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lunes, 13 de abril de 2026

Alienígenas eligen

Yuval Noah Harari, uno de los autores más influyentes del mundo, advierte que “IA” ya no significa Inteligencia Artificial, sino algo más inquietante: inteligencia alienígena. Por primera vez en la historia, las historias que moldean la realidad ya no nacen en una mente humana. El cerebro humano permitió que un simio relativamente débil dominara el planeta. Inventamos relatos que hicieron posible la cooperación, la ciencia y el progreso. Pero también inventamos otros que nos han llevado a guerras, exterminios y destrucción. La inteligencia nos dio poder. Nunca garantizó sabiduría.

Hasta ahora, todos los inventos ampliaban nuestras capacidades sin reemplazarnos. Una ametralladora o una bomba atómica aumentan el poder de quien las usa, pero no deciden por sí mismas. La inteligencia artificial rompe esa regla. Por primera vez estamos creando algo que no solo ejecuta órdenes, sino que aprende, decide y actúa. La evolución biológica tomó millones de años. La digital, apenas décadas. Y avanza a una velocidad que no entendemos. Hoy nos asombra; mañana puede desplazarnos.El escenario más evidente es el de armas autónomas decidiendo quién vive y quién muere. Pero el riesgo más inmediato es menos visible y mucho más eficaz: el control de la percepción. Rusia y China ya operan ejércitos dedicados a desarrollar inteligencia artificial capaz de producir millones de campañas engañosas en tiempo real. No se trata de propaganda tradicional, sino de simulaciones perfectas: voces clonadas, videos falsos, narrativas diseñadas para dividir sociedades y erosionar la confianza en la democracia. No es teoría. Está sucediendo.

La política moderna ha demostrado que no gana quien tiene la razón, sino quién controla la emoción. Videos bien editados, mensajes simples y repetidos, historias diseñadas para indignar o seducir. Basta con unas horas de exposición para inclinar decisiones. Más de uno ha votado por un bonito video que vió noche anterior en su celular.

En Colombia ya vimos versiones primitivas de este fenómeno: campañas fabricadas, narrativas artificiales, manipulación masiva de percepciones. Y eso era apenas el comienzo. Lo que viene es infinitamente más sofisticado. Si la democracia liberal no aprende a defenderse, las IA terminarán diseñando las decisiones colectivas. Seremos capaces de votar pero no elegir.

Publicado EL País de Cali 26108

viernes, 13 de marzo de 2026

Elecciones confiables

Quien haya participado en unas elecciones colombianas con mirada objetiva tiene que admitir que el sistema electoral, en su funcionamiento básico, es uno de los más sólidos que existen. Quien acude a un puesto de votación encuentra una organización impecable: policías vigilando, funcionarios orientando, jueces resolviendo imprevistos, testigos atentos y jurados de mesa que, en su inmensa mayoría, cumplen su tarea con una seriedad y honestidad admirables. Todo ocurre en un ambiente de orden y tranquilidad en el que se respira el alma de la democracia.

La capacidad logística de la Registraduría sería envidiada incluso por muchas democracias avanzadas. Mientras en varios países los resultados tardan días —o semanas— en conocerse, en Colombia en la primera hora ya se tiene una idea bastante clara de la tendencia y, en tres horas, aparecen resultados prácticamente definitivos. El resultado se corrobora con el escrutinio formal, donde se revisan nuevamente las actas con otros actores.

Desde luego existen municipios donde el fusil reemplaza al voto libre y regiones donde opera la compra directa de votos o el viejo clientelismo disfrazado de ayuda social. Son los nombramientos, subsidios y medidas populistas que producen un bienestar transitorio los que distorsionan las elecciones. Y está la trampa mayor: la manipulación de las mentes mediante mentiras y engaños que crean la ilusión del fin de la pobreza entre quienes menos recursos y neuronas tienen. A pesar de toda la evidencia, muchos se resisten a ver que lo único que se ha acabado es la pobreza de los Históricos, sus amigos y sus familiares.

