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martes, 25 de agosto de 2026

Las cifras no hablan solas

Uno de los argumentos más repetidos en política sostiene que las controversias se resuelven con cifras y datos. Ojalá fuera tan sencillo.

Toda cifra plantea primero una pregunta: ¿quién la produjo? Si proviene de un gobierno interesado en demostrar el éxito de su gestión, merece un examen cuidadoso. Si la publica un organismo internacional, inspira mayor confianza, pero tampoco está exenta de sesgos ideológicos. Y aun cuando el dato sea correcto, puede utilizarse para transmitir una idea completamente distinta de la realidad si se presenta sin contexto histórico o sin comparaciones relevantes.

Ese ha sido el recurso de Petro para sostener que ha sido “el mejor de la historia”. Un ejemplo son los decomisos de droga. Se exhiben cifras récord como prueba de una lucha eficaz contra el narcotráfico. La pregunta pertinente no es cuánto se incautó, sino qué proporción representa frente a la producción total y cuál fue finalmente la cantidad que llegó a los mercados.

“Sacamos 1.6 millones de la pobreza”. Si se reparten subsidios y se baja la marca de lo que se considera pobreza, se “sacan” , pero en la estadística. Con Uribe salieron 4.5 millones y con Santos 5.4. Y es más probable que “salieron” creándoles las condiciones de trabajo y seguridad. “Bajó la mortalidad infantil en un 42%”. La tasa de mortalidad infantil viene bajando desde 1975. De hecho en los últimos años es cuando menos ha bajado. Lo mismo que ha ocurrido en el resto del mundo. La noticia es buena pero tiene que ver más con los avances en medicina que con la gestión de un gobierno. Así, se pueden revisar cada uno de los logros para entender que los pocos que son ciertos y positivos no representan un avance sostenible o no dependen de la planeación central.

Las estadísticas son indispensables para entender la realidad. Pero aisladas del contexto se convierten en propaganda. Quienes han resuelto llamarse “progresistas” se definen como una secta con fe ciega en un relato. Todo dato que lo contradiga es sistemáticamente ignorado o convertido en propaganda enemiga y toda mentira o dato parcial, fuera de contexto, es aceptado y difundido como la verdad revelada.

Y cuando las cifras dejan de ser un instrumento para buscar la verdad y se convierten en munición política, el diálogo deja de existir y solo sobrevive la propaganda.

Publicado El País de Cali 26213



viernes, 10 de octubre de 2025

Periodismo 2.1

Cuando muchos periódicos del mundo han entrado en crisis económica, forzando recomposiciones accionariales o cambios de dueño, se abre inevitablemente la gran discusión: ¿hacia dónde debe evolucionar el célebre “cuarto poder”?

Por ahora, da un pequeño alivio comprobar que, a pesar de las dificultades, aún existen grandes centros de información que hacen enormes esfuerzos por mantener una línea veraz. Pero para el ciudadano común es cada vez más difícil distinguirlos en la maraña de medios convertidos en instrumentos políticos o económicos, o en simples fábricas de escándalo barato. Todo eso mientras recibe el caótico torrente de redes sociales, especialmente entre los más jóvenes, donde la frontera entre dato, chisme y propaganda desapareció como por arte de algoritmo.

Para conservar su papel central, el periodismo necesita evolucionar. La impresión diaria en gran formato ya parece un fósil; ni ecológica ni económicamente es viable. Casi todos han migrado al medio digital… para caer en la trampa de la publicidad intrusiva y las ventanitas pop-up que entorpecen la lectura y espantan al lector. El reto —logrado por muy pocos— es producir textos agradables de leer en un teléfono, algo que sí dominan los influencers, maestros de la monetización sutil y del contenido masticable en 30 segundos.

Sin embargo, la salvación del periodismo serio no puede ser el facilismo informativo. Su única ventaja competitiva real es la búsqueda obstinada de la verdad. Quien persiste termina ganando reputación como medio confiable. El viejo “síndrome de la chiva” se multiplica hoy, cuando cualquier ciudadano puede “chivear” desde su cuenta anónima.

Y hay otra evolución que conviene evitar: la idea de que “todas” las opiniones merecen plataforma. No: ni filosóficamente ni democráticamente todas las opiniones son iguales. Promover la violencia como método para resolver diferencias no debería tener micrófono. El problema es que aquí la promoción es velada, disfrazada con neolenguaje que justifica a violentos y criminales. Incluso se llega a calificar de “intolerancia” el acto de desenmascarar a quienes promueven la violencia. Es el truco perfecto: convertir la complicidad en pluralismo y la propaganda en libertad de expresión.

