Ese es el temor que invade a muchos. Primero pierden la esperanza. Después dejan de invertir. Luego envían su capital al exterior. Y, finalmente, hacen las maletas. Pero un país no se acaba por la ineptitud de un gobierno o los desvaríos de un presidente. Mientras millones de personas sigan trabajando, produciendo, emprendiendo, enseñando y creyendo, el país se sostiene.El temor, sin embargo, no carece de fundamento. Las amenazas del perdedor o la consigna de hacer invivible el país proferida por una progre-chic que no encontró emoción en sus vacaciones de ski, lleva a muchos colombianos a preguntarse si será posible contener la “plaga” de quienes sólo conciben la política a través de las piedras, las bombas y el fuego. Otros se dejan intimidar por los discursos de quienes se proclaman dueños de la verdad revelada y practican una moral elástica, que cambia según la conveniencia. La doble nacionalidad era aceptable pero hoy se convierte en pecado. Quien creó la profesión de visitador de cárceles, negociador con delincuentes y justificador de organizaciones armadas, pretende ser juez moral. Quien relativizó secuestros, atentados y bloqueos amenaza ahora con paralizar el país si la justicia no le concede impunidad a su clan.
Los países no se destruyen en cuatro años. Se deterioran lentamente cuando se instala la idea de que un Estado cada vez más poderoso debe controlar la economía, la iniciativa privada y, poco a poco, la vida de sus ciudadanos. El resultado se repite con precisión fatal: menos oportunidades, más dependencia, concentración del poder, corrupción, empobrecimiento y emigración del talento.
Llega entonces el momento en que una tragedia desnuda la chapucería y la corrupción que durante años permaneció oculta en los cimientos: construcciones levantadas sobre icopor y espuma, instituciones incapaces de responder, y un Estado hipertrofiado acaparando ayudas e interfiriendo con la labor de quienes sí saben aliviar el sufrimiento. Después de casi tres décadas de autoritarismo, las imágenes de Venezuela no muestran un país destruido por un solo gobierno. Muestran el desenlace de un deterioro lento, persistente y sistemático. La naturaleza le ha dado el golpe de gracia a un país que se dejó engañar por juglares promeseros de la igualdad que cambiaron libertad por obediencia al Estado.
Publicado El País de Cali 26185 REQUISITOS
viernes, 3 de julio de 2026
Suscribirse a:
Entradas (Atom)