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viernes, 27 de marzo de 2026

Quien Paga?

Si uno revisa las cifras de la economía mundial, descubre una verdad casi cómica: todos deben. Desde diminutas islas que acumulan unos cuantos miles de millones, hasta el coloso del norte que carga con 35 trillones (doce ceros) y ostenta el título de mayor deudor del planeta. Colombia, en comparación “solo” debe unos 205 billones —nueve ceros—. En proporción al tamaño de cada economía, la variación es igual de pintoresca: desde países con deudas cercanas al 2% del PIB, hasta Japón, que navega sin despeinarse con un 240%. En medio, nosotros, con un “modesto” 50%.

La primera pregunta que cualquier economista doméstico se hace mientras paga el mercado es inevitable: si todos deben, ¿quién tiene la plata? La explicación técnica es enrevesada, llena de canales financieros, mercados secundarios y flujos cruzados. Pero la respuesta de fondo es simple: la tiene la gente. Los ciudadanos del mundo. Somos nosotros —con pensiones, ahorros, CDT, fondos y bonos— quienes le prestamos a los gobiernos. A veces al propio, como en Japón; otras, al que inspire más confianza.

Porque ese es el punto clave: la confianza. Medida por complejos modelos y vigilada por agencias calificadoras que no perdonan una coma. En el fondo, miden el temor a perder recursos duramente ganados. Entonces surge otra pregunta lógica, la de quien paga sus cuotas mensuales:
¿Cuándo van a pagar los gobiernos? Respuesta corta: nunca.

Y si alguien intentara exigirlo, habría un cataclismo financiero. El sistema no está diseñado para pagar la deuda, sino para sostenerla. Lo importante es cumplir los intereses. Mientras un país lo haga, seguirá recibiendo crédito. Así llegó Japón al 240% sin colapsar. Su economía funciona porque la deuda es una medida de confianza, no una señal de quiebra.

Se cumple así la vieja regla: no viva de plata prestada, salvo que sea para producir más. Lo mismo vale para los países. Si la deuda financia infraestructura y producción, genera riqueza. Si financia repartos, favores y populismo, genera estancamiento y pobreza crónica.

La macroeconomía global es compleja, sí, pero al final funciona con los mismos principios de la economía del hogar. Por eso, a quienes han hecho carrera viviendo de parasitar al Estado —y que jamás han producido un peso propio— les resulta imposible entender, y menos aún planear, la economía de un país.
Publicado El Pais de Cali 2687

sábado, 15 de junio de 2024

El fantasma de la vaca

Hace unas semanas y ante la controversia de la financiación de vías en Antioquía, se armó una “vaca” muy exitosa recogiendo recursos que los paisas usaron para demostrar su independencia del gobierno central.
Simultáneamente aparecieron llamados a un boicot tributario. Se argumentó que Petro dispone de una cantidad enorme de recursos y los está usando para comprar votos subvencionando la pobreza que aplicadamente disemina, financiar grupos criminales que le den supremacía militar en el campo. así como primeras líneas y mingas que acorralen las ciudades. Así, podría imponer reformas radicales, y cambiar la constitución para eternizarse en el poder. La reacción propuesta consistía en apretar al Estado dejando de pagar impuestos.

La propuesta no tuvo eco porque muchos consideraron que se establecía un precedente de desobediencia civil muy peligroso y otros estimaron muy difícil de implementar y riesgoso para los pioneros más atrevidos. Pero sin que oposición alguna se lo hubiese propuesto, apareció en el país del realismo mágico el fantasma de la vaca que ha llevado a la caída en el recaudo de la DIAN más dramática de la historia.

En realidad no ha sido magia, sino la consecuencia de un torpe y errático manejo de la economía por parte del gobierno. Un presidente que no logra entender que con incoherentes y contradictorios tweets, salidos del impulso del momento y cocinados en una mente monotemática, se está logrando arrasar con la poca confianza que queda. No hay inversión, no hay nuevas empresas, se han cerrado miles (200.000 solo en 2024) y los talentos siguen emigrando. El desbarajuste de la economía aún no compromete la calidad de vida de la mayoría porque 20 años de prosperidad y confianza tienen mucha inercia. Es fácil navegar la barca impulsada por gobiernos anteriores y la frenada ocurre lentamente. La dramática caída en los ingresos de la DIAN está probando el absurdo de la ideología que resuelve todo con la intervención del Estado. Aun mentes educadas en economía, usan con frecuencia el universal remedio. ¿Y qué es el Estado? De donde saca los recursos para tanta maravilla? Simplemente no existe si no hay empresas y personas “moliendo” para entregar la harina que lo mantiene.
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