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sábado, 21 de marzo de 2026

Matar policias

Colombia tiene un dato incómodo: por cada millón de habitantes mueren 2,39 policías asesinados. La policía, a su vez, causa 3,41 muertes por millón. El cociente es 1,4. Eso significa algo inquietante: la violencia es casi simétrica. El Estado mata casi lo mismo que pierde. Comparemos. En México el crimen mata muchos más policías de los que la policía mata civiles: el índice es 0,3. En Brasil, la policía mata doce veces más de lo que pierde. Pero lo verdaderamente revelador aparece cuando miramos países seguros. En Estados Unidos y Canada la relación es 20. En Argentina 10. En el Reino Unido el cociente es cercano a 5. En Escandinavia, la letalidad policial se acerca a cero y los policías asesinados son prácticamente inexistentes. No hay espiral de violencia

La diferencia no es cultural. Es institucional y moral. En sociedades donde el homicidio general es bajo, atacar a un policía produce un rechazo inmediato, transversal y contundente. El costo social es altísimo. La tolerancia es mínima. El crimen no encuentra aplauso, ni justificación romántica, ni ambigüedad. En Colombia, en cambio, hemos aprendido a relativizar. Se justifica al que bloquea “por desesperación”, se minimiza al que extorsiona “porque no tiene oportunidades”, se explica al que dispara “porque el Estado falló primero”. Cada explicación reduce el costo moral del delito.

Mientras escribo, se oyen explosiones en la Universidad del Valle. Un ritual que se repite: artefactos para destruir, sembrar terror y herir o matar policías. Llevan años en lo mismo, afectando a toda una comunidad. Y, sin embargo, se volvió paisaje. Es difícil entender que esta patanería criminal sea tolerada. Que no haya una autoridad capaz de imponer el orden. Que se normalice la violencia de unos pocos como si fuera parte del ecosistema urbano. La tolerancia con la ilegalidad no humaniza la sociedad. La vuelve más peligrosa. Y siempre pagan los mismos: los más pobres.

La violencia se perpetúa con justificación. La comodidad moral de quienes explican lo inaceptable, suavizan lo criminal y terminan poniéndose, del lado del victimario.
Una sociedad que excusa a quien mata policías no solo es una sociedad injusta. Es una sociedad enferma, y en su distorsión contribuye a la injusticia social, cortesía del “progresismo” petrista, que su heredero aspira incrementar.
Publicado El Pais de Cali . 2680


viernes, 1 de marzo de 2024

Abandono del Estado

La escena se repite siempre con precisión: ocurre un desastre natural, llegan las cámaras y le caen con el micrófono a un grupo que remueve escombros: “perdimos todo pero aquí estamos trabajando y vamos a reconstruir” contesta el personaje en un país desarrollado.
Si el grupo está sentado, nadie hace nada y lo que se oye es “seguimos esperando la ayuda del gobierno”, seguro está en un país pobre.

Según el Capitán Estrella, el litoral pacifico es pobre por abandono del estado. Y como en sus paseos no se unta de pobreza y no ha pasado por África, India, Sri Lanka o el sudeste asiatico, decreta que es el único litoral del mundo pobre. Si visita Malindi, encontrará un perfecto calco de Buenaventura.
Explica que los esclavos fueron forzados a migrar a zonas apartadas. Que los abusos de la colonia dejaron a indígenas y afros de Latam, y en una miseria de la que no se han podido recuperar en dos siglos.

Pero cómo se explica el fenómeno de Alemania y Japón al perder la guerra ? Destruidos, diezmados, desmoralizados y humillados. Y en 30 años se reconstruyeron convirtiéndose en potencias económicas.
El milagro no lo obró ni la caridad de los vencedores ni el estado magnánimo. La gran diferencia está en la cultura. Cuando cada persona se siente responsable de su destino y se convence que es a través del trabajo duro y disciplinado y el ahorro que va a mejorar, la sociedad entera mejora. Cuando lo que se transmite de generación en generación es la ley del mínimo esfuerzo para sobrevivir y el cultivo de la esperanza por la ayuda externa, se eterniza la miseria. Hay cientos de ejemplos de quienes logran sacudirse la cultura en la que nacieron y con dedicación y esfuerzo, salen del ciclo de pobreza y desesperanza, sin ayuda de nadie. Esos son los ejemplos que hay que diseminar y esa es la cultura que hay que enseñar. La educación sin cambio cultural, no sirve. Mientras haya personajes prepotentes con poder que interpretan la evolución social al revés y lo único que ofrecen es más asistencialismo, y no seguridad y confianza, la pobreza será cada vez peor.

Los indígenas de Canadá, reciben en compensación por el maltrato histórico, toda clase de subsidios del Estado. El resultado: alcoholismo, drogadicción, obesidad, diabetes, suicidios y nula productividad. Toda una comunidad arruinada por el asistencialismo estatal.