El primer gran avance de la humanidad se dió por la capacidad para inventar historias, que permitieron la cooperación de muchos individuos. El segundo, dejar de creerlas. Así nació el método científico: observar y comprobar. Lo que se puede reproducir, es real y existe independiente de cuantos se lo crean. La Ciencia superó las explicaciones fantasiosas, y el razonamiento mágico. Gracias a sus avances, los billones que están vivos y llevan vidas cómodas, se permiten seguir creyendo en pseudociencias sustentadas en la pereza mental.
Uno de los campos donde más se nota esta contradicción es la economía. Muchos críticos acérrimos del “odioso mercado” viven felices con sus beneficios. Para justificar esa cómoda esquizofrenia, inventaron un término: “capitalismo salvaje”. Según ellos, los empresarios son bestias sin alma que explotan niños inmigrantes en minas o inmundas fábricas nocturnas. Ejemplos reales, pero marginales, que presentan como prueba de que toda libertad económica deriva en esclavitud.
No importa que esos abusos sean delitos en la mayoría de países. No importa que existan regulaciones, sindicatos, controles. Lo que importa es sostener una moral torcida donde toda empresa privada es sospechosa, y el único comercio puro es el que maneja el Estado. Aquí, el método científico desaparece. No sirve la evidencia de los 30 países más prósperos —todos con economías abiertas y políticas liberales— ni la comparación entre las dos Coreas o las dos Alemanias. Prefieren los mitos.
Cuando una actividad ilegal ocurre en una economía liberal, celebran con morbo: “¡lo sabíamos!”. Pero no alcanzan a ver que esos crímenes ocurren precisamente porque el Estado no cumple su verdadero papel de control del delito y no castiga los abusos porque anda persiguiendo la libre competencia.
El problema no es el mercado, sino los gobiernos corruptos que no cumplen su rol. Son precisamente los países gobernados por socialistas salvajes los que suelen tener Estados colapsados, cooptados por roscas de funcionarios y empresarios amigos, sin reglas claras ni garantías para nadie.
Quienes denuncian al “capitalismo salvaje” como la raíz del mal, lo que en realidad hacen es defender un modelo donde no hay libertad económica, ni innovación, ni incentivos, ni progreso. El salvaje privilegio político… y la pobreza bien repartida.
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domingo, 9 de noviembre de 2025
sábado, 22 de marzo de 2025
Soñar con colas
El aporte más visible que el estatismo le hace al paisaje urbano es la proliferación de colas. Quien haya visitado Cuba y logre ver la realidad, habrá podido constatar que hay colas para todo: cola del pan, cola del arroz, cola para que le digan que no hay nada. Una buena parte de la pobreza se explica por la genial planeación que lleva tener un buen porcentaje de la población parada haciendo colas.
La progresiva intromisión del estado en el sistema de salud está instaurando un novedoso entramado de colas cada vez más largas que son primicia en noticieros.
En la medida en que se siga el camino de reducir la libre competencia y se imponga cada vez más la planeación central, veremos como nos vamos llenando de colas para todo. Habrá que hacerlas para enfermarse y con toda seguridad para morir. Sobre todo si es por falta de medicamentos. En 40 años de ejercicio profesional, nunca había enfrentado una escasez tan grave. No hay duda que el gobierno del cambio está siendo creativo en los métodos para diezmar población. Según la nueva lógica que propone reducir el crimen cambiando el código penal, acabar con el daño de los estupefacientes legalizándolos y reducir la emisión de gases comprando los combustibles fósiles en vez de producirlos, no demora el discurso en el que se propondrá que la forma más efectiva de reducir la tasa de ciertas enfermedades, es facilitarle a los afectados su reincorporación con el polvo cósmico.
Desde luego que ministros y funcionarios repetirán la cartilla de su trasnochado instructor: no está pasando nada. Si se los confronta con la abrumadora evidencia, siempre estarán los gobiernos anteriores y la oligarquía para cargar con la culpa. Jamás reconocerán los daños de sus disparatadas políticas. Su visión de la realidad económica les impide entender que la abundancia es el resultado de cientos de años en los que la oferta se ha ido ajustando a la demanda. Incapaces de ver que el odiado mercado no es otra cosa que un pueblo demandando productos y servicios al mismo pueblo que encuentra la forma de ofrecerlos, ven vampiros y traficantes de la muerte en el esencial movimiento económico de la medicina.
