. Y todos tienen en común que cuando los ilusos seguidores, comienzan una senda sin fin de penurias, no dejan de preguntarse cómo fue que se creyeron la historia y porque no reaccionaron a tiempo.

“Escapar de la amenaza, duplica el miedo. Enfrentarla, lo reduce a la mitad” (Les dice Churchill, a quienes preguntan qué hacer)
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viernes, 1 de marzo de 2024

Abandono del Estado

La escena se repite siempre con precisión: ocurre un desastre natural, llegan las cámaras y le caen con el micrófono a un grupo que remueve escombros: “perdimos todo pero aquí estamos trabajando y vamos a reconstruir” contesta el personaje en un país desarrollado.
Si el grupo está sentado, nadie hace nada y lo que se oye es “seguimos esperando la ayuda del gobierno”, seguro está en un país pobre.

Según el Capitán Estrella, el litoral pacifico es pobre por abandono del estado. Y como en sus paseos no se unta de pobreza y no ha pasado por África, India, Sri Lanka o el sudeste asiatico, decreta que es el único litoral del mundo pobre. Si visita Malindi, encontrará un perfecto calco de Buenaventura.
Explica que los esclavos fueron forzados a migrar a zonas apartadas. Que los abusos de la colonia dejaron a indígenas y afros de Latam, y en una miseria de la que no se han podido recuperar en dos siglos.

Pero cómo se explica el fenómeno de Alemania y Japón al perder la guerra ? Destruidos, diezmados, desmoralizados y humillados. Y en 30 años se reconstruyeron convirtiéndose en potencias económicas.
El milagro no lo obró ni la caridad de los vencedores ni el estado magnánimo. La gran diferencia está en la cultura. Cuando cada persona se siente responsable de su destino y se convence que es a través del trabajo duro y disciplinado y el ahorro que va a mejorar, la sociedad entera mejora. Cuando lo que se transmite de generación en generación es la ley del mínimo esfuerzo para sobrevivir y el cultivo de la esperanza por la ayuda externa, se eterniza la miseria. Hay cientos de ejemplos de quienes logran sacudirse la cultura en la que nacieron y con dedicación y esfuerzo, salen del ciclo de pobreza y desesperanza, sin ayuda de nadie. Esos son los ejemplos que hay que diseminar y esa es la cultura que hay que enseñar. La educación sin cambio cultural, no sirve. Mientras haya personajes prepotentes con poder que interpretan la evolución social al revés y lo único que ofrecen es más asistencialismo, y no seguridad y confianza, la pobreza será cada vez peor.

Los indígenas de Canadá, reciben en compensación por el maltrato histórico, toda clase de subsidios del Estado. El resultado: alcoholismo, drogadicción, obesidad, diabetes, suicidios y nula productividad. Toda una comunidad arruinada por el asistencialismo estatal.