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viernes, 19 de septiembre de 2025

Periodismo 2.0

La gráfica de la evolución de la democracia en el mundo parecía una escalera al cielo… hasta 2019. Ese año no solo se detuvo el ascenso, sino que empezó a caer con la elegancia de resbalón en tobogán. Hoy, algunos centros calculan que la mitad de la población vive bajo regímenes autoritarios. ¿Culpables? Según los entendidos, no es la mala suerte ni la alineación de Marte, sino el encantador universo de las redes sociales.
Las democracias son, por definición, imperfectas. Están hechas por humanos con su caldo de defectos: egos, errores, corrupción, condimentado con pizcas de ingenuidad. Cuando la información fluye libre y sin filtro, los defectos se magnifican, se viralizan y terminan convertidos en meme. El resultado es la desconfianza y, con ella, la reacción humana más vieja que el pan: buscar un salvador. Así, el cansado ciudadano se siente aliviado: ya no necesita pensar, ni discernir, ni trabajar, ni comprometerse. Todo lo resolverá el Gran Líder, sea rey, emperador, führer, comandante, papá o “querido presidente”.
En medio de este reality global, el periodismo es la víctima más notoria. Bastó que el acceso a la información se volviera universal para que media humanidad se creyera reportera de guerra desde su sofá. Con un poco de gracia para hablar, escribir o grabar videos, cualquiera se graduó de influencer. Mientras hablaban de ropa, comida o viajes, era apenas un pasatiempo. Pero cuando se descubrió el poder de manipular con historias inventadas y venderlas como verdades absolutas, nacieron tribus irreconciliables, cada una alimentada por su propia dieta de fake news servida varias veces al día. (Por algo la llaman “feed”).
La gran masa, sobre todo los jóvenes, dejó de acudir a los medios serios. Muchos ni siquiera saben que el periodismo es una profesión, que se estudia durante años y que, gracias a él, se destapan ollas podridas en todos los campos ganando el merecido título de “cuarto poder”. El periodismo serio ha logrado mantener, a punta de terquedad, cierta coherencia con la verdad, aunque hoy esté siendo apabullado por los algoritmos. En el periodismo 2.0 el reto es seguir informando y mantener el profesionalismo que le siga demostrando a la audiencia que un buen reportaje de investigación pesa mucho más que unos twitazos de mentes trastocadas llenos de “likes”automáticos.
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sábado, 30 de agosto de 2025

Falacias exitosas

Hasta los más fervorosos sacerdotes del autodenominado “progresismo” —que de progreso tiene lo que un burro de ingeniería espacial— se lamentan del fracaso de la célebre “paz total”. La receta ha sido simple: invente un término pegajoso, repítalo mil veces, póngalo en boca a periodistas, académicos y opinadores de oficio, y ¡listo! La mentira se viste de gala y todos aplauden. Así hemos engordado el diccionariol de barbarismos: “estallido social” (tradúzcase: vandalismo subsidiado), “cese bilateral del fuego” (o sea, “usted dispare menos mientras yo miro al techo”), “corredor humanitario” (“delincan a su antojo y sabremos protegerlos”), “polarizacion” (criticar a los violentos es violencia”) Y la joya de la corona: “paz total”. La promoción de la violencia con un barniz ético.

Basta con examinar cómo se viene aplicando la fórmula: debilitar al Ejército (¿quién necesita Fuerzas Armadas cuando tenemos hashtags?), decapitar su liderazgo, desarmar su inteligencia y rellenar los cargos con cuadros partidistas recién graduados en activismo de X. Luego, bautizar a los carteles como “campesinos que buscan sustento”, reconocer a criminales con brazalete como “actores políticos”, y regalarles territorios “libres de Fuerza Pública” para negociar tranquilos…”en paz”. Y para darle el toque internacional, nada mejor que apoyar a Maduro y el cartel de los soles para facilitar la exportación de la coca cuya producción hemos incrementado con tanto orgullo. “No nos metamos con ese berenjenal que no es nuestro”, dicen los incautos. Y de donde sale la coca que les permite nadar en dólares y mantiene el valor de nuestro pesito?

Tantos intelectuales se tragan el anzuelo y se quedan con el truco infalible de los politicos: hablar del qué sin mencionar jamás el cómo. “Daremos millones de empleos, millones de viviendas”, “potencia de vida”… y en el camino, fabricamos millones de ilusos.Así que no nos confundamos: la “paz total” no fracasó. Todo lo contrario. Funcionó como se planeó: debilitar al Estado, fortalecer al crimen y distraer a la opinión con un eslogan de tarima. ¿Fracaso? No: un éxito colosal en el arte de la farsa. El crimen de Miguel Uribe, las bombas de Cali y los jovenes militares asesinados demuestran que el país está regresando a una época en la que un conocido personaje bailaba en su revolucionaria salsa.