Para probar su punto, llenan chivas de ilusos, confundidos y violentos con los que pretenden implantar el despotismo del tropel para probar que la oclocracia es el camino más seguro a la dictadura.
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La progresiva intromisión del estado en el sistema de salud está instaurando un novedoso entramado de colas cada vez más largas que son primicia en noticieros.
En la medida en que se siga el camino de reducir la libre competencia y se imponga cada vez más la planeación central, veremos como nos vamos llenando de colas para todo. Habrá que hacerlas para enfermarse y con toda seguridad para morir. Sobre todo si es por falta de medicamentos. En 40 años de ejercicio profesional, nunca había enfrentado una escasez tan grave. No hay duda que el gobierno del cambio está siendo creativo en los métodos para diezmar población. Según la nueva lógica que propone reducir el crimen cambiando el código penal, acabar con el daño de los estupefacientes legalizándolos y reducir la emisión de gases comprando los combustibles fósiles en vez de producirlos, no demora el discurso en el que se propondrá que la forma más efectiva de reducir la tasa de ciertas enfermedades, es facilitarle a los afectados su reincorporación con el polvo cósmico.
Desde luego que ministros y funcionarios repetirán la cartilla de su trasnochado instructor: no está pasando nada. Si se los confronta con la abrumadora evidencia, siempre estarán los gobiernos anteriores y la oligarquía para cargar con la culpa. Jamás reconocerán los daños de sus disparatadas políticas. Su visión de la realidad económica les impide entender que la abundancia es el resultado de cientos de años en los que la oferta se ha ido ajustando a la demanda. Incapaces de ver que el odiado mercado no es otra cosa que un pueblo demandando productos y servicios al mismo pueblo que encuentra la forma de ofrecerlos, ven vampiros y traficantes de la muerte en el esencial movimiento económico de la medicina.
Para probar su punto, llenan chivas de ilusos, confundidos y violentos con los que pretenden implantar el despotismo del tropel para probar que la oclocracia es el camino más seguro a la dictadura.
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martes, 7 de enero de 2025
Estado Todopoderoso
Clasificar las medidas liberales estilo Milei como insensibles ante el sufrimiento humano, se basa en varias falacias:
1- Asumir que se propone suspender las ayudas a los débiles cuando lo que se cuestiona es la eficiencia del Estado. Los sistemas de libre mercado y seguros han demostrado ser confiables para proveer seguridad social.
2- Asumir que hay magia en llamar derecho a las necesidades. Quienes vayan a recibir su pensión en 30 años y se den cuenta que no hay nada ahorrado y que el Estado no da más, podrán juntarse con Argentinos, Venezolanos y Cubanos y contrastar los bellos decretos con la miseria que reciben.
3- Asumir que sin estado no hay nada, y con él, se resuelve todo. La realidad es un continuo en el que se mejora o empeora, en forma lenta y gradual, según todas las posibles combinaciones de sistemas privados movidos por el mercado con sistemas oficiales costosos e ineficientes.
4- Asumir que la planeación central es la solución, cuando invariablemente ha sido un desastre. Unos genios se reúnen y deciden cuántos enfermos hay, cuánto se gasta para curarlos, cual es la educación que se requiere y cómo se entrega, cuánto y cómo se debe ahorrar para el futuro. Pero los cálculos siempre se equivocan y después del jolgorio de unos primeros años en los que se gastan recursos ahorrados, se acaba la fiesta y vienen las penurias.
5- Asumir que por ser implacable, hay terrenos prohibidos para el mercado. No existe mejor control que el pueblo decidiendo libremente lo que hace con sus recursos. La comida, la ropa y el transporte son esenciales y el mercado ha llevado a la baja más espectacular de sus precios de la historia. En cambio, donde interviene el Estado, todo escasea. La doctrina de que solo el Estado es capaz de controlar la ambición y ayudar a los necesitados está en el polo opuesto a la defensa del libre y espontáneo intercambio que abre oportunidades. La una le asigna al estado la protección de los pobres y los reproduce, la otra dice que hay que acabarlos volviéndose ricos.
