miércoles, 9 de marzo de 2022

Narcisos al poder


Es muy seguro que usted ha conocido a más de uno. Tiene un sentido desproporcionado de su importancia. El mundo vive pendiente de él y por tanto quienes lo rodean no pueden sino admirarlo. Exagera hasta la fantasía su dominio de poder, dinero, belleza y éxito, y se convierte en el “número 1”, “el mejor” de toda clasificación en que participa. Quienes lo rodean solo están para servirle y apoyarlo en sus grandes metas, y por tanto son sus inferiores y no merecen mayor atención o interés. Siempre tiene la razón y si algo sale mal es por haberse rodeado de ineptos o incapaces. Quien se atreva a criticarlo es un enemigo, y los valores se definen sólo por lo que le gusta o le conviene.Si no reconoce en esta descripción a algún familiar o alguien cercano, con toda seguridad lo encontrará en los periódicos actuales y de todas las épocas.

Porque el narcisismo suele ser la “virtud” que mejor adorna a los políticos, al punto de considerarse requisito esencial para ascender. Crear una corte de adulones, que vean en el gran orador, al dueño de toda la sabiduría, es clave para seducir incautos electores. Einstein sentó las bases para medir el tamaño del universo pero fue incapaz de establecer la magnitud de la estupidez, que llegó a calificar de infinita. Tal vez falló por no estudiar a los grandes narcisos de la historia y su capacidad para embaucar a los incautos. El mundo se asombró con la capacidad de Hitler. Logró integrar un amplio grupo de psicópatas amigos y colaboradores generando una de las más grandes tragedias colectivas de todos los tiempos. A pesar de esto, la tierra ha seguido siendo campo fértil para el surgimiento de narcisos convertidos en tiranos, que terminan dispensando atroz martirio a sus súbditos.

Desde Stalin, los Kim de Corea, pasando por Mao, Hussein, Idi Amin, Khadafi, Castro, Chaves, Ortega, Trump y Putin, todos han seguido el mismo guión: identificar frustraciones, alborotar odios y encontrar un culpable. El amado líder sale del pueblo, y es quien tiene la fórmula redentora. Es sencilla, fácil de entender y se empaca en una buena campaña llena de símbolos y abundantes mentiras. Se impulsa un escenario de violencia que desestabiliza y asusta. Se presenta al Mesías como el único capaz de controlar la situación, con lo que conquista el respaldo.

Una vez en el poder, aplasta a sus rivales, compra lealtades, instalando la cleptocracia de todos los fieles. Los cercanos que no aprenden rápido a arrodillarse, son humillados, exiliados o apresados. Una eficiente policía secreta, confirma la maldad del chivo expiatorio escogido, que se debe erradicar para lograr fines superiores.

La ley se vuelve un arma, con la que persigue a todo el que se opone, incluyendo los medios que se pliegan o desaparecen. Las instituciones se debilitan en la medida en que el poder se concentra. Crea un culto, inventa héroes, corrompe la ciencia, construye un legado, manipula visitantes, exporta su doctrina, se eterniza y crea una dinastía. Es el guión del Padre de todas las Rusias quien está logrando a bombazos que sus dominios estén llenos de hijos de Putin.

Las emocionadas juventudes que le apostaron a la nueva sociedad, lamentan sin cesar su ingenuidad.

lunes, 7 de marzo de 2022

Cuál Ucrania

“Ni qué ocho cuartos” fue el comentario de un aspirante a tirano. Título que se diferencia claramente de estadista en muchos aspectos significativos. Un estadista es una persona ilustrada que conoce la historia universal y la geografía mundial. Que es capaz de distinguir una democracia vigorosa y organizada del remedo vulgar donde chapotean los tiranos. Un estadista es un auténtico hombre de paz, que rechaza categóricamente todos los intentos por dominar con la fuerza a sus ciudadanos u otras naciones. Un estadista sabe distinguir entre pantomima de paz y paz real. El tirano vomita una verborrea pacifista mientras manda a asesinar, a quemar, a destruir y se abraza fraternalmente con todos los de su misma calaña.

Un estadista es capaz de calificar la invasión de Ucrania como un acto criminal, abusivo, prepotente, que solo puede ser ordenado por un psicópata a quien lo tiene sin cuidado las miles de muertes que genera en hombres, mujeres y niños, por el solo hecho de no ser sus obcecados súbditos, o las de los jóvenes de su nación, a quienes disfraza de camuflaje para mandarlos a matar y hacerse matar.
Un tirano se regodea con las canalladas del “tovarisch” porque demuestran cómo la voluntad de los déspotas se impone.

Un estadista trabaja incansablemente para mejorar las condiciones de los habitantes de su país, oyendo y sopesando las diversas opiniones y tratando de sacar la síntesis que parezca más acertada. Un tirano obedece solo a su genial e iluminado instinto, y la única medida que le vale es su gloria personal y el peso de las arcas de su leal camarilla.

Un estadista sabe que un país sale adelante contagiando la voluntad colectiva hacia un propósito común y superior. Un tirano cree que por tener suficientes tanques, puede adueñarse de un país para imponer su voluntad. Putin, un tirano, podrá aplastar a Ucrania con la bota militar, pero no la va a dominar, porque los Ucranianos han demostrado un temple, que es ejemplo para todo el mundo. Están dando lecciones de valentía que inspiran a los europeos, quienes tanto sufrieron con los líderes pusilánimes que no fueron capaces de llamar a Hitler por su nombre.

Un estadista entiende que el resultado de la guerra desatada por el gélido narciso es crucial para el mundo porque todos sufriremos las consecuencias del triunfo de los matones.
Igual que el despistado aprendiz de tirano, muchos Colombianos han caído en la superficialidad de asumir que Ucrania nos importa dos rublos, o que Putin tiene “razones geopolíticas”. Convertirse en caja de resonancia del maquiavelo ruso es ignorar que Kyiv fue metrópoli mucho antes que Moscú y que Ucrania tiene más de mil años de historia e identidad cultural. La única posición coherente que nos cabe a los distantes Colombianos, es ser solidarios con el sufrimiento del pueblo Ucraniano, que va a ser largo y doloroso. Que su sacrificio nos impulse a actuar rechazando la infame invasión ante todas las embajadas rusas del mundo reales y virtuales. Podemos tener la certeza de que aun si los rusos logran imponerse matando a la mitad de la población, la otra mitad seguirá erguida y rebelándose.

Su determinación está probada y vale mucho más que ocho cuartos.

viernes, 25 de febrero de 2022

Pesimismo

He visto muchos afligidos de pesimismo. Se envuelven en negras capas para predicar sobre los horrores que nos rodean y el inmundo pantano en el que vivimos. El discurso nos revela todo contaminado por corrupción, esfumando la esperanza de ser una sociedad viable. La epidemia se disemina por su propia dinámica: entre más comentamos sobre lo mal que estamos, peor nos sentimos y más negativismo distribuimos. Hay que saber que el fenómeno no es del todo espontáneo. Entre más se disemine la pestilencia, mejores las posibilidades de un líder salvador, merecedor del voto de todos los crédulos, quienes ven salir de sus preciadas manos el fin de las desgracias.

¿Cómo sacudirse el pesimismo? Todo el que ha superado una época de negros nubarrones , valora lo que significan los antidepresivos. Así que la primera medida puede ser un tratamiento bien orientado que le ayude a despejar el horizonte.

