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viernes, 29 de mayo de 2026

El camino de la miseria

A los escépticos. A los decepcionados. A quienes concluyeron que la política es una porquería y que no vale la pena participar porque “todos roban”, “todos incumplen” y “todos terminan trabajando para sus camarillas”.

Quien piensa así suele estar convencido de que su destino depende únicamente de su esfuerzo. Y en buena medida tiene razón: ha trabajado duro, ha madrugado, ha resistido impuestos, trámites absurdos, regulaciones, extorsiones burocráticas y toda clase de obstáculos para levantar una tienda, una fábrica, un consultorio, una finca o un pequeño negocio de arepas. Pero hay algo que no advierte: pudo hacerlo porque todavía vive en un sistema con relativa libertad. Relativa, sí. Muy imperfecta. Pero suficiente para que el esfuerzo individual tenga recompensa. Gracias a eso logró comprar una moto, una casa, un apartamento o sacar adelante una empresa. Sabe cuánto cuesta construir patrimonio, pero no sabe lo fácil que es perderlo.

Por eso esta coyuntura importa. Si decide no participar, o votar con ligereza, puede terminar perdiendo lentamente lo poco o mucho que ha construido. No ocurrirá de un día para otro. Será gradual. Primero más restricciones, más arbitrariedad, menos iniciativa privada. Luego menos oportunidades, menos inversión, menos libertad. Y al final, una vida cada vez más difícil para sus hijos y nietos.

No hace falta ser adivino. Basta con mirar cómo coinciden las propuestas del programa de Cepeda con las medidas aplicadas por Chávez en Venezuela, Castro en Cuba u Ortega en Nicaragua. Y basta preguntarse por qué millones de personas han querido huir de esos países.

Y a los creyentes, convencidos de que “esta vez sí” el socialismo funcionará, convendría recordarles algo elemental: crear burocracia no crea riqueza. Repartir subsidios produce alivio momentáneo, no prosperidad. Tolerar violentos nunca trae paz; trae más muertos, más miedo y más pobreza.Tal vez hoy celebren porque recibieron unos billetes o un cargo regalados, pero cuando todo dependa de un Estado gigantesco administrado por ineptos y corruptos, ni siquiera quienes hoy aplauden podrán vivir dignamente.

Seguirán marchando, cantando consignas y culpando a la burguesía, mientras avanzan —con admirable disciplina y absoluta ceguera— hacia el más viejo destino del populismo: la repartición igualitaria de la miseria.
Publicado EL Pais de Cali, 26150

viernes, 4 de abril de 2025

Fervor del voto

Se percibe mucha preocupación ante la posibilidad de que un régimen cada vez más radical perdure otros 4 años con alto riesgo de eternizarse y conducir el país a la tan conocida y probada miseria. La preocupación es válida. Las encuestas y las elecciones mostraron que del histórico 10%, la izquierda unida pasó a tener un 30% de devotos, producto de una paciente y dedicada labor de infiltración del sistema educativo y las redes sociales. Con 50% de abstención el 30% hace fácilmente mayoría.

Habiendo 4200 religiones vigentes en el mundo, concebir una nueva que use estrategias probadas por siglos, no parece tarea difícil. Se establece una verdad, revelada en unos pocos libros. Se define un paraíso al que todos llegaremos siempre y cuando seamos fieles a la verdad. Se crea un demonio responsable de todo lo malo y se idolatra a un Mesías que nos va a conducir por el camino de salvación. No hay argumento, no hay evidencia, no hay dato alguno que puedan contradecir el dogma. Basta con tener fe en el nuevo culto. Los esfuerzos por desarmar esa fe son tan inútiles como los que se puedan hacer con la fe religiosa. La convicción está grabada en las circunvoluciones más profundas, lo que lleva a los feligreses a estrellarse con la realidad con la misma resolución de los fieles que se estrellaron contra las torres gemelas. Actuar sobre este grupo implica reconquistar el sistema educativo, empezando por las Universidades donde se forman los profesores que transmiten el culto a los más jóvenes.