Por eso resulta repulsivo que candidatos y líderes —incluido el presidente— siembren dudas sobre el sistema sin presentar una sola prueba. La democracia no puede funcionar con la regla infantil de: “todo está bien si gano, pero si pierdo entonces hubo fraude”. Estas elecciones le demostraron al país que el régimen no tiene el respaldo que cree tener. Van a intensificar todas las estrategias de distorsión y abuso de los recursos públicos que tan bien les han funcionado. Los políticos y funcionarios que no participan en esas prácticas deben redoblar sus esfuerzos de vigilancia. Y todos debemos ayudar a vencer la resistencia de los apáticos que se privan del orgullo que significa votar en Colombia.
Publicado El País de Cali. 2673

lunes, 3 de noviembre de 2025

El pueblo unido...

..Jamás será vencido!” gritaban, con emoción ruinosa y cadencia desgastada, los miles de manifestantes que el gobierno logró reunir en la Plaza de Bolívar a punta de mucho esfuerzo… y más dinero.
El gran líder ya aprendió —a la mala— que sus convocatorias a “tomar las calles” no llenaban más de un par de cuadras. Haber llegado al poder, así fuese con fraude o con alquimia electoral, le distorsionó la percepción de la realidad: llegó a creerse el Mesías de una multitud fervorosa lista para marchar apenas levantara la ceja. Tuvieron que recordarle sus asesores, con la suavidad que se usa ante un paciente irritable, que las plazas no las llenan con poesía sino con presupuesto. Las marchas, le recordaron, se hacen con planeación… y con plata. Así que desempolvaron la vieja receta de siempre, la que tan buenos dividendos les dio en los gloriosos tiempos del caos callejero: unos pocos energúmenos para bloquear avenidas “pacíficamente”, golpeando y bombardeando a cualquiera que ose pasar; y unos cuantos buses traídos de las zonas más deprimidas, con promesas de paseo, refrigerio y sancocho. El resto es coreografía: un puñado de muchachos estratégicamente ubicados inicia el cántico milenario y el coro obedece, repitiendo una consigna que suena a eco de museo.

Desde la juventud la vengo oyendo en los más diversos escenarios. Siempre me pareció una pieza de la arqueología política, una reliquia que sobrevivió a la extinción de las ideas. Casi nunca la entonan los que realmente son “del pueblo”, ni quienes están unidos por algo más que el rencor: la cantan grupos vencidos por su propia incapacidad de innovar, por su parálisis productiva, por la comodidad de culpar al sistema mientras el sistema les paga el almuerzo. El pueblo? Está trabajando y no tiene tiempo para cánticos insulsos. Unido? No logran apoyo sino es con chantaje a empleados oficiales? Vencido? Las guerras de veras se acabaron hace mucho con las sociedades reguladas por instituciones democráticas. Ya no se trata de vencer sino de cooperar, ver el bien común y progresar. Trabajando duro. Es en eso que está el pueblo.

Lo que sí se logró fué que se contaran. Dos y medio millones. Traducido: un seis por ciento de la masa votante. Esa es, con generosidad estadística, la realidad de la izquierda en Colombia. Con una estrategia de trampas, alianzas non sanctas y un 50% de apáticos, logran ganar elecciones.Tanta gente aún se pregunta cómo llegamos a tener un presidente que parece escapado de un hospital psiquiátrico con megáfono prestado. La respuesta es sencilla: los locos gritan más fuerte, y los cuerdos, a veces, se cansan de discutir. Pero confío en que aún quede lucidez suficiente para despertar y reaccionar antes de que el daño sea irreversible.

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viernes, 10 de octubre de 2025

Periodismo 2.1

Cuando muchos periódicos del mundo han entrado en crisis económica, forzando recomposiciones accionariales o cambios de dueño, se abre inevitablemente la gran discusión: ¿hacia dónde debe evolucionar el célebre “cuarto poder”?

Por ahora, da un pequeño alivio comprobar que, a pesar de las dificultades, aún existen grandes centros de información que hacen enormes esfuerzos por mantener una línea veraz. Pero para el ciudadano común es cada vez más difícil distinguirlos en la maraña de medios convertidos en instrumentos políticos o económicos, o en simples fábricas de escándalo barato. Todo eso mientras recibe el caótico torrente de redes sociales, especialmente entre los más jóvenes, donde la frontera entre dato, chisme y propaganda desapareció como por arte de algoritmo.

