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viernes, 4 de abril de 2025

Fervor del voto

Se percibe mucha preocupación ante la posibilidad de que un régimen cada vez más radical perdure otros 4 años con alto riesgo de eternizarse y conducir el país a la tan conocida y probada miseria. La preocupación es válida. Las encuestas y las elecciones mostraron que del histórico 10%, la izquierda unida pasó a tener un 30% de devotos, producto de una paciente y dedicada labor de infiltración del sistema educativo y las redes sociales. Con 50% de abstención el 30% hace fácilmente mayoría.

Habiendo 4200 religiones vigentes en el mundo, concebir una nueva que use estrategias probadas por siglos, no parece tarea difícil. Se establece una verdad, revelada en unos pocos libros. Se define un paraíso al que todos llegaremos siempre y cuando seamos fieles a la verdad. Se crea un demonio responsable de todo lo malo y se idolatra a un Mesías que nos va a conducir por el camino de salvación. No hay argumento, no hay evidencia, no hay dato alguno que puedan contradecir el dogma. Basta con tener fe en el nuevo culto. Los esfuerzos por desarmar esa fe son tan inútiles como los que se puedan hacer con la fe religiosa. La convicción está grabada en las circunvoluciones más profundas, lo que lleva a los feligreses a estrellarse con la realidad con la misma resolución de los fieles que se estrellaron contra las torres gemelas. Actuar sobre este grupo implica reconquistar el sistema educativo, empezando por las Universidades donde se forman los profesores que transmiten el culto a los más jóvenes.

El trabajo para todos los herejes, consiste en educar y motivar a la gran masa de apáticos. Hacerles ver que su asco por la política se sustenta precisamente en la apatía que permite a unos pocos usar al estado como un botín. Que en la medida en que predomine el credo, seguiremos perdiendo libertad y diseminando la pobreza.

¿Qué podemos hacer?– preguntan angustiados quienes ven al país deslizándose lentamente por el barranco del fasciscmo del siglo XXI. Toda persona que tenga una convicción firme de la importancia de la participación en política, así sea solo votando, tiene la posibilidad de convencer al menos un apático para que vote racionalmente sin dejarse llevar por ilusiones, discursos promeseros o emociones de última hora. Si cada ser pensante motiva a otro a votar, se salva el país y la democracia.
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sábado, 19 de octubre de 2024

La Ilusión de la información

Desde la transmisión oral, pasando por la invención del papel y la escritura, la imprenta y luego la radio, el telégrafo y la televisión, siempre se tuvo la ilusión que entre más fácil acceso a la información, más nos íbamos a acercar a la verdad.

Nada más lejos de la verdad.

Internet sí que subió las expectativas. Con un pequeño aparato accesible a todo el mundo (hay 8.5 billones de celulares para 8 billones de humanos), al tener disponible toda la información que se ha generado a través de la historia, íbamos a encontrar comunidad de propósitos.
Pero resulta que son las fantasías lo que más fácilmente se ha diseminado a través de la historia y según Harari, es precisamente esa capacidad para inventar historias la que nos ha permitido ser la especie dominante en el planeta. Entre más fantasiosa, más fácil se disemina, lo que permite la colaboración de millones logrando avances, que grupos pequeños no serían nunca capaces de llevar a cabo.

Las cuatro fantasías más efectivas han sido las religiones, las naciones, el dinero y las corporaciones. Son producto de la imaginación y sería imposible hacérselas creer a otra especie. A un inteligente delfín no se lo podría convencer de inmolarse porque va a ir al cielo acuático donde lo esperan 99 delfinas virgenes. A un avispado elefante no se le podría decir que pare su migración porque va a cruzar una frontera. Ningún chimpanzee cambiaría un banano por un billete de 100 dólares. Y ninguna hormiga llevaría hojas a otro hormiguero que pertenezca a la misma corporación.
Pero los humanos si nos creemos esos cuentos y gracias a eso hemos podido cooperar en grandes números y dominar el planeta.
Eso lo saben muy bien quienes logran diseminar historias sencillas que la gente quiere oír aunque nada tengan que ver con la verdad, que es elaborada y difícil de entender. Por eso las mentiras simples y bien empacadas tienen tanto éxito y su diseminación por redes sociales es tan rápida.
El fácil acceso a la información ha sido mucho más efectivo para diseminar mentiras y crear tribus enfrentadas que para conocer la verdad y promover el bienestar.