La búsqueda de la mejor forma de generar prosperidad para todos no es con “inaceptables”. Es analizando resultados reales. No los que imaginamos o deseamos, sino lo que es posible y funciona. Argentina y Venezuela demostraron el incremento de la pobreza con estatismo. Si Milei voltea la torta, habrá ganado ese partido.
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1- Asumir que se propone suspender las ayudas a los débiles cuando lo que se cuestiona es la eficiencia del Estado. Los sistemas de libre mercado y seguros han demostrado ser confiables para proveer seguridad social.
2- Asumir que hay magia en llamar derecho a las necesidades. Quienes vayan a recibir su pensión en 30 años y se den cuenta que no hay nada ahorrado y que el Estado no da más, podrán juntarse con Argentinos, Venezolanos y Cubanos y contrastar los bellos decretos con la miseria que reciben.
3- Asumir que sin estado no hay nada, y con él, se resuelve todo. La realidad es un continuo en el que se mejora o empeora, en forma lenta y gradual, según todas las posibles combinaciones de sistemas privados movidos por el mercado con sistemas oficiales costosos e ineficientes.
4- Asumir que la planeación central es la solución, cuando invariablemente ha sido un desastre. Unos genios se reúnen y deciden cuántos enfermos hay, cuánto se gasta para curarlos, cual es la educación que se requiere y cómo se entrega, cuánto y cómo se debe ahorrar para el futuro. Pero los cálculos siempre se equivocan y después del jolgorio de unos primeros años en los que se gastan recursos ahorrados, se acaba la fiesta y vienen las penurias.
5- Asumir que por ser implacable, hay terrenos prohibidos para el mercado. No existe mejor control que el pueblo decidiendo libremente lo que hace con sus recursos. La comida, la ropa y el transporte son esenciales y el mercado ha llevado a la baja más espectacular de sus precios de la historia. En cambio, donde interviene el Estado, todo escasea. La doctrina de que solo el Estado es capaz de controlar la ambición y ayudar a los necesitados está en el polo opuesto a la defensa del libre y espontáneo intercambio que abre oportunidades. La una le asigna al estado la protección de los pobres y los reproduce, la otra dice que hay que acabarlos volviéndose ricos.
La búsqueda de la mejor forma de generar prosperidad para todos no es con “inaceptables”. Es analizando resultados reales. No los que imaginamos o deseamos, sino lo que es posible y funciona. Argentina y Venezuela demostraron el incremento de la pobreza con estatismo. Si Milei voltea la torta, habrá ganado ese partido.
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domingo, 25 de agosto de 2024
Pobres Ricos
Antes de leer, hágase la pregunta: ¿soy rico? o pobre. Seguramente su respuesta será: “depende”. Porque la riqueza es relativa. Depende con quien me compare. Si miro a todos los que están por debajo de mi, soy muy rico, pero si miro a todos los que están por encima, resulto miserablemente pobre.
Se plantean sesudas deliberaciones de cómo acabar con la pobreza. Cuando se aplican las fórmulas, resultan invariablemente equivocadas, porque ese es el estado natural del hombre cuando llega a este mundo sin padrinos, educación o trabajo. Nadie tiene la capacidad, y menos el interés, de crear pobreza.
Lo que sí se puede, es crear riqueza. Todo grupo que coopere disciplinadamente en cualquier actividad, genera riqueza. Ese ha sido el secreto repetido de las comunidades judías en todo el mundo en su larga historia. Y es el secreto de la prosperidad de los 30 países más ricos. Sea produciendo alimentos, fabricando cosas o prestando servicios, todos tienen en común que han podido cooperar, bajo un estado que da seguridad, libertad y garantiza igualdad de condiciones para competir. Sin embargo, por este trópico se sigue repitiendo la falacia que explica la pobreza como consecuencia de la riqueza.
