Clasificar las medidas liberales estilo Milei como insensibles ante el sufrimiento humano, se basa en varias falacias:
1- Asumir que se propone suspender las ayudas a los débiles cuando lo que se cuestiona es la eficiencia del Estado. Los sistemas de libre mercado y seguros han demostrado ser confiables para proveer seguridad social.
2- Asumir que hay magia en llamar derecho a las necesidades. Quienes vayan a recibir su pensión en 30 años y se den cuenta que no hay nada ahorrado y que el Estado no da más, podrán juntarse con Argentinos, Venezolanos y Cubanos y contrastar los bellos decretos con la miseria que reciben.
3- Asumir que sin estado no hay nada, y con él, se resuelve todo. La realidad es un continuo en el que se mejora o empeora, en forma lenta y gradual, según todas las posibles combinaciones de sistemas privados movidos por el mercado con sistemas oficiales costosos e ineficientes.
4- Asumir que la planeación central es la solución, cuando invariablemente ha sido un desastre. Unos genios se reúnen y deciden cuántos enfermos hay, cuánto se gasta para curarlos, cual es la educación que se requiere y cómo se entrega, cuánto y cómo se debe ahorrar para el futuro. Pero los cálculos siempre se equivocan y después del jolgorio de unos primeros años en los que se gastan recursos ahorrados, se acaba la fiesta y vienen las penurias.
5- Asumir que por ser implacable, hay terrenos prohibidos para el mercado. No existe mejor control que el pueblo decidiendo libremente lo que hace con sus recursos. La comida, la ropa y el transporte son esenciales y el mercado ha llevado a la baja más espectacular de sus precios de la historia. En cambio, donde interviene el Estado, todo escasea. La doctrina de que solo el Estado es capaz de controlar la ambición y ayudar a los necesitados está en el polo opuesto a la defensa del libre y espontáneo intercambio que abre oportunidades. La una le asigna al estado la protección de los pobres y los reproduce, la otra dice que hay que acabarlos volviéndose ricos.
La búsqueda de la mejor forma de generar prosperidad para todos no es con “inaceptables”. Es analizando resultados reales. No los que imaginamos o deseamos, sino lo que es posible y funciona. Argentina y Venezuela demostraron el incremento de la pobreza con estatismo. Si Milei voltea la torta, habrá ganado ese partido.
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martes, 7 de enero de 2025
viernes, 5 de abril de 2024
Confusionismo
Aunque pueda parecer simplista, el panorama político de los dos últimos siglos se ha visto moldeado por tres corrientes, cada una con sus variantes.
Está el Fascismo. Arraigado en un cuento de superioridad nacional o racial, abraza la confrontación violenta como su modus operandi. Su objetivo es imponerse sobre aquellos que considera inferiores, sea por sometimiento o aniquilación. Cuando no se ve posible, crean muros y barreras para poder vivir los privilegios de la superioridad en aislamiento.Los modernos fascistas adoptan disfraces democráticos, pero su esencia sigue siendo la sumisión ciega al gran líder. Los “otros” son todos de extrema izquierda.
Está el Marxismo que plantea una lucha perpetua entre clases, con los oprimidos destinados a dominar a los opresores mediante la violencia. Aunque su mantra es la equidad, sus resultados suelen consolidar élites poderosas y privilegiadas, rodeadas de una masa empobrecida. Son expertos en camuflarse bajo la apariencia de demócratas pacíficos, hasta que toman el poder y adoptan su verdadera faz. Por fuera de ellos, todo es extrema derecha.
Está el Liberalismo: abraza una visión optimista de la humanidad, creyendo en la cooperación sobre el conflicto. Reconoce valores e intereses compartidos entre las personas, abogando por el diálogo como herramienta para resolver injusticias. A diferencia de las doctrinas anteriores, el Liberalismo no se aferra a dogmas ni cultos mesiánicos, ajusta estrategias y cambia líderes. No disemina historias imaginarias que lleven a generar odio hacia los semejantes. Su búsqueda de la libertad, acepta críticas y cambios pacíficos, premiando la iniciativa individual y el aporte a la sociedad como generadores de bienestar. Invariablemente ha resultado en expansion de la democracia, de los derechos individuales y en bienestar creciente para las comunidades que lo saben entender y aplicar.
Sin embargo, entre estas corrientes también se encuentra el Confusionismo, que, lejos de las enseñanzas de Confucio, nubla el pensamiento racional con retórica vacía, dificultando la comprensión de la realidad y la toma de decisiones positivas a largo plazo para la comunidad. Es en buena parte el responsable de los triunfos electorales que se transforman gradual o rapidamente en autocracias. Heil Petro y su capacidad destructora de instituciones.
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Está el Fascismo. Arraigado en un cuento de superioridad nacional o racial, abraza la confrontación violenta como su modus operandi. Su objetivo es imponerse sobre aquellos que considera inferiores, sea por sometimiento o aniquilación. Cuando no se ve posible, crean muros y barreras para poder vivir los privilegios de la superioridad en aislamiento.Los modernos fascistas adoptan disfraces democráticos, pero su esencia sigue siendo la sumisión ciega al gran líder. Los “otros” son todos de extrema izquierda.
Está el Marxismo que plantea una lucha perpetua entre clases, con los oprimidos destinados a dominar a los opresores mediante la violencia. Aunque su mantra es la equidad, sus resultados suelen consolidar élites poderosas y privilegiadas, rodeadas de una masa empobrecida. Son expertos en camuflarse bajo la apariencia de demócratas pacíficos, hasta que toman el poder y adoptan su verdadera faz. Por fuera de ellos, todo es extrema derecha.
Está el Liberalismo: abraza una visión optimista de la humanidad, creyendo en la cooperación sobre el conflicto. Reconoce valores e intereses compartidos entre las personas, abogando por el diálogo como herramienta para resolver injusticias. A diferencia de las doctrinas anteriores, el Liberalismo no se aferra a dogmas ni cultos mesiánicos, ajusta estrategias y cambia líderes. No disemina historias imaginarias que lleven a generar odio hacia los semejantes. Su búsqueda de la libertad, acepta críticas y cambios pacíficos, premiando la iniciativa individual y el aporte a la sociedad como generadores de bienestar. Invariablemente ha resultado en expansion de la democracia, de los derechos individuales y en bienestar creciente para las comunidades que lo saben entender y aplicar.
Sin embargo, entre estas corrientes también se encuentra el Confusionismo, que, lejos de las enseñanzas de Confucio, nubla el pensamiento racional con retórica vacía, dificultando la comprensión de la realidad y la toma de decisiones positivas a largo plazo para la comunidad. Es en buena parte el responsable de los triunfos electorales que se transforman gradual o rapidamente en autocracias. Heil Petro y su capacidad destructora de instituciones.
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