También es posible que esté viviendo en la meta-realidad de las redes donde un buen porcentaje de la información que consume es distorsionada, exagerada o es una elaborada mentira. Así que viva su realidad, salga y vea su entorno, ojalá caminando. Verá una ciudad con muchos parques, llena de árboles y vida. Si lo tiene abrumado la pobreza, vaya a un barrio popular y recorra una calle bien concurrida, llena de asaderos y panaderías.

Si lo apabulla la inequidad vea uno de los muchos videos de TED con cientos de iniciativas para ayudar en forma efectiva a los demás. Deje de ver noticieros que ganan rating diseminando tragedias, robos, asesinatos, corrupción, solo porque Ud y otros los ven. La única forma de cortar el ciclo es dejar de verlos. En la medida en que pierdan audiencia, se convencerán de su erróneo enfoque y realizarán que su afán por priorizar lo maligno, genera un daño social real. Tenga la seguridad que no se va a perder de nada importante y va a sentir un gran alivio.

Si lo tiene derrotado creer que estamos de últimos en cuanto ranking se publica, recorra el mundo de la forma más barata que hay, leyendo información gratuita en los muchos medios de buena calidad de otros países. Se dará cuenta que con mayor o menor intensidad, los mismos problemas se encuentran en todos los continentes. Pasee con google earth y maps viendo lo bonito y lo mucho feo y pobre que hay en tantas partes. No deje de ver los barrios miserables y los campos de concentración de inmigrantes de las grandes economías civilizadas y equitativas.

Si lo que siente es que vamos por un despeñadero, lea historia y entérese de los enormes problemas que tenía la humanidad hace siglos o décadas y cómo hemos mejorado en casi todo. Y que los problemas que nos parecen horribles e irresolubles, han existido siempre, pero antes eran mucho peor. Vea a Hans Rosling en TED.

Y si lo desespera la corrupción, estudie los muchos métodos que han mezclado tecnología con iniciativas creativas y han probado ser efectivos para reducirla. Busque un congresista honrado (los hay) y proponga una ley severa anticorrupción. Entenderá las limitaciones, verá lo difícil que es lograrlo, pero sobre todo dejará de pensar en la simplona solución de votar por el gran cambio que nos arreglará todos los problemas.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Se acabó

La pandemia se acabó. No es sino mirar el último largo y delgado pico de la gráfica en todos los países. Todos habían tenido serruchos variados, reflejo del apego a la ciencia y la rapidez o efectividad de las medidas. Entre más lentos más ancho el diente y entre más resistencia a la vacuna, más alto. Ahora todos comparten un pico mucho más alto e invariablemente delgado, cortesía de Omicron. Si se hubiese diseñado una variante para solucionar la situación, no lo habrían hecho mejor. Alta contagiosidad y muy baja agresividad. Se acabaron las anosmias y las neumonías, se redujeron dramáticamente los ingresos a UCI y las muertes. Llevaron la peor parte los predispuestos y los antivacunas, quienes a pesar de la evidencia estadística, han sido capaces de concluir que lo ocurrido, prueba su singular sinrazón. Lo cierto es que a estas alturas, prácticamente toda la población tiene inmunidad por la vacuna o la “infección natural”. No se equivocó el funcionario con la prediccion que en Febrero todos iban a estar vacunados, recuperados o muertos. En Colombia, las cifras son dicientes: 40 millones de vacunados, 6 millones de infectados, que probablemente son el doble por lo que es muy seguro asumir inmunidad para casi todos. Podemos entonces celebrar el fin de la pandemia, aunque no haya certeza absoluta de nuevas variantes, como tampoco la hay sobre nuevos virus. Pero si es suficiente para que la humanidad declare el triunfo de la ciencia y acabe con todos los mandatos que generan tanto descontento. Desde luego que la OMS se demorará como de demoró con el inicio. No tiene sentido seguir con las restricciones que aplicadas en forma laxa no sirven sino para incomodar. Que las mascarillas queden para uso voluntario. Verlas tapando la cara de los griposos, será de elemental cortesía. Aumentaremos la frecuencia de lavado de manos y la higiene en general. Aprendimos que las grandes aglomeraciones con gritos y cantos son excelentes dispersores, así que cada cual quedará en libertad de buscar su próximo virus. Pero esos aprendizajes quedan en el territorio de la educación y las buenas maneras. Ya no hay lugar para más leyes y restricciones. No más carnets, no más mandatos, no más distanciamiento, no más aforos.

El balance nos dice que las restricciones tuvieron algún valor para aliviar la presión al sistema de salud y que el prolongado uso de mascarillas probablemente redujo la altura de los picos.
Pero el daño económico ha sido terrible. El mundo entero está indigestado con inflación, consecuencia de medidas anti-covid y de los flujos económicos promulgados para compensar los daños generados por las restricciones.
Y si no se normaliza la situación, tenemos campo para empeorar. La polarización de quienes protestan está llegando a extremos peligrosos. Los más golpeados por la pandemia, los que no han encontrado el camino de la recuperación, tienen razón en estar frustrados y desesperados con la prolongación de tan larga pesadilla.

Las autoridades a todos los niveles tienen que reventar esa burbuja de control social, que los tiene embriagados y abstenerse de seguir decretando prohibiciones. A trabajar y gozar con la recuperada libertad.

 


miércoles, 9 de febrero de 2022

Humor Chino

Cuando Yading me dijo, al final de un programa educativo en Ammán, que quería venir a Cali a hacer entrenamiento en cirugía de retina me pareció un chiste. Que un oftalmólogo chino sin recursos, de la provincia de Shanxi tuviese como llegar aca, sonaba irrisorio y le dije que si. No pasaron muchos meses y el hombre llegó con su certificado de español, único requisito exigido. Cuando salió anticipadamente a raíz de un atraco, prometió que nos iba a invitar a China para que le ayudáramos a mejorar su hospital. Lo recibí como otro chiste más. Pues no fue una, sino varias las invitaciones que recibí para participar en programas educativos y en la transferencia de nuestro software de historias clínicas para volver eficiente el arcaico sistema chino. Llegó a organizar una visita con funcionarios del ministerio de salud y el partido comunista a Cali. “How clean” (tan limpio) era la frase que más sonaba cuando recorrían nuestra clínica. Al quinto programa, ya había aprendido a no reírme de la determinación de los chinos.

En una gran cena de 25 platos, para empresarios extranjeros ofrecida por la gobernadora de la provincia, nos quedó clara la meta: superar en tamaño a la economía americana.”Abran empresas y háganse ricos”, fue el mensaje, que veíamos cumplirse con la transformación de las ciudades.Y eso era solo el inicio. Seguir el impresionante desarrollo económico ha sido asombroso. La capacidad organizativa y tecnología demostrada en las dos olimpiadas, ha dejado boquiabierto al mundo.

En pocos años el maloliente y arruinado edificio del hospital, herencia del comunismo, evolucionó hacia un sitio reluciente, organizado y sistematizado. Con los mejores equipos, muchos fabricados allá. Unos geniecillos lograron mejorar nuestro programa a unos niveles que no habíamos soñado. Se palpaba el afán de progresar y superarse, aprovechando el ambiente de absoluta libertad económica y seguridad. “Neoliberalismo de extrema derecha”, lo llamarían los sabios politólogos de América Latina, a quienes no se les conoce opinión sobre el tema.