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viernes, 29 de agosto de 2025

Del excell al exilio

Es bien sabido que una de las premisas centrales de los gobiernos socialistas es la manipulación de la información. Como se consideran depositarios de la moral revelada, creen tener derecho a retorcer las cifras para sustentar sus “logros”. Cualquiera entiende que basta con cambiar los criterios de medición para obtener un resultado distinto, sin olvidar que quienes recolectan datos son humanos que reciben órdenes. Por eso es legítimo dudar de las estadísticas de desempleo que hoy difunde el gobierno. La credibilidad de las cifras siempre dependerá de quién esté al mando. La brecha creciente entre la verdad oficial y la realidad palpable alimenta la desesperanza, la rabia y, finalmente, la emigración masiva. Podría hacerse una correlación matemática: a mayor capacidad de mentir de las autoridades, mayor es la cantidad de ciudadanos que huyen del paraíso estadístico.

Ahora bien, incluso si la reducción del desempleo fuese cierta —bandera favorita del continuismo socialista—, cuando se logra a costa de engordar la burocracia estatal es apenas una ilusión pasajera. No surge de la generación de riqueza, sino del estímulo a la pobreza que provoca el ahogo tributario. Los primeros años de aparente bonanza se transforman, invariablemente, en miseria generalizada. Y ese deterioro no pasa inadvertido para los jerarcas del sistema, que mientras tanto acumulan más poder y privilegios, “para proteger la revolución”.

Las regulaciones excesivas y leyes laborales rígidas sofocan la creación de empresas, desincentivan la inversión y fomentan la informalidad que no paga impuestos. Este ciclo se ha repetido una y otra vez: Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia… La historia latinoamericana es un museo de ilusiones rotas. Cuando la realidad azota al pueblo, se sacude la mentira siempre y cuando no hayan capturado el sistema electoral.

El verdadero progreso social ocurre cuando las personas buscan libremente la solución a su vida económica en paz. Las oportunidades y la educación —aliadas al talento— marcan la diferencia. Cuando una cultura transmite ese valor, florece la prosperidad. Por eso los colombianos que huyeron de la violencia, son apreciados en todo el mundo: recursivos, trabajadores, diligentes. Al irse, reducen el desempleo y aumentan las remesas lo que termina, en cruel paradoja sustentando el parasitismo.



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viernes, 28 de febrero de 2025

El engaño politico

La molestia con el engaño es una de las expresiones más críticas a los políticos. Todos los candidatos engañan. Una cosa es lo que dicen en campaña y otra lo que hacen en el poder. Lo que no se comprende es que el origen del engaño está en la esencia de la democracia. Al elegir un candidato, no escogemos qué partes de su programa nos gustan. Debemos aceptar el “paquete completo” tal como lo diseñó. Votamos por él porque nos parece el menos malo o el más cercano a nuestro pensamiento. Pero, una vez en el cargo, muchas de sus decisiones no nos gustan y las promesas que nos motivaron a votar por él son incumplibles. Por su lado, la mitad de la población que votó en contra, se ve obligada a convivir con un programa que rechazó.
Esta situación genera descontento, escepticismo y arrasa con el respaldo al elegido. Aún asumiendo que se habla con la verdad. Cuando en realidad nos encanta que nos engañen. Queremos oír propuestas atractivas, inmediatas y fáciles de entender. Un político astuto identificará los temas que más preocupan y ofrecerá soluciones simples y efectistas.
El ciclo esperanza-frustración es parte del juego democrático. Pero cuando el engaño tiene como propósito destruir la democracia, las consecuencias pueden ser devastadoras. Si Lenin o Hitler hubiesen revelado sus verdaderas intenciones, su votación habría sido minúscula. Son muy conocidos los videos de Chávez y de Fidel, en los que se presentan como defensores de la libre empresa, la propiedad privada y las instituciones democráticas, comprometiéndose a entregar el poder cumplidamente.
No se puede decir que el engaño del Gran Narciso haya sido excepcional. Aunque acudió a una notaría para garantizar que respetaría la Constitución, un análisis cuidadoso de sus propuestas, el lenguaje de sus discursos, sus simpatías y alianzas, combinado con su reconocida ineptitud permitían predecir la debacle. El aumento del crimen organizado y desorganizado, la fuga de capitales y talentos, el derroche, la corrupción y el nepotismo sin precedentes, junto con la caída de todos los indicadores de prosperidad, son el resultado de unas ideas equivocadas y la ejecución de un equipo de gobierno discapacidado, ignorante y sin experiencia de gestión.
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sábado, 19 de octubre de 2024

La Ilusión de la información

Desde la transmisión oral, pasando por la invención del papel y la escritura, la imprenta y luego la radio, el telégrafo y la televisión, siempre se tuvo la ilusión que entre más fácil acceso a la información, más nos íbamos a acercar a la verdad.

