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viernes, 5 de junio de 2026

Engaño Magistral

Muchos se preguntan, desconcertados, cómo es posible que 9.6 millones de compatriotas sigan creyendo un relato tan repetidamente desmentido por la realidad.

La explicación es sencilla: llevan décadas perfeccionando la técnica. Igual que sus referentes históricos —Castro, Chávez y tantos otros— se presentan como demócratas ejemplares. Prometen respetar elecciones, la propiedad privada, promover empresas, rescatar a los pobres, multiplicar la producción agrícola y hacerlo todo en un ambiente de paz, protección de derechos humanos y la naturaleza. ¿Quién podría oponerse a un programa tan atractivo?

Una vez en el poder aparecen las reformas constitucionales para perpetuarse, la persecución de la oposición y la prensa independiente, los controles crecientes sobre la economía y las regulaciones que terminan asfixiando la iniciativa privada. Cuando aumenta el descontento, surge una segunda herramienta indispensable: la estadística oficial. Algunas cifras pueden ser ciertas. El truco consiste en la forma de presentarlas. Se seleccionan períodos de comparación convenientes, se mezclan porcentajes con cifras absolutas y se atribuyen al gobierno tendencias que venían desarrollándose desde mucho antes. Una cifra que lleva décadas mejorando se compara únicamente con un pasado lejano. Asi, cualquiera resulta el protagonista de un progreso extraordinario. Con ese artificio reducen la mortalidad infantil, la pobreza, el desempleo, la inflación, y aumentan el turismo, los decomisos de droga, las vías terciarias o algunos indicadores de salud.

Un análisis serio de las series históricas muestra algo distinto: la mayoría de los indicadores favorables simplemente continúan tendencias previas que dependen mucho más de un empresariado pujante que de la acción del gobierno. En cambio las cifras preocupantes se confunden en una neblina informativa: homicidios, secuestros, expansión de grupos armados, déficit fiscal, producción y exportación de cocaína, caída de la inversión, emigración de talento y corrupción. Todo queda diluido en una verborrea galáctica o en la promesa fantasiosa de que, con cuatro años más de lo mismo, ahora sí llegará el paraíso anunciado.Vender sueños imposibles y volverlos realidad con estadísticas maquilladas ha sido la estrategia para prolongar durante décadas regímenes comunistas fracasados.
Publicado El Pais de Cali 26157






domingo, 16 de noviembre de 2025

Sabrosura socialista

Que la historia la escriben quienes ganan las guerras es algo conocido. Pero podría agregarse que predomina la de quienes escriben mucho.
La intelectualidad política mundial, promueve las ideas socialistas, mientras disfruta de las ventajas del capitalismo. Sus exponentes reciben sin reparos los corrosivos billetes cuando sus libros, obras y películas se venden. Viven sabroso gracias a los sueldos de universidades y fundaciones que han prosperado en el inmundo capitalismo. Son teóricos de las ciencias sociales y les fascina elucubrar sobre modelos organizativos imaginados por grandes pensadores como ellos. Se molestan y ofenden cuando, con cifras y datos, se les demuestra que es la libertad, y no la planeación, la que más contribuye a la generación y mejor distribución de la riqueza. Desprecian e ignoran toda evidencia que haga tambalear los cimientos de su dogmático edificio ideológico.
Para seguir disfrutando de sus cómodas e intelectuales vidas, recurren al doble artificio de la transfiguración del presente y el pasado.
El relato de la actualidad se distorsiona atribuyéndole al mercado fallas que son producto del crimen, la corrupción o el intervencionismo estatal que interfiere con la libertad, limitando las leyes de oferta y demanda. Al capital se lo culpa de todos los dramas de la pobreza y la libertad económica se vuelve sinónimo de egoísmo. Cuando el bien común que promueven termina en farsa, logran corroer la solidaridad.
El segundo recurso, con el que son particularmente virtuosos, consiste en contar la historia de manera que valide su ideología. No se los ve dictando conferencias ni escribiendo libros sobre las horrendas dictaduras de Stalin, Mao, Kim, Pol Pot, Castro, Ceausescu, Hoxha, Zhivkov, Kádár o Honecker. En cambio, son prolijos en los recuentos de los horrores y atropellos de Franco y Pinochet, lo que sin duda afecta su objetividad y credibilidad, especialmente cuando evitan mencionar la transición pacífica del poder que sentó las bases de la prosperidad.
Ante las fallas de la democracia, los críticos piden un cambio de sistema. Pero cuando el cambio comienza a materializarse en forma de dictadura socialista, son los primeros en huir despavoridos.
Hay que persistir en el esfuerzo para lograr que muchos vean su entorno con objetividad y lean la historia con imparcialidad.