Para todos resultó muy reconfortante experimentar la facilidad con que hicimos amistad e intercambiamos conocimientos, a pesar de las diferencias culturales y las limitaciones del idioma. Un campo que siempre nos dio dificultades fue el humor.

Suelo acompañar mis conferencias con algunos apuntes dirigidos a despertar con risas a los asistentes. La violencia en Colombia, nos había convertido en expertos en heridas oculares. Me pidieron un curso de trauma, adornado con dislates que me habían funcionado en otros auditorios. 200 colegas chinos. Después de la traducción de cada chiste: silencio absoluto. ¿Cómo hacerlos reír? Me preguntaron porque había heridas por minas. Expliqué que las ponía la guerrilla en el campo. Me preguntaron qué era guerrilla y que buscaban. Conteste que era un grupo que buscaba en forma violenta implantar el comunismo. Nunca había oído una risotada de más volumen en un auditorio. Terminé abochornado por las carcajadas que no paraban.

Solo recordando las dramáticas historias de Yading, bajo el yugo de Mao, fue que entendí porque el absurdo produce tanta risa.

domingo, 6 de febrero de 2022

La Ilusion de la Salud

La reciente caída de Coomeva EPS es una piedra más del derrumbe en que se ha convertido el sistema de salud en Colombia. Escrito por ángeles y vigilado por querubines, se puede resumir en: “todos tienen derecho a todo, de la mejor calidad y ya”. La advertencia que acaba de enviar la superintendencia recalca que estamos protegidos por el mejor sistema de salud del mundo. Con un adorno muy singular, respaldado por las cortes: “sin limitación por consideraciones financieras”. Inspirada insensatez. Si tenemos en papel un sistema solidario, justo y de altísimo nivel, los panes se multiplican. Sacamos pecho con el 98% de cobertura y nos repiten sin cesar los beneficios a que todos tenemos derecho. En la imaginación.
Como en todo lo que se diseña con deseos, la realidad termina siendo muy distinta: enormes contratos que estimulan corrupción, miles de enfermos agravándose, muertes prevenibles y sufrimiento indecible, generado en la dilación, estrategia central de las EPS. Todo decorado con la inutil estadística del número de atenciones que no dicen nada sobre calidad, eficiencia o resultados.
¿Cuántos más se tienen que ir por el mismo barranco? ¿Y cuántos serán los prestadores arrastrados? Hospitales y clínicas, asfixiados por la cultura del no pago, logran subsistir con una paradoja generada por el mismo malogrado sistema. La gente más pobre, sin un seguro voluntario, se desespera con la no atención y se convierte en particular.(con descuento)

El diseño de un sistema viable tiene que ser realista y asignar los recursos requeridos para dar buena salud. Actualmente, el valor de la UPC que pretende cubrir la salud básica de los colombianos es de 280 dólares al año y el gasto total per cápita se estima en 1.200. Países con sistemas socializados gastan entre 5 y 8.000 dólares, y aún así, tienen largas listas de espera con muchos procedimientos restringidos.
La libertad para escoger el médico está garantizada en el papel, pero se viola universalmente, comprometiendo la continuidad en los tratamientos. Cuando el enfermo puede decidir quien lo trate, opera la magia que ocurre en todas las demás áreas de la economía: hay competencia, bajan los precios, mejora el acceso y sube la calidad. Se argumenta que la libertad no aplica a la atención médica porque es esencial a la vida. ¿Y la comida?, el agua, el techo, el transporte y un largo etc.? ¿No son esenciales a la existencia? No hay que mirar muy lejos para ver lo que ocurre cuando un gobierno decide planificar y centralizar, asignando “con justicia” lo que cada cual requiere. Todo lo que se pretende racionar, termina escaseando o desapareciendo. Ese es el camino que estamos siguiendo. Deshacerse de contrataciones y pre aprobaciones que vuelven el sistema pesado y costoso es esencial para que los recursos lleguen a los enfermos.
Francia lo tiene resuelto. El usuario puede acudir donde quiera. Los prestadores definen sus tarifas y el paciente decide si acude al servicio que el estado le ofrece, sin costo y con calidad razonable, o si quiere asumir un copago en el sistema privado, sin perder el cubrimiento básico, que ha sido establecido en un presupuesto. La ley de la “liberté” no falla.

Refinada Hipocresia


La hipocresía, cuando se ejerce con maestría, se disfraza de virtud. La poesía combina palabras que hacen bellos dibujos en la imaginación. Igual gracia se hace con un lenguaje, que usado con habilidad casi poética, sirve para exaltar las muy variadas expresiones de violencia que abruman a la sociedad. En boca de un criminal en el monte, con camuflado y fusil, tiene un toque de coherencia. Pero cuando un fiel representante de la “Jai”, que vive entre lujos, y nunca ha tenido una pizca de solidario, se declara indignado y ofendido con los “arrogantes y clasistas” que no entienden ni reconocen a los pobres, porque rechazan la violencia y sus símbolos, es cuando el exabrupto toma un cariz virtuoso.

Conocer de verdad las áreas más marginadas de la ciudad, es saber que la inmensa mayoría son laboriosos y honestos ciudadanos. Ni son violentos, ni es cierto que su condición de pobreza los haya forzado a la criminalidad. Son víctimas de los violentos. De hecho son quienes más sufrieron con los bloqueos y quienes siguen padeciendo la política de tolerancia con el delito. Sin duda mucho más que quienes les manifiestan dudosa simpatía desde sus camionetas blindadas.

Si los encopetados pedagogos de la confusión moral hiciesen un sincero esfuerzo por conocer la realidad de la mitad pobre de la ciudad, aprenderían que la gran mayoría aborrece a quienes la destruyeron. Entenderían que la mejor forma de solidaridad no es escribirles panegíricos conmemorativos, ni llevarles mercaditos, sino permitirles vivir y trabajar con dignidad y seguridad. Los vándalos les roban sus pertenencias, les destruyen sus viviendas y les queman la poca infraestructura y servicios que la ciudad les ha proporcionado, cerrando el círculo de pobreza. Difícil encontrar una muestra mayor de insensibilidad y despiste, que graduar a los dos mil de la resistencia (0.06%) como los representantes del Cali más pobre.

Quienes validan y justifican la violencia y el crimen, siempre con un discurso “pacifista”, exhiben además, una ignorancia muy esparcida. Es cierto que, en general, hay una correlación entre nivel de desarrollo equitativo y la criminalidad. Pero los estudios de casos específicos, muestran que la cultura de tolerancia con el delito de una sociedad, que se traduce en laxitud y permisividad de las autoridades, es el factor que más pesa en la diseminación del delito. Y se ha demostrado una y otra vez, que la forma más efectiva de perpetuar la pobreza y afianzar el desequilibrio es crear un ambiente de inseguridad en el que nadie pueda tener confianza en preservar su vida o sus escasas pertenencias. No es sino mirar en la vecindad.

Es desafortunado que los filtros ideológicos impidan revisar la historia y recorrer la geografía con objetividad. Los recursos de la inteligencia, como el impulso tecnológico, y la libertad de empresa en un marco legal confiable, han empujado muchas sociedades hacia la prosperidad, mientras que los que han adoptado la violencia como acelerador del cambio, se despeñan vertiginosamente hacia la miseria y el hambre.