Nada más lejos de la verdad.

Internet sí que subió las expectativas. Con un pequeño aparato accesible a todo el mundo (hay 8.5 billones de celulares para 8 billones de humanos), al tener disponible toda la información que se ha generado a través de la historia, íbamos a encontrar comunidad de propósitos.
Pero resulta que son las fantasías lo que más fácilmente se ha diseminado a través de la historia y según Harari, es precisamente esa capacidad para inventar historias la que nos ha permitido ser la especie dominante en el planeta. Entre más fantasiosa, más fácil se disemina, lo que permite la colaboración de millones logrando avances, que grupos pequeños no serían nunca capaces de llevar a cabo.

Las cuatro fantasías más efectivas han sido las religiones, las naciones, el dinero y las corporaciones. Son producto de la imaginación y sería imposible hacérselas creer a otra especie. A un inteligente delfín no se lo podría convencer de inmolarse porque va a ir al cielo acuático donde lo esperan 99 delfinas virgenes. A un avispado elefante no se le podría decir que pare su migración porque va a cruzar una frontera. Ningún chimpanzee cambiaría un banano por un billete de 100 dólares. Y ninguna hormiga llevaría hojas a otro hormiguero que pertenezca a la misma corporación.
Pero los humanos si nos creemos esos cuentos y gracias a eso hemos podido cooperar en grandes números y dominar el planeta.
Eso lo saben muy bien quienes logran diseminar historias sencillas que la gente quiere oír aunque nada tengan que ver con la verdad, que es elaborada y difícil de entender. Por eso las mentiras simples y bien empacadas tienen tanto éxito y su diseminación por redes sociales es tan rápida.
El fácil acceso a la información ha sido mucho más efectivo para diseminar mentiras y crear tribus enfrentadas que para conocer la verdad y promover el bienestar.

Hemos logrado acumular gran poder pero no gran sabiduría y si no logramos un equilibrio entre la libertad para acceder a información y la dispendiosa búsqueda de la verdad, tendremos que sufrir cada vez más conflictos.

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viernes, 26 de abril de 2024

Tres mentiras y un truco

Era previsible que el ensimismado líder climático no captase el mensaje.
Con la estrategia propia del facho, se rodea de un séquito zalamero que incluye periodistas, para aislarse de la realidad. Así convirtieron en 180.000, el número de participantes en las marchas de todo el país, cuando los recuentos serios, incluyendo los que cualquier escéptico puede hacer calculando densidad y extensión en fotos, dieron 2.5 millones.
Una rebajita del 93%, con la que acomoda la segunda mentira. Salió la “clase dominante”. No podría su Marxista cerebrito verlo de otra forma. Aquí no hay posibilidad de acuerdos, ni de gobierno para todos. Aquí lo que hay es un iluminado apretando a unos pocos opresores que se molestan porque ya no pueden seguir pisando a los oprimidos.
La enojosa contradicción resulta cuando se hacen las cuentas bien y se revisa la variadisima participación. Las monjitas y ancianos en silla de ruedas con oxígeno pertenecen a la clase dominante! Sin duda, una de las más numerosas del mundo.

La tercera, la más descarada y cínica y la más repetida por su rebaño es que lo masivo de la marcha prueba que estamos ante un gobernante tolerante y pacífico. “Nunca antes habían podido los Colombianos protestar en paz” , balan, sin el menor asomo de sonrojo. Las marchas blancas han sido pacíficas por decisión de quienes protestan. Desde las masivas, de rechazo a las FARC, hasta las más recientes. Todas las demás, especialmente las promovidas por Petro y sus secuaces han terminado en ataques a policías, quemas y destrucción. Siempre han sido los manifestantes los responsables de la violencia que la policía ha tratado de contener.

Las mentiras son tan descaradas que hasta sus partidarios se alarman.
Por eso saca de su sombrero de ilusiones el truco de la victimización, usado por todos los que, estando en el poder, se niegan a asumir su responsabilidad. Que todos son asesinos. (si, incluyendo las ancianas y los niños). Que lo quieren matar. Que la protesta es parte de un golpe. Que no lo dejan arrasar este sistema miserable para reemplazarlo por el paraíso que describe con primor la declamación viral de un niño petrista. Mostrará que la pelea es con sindicatos pagados, hampones negociados, e indígenas comprados, quienes respaldarán su fallida gestión y demostrarán con la agresión, cómo pretenden imponerse.

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