Hemos logrado acumular gran poder pero no gran sabiduría y si no logramos un equilibrio entre la libertad para acceder a información y la dispendiosa búsqueda de la verdad, tendremos que sufrir cada vez más conflictos.

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viernes, 30 de junio de 2023

El culto de la Ciencia

Hay quienes se han referido a la Ciencia como un culto más, demostrando desconocer la esencia del término. Para creer en un culto basta con tener fe: “sé porque creo”. Por educación, ejemplo o inspiración se adquiere la convicción de una verdad que suele ser absoluta en el nivel individual o grupal pero se vuelve relativa en el nivel global. La verdad que un Cristiano está dispuesto a defender hasta con su vida, es una peligrosa herejía para un musulman quien justifica matar por ese mismo motivo. Ocurre lo mismo con la ideología política convertida en culto. El sustento y la justificación para el odio y la guerra surgen de la convicción de tener la posesión de la verdad.

La Ciencia no es un culto porque no es un sistema de verdades creadas por la imaginación. Consiste en un método para estudiar la realidad, describirla y entenderla, usando la experimentación y verificación de la estructura y funcionamiento de nuestro cuerpo y todo lo que nos rodea. Una verdad científica se establece cuando su comprobación es repetible por muchos.
El hindu que cae de un décimo piso se mata por la misma ley de la gravedad que hace lo propio con un evangelico quien se suicida de un puente en San Francisco, así ninguno de los dos la conozca o crea en ella. El agua de las abluciones de los budistas tiene los mismos dos átomos de hidrógeno que la de las pilas bautismales, así su estructura molecular sea desconocida por quienes la usan para bendecir. Una vez establecida y comprobada una verdad científica, seguirá siéndolo independiente de cuantas mentes la aceptan. Los cultos, por el contrario, están solo en la mente de quienes creen en ellos. Si desaparecen todos los Zoroastras, se acaba el Zoroastrismo.

Aunque la Ciencia ha resuelto casi todo lo que antes requería de explicaciones mágico - religiosas, aún hay campos en los que se plantean teorías, se hacen ensayos, se refutan errores y se sigue creando conocimiento. Es lo que se conoce como las fronteras de la Ciencia, donde obviamente ocurren cambios. La esencia del método científico es comenzar con “no se” y buscar la respuesta. Algunos, muy desinformados confunden el conocimiento en desarrollo con el establecido y llegan a la peregrina afirmación de que “todo es relativo”. (y no es hablando con Einstein)
Del mismo modo, el liberalismo no es una ideología. No es un conjunto de verdades que explican todo, sino un método para estudiar y entender el comportamiento humano en sociedad y la manera como se genera bienestar. Y la democracia no es un “sistema” que todo lo resuelve sino un herramienta para orientar la vida en sociedad. Ha funcionado en donde se la entiende y ejerce porque logra una síntesis del trabajo conjunto, produciendo paz y prosperidad. Con errores, ajustes y afinamientos que los grupos sociales van haciendo para lograr una existencia cada vez mejor. En eso debe consistir el “cambio”, no en arrasar con todo, para empezar de cero.

Parodiando a T.H. Huxley: “La gran tragedia de la Ciencia. El sacrificio de una bella hipotesis por un feo hecho”, podria decirse: “La gran tragedia del Socialismo. El sacrificio de unas bellas ideas por la fea realidad del comportamiento humano”