La suerte está echada. Cada cual debe evaluar la coherencia de su discurso y resolver hacia donde está empujando.


viernes, 21 de enero de 2022

Locos locuaces

Los locos y charlatanes han recorrido el globo tramando a una humanidad necesitada de explicaciones mágicas y soluciones rápidas. Su efecto siempre fue local y transitorio. Cuando la comunidad hacía conciencia del engaño, ya el estafador, quien posaba de médico curalotodo, estaba esquilmando aldeas distantes con sus patrañas.

En esta aldea global creada por internet, loquitos de todas las especies y calibres han logrado invadir un buen bloque de la información que con tanta facilidad, circula. Se combinan con logias, también globales, que buscan una explicación simple para sus grises vidas: tiene que haber unos malignos poderosos que nos mantienen pisados y dominados.

Secuestran, para justificar sus rebeldes teorías, hechos reales de la historia. Es verdad que las observaciones de Semmelweis en Austria hace 170 años, sobre la importancia del lavado de manos y la antisepsia, fueron ignoradas por el establecimiento médico y el lúcido Ignaz murió en un manicomio. Y que muchos otros inteligentes observadores y creativos innovadores se han estrellado con el muro del conocimiento establecido. Pero ya hay que retroceder muchos años para citar los demás ejemplos. Porque el conocimiento médico, igual que las mentiras, se beneficia con la globalización de la información. Ya es casi imposible que una buena idea sea frenada por un poderoso profesor y todo el conocimiento se somete a continuas y permanentes revisiones y rectificaciones que generan en el lego la sensación de una verdad inestable. Cuando mucha gente, acosada por la angustia, busca una explicación sencilla y estable, se encuentra con la cambiante ciencia que está permanentemente afinando el conocimiento.

El saber serio, exige muchas horas de estudio solo para entender y estar al día de los avances.
En cambio los charlatanes son capaces de armar un discurso manipulando el lenguaje para que le suene a ciencia al incauto. Si además lo impregnan con alguna conspiración esotérica, lo riegan como caramelos con veneno, logrando matricular a muchos. Es deplorable cuando los voceros son médicos porque completan la triada de abusos, al usufructuar la credibilidad de un gremio regido por la ética desde hace más de 2400 años.

Quien pretenda estar bien informado no le puede dedicar mucho tiempo a escuchar basura. Circula un video de un Dr Malone que ilustra muy bien el fenómeno. Bastan un par de indagantes clicks para descubrir la poca confiabilidad de su cuento y sus resentidas motivaciones. Si todos hiciesen ese sencillo ejercicio de responsabilidad antes de reenviar, la mentira no tendría tanta penetración. Habrá quien piense que el calificativo de loco para personajes tan perniciosos es muy benigno, pero después de oír el rosario de dislates que produce una mente supuestamente educada, hay que concluir que está perturbada.

La historia nos ha enseñado a preferir la libertad sobre la censura. El largo y ojala delgado colmillo que omicron le ha sacado al serrucho de la pandemia, afilado por el irresponsable libertinaje verbal de algunos médicos, nos hace añorar el poder de las asociaciones médicas que no controlan a quienes olvidaron el “primero no dañar”, y contribuyen a la congestión de las UCI y las necrópolis.

domingo, 16 de enero de 2022

Lo Natural

Es muy convincente la erudición con que muchos, incluyendo los que tienen alguna formación en Ciencia, hablan de lo NATURAL. La palabrita es mágica para validar todo discurso. Representa el saber ancestral y universal, y adquiere connotación casi divina. Los sabios de lo natural dispensan a sus congéneres la verdad revelada. No les asiste ninguna duda y su sello de garantía se basa en insertar el vocablo en todos los menesteres: las plantas, la selva, los animales, la tierra. Algo es confiable porque viene directamente del ambiente y por tanto nos lo podemos untar, comer o inhalar.
A diferencia de lo “químico”, que se evita con orgullo, confirmando el desconocimiento de lo que parece obvio: todo en la naturaleza está formado por moléculas. La química las aísla y estudia sus interacciones. Un producto natural no es sino una mezcla desconocida de químicos.


Uno de los ejemplos más viejos es la dedalera. Conocida por siglos como veneno. Pero alguien descubre que una cantidad pequeña puede ser beneficiosa para enfermos del corazón. Se comienza a usar en forma "natural". Si el yerbatero se equivoca y muele un poco más del extracto, el enfermo se muere. A principios del siglo XX y gracias a los avances de la farmacología se descubre que el principio activo es la digoxina, una molécula que mejora la contractilidad del miocardio. Se descubre también que en el extracto, hay otros potentes químicos que pueden ser muy tóxicos. Se extrae entonces la molécula que sirve, se define una dosis muy precisa, se comprime en una pastilla. Se describen los efectos adversos, las interacciones con otros medicamentos y se descubre cuales son las condiciones cardiacas específicas en las que es útil.
Cuando la digital pasa por todo este proceso, deja de ser un producto natural para convertirse en un “peligroso químico” producido por la “abusiva industria farmacéutica” mundial.

Esta misma historia se puede repetir para casi todos los medicamentos, incluyendo los sintéticos, que no son otra cosa que la modificación de una molécula para mejorar sus efectos benéficos o disminuir los negativos, una vez se entiende como interactúa con un tejido.

Así que la próxima vez que alguien recomiende con fervorosa convicción un producto natural, considere:
- alguien mide y certifica que lo que dice contener el frasco, realmente es?
- tiene forma de saber cual es la dosis? Muy poco y no hay efecto, mucho y es tóxico. Todo en la naturaleza es veneno dependiendo de la dosis.
- se ha comprobado con estudios científicos serios de casos y controles, si verdaderamente es útil para lo que se quiere tratar? O son solo opiniones anecdóticas de otros, que pueden haber tenido una enfermedad muy distinta con síntomas similares.
- está explícita la mezcla de químicos que hay en el producto? Puede haber algunos útiles para lo que se quiere tratar, y muchos otros que hacen daño a otros tejidos y órganos.

Una caso conocido es el muy natural tabaco . Buscando los efectos de la nicotina, se inhalan una buena cantidad de cancerígenos.
En cambio el vilipendiado “químico” que viene en la pastillita, ha pasado por todo el proceso y mejora mucho la posibilidad de un beneficio conocido y controlado.

Rankinmania

Podría decirse, que entre las obsesiones sociales, es ésta la más universal. No queda ya nada en este mundo que no esté clasificado. No hay nada ni nadie que no tenga su lugar en algún “ranking”. Profesionales, empresas, universidades, municipios y una larguísima lista adicional, viven obcecados por cual es el lugar que ocupan en alguna de las muchas clasificaciones que los mercaderes de los “ranking” se han inventado con importante contribución a la generación de empleo.