Para conservar su papel central, el periodismo necesita evolucionar. La impresión diaria en gran formato ya parece un fósil; ni ecológica ni económicamente es viable. Casi todos han migrado al medio digital… para caer en la trampa de la publicidad intrusiva y las ventanitas pop-up que entorpecen la lectura y espantan al lector. El reto —logrado por muy pocos— es producir textos agradables de leer en un teléfono, algo que sí dominan los influencers, maestros de la monetización sutil y del contenido masticable en 30 segundos.

Sin embargo, la salvación del periodismo serio no puede ser el facilismo informativo. Su única ventaja competitiva real es la búsqueda obstinada de la verdad. Quien persiste termina ganando reputación como medio confiable. El viejo “síndrome de la chiva” se multiplica hoy, cuando cualquier ciudadano puede “chivear” desde su cuenta anónima.

Y hay otra evolución que conviene evitar: la idea de que “todas” las opiniones merecen plataforma. No: ni filosóficamente ni democráticamente todas las opiniones son iguales. Promover la violencia como método para resolver diferencias no debería tener micrófono. El problema es que aquí la promoción es velada, disfrazada con neolenguaje que justifica a violentos y criminales. Incluso se llega a calificar de “intolerancia” el acto de desenmascarar a quienes promueven la violencia. Es el truco perfecto: convertir la complicidad en pluralismo y la propaganda en libertad de expresión.

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viernes, 6 de junio de 2025

Bodegueros, Unios!

“Bodeguero” es el desafortunado término que se ha popularizado para referirse a esos “influencers” —otro mal término— que han perfeccionado el arte de manipular el pensamiento político. Los recursos que usan son tan variados como astutos: se inventan historias, las “sustentan” con clips de video editados, actuados, sacados de contexto o generados por inteligencia artificial. Deben ser escandalosos, emotivos o indignantes, para que el consumidor desprevenido o ingenuo se convierta en replicador gratuito. Manipulan cifras, tergiversan hechos, editan declaraciones… todo vale con tal de “hacerse viral”, es decir, lograr que un chisme se esparza instantáneamente gracias a las redes sociales. Nunca había sido tan real aquello de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

A quienes todavía les sorprende que una ciudad de tres millones sea sitiada por dos mil adolescentes, les falta entender el verdadero poder de la manipulación organizada en redes. De ahí el concepto de “bodegas”: no se trata de opiniones espontáneas, sino de estrategias centralizadas, donde decenas de cuentas comparten al mismo tiempo el mismo mensaje para lograr un efecto multiplicador. Dirigen y ajustan la estrategia según los resultados medidos cada minuto. Es como sembrar un virus en varios puntos a la vez, no esperar a que se propague espontáneamente a partir de un infectado. Este mecanismo —basado en la nueva realidad social que crearon las redes— lo ha entendido y usado a la perfección la izquierda internacional. Solo han modernizado los preceptos de Lenin. Mientras tanto, la “derecha” —rótulo donde cabe cualquiera que no participe en la manipulación— ni se entera. Solo se lamenta cada vez que constata que una minoría gana elecciones. No se trata de usar los mismos trucos y engaños sino de diseñar una estrategia para que la verdad y el pensamiento racional le llegue a las mentes veleta.

“Mis bodegueros son todos ustedes”, dijo Uribe a un grupo, desconociendo que la verdad espontánea queda pisada por la mentira dirigida. En reiteradas ocasiones he hecho la misma pregunta a excelentes candidatos: ¿cuál es su estrategia digital y cuántas personas componen su equipo de redes? La evasiva o ausencia de respuesta me lleva siempre a la misma conclusión: escalar una montaña con los pies amarrados debe ser realmente difícil.

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viernes, 22 de marzo de 2024

Numeros mortales

Manipular cifras es atributo de la perfidia cuando se usa para el engaño. Los artistas de la confusión lo hacen con sutileza para que la trampa quede oculta.
Cuando el séquito de un ególatra inventa un aura de inteligencia cósmica que “hay que saber entender”, el patético personaje se siente en libertad de imaginar hipótesis que lanza al mundo, como borbotones de efervescencia genial, en la seguridad de encontrar aplausos majaderos.