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viernes, 12 de septiembre de 2025

Fascismo a cuentagotas

El argumento de que nuestra propensión a la violencia viene de los antepasados indígenas y los atropellos que sufrieron no tiene sustento ni en la historia ni en la lógica. Esa supuesta predisposición genética se desploma al mirar países con historias mucho más sangrientas que hoy son ejemplo de convivencia pacífica. Guerras civiles, genocidios y dictaduras no los condenaron al odio eterno; aprendieron a diagnosticar su realidad y aplicar la terapia correcta.

¿Por qué nosotros seguimos convencidos de que estamos destinados a matarnos? Porque un pequeño grupo logró instalar una narrativa cómoda y simplista, derivada del Marxismo: No existe comunidad. La sociedad no es sino un escenario de lucha por el poder. Las instituciones son solo trincheras de privilegios y por eso hay que criticarlas y eventualmente arrasarlas. Cortes, Congreso, Registraduría, Fuerzas Armadas, universidades, gremios, prensa, médicos, científicos… nadie se salva del anatema. La receta del iluminado es refundarlo todo y, para conseguirlo, todo vale.

Así surge la paradoja: una izquierda que presume de superioridad moral mientras hace simbiosis con el crimen. Se asocian para “combatir el sistema injusto” y terminan fabricando una cultura mafiosa donde políticos y capos comparten cama, y controlan la crítica con plomo. No es casualidad que Colombia ocupe hoy el segundo lugar mundial en el índice global de crimen organizado (GI-TOC) y que quienes hablan claro y duro, sean silenciados por sicarios. Según la Defensoría del Pueblo hay 790 municipios —el 71 %— con presencia o amenaza de grupos armados. Cobran impuestos, controlan bienes públicos, dictan “justicia” y administran elecciones a punta de fusil. Y todo bajo la mirada cómplice de un gobierno que retribuye los aportes en bultos de billetes y cajas electorales llenas de votos.

De un Estado que impulsa el crimen se pasa, lentamente, a un Estado criminal. No es sino mirar Venezuela. Si hubiese que definir al fascismo en dos palabras, éstas serían las más apropiadas. Pero los incautos y tontos útiles siguen clamando que “no es para tanto”. Son incapaces de ver la degradación, que aun en las revoluciones más abruptas, ha sido paulatina. La meta está bien trazada y los pasos para lograrla se dan lentamente. Las dictaduras pasan inadvertidas porque se van implantando gota a gota.

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viernes, 3 de mayo de 2024

Historia Cruel

Es paradójico que quienes se sienten determinados a dejar una huella en la historia, sean quienes más la ignoran. Si se estudia con cuidado la génesis de los horrores que los humanos se han autoinfligido es fácil concluir que casi todos han surgido de la imaginación y no de condiciones objetivas, como muchos repiten. Si los cuentos que se inventan no son para promover la cooperación sino para generar odio y estimular la división, lo que termina ocurriendo es destrucción y muerte. Ha sido una constante histórica la aparición de relatos con variantes alrededor de una realidad infernal, una sociedad injusta con miles muriendo de hambre y enfermedad, un pueblo sin acceso a educación y oportunidades y la ambición por el bienestar material destruyendo el planeta y llevándo al apocalipsis.

Los jóvenes que comienzan a descubrir el mundo se fascinan y conmueven con las historias de horror y poco les importa que la evolución de las estadísticas muestran todos los indicadores negativos disminuyendo y los positivos mejorando. Pocos se detienen a ver su propia realidad, que suele ser en muchos casos bastante más sabrosa que la que les han pintado.
Se impone el poder de la repetición de mentiras y la cuidadosa selección de lo negativo, va quedando grabada en mentes susceptibles con lo que se logra el escenario planeado: todo quedó mal hecho y hay que cambiar para llegar a un imaginario mundo perfecto, que se describe y se enseña con candoroso fervor y consagración. Una vez se ha trazado el camino de la nueva sociedad idealizada y feliz se tienen que entender y aceptar los sacrificios. Vienen épocas de disrupción, destrucción, desorganización, desabastecimiento, hambre y sufrimiento. Se hace necesario remover a los herejes. Se fusila, se encarcela, se exilia, porque todo se justifica en el camino hacia el futuro venturoso.
Casi todas las guerras, purgas, exterminios y atrocidades han seguido éste mismo guión. Siguen frescos en la memoria los del siglo pasado y fáciles de ver, los presentes. Y todos tienen en común que cuando los ilusos seguidores, comienzan una senda sin fin de penurias, no dejan de preguntarse cómo fue que se creyeron la historia y porque no reaccionaron a tiempo.

“Escapar de la amenaza, duplica el miedo. Enfrentarla, lo reduce a la mitad” (Les dice Churchill, a quienes preguntan qué hacer)
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