Todo el que se ve lanzado a la angustiosa situación de desempleo después de haber ocupado algún cargo importante, se inventa un instituto, centro, ”think tank”, o fundación que recoge información y decide medir algo, publicando el consecuente “ranking”. Es muy conocida la guerra publicitaria de hospitales, universidades y empresas, cada una publicando su aventajado puesto en alguno.
Hay de todos los estilos, colores y sabores. Para todos los gustos. Hay muchos serios e importantes, y que realmente dicen mucho. Pero también hay maquinarias aceitadas por el universal lubricante, el dinero. Se contacta al aspirante y se pide una contribución, inscripción o donación para que la organización entre a ser estudiada. Claro, hay que evaluar muchas variables, eso cuesta un dinero y alguien tiene que pagarlo. ¿Podría haber alguna correlación entre el dinero pagado y el puesto obtenido? Alejemos esos malos pensamientos, pero si sería buena práctica que todo el que publica su puesto en una clasificación, publique también cuánto le costó.
Un sector muy importante, que influye marcadamente en la psiquis de las sociedades, está formado por los ranking de los países. Nos asaltan de nuevo malos pensamientos, porque la mayoría de las instituciones están en los países más ricos, donde se han creado muchos de los centros que hacen clasificaciones de países. Pero además es mucho lo que se mide con opiniones. En Colombia por ejemplo nos rasgamos las ruanas con nuestro puesto en corrupción. Medido por el número de artículos que se publican sobre corrupción. Y la cifra es la suma de todos los números que aparecen en las publicaciones. Difícil imaginarse una forma más imprecisa y subjetiva para encontrar la realidad de la corrupción. Y sin embargo hay que ver las desgarradoras lamentaciones que se arman con esa información. Similar situación ocurre con muchos índices en los que nuestro puesto, resulta apabullante. Sin mencionar que muchos son originados y luego usados con una evidente carga ideológica y política, o que muchos, como los de salud, son medidos por los propios gobiernos.

Pero además hay un dato elemental con nuestro “puesto”. Montserrat tiene 4,996 habitantes, y clasifica como “país”. Hay 65 países con menos de un millón de habitantes. A quien se le ocurre que un “ranking” es válido cuando uno se compara con una islita de 5.000? Pues increíblemente…a todos. Países con los que nos podríamos comparar deberían ser los que tengan entre 25 y 100 millones y de esos no hay sino 40. Y eso considerando solo la variable población.
La próxima vez que se oiga emitiendo gemidos por la terrible posición en que está Colombia en algo…piense, investigue y procure entender el contexto.

El Castro bueno

“Entonces tú debes ser el Castro bueno, porque todo el mundo dice que yo soy el malo”. Me dio un abrazo de oso en medio de las risotadas de la apretada concurrencia
Estaba en el avión Orbis haciendo la demostración de una técnica quirúrgica nueva. Ya finalizando, el cirujano cubano que me acompañaba hizo un movimiento brusco y reventó el hilo que sostenía el lente. Con pánico vi como se caía el lente dentro del ojo y en ese preciso momento anunciaron “llegó Fidel”. Después de tres días de esperarlo, tenía que llegar en el peor momento. Con la suerte de quien escapa al paredón, resolví la situación con una maniobra que no había hecho nunca y no he repetido, para salir a recibir el abrazo del comandante.

Llevaba varios días viendo pacientes candidatos a cirugía en el avión y me había impresionado la precariedad de los hospitales, la escasez de recursos y el pobrísimo acceso a educación que tenían los médicos, quienes, en voz baja, y siempre mirando a los lados, nos confirmaban el derrumbe del mito de la salud cubana. “Serán pobres y pasarán hambre pero al menos tienen excelente salud y educación para todos” era el socialista consuelo que siempre había creído. La realidad era de hospitales y pacientes en unas condiciones que no había visto ni en los peores momentos de pobreza del Hospital Departamental.
Hablamos durante una hora caminando por la pista de aterrizaje, en compañía del director de Orbis. Quería todos los detalles de lo que hacíamos y cómo lo lográbamos. No podía entender que del capitalismo hubiese surgido una entidad cuyo único interés era educar en forma gratuita. “O sea que el cabrón del Fiodorov me robó” dijo indignado cuando le expliqué que con los 10 millones de dólares que le habían cobrado los rusos por su sala estrella de cirugía en cadena, en Colombia éramos capaces de producir 3 veces más cirugías.

Percibí en Fidel, un interés auténtico y un conocimiento excepcional. Cuando volvimos al grupo: 180 oftalmólogos cubanos y 30 del equipo de Orbis de varias nacionalidades, le oímos un discurso de una hora sobre los ojos y lo que se hacía, bajo su dirección por la salud ocular de los cubanos. Al final, todos, los que habíamos rajado del sistema, los que habíamos comentado la farsa de la prédica oficial, gritamos emocionados: Fidel! Fidel!, Fidel! mientras él trataba de llegar, en medio de abrazos y sonrisas, a su caravana de mercedes blindados.
El hechizo del carismático líder nos incomodó a varios durante un buen tiempo. Cómo era posible que a este hombre que nos había impresionado como auténticamente bueno, fuese responsable de tanta miseria y pobreza? ¿Por qué había tanta distancia entre sus intenciones y la realidad?

Su círculo lo engañaba constantemente. Había una unidad especializada en preparar sus visitas. Pintaban las áreas que él iba a visitar, instalaban camas, equipos y uniformes relucientes, que eran retirados apenas se iba.
Finalizando mi quinta misión me pidieron entrevista para TV. Cuando empecé a responder la pregunta de cómo había encontrado la salud en Cuba, me pararon. “Ud no puede decir eso” Pero es la verdad, respondí mientras levantaban cámaras y me despedían para siempre.




Fabula de navidad

Un parque circular con una fuente iluminada en el centro, rodeado de restaurantes con mesas en la calle, llenas de comensales diversos y multicolores que departen alegremente. Palmas y árboles con adornos y luces navideñas. Familias que han organizado picnic en las zonas verdes. Una orquesta con música alegre a un volumen razonable, que permite la conversación y que pone a muchos a bailar en el orden, estilo, combinación y lugar que les parezca. En un andén una abuela da brincos con su nietecita. Detrás de una palma baila suave una pareja de enamorados. Dos viejos abrazados marchan al ritmo de la música. El clima, en pleno diciembre, es una maravilla. Una fresca brisa refresca a todos los que caminan, los que bailan, y le mejora la sonrisa a todos los que disfrutan de un variado menú, que ofrece una amplia gama de restaurantes.
Pasa una pareja gay con ropajes exóticos y divertidos, pasan unos mochileros con cara obviamente extasiada por el ambiente. Pasan familias enteras con la viejita en silla de ruedas. Tres pequeños concentrados en sus velas iluminando su pedazo de. andén. Niños de todas las edades, corriendo y jugando en delicioso desorden. Blancos, negros, amarillos, pelirrojos exoticos, rastas de largos estropajos. Unos elegantes, prístinos que parecen sacados de Downton Abbey, otros en shorts o ropa deportiva, otros llegaron en bicicleta o a pie y lo demuestran. Todos, alegremente tranquilos, disfrutando de un entorno bello y pacifico. Dos parejas de policías que pasean y son parte del festejo. Ni un solo altercado o nota disonante.

¿A que lugar del mundo hay que viajar para encontrar ese ambiente de paz y armonía? A Cali, parque del Peñón, día de las velitas.