La de los millones de muertos de un sistema de salud perverso, dominado por las fuerzas del mercado, “que supera en mucho a los de la violencia” de las admiradas bandas criminales de sus amigos, solo merece mención para que no falte en los anales del cinismo.

Es de suponer que fue su ministro de salud quien, en desesperada competencia por el primer puesto de las bestialidades, le sugirió usar la cifra de muertes prevenibles. Así, el fumador barrigon y estresado que murió de infarto, fue asesinado por el sistema, la niña que no sobrevivió el tratamiento de una bronconeumonía, fue victima de la indiferencia de un hospital comercial, el anciano infectado de Covid, cruelmente ahogado por el negocio de las UCI.

Lo burdo del argumento se complementa con el error en las cifras, que en realidad son un 25% menos y que han bajado en un 100% en los últimos años. Colombia muestra una de las gráficas de caida más pendientes de toda America, muy en contraste con Cuba y Venezuela. Peor aún, en el grupo de prevenibles lo que más pesa es precisamente la violencia, obviamente evitable, si no hubiese una dirigencia que la valide.
Un aporte más, a esa receta nacional tan típica que es el sancocho moral. Supera con creces a aquel antecesor que no vió elefantes y cuya espalda creíamos inigualable. También ahora estaba de espaldas cuando entraron los recursos de los criminales a su campaña.

Y metidos en numeros, se dan el lujo de esquivar las cifras de todos los que están muriendo por un desabastecimiento de medicamentos, sin percedentes. La ineptitud e ineficacia de todos los correligionarios que han ido reemplazando a tecnicos claves del ministerio y demás dependencias de la salud, quienes si entendian el mercado de fármacos, combinada con el ahorcamiento financiero a las entidades del sistema, están generando muertes cuya trazabilidad llega muy directo a las oficinas de un frío Palacio.

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miércoles, 28 de febrero de 2024

Los arrepentidos

En la medida en que se van dando cuenta del inocultable desastre que está resultando el salvador cambio, los arrepentidos votantes buscan explicaciones a su limitada visión.

Una de las que más está haciendo carrera es la hipótesis del enfermito. Debemos tener compasión y comprensión porque sus disparates, sus ausencias, sus incumplimientos se explican por un problema de adicción. Y que si nos revela cuál de los múltiples polvos o líquidos que tanto alaba como inocuos es el que le confunde la mente, y se pone en tratamiento, el país va a coger por buen camino.

La historia resultará muy útil para aliviar la culpa de quienes fueron tan livianos a la hora de votar. Pero la tesis es falsa, porque así sea verdad que el abuso de psicoactivos han contribuido a empeorar las cosas, la explicación es superficial y no va al meollo del asunto.

La realidad es que el trastorno narcisista de la personalidad se podría diagnosticar fácilmente oyendo un par de discursos o entrevistas. Lo advirtieron muchísimos expertos en el asunto y bastaba hacer una sencilla búsqueda en google para confirmar que no sólo reúne todos los criterios que lo confirman, sino que formas muy avanzadas son prácticamente intratables. Pero además que era muy seguro que la condición se iba a empeorar si lograba el gran triunfo de la Presidencia.
La gravedad del asunto se podía anticipar con la simple lectura del programa de gobierno que no es sino un trasnochado socialismo del siglo XXI, o sea Marxismo mal reciclado, disfrazado de renovación política y económica.

Quienes ahora se desconciertan con el desproporcionado aumento de la burocracia, con los cabecillas del crimen en pomposos cargos con jugosos sueldos, con el aumento de todas las formas de delito, con la poca seriedad y los incumplimientos, con la incontrolable paseadera, con la progresiva asfixia a la clase media, solo tienen que revisar la historia reciente para saber que todo se podía predecir.

Los arrepentidos tienen que ser conscientes de su deber con el país, con todos los Colombianos. Si expresan abiertamente lo que están sintiendo y explican su desconcierto, y las razones por las que cayeron en el engaño, van a hacer una enorme contribución a que los montajes y embustes del futuro sean detectados y expuestos y el destino del país no vuelva a caer en mentes tan irresponsables y chapuceras.
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