Y claro que nos tiene que molestar la convivencia de inmensamente ricos con los solemnemente pobres. Cuesta mucho digerir que en el juego libre de la economía se generen diferencias tan abrumadoras. El problema es que cada vez que el estado ha asumido el papel de justiciero social absoluto, ha terminado empeorando la pobreza, concentrando la riqueza en un círculo todavía más pequeño que lo controla todo, y que ya no se llaman ricos, sino camaradas. Eso ha llevado a los pragmáticos, a los que prefieren actuar con la realidad, a tratar de definir qué constituye una “justa” intervención del estado para generar el equilibrio. Si se le va la mano en restricciones, normas, impuestos, aranceles y controles, se frena la economía y la poca riqueza que se genera es acaparada por los funcionarios del estado. Si se llega al libertinaje, aparecen los monopolios, los abusos, las ambiciones desmedidas En ambos casos se dan aberrantes carencias para los que quedan por fuera.
Como su medición está tan influida por la ideología, no siempre es fácil saber la verdad de la miseria. Se arman grandes engaños y se crean mitos cuidadosamente publicitados como el de Cuba, donde logran envolver la miseria masiva en un hipócrita ropaje de dignidad. O se desconoce la labor de fundaciones, empresas solidarias y cooperativas con el bálsamo social que logran.
Entonces, ¿qué es riqueza exagerada? Segunda pregunta: conoce a alguien con menos riqueza que la suya, que Ud haya evaluado como poseedor de una riqueza exagerada? ¿Acaso la suya no es exagerada?. Decidir dónde está el límite resulta fútil y quienes se empeñan en límites arbitrarios, terminan también golpeando la generación de riqueza. Con candor se denuncia al “neoliberalismo” como causante de las asimetrías, y se oculta que toda concentración de poder en manos del estado termina generando unos personajes que superan en lujos y privilegios a los vilipendiados “ricos”.
Se plantean sesudas deliberaciones de cómo acabar con la pobreza. Cuando se aplican las fórmulas, resultan invariablemente equivocadas, porque ese es el estado natural del hombre cuando llega a este mundo sin padrinos, educación o trabajo. Nadie tiene la capacidad, y menos el interés, de crear pobreza.
Lo que sí se puede, es crear riqueza. Todo grupo que coopere disciplinadamente en cualquier actividad, genera riqueza. Ese ha sido el secreto repetido de las comunidades judías en todo el mundo en su larga historia. Y es el secreto de la prosperidad de los 30 países más ricos. Sea produciendo alimentos, fabricando cosas o prestando servicios, todos tienen en común que han podido cooperar, bajo un estado que da seguridad, libertad y garantiza igualdad de condiciones para competir. Sin embargo, por este trópico se sigue repitiendo la falacia que explica la pobreza como consecuencia de la riqueza.
Y claro que nos tiene que molestar la convivencia de inmensamente ricos con los solemnemente pobres. Cuesta mucho digerir que en el juego libre de la economía se generen diferencias tan abrumadoras. El problema es que cada vez que el estado ha asumido el papel de justiciero social absoluto, ha terminado empeorando la pobreza, concentrando la riqueza en un círculo todavía más pequeño que lo controla todo, y que ya no se llaman ricos, sino camaradas. Eso ha llevado a los pragmáticos, a los que prefieren actuar con la realidad, a tratar de definir qué constituye una “justa” intervención del estado para generar el equilibrio. Si se le va la mano en restricciones, normas, impuestos, aranceles y controles, se frena la economía y la poca riqueza que se genera es acaparada por los funcionarios del estado. Si se llega al libertinaje, aparecen los monopolios, los abusos, las ambiciones desmedidas En ambos casos se dan aberrantes carencias para los que quedan por fuera.
Como su medición está tan influida por la ideología, no siempre es fácil saber la verdad de la miseria. Se arman grandes engaños y se crean mitos cuidadosamente publicitados como el de Cuba, donde logran envolver la miseria masiva en un hipócrita ropaje de dignidad. O se desconoce la labor de fundaciones, empresas solidarias y cooperativas con el bálsamo social que logran.
Entonces, ¿qué es riqueza exagerada? Segunda pregunta: conoce a alguien con menos riqueza que la suya, que Ud haya evaluado como poseedor de una riqueza exagerada? ¿Acaso la suya no es exagerada?. Decidir dónde está el límite resulta fútil y quienes se empeñan en límites arbitrarios, terminan también golpeando la generación de riqueza. Con candor se denuncia al “neoliberalismo” como causante de las asimetrías, y se oculta que toda concentración de poder en manos del estado termina generando unos personajes que superan en lujos y privilegios a los vilipendiados “ricos”.
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