Como se obra semejante milagro en una ciudad que nos pintan como una de las más peligrosas del mundo?
La estrategia arranca por prohibir los carros en ciertas áreas sigue con liderazgos locales que permiten crear la magia del ambiente.
No deberíamos requerir día de las velitas y parque del peñon para lograr una transformación tan maravillosa. Cali tiene al menos 30 parques o sectores, en todos los barrios en los que se podría repetir la fábula. Todos los fines de semana? Todos los días? Solo se requiere valorar lo que tenemos, creer que es posible, y eliminar los vehículos de sectores designados. Que los caleños no van a donde no pueden parquear el carro enfrente? En el Peñon había muchos caleños y los carros estaban lejos. Y el ambiente se puede lograr en muchos sitios en los que la gente no tiene carro. Además, si el resabio caleño fuese cierto, hay que decir que no se necesitan. Lo que se logra es tan especial, que no alcanzarían los hoteles, a recibir la avalancha de turistas. El tour de la salsa y todos los festivales que con tanto éxito se hacen, tendrían escenarios incomparables

Que habrá que hacer para que la dirigencia de Cali lo entienda? Cuando se daran cuenta que tienen la sucursal del cielo?
Artistas pintando, cantando, bailando,adornando y ofreciendo sus delicias a una interminable romería de visitantes.

Una fábula? Fue realidad y es posible. Hagamos sectores peatonales y ciclovías permanentes. Dos ejes norte-sur y cuatro oriente occidente. Solo bicicletas y eléctricos de baja velocidad. Todo el esfuerzo para facilitar la movilidad de quienes quieran una ciudad amable, y están dispuestos a cambiar.




Mi verdad- Democracia

Es muy conocida la frase de Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”. No tan conocida es “los fascistas del futuro se llamarán así mismo antifascistas”.
A pesar de esa advertencia, la pandemia antidemocrática está contagiando al mundo con más rapidez que el virus.
La nueva doctrina establece que la democracia es bella y respetable siempre y cuando el que gane sea yo. No se puede decir que la autoría sea de Trump, pero ciertamente ha sido aventajado en su diseminación, y ya son muchos los que han aprendido. Si no ganan, es un inaceptable fraude y hay que incitar la insurrección. Pero si ganan, se las arreglan para entronizarse y acabar con cualquier asomo de transparencia en las elecciones.
Aquí el virus se ha regado como pólvora navideña prohibida. A punta de verdades a medias, mentiras infladas, distorsiones adornadas, que se diseminan hábilmente por redes y todos los medios, se ha logrado que un buen sector de la sociedad repita sin cesar: no hay libertad de opinión, las elecciones son una farsa, no hay libertad de asociación ni existe la separación de poderes. Han llegado a acuñar la incoherencia de “dictadura democrática”. Los gestores de tan exitosa estrategia se solazan. La mayoría de las letanías se reducen a repetir cifras y hechos sin confirmación. Cada dato que llega, sirve para agregarle al gran sancocho de ficciones: que los 15 billones de la corrupción, que los 6000 falsos positivos, que los viáticos de los congresistas. Todo sirve y se agrega al oprobioso inventario.
La procesión mental de desgracias, no deja de circular por la mente de estudiantes que llegan becados a universidades con bellos campus y magníficos programas, de profesionales que llegan en coche todos los días a un trabajo que funciona y progresan con un salario digno, de jubilados que reciben cumplidamente sus gordas y merecidas pensiones.
No logran hacer el simple ejercicio de comparar sus vivencias con ese imaginario de país imposible al que hay que cambiar como sea.
Un muy buen ejemplo de esa disociación se vivió en Cali: mientras en las redes circulaba la evidencia de una policía estaba asesinando jóvenes inocentes, quien salía a la calle podía ver todo lo contrario: una policía amarrada y pasiva ante la destrucción generalizada. La farsa se diseminó y se repitió con impudicia y sólo el hambre, humo y quiebras lograron sacudir a los engañados y desconectarlos su ficticia metarealidad.

No se trata de desconocer la infinidad de problemas por resolver que tiene un país en desarrollo y sin equidad como Colombia.
Se trata de construir una verdad basada en lo que cada cual ve y vive, y no tanto en el destilado de las pantallas. De ver los cientos de realizaciones y hechos positivos que nos rodean, y que sólo ocasionalmente, nos hacen sentir orgullosos. El éxito de la tramoya es prueba de libertad.
Si no reaccionamos y seguimos repitiendo la narrativa de una democracia fallida, sí va a resultar probable que vivamos la experiencia del sacudón populista que otros ya están sufriendo, y logremos cambiar este “horrible sistema” que nos tiene agobiados para entrar de lleno al socialismo nacional.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Mi verdad - el clima

Poner de acuerdo a presidentes y dirigentes de 197 países y comprometerlos con acciones difíciles tiene un mérito indiscutible. Desde Kioto, pasando por París, hasta Glasgow, se vienen reuniendo miles de expertos que evalúan cómo los humanos estamos estamos arrasando con ésta, nuestra única morada.
El método científico implica que toda observación o experimento se somete a múltiples comprobaciones en muchos sitios por diferentes personas. Así se solidifica la evidencia científica. En ciencias exactas no hay mayor discusión una vez que se establece un principio. Por eso se la llama Ley. La fórmula de la ley de la gravedad funciona siempre y no se la somete a votaciones.

Pero otras no son tan exactas y no por ello dejan de ser Ciencia. La razón es que son demasiadas variables y no alcanzamos a entender la totalidad de sus interacciones. Siendo menos precisas representan la mejor aproximación a la verdad.
El análisis de lo que le está pasando al planeta cae en esa categoría. Hay quienes cuestionan la precisión de las medidas y controvierten la magnitud de las predicciones apocalípticas.

Pero quienes niegan que fono-sapiens ha generado cambios, pretenden tapar el sol con las manos.
Basta ver los reportes de especies que han desaparecido o están a punto de hacerlo, hacer seguimiento de fotografías satelitales de bosques, selvas y glaciares, realizar que la pesca industrial tiene que ser subsidiada, para que acabe con lo poco que queda. Leer de fuentes confiables cómo estamos eliminando la biodiversidad, llenando la tierra a unas pocas especies que esclavizamos para satisfacer nuestros gustos, llenando la atmósfera de metano, y contaminando ríos con pesticidas y fertilizantes, consecuencia del monocultivo intensivo. Conocer las mediciones de temperatura y acidez de los océanos que están convirtiendo los corales en gigantescos cementerios de esqueletos blancos.

Tenemos que entender, que es basándonos en hechos y datos, que tendremos acceso a la verdad y así tomar las acciones necesarias para sobrevivir. No se puede adornar la controversia argumentando que se trata de manipulaciones políticas de los más liberales y verdes, o que algunos se enriquecen con el cuento. Es argumentación fútil y puede usarse en ambos sentidos: el negacionismo climático se genera en el conservadurismo de quienes se asustan con el cambio porque ven amenazada su riqueza basada en la energía no renovable.

Los cambios inducidos por la actividad humana en el planeta son indiscutibles. Lo que se puede discutir es su gravedad, y cuanto es el tiempo que tenemos para cambiar. Pero tiene que haber una conciencia en gobiernos, empresas, ciudades, grupos y personas, sobre la urgencia de evolucionar hacia una interacción distinta con la naturaleza. Puede ser lenta y gradual y no debe incluir medidas ruinosas como parar de un tajo la producción de petróleo en un país como Colombia.

Muchos de los entusiastas e influyentes antivacunas han muerto de Covid. Literalmente ahogados en su ignorante tozudez, han arrastrado a muchos seguidores a escoger el camino de la muerte.
Asumir esa misma actitud con el cambio climático, es también invitarnos al suicidio colectivo.

