viernes, 10 de julio de 2026

Temor y violencia

En la frustración de la derrota, muchos han optado por distorsionar el mensaje central de Abelardo, el mismo que convenció a millones de colombianos. La idea es sencilla: si Colombia logra reducir de manera drástica la violencia, el potencial de crecimiento económico, bienestar y progreso será tan grande que no resulta exagerado hablar de un milagro.

Durante décadas nos acostumbraron a creer que vivimos en un país condenado al fracaso: el más desigual, el más pobre, el más explotado. Pero esa narrativa desconoce una realidad evidente. Colombia posee una extraordinaria riqueza humana, una geografía privilegiada y una diversidad cultural excepcional. Lo alcanzado, a pesar de la violencia, es mucho más de lo que solemos reconocer. Precisamente por eso, si logramos controlar el crimen organizado, el salto puede ser enorme.

El debate ha puesto también en evidencia una curiosa moral sin espejo. Se cuestiona a Abelardo por haber ejercido como abogado defensor de delincuentes, olvidando que Cepeda desarrolló la misma profesión. La diferencia es que unos defendían delitos comunes y otros estaban vinculados a organizaciones responsables de secuestros, homicidios y terrorismo. La comparación merece, por lo menos, una reflexión ética.

La misma asimetría aparece frente a la violencia. Se condena —con razón— a cualquier exaltado que amenace a la izquierda. Pero se guarda silencio cuando dirigentes políticos o juveniles hacen bloqueos, destruyen bienes y presentan la confrontación como un camino legítimo.

Por supuesto que Colombia necesita diálogo. Pero el diálogo solo es posible cuando todos aceptan las mismas reglas. Es difícil construir acuerdos con quien considera que las armas son un argumento político o que posee una verdad moral incuestionable. Reducir la violencia exige derrotar a las organizaciones criminales. Pero también requiere aplicar la ley, sin excepciones, contra quienes desde la política o desde cualquier tribuna promuevan, justifiquen o inciten la violencia.

La paz no consiste en tolerar a los violentos. Consiste en garantizar que ningún colombiano vuelva a necesitarlos o a temerles.

Publicado 26191

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