El trabajo para todos los herejes, consiste en educar y motivar a la gran masa de apáticos. Hacerles ver que su asco por la política se sustenta precisamente en la apatía que permite a unos pocos usar al estado como un botín. Que en la medida en que predomine el credo, seguiremos perdiendo libertad y diseminando la pobreza.

¿Qué podemos hacer?– preguntan angustiados quienes ven al país deslizándose lentamente por el barranco del fasciscmo del siglo XXI. Toda persona que tenga una convicción firme de la importancia de la participación en política, así sea solo votando, tiene la posibilidad de convencer al menos un apático para que vote racionalmente sin dejarse llevar por ilusiones, discursos promeseros o emociones de última hora. Si cada ser pensante motiva a otro a votar, se salva el país y la democracia.
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viernes, 9 de junio de 2023

Polarización

Son muchos los preocupados por la polarización. No ven un país viable mientras haya tantos que se ubican en polos tan opuestos. Hay que saber que el pensamiento extremo es una narración, una construcción ideológica y son pocos los que se identifican con todos sus preceptos. En la izquierda está el que cree en la lucha de clases, la dictadura del proletariado, la abolición de la propiedad, el estado benefactor, la liberación violenta de los oprimidos y en la derecha están los que creen en impuestos mínimos, libertinaje económico, tradición aristocrática, estado religioso y restricción violenta de ciertas libertades sociales. Pero la verdad, es que la mayoría de los mortales podemos tener ideas de ambos lados en las que creemos con intensidades muy variables. Por qué entonces la mayoría de las sociedades del mundo aparecen divididas casi exactamente por la mitad en dos polos que parecen irreconciliables?

Redes sociales e Inteligencia artificial (IA) parecen ser la respuesta. Ya no son los medios, con sus filtros, quienes nos dan acceso a la información. Cualquiera con talento para hablar es generador de contenido, y no tiene que respetar líneas éticas ni de veracidad. Y la IA se diseña, no para informar cada vez mejor y más objetivamente, sino para darle a cada cual lo que le gusta. Además, con IA es cada vez más fácil escribir ficciones, crear fotos y videos falsos, eliminando la autoría humana. Al funcionar nutriendo con lo mismo a quien ha escogido bando, se va generando una identidad rabiosa y programada con el grupo al que se cree pertenecer. Se aplica un método de segregación, que se refuerza en el sistema electoral de las democracias, que exige una decisión binaria. Ese artificio se refina con la propaganda de las campañas que buscan ubicar a los “otros” en el extremo opuesto, eliminando toda opción de diálogo o interacción.

Tener opiniones distintas sobre la economia, la propiedad privada, las empresas, las causas de la pobreza, las pensiones, la educacion, el aborto, la homosexualidad y mil temas más, no solo es normal, sino saludable. Por más que sea difícil, se deben usar todos los inventos de la democracia para buscar la confrontación sin ambages de ideas resolviendo las diferencias con una discusión respetuosa y civilizada, basada en hechos y datos y poniendo en evidencia las mentiras.

Debe condenarse el insulto, precursor de la agresión. Quien usa “rata” , “gusano”, “facho”, “paraco”, “comuñanga” sienta las bases del odio, deshumanizando al oponente. No se puede tolerar la incitación a la violencia, así esté velada en llamados “a salir a la calle”.

La mezcla de una IA cada vez más poderosa e independiente combinada con el manejo imprudente del lenguaje por líderes políticos, representa un grave riesgo a la convivencia civilizada.



Una sociedad que le da credibilidad al testimonio de un reconocido criminal, que se desconcierta con las declaraciones de un adicto de alta monta y que es capaz de asimilar las expresiones sociopáticas del Presidente y Cia., va sentando las bases de la debacle. No se puede desfallecer contrarrestando con argumentación seria y coherente las fantasías ideológicas desconectadas de la realidad.