Mi verdad - la vacuna

Cómo construye cada cual su verdad? Solía ser fácil creer en lo que nos habían enseñado y estaba escrito en libros sagrados. Vino la ilustración y creímos que el método científico nos revelaría siempre la verdad. Y no se puede negar todo lo que la humanidad ha avanzado gracias a la ciencia.
Pero resulta que los problemas que enfrentamos no son sencillos. Quisiéramos que todo se resuelva con un simple SÍ o NO. ¿La vacuna sirve? ¿Tenemos democracia? ¿Estamos destruyendo el planeta?
Con internet, nuestra fuente de la verdad dejó de estar en unas pocas personas, o libros. Tenemos acceso a miles de opiniones y datos que nos llegan empacados en todos los medios posibles y filtrados para que nos gusten

Cómo construimos entonces NUESTRA verdad? ¿En qué creo yo? ¿Qué historias consumo? Porque me creo unas y rechazo, o ni siquiera miro otras?
Empecemos con Covid. La mayoría de la gente cree que la Medicina está regida por la Ciencia y por tanto los médicos son unos modernos sacerdotes. Eso es cierto en un buen porcentaje. Pero hay charlatanes, pseudociencia, fraude estadístico y locos con título. Sería lindo y fácil contestar la pregunta de la vacuna con un estruendoso SÍ.

Sí reduce dramáticamente la ocupación de las UCI y las muertes. Pero no las elimina, especialmente en viejos y enfermos. Reduce la frecuencia de contagio pero muchos vacunados se enferman y pueden transmitir la enfermedad. La protección de la vacuna es buena pero a los 6 meses comienza a bajar por lo que todos vamos a terminar con dosis recurrentes. La inmunidad de rebaño aplica, pero está pareciendo que por la contagiosidad de las nuevas variantes va a tener que acercarse al 90% .

Esta es la verdad que hemos podido construir con la observación de los hechos y datos, constantemente corroboradas por científicos honestos, con mentes equilibradas, que están en el oficio de observar la realidad del comportamiento de un virus nuevo y orientar nuestras decisiones.

Explica porqué algunos países están creciendo un diente más del fatídico serrucho que ha sido la gráfica de la pandemia. Y está llevando a que algunos gobiernos se desesperen con quienes han resuelto construir su verdad con pintorescas conspiraciones, elaboraciones simplistas y farsantes titulados, e inclusive están considerando vacunar a la brava. Es que las delta y omicron de los no vacunados nos van a llevar a encierros. Es que todos pagamos por sus costosas y buscadas estancias en las UCI. Hay médicos y enfermeras que ya no dan más y están renunciando a lidiar con tan suicida e ignorante terquedad.

El valor más preciado es la libertad. Todos la debemos defender. Para informarnos, pensar y creer en lo que queramos. Pero si nuestras creencias generan acciones que pueden hacer daño a los demás, pisamos el límite de nuestra libertad. Para disfrutarla con responsabilidad tenemos la obligación de buscar fuentes serias, cotejarlas, verificarlas y usar el sentido común. Cuestionarse y correlacionar con hechos verificables. Si eso se hace con juicio y se aprenden rudimentos de matemáticas y estadística, se podrá evitar construir verdades que parecen disparatadas fábulas. Continuaremos con la democracia y el clima.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Lo social



En la evaluación de la gestión de los políticos, la categoría que más fascinación produce a los periodistas es “lo social”.

“Manejo muy bien la economía, pero se rajó en lo social”, es una de las bulas mas proclamadas.

Pero qué es “lo social”? Si se cree en la ortodoxia del liberalismo económico, el estado interviene sólo para proteger la libertad económica, que genera prosperidad, empleo y bienestar. Para ayudar a los desafortunados que no lograron puesto en el tren de la economía, están las organizaciones de caridad. Un enfoque más al centro consiste en reconocer que el estado, como representante de la sociedad debe ocuparse de los desvalidos. Si movemos el dial a la izquierda, el estado tiene que responder por todos. Tenemos el derecho a ser asistidos y ayudados. Y aunque eso suena justo y bonito, la práctica ha resultado en tragedia. En la medida en que un grupo humano aprende que pedir, es la virtud mas preciada, se invierte el ciclo de generación de riqueza y la miseria se generaliza. Ha ocurrido en todas las latitudes y culturas. Con unos experimentos sociales, que si hubiesen sido diseñados con criterio científico, no habrían quedado tan válidos: las dos alemanias y las dos coreas. La misma gente, la misma capacidad, la misma cultura y tierra. Dos sistemas distintos y 40 años después la riqueza de la economía libre es 50 veces más que la socializada.

Podrán inflamarse algunos, pero la verdad es que Colombia tiene, después de Cuba y Canadá, el sistema de salud más socializado de América, y el asistencialismo es cada vez mayor. Se podrá argumentar que se requiere más, pero si el asunto se generaliza, se para la producción y no queda mucho por repartir.

Hacer empresa, crear empleos, mejorar las condiciones laborales, es lo más social que puede haber. Se trata a la gente con dignidad haciéndole sentir que el destino está en sus manos y que tiene la libertad de usar sus bien ganados recursos en lo que quieran. Y se contribuye, vía impuestos, al bienestar general.

Asombra la absurda disociación moral que permite calificar a un gran empresario, generador de productos, servicios y numerosos empleos, como un expoliador social, mientras se montan dulces apologías a quienes reparten la plata que otros han producido En la obsesión por denigrar la riqueza de quien ideó, arriesgó y trabajó, se ignora con siniestra alevosía que el gran capital no es sino una máquina de humanos que trabajan y producen para el bien de ellos y toda la sociedad.

En cambio los subsidios humillan, destruyen la iniciativa, a menos que sean usados para pobreza extrema o igualar oportunidades para los capaces.



La grave tragedia del socialismo no es el daño que le infringe a quienes lo padecen. Es el engendro de una cultura de dependencia, en la que la creatividad, las ideas, el impulso para mejorar, trabajar duro y con disciplina, desaparecen. Los resultados han mostrado una y otra vez la distancia entre el bello discurso igualitario y la realidad de una gran masa empobrecida, que ve como una camarilla se llena de privilegios. Al tener garantizada la existencia, y perder el acicate para progresar, el humano se acomoda en los sillones de la mediocridad.

A la minga

Saben Ustedes generar escritos y producir bonitos discursos de paz y entendimiento. Que distan mucho de las acciones en las que se involucran. No pueden pretender que olvidemos, que gracias a su última visita, la ciudad y el Valle estuvieron sitiados. La infraestructura de transporte público quedó destruida. Innumerables negocios fueron quemados. Hubo escasez de gasolina limitando aún más la movilidad de los ciudadanos. Enfermos murieron por falta de atención o insumos. Los niños en los orfanatos y los ancianos, pasaron hambre y dificultades. El 41% de las empresas cerraron. 6% de los negocios fueron vandalizados. El 8% de las empresas cerraron definitivamente. El desempleo por el paro, superó con creces al de la pandemia. Hicieron un gran aporte al sufrimiento de los más pobres.

