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lunes, 2 de diciembre de 2024

Nukeados

Los americanos que todo lo abrevian, hablan de “nukes”, para referirse a las bombas nucleares. Con Ucrania calentándose muchos han vuelto a revisar los arsenales y el significado de una guerra nuclear, y así calcular cuántas veces se puede destruir el planeta con la “limitada colección” que lucen los 9 miembros del Club de Exterminio. Desde las 20 de Corea del Norte hasta las 5977 de Rusia solo se puede meditar en cuanta estupidez hay que sumar para seguir caminando por el filo del precipicio. Un documental de Hiroshima, es espeluznante. No cabe en la imaginación, multiplicarlo por treinta mil. No puede ser que la suma de todas las arrogancias y ficciones de unos pocos puedan poner a la humanidad en riesgo de extinción.

Pero asusta revisar la historia de barbarie que han sido las guerras. Desde que los primeros grupos de machos inventaron historias para salir a matar al prójimo, primero con palos y cuchillos, y luego con fusiles, cañones, bombas y misiles demostraron que tienen una gran creatividad para mejorar la eficiencia en destrucción y muerte. Con visos de imbecilidad difíciles de creer. Alinear 10.000 jovencitos de un lado, para que se disparan mutuamente con 12.000 que están al frente pareciera de una crueldad inadmisible pero es lo que se sigue repitiendo con tanques, artillería y bombardeos. Buena parte del oficio de la historia, ha sido contar los muertos, que guardan estrecha relación con el tamaño del monumento que sustenta el mito de la “Gloria”. No sea que las futuras generaciones entren en razón y dejen de matarse.

Por un tiempo se pensó que la cadena de horrores se vería interrumpida con la invención de los “nukes” pues su uso no permite terminar en la victoria de un bando sino en un absurdo suicido colectivo, que se extiende a todo el planeta.

Pero ahí están, a un botón que puede activar el dedo inquieto de un enfermo mental que ha decidido creer la elaborada sarta de falacias de su distorsionada mente. ¡Imposible! nos repetimos mientras Kim y Putin siguen blandiendo sus cohetes.

Que la estupidez humana es infinita, ya lo dijo quien sentó las bases físicas para llegar a la barbaridad nuclear. Ojalá haya tiempo para educar en psicopatología y no seguir entregando poder a enfermos mentales, y que ellos puedan desarmar sus juguetes mortales mientras ellas se sientan a dialogar y cooperar.
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sábado, 20 de abril de 2024

Loco Mundo

La humanidad venía evolucionando hacia la integración y prosperidad universal. A los pesimistas y conspiracionistas guiados por aves y nubes negras se les azucaraba la amargura con las buenas nuevas. Nunca antes habían ocurrido menos guerras, menos muertes violentas, menos hambrunas y menos miseria. La cooperación pacífica entre las naciones, el libre intercambio de bienes, servicios y personas se estaba convirtiendo en la norma. El gasto militar había bajado del 50% al 7% en casi todos los paises. Después de dos cruentas confrontaciones mundiales con millones de muertes, la guerra lograba cada vez más reconocimiento en el podio de la imbecilidad.

Pero la capacidad de la mente para inventar historias de odio ha producido un resurgimiento de conflictos, impulsados como siempre, por enfermizos narcisos. Cuando en las posiciones de liderazgo proliferan los Putin, los Khamenei, los Netanyahu, los Kim, los Trump, o los Maduro, el mundo se va viendo cada vez más peligroso.
La serie documental “Turning Point” evidencia lo cerca que hemos estado del armagedón nuclear y la suerte que tuvo la humanidad de haber contado con personajes como Juan Pablo II, Reagan y Gorbachov, pero deja la incómoda sensación de un fin cercano si se llega a dar una mezcla fatídica de líderes desquiciados.

Quien oye las intrincadas diatribas de Putin para justificar su guerra, o las visiones radicalmente opuestas de los embajadores de Iran e Israel en la ONU, tiene derecho a pensar que ya está empezando la tercera guerra mundial. La invasión de Polonia por los nazis, no fue descrita en su momento como el inicio de la segunda guerra.
Solo que esta vez, como lo advierte Annie Jacobsen en su libro “Guerra Nuclear”, hay listas 15.000 ojivas nucleares, muchas con un poder destructivo 1000 veces superior al de Hiroshima. Explica con gran detalle la facilidad con que un loco puede hundir el boton, que llevará a la sexta extinción masiva en este insignificante punto azul, perdido en el universo. Es tan espeluznante la proyección del proceso destructivo que se termina deseando estar en el centro de la explosión para evitar el horrendo sufrimiento que sigue para los supervivientes distantes. O que más bien, como vaticina el inspirado líder climático, aspirar a morir ahogados en las montañas de Colombia como consecuencia de las fuerzas del mercado.
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