Reconocemos que sus ancestros fueron apabullados y dominados por la Conquista Española. Es cierto que durante siglos padecieron un oprobioso dominio por el resto de la sociedad y que su cultura fue despreciada e ignorada. Pero qué tan atrás necesitamos ir en la historia, para resolver nuestros problemas y trabajar juntos como compatriotas? También es cierto que sus ancestros fueron hace siglos, invasores de estas tierras y que implantaron costumbres bárbaras y violentas, comparables a las de los conquistadores que los atropellaron.

Los atropellos del pasado han sido resarcidos en la Constitución del 91, en cuya redacción ustedes participaron. Allí se establecieron unos privilegios para los indígenas que no tienen el resto de los colombianos. Han recibido tierras y reciben millones del Estado en forma regular.

Ustedes manifiestan que quieren venir a hacer una “reflexión social” ¿Cómo reaccionarían si un grupo de caleños se va a sus tierras, les bloquea la libre circulación, les impide la llegada de alimentos, les limita la atención de los enfermos y les controla su vida? ¿Qué reflexión harían? Estarán tranquilos sabiendo que eso no va a ocurrir. Sería muy difícil integrar un grupo que disponga del privilegio, el tiempo y los recursos para salir de paseo reflexivo por el Cauca.

¿Quieren paz? ¿Quieren evitar confrontaciones? Quédense sus tierras. Las tienen amplias y abundantes. Trabajen. Demuestren que tienen ideas y capacidad, que su vasta cultura ancestral les sirve para generar bienestar para Ustedes y los demás. Sean ejemplo de organización y civilidad para el resto de los Colombianos. Hagan que nos den envidia y los admiremos, y los queramos visitar.

Sin necesidad de que se tomen la molestia de tan largo viaje, los invitamos a que nos ayuden con estas reflexiones, allá: ¿Cómo invierten los billones de pesos que el Estado Colombiano les entrega anualmente? ¿Cuál es la productividad de las extensas tierras que están bajo su dominio? ¿Qué aporte o esfuerzo hacen ustedes para disminuir la inequidad? ¿Por qué sus tierras han sido invadidas por narcotraficantes violentos, que atormentan a la comunidad, generando muerte y sufrimiento en su zona de influencia?




Creemos firmemente que es posible el entendimiento pacifico entre todos los Colombianos. Pero la candidez no nos da para creer que esas masivas movilizaciones que arman con tanta eficiencia, busquen ese objetivo.

Jubilados del mundo: Unios!

A sus 93 años Richard Attemborough ha hecho un documental* contundente y sobrecogedor. Es el testimonio de una larga vida dedicada a mostrarnos la naturaleza y la importancia de la biodiversidad. En su afortunada existencia recorriendo el mundo, da cuenta de cómo los humanos hemos pasado de 2.3 a 7.8 billones, duplicado la concentración de carbono en la atmósfera y acabado con el 65% de la vida salvaje.

Nuestra especie ha mostrado ser la mas inteligente, pero no la más sabia. Así como el acaparamiento de la riqueza por unos pocos lleva a sociedades inviables, homo poco sapiens ha arrasado con todo, en su afán de crecer y predominar. Seguimos cortando 15 billones de árboles al año. Hemos acabado con la mitad de los bosques. El 70% de las aves del mundo son domésticas. Somos, en peso, el 30% de los mamíferos y nos comemos el 60% concentrados en unas pocas especies. La sobrepesca de los océanos ha acabado con el 90% de las especies grandes. Los corales se transforman a esqueletos blancos. Hemos logrado derretir el 40% del hielo ártico y diezmar el 90% de las poblaciones de agua dulce.

Con imágenes y cifras indiscutibles nos muestra cómo, si seguimos adueñándonos del planeta, el futuro es tétrico. Escasa agua dulce, océanos ácidos, calientes y sin peces, tierras agotadas, clima impredecible, grandes áreas inhabitables. Han ocurrido 5 extinciones masivas. Estamos dando pasos acelerados hacia la sexta, esta vez en un acto de arrogante suicidio colectivo.

Pero también nos muestra cómo podemos revertir la destrucción. Es esencial parar el crecimiento de la población, la tala de bosques, regular la pesca, cambiar la dieta y convertir a energías renovables. El sol nos da 20 veces más energía de la que requerimos.

Demuestra que sí podemos reaccionar, con ejemplos contundentes. Costa Rica ha recuperado el 50% de sus bosques, Palau, implementando vedas, ha recuperado la pesca, Holanda, con tecnología, produce 10 veces más alimentos por unidad de terreno, Marruecos usa el sol para el 40% de su energía y está en camino de convertirse en exportador de electricidad solar. La ONU está por vedar la pesca de altamar.

Restaurar y respetar la biodiversidad es esencial a nuestra supervivencia. (“Rewild” es el término que implica rebobinar el respeto de lo silvestre). Si seguimos destruyendo el mundo natural al ritmo que lo hemos hecho, Attemborough nos advierte: esta especie se acaba. Las predicciones para el 2100 son casi apocalípticas.

Por qué es tan creíble e impresionante este testimonio? Porque viene de un personaje, que a sus 93 años se toma el trabajo de mostrarnos su vida dedicada a tomarle el pulso al planeta. Qué ejemplo para los viejos. Aunque somos los que más pronto nos vamos a extinguir, estamos llamados a usar nuestra experiencia y dar también testimonio, buscando sacudir a los responsables del destino de la humanidad.

Que los viejos hábiles y funcionales se entusiasmen y sigan el ejemplo de Richard. Se levanten de sus sillones y participen desde su capacidad, estimulando la reacción que tiene que ocurrir para que le quede un mundo vivible a los jóvenes. Jubilados del mundo: despertad y uníos. La humanidad os requiere!



*Netflix

Soñar ciudad

Los compromisos de COP 26 son valiosos y representan una comprensión por parte de los líderes del mundo de la magnitud del daño que está representando esta sobrepoblación de humanos queriendo disfrutar de un estándar de vida cada vez mejor.

Es simplón no suponer que todos, en la medida en que puedan, quieran tener acceso a las comodidades del mundo moderno. Y eso significa un consumo de energía cada vez mayor. Quedan pocas dudas: si seguimos basando el progreso en combustibles fósiles, volveremos el planeta una pesadilla.

Pero no basta que los líderes del mundo se comprometan. Si el resto del mundo, en todos los niveles, no es capaz de cambiar el modelo de vida tan uniformemente diseminado, no se va a lograr el objetivo.

Por eso a nivel local he propuesto Soñar Ciudad. Es la descripción de las transformaciones que podrían hacerse en una ciudad como Cali, si sus habitantes tuviesen la imaginación y la determinación para lograr cambiar su entorno y vivir una ciudad más amable y equilibrada.

La premisa fundamental, es reconocer que el carro, el automóvil, es un disparate. Nuestras ciudades se han transformado en pesadillas por la obsesión de construirlas, expandirlas y diseñarlas alrededor del carro.

El carro es un absurdo energético. Solo un 2% de la energía que consume se usa para mover el ocupante. La gran mayoría se usa para mover los mil a dos mil kilos de hierro y parafernalia.

Pocas personas piensan que cada que se montan en un carro toman un arma homicida y salen a recorrer las calles alegremente en busca de víctimas desprevenidas. Combinamos camiones enormes, buses, carros, bicicletas, motos y peatones. Asombra que no tengamos sino 40.000 accidentes y 7.000 muertes cada año. Este terrible hecho de violencia lo acepta la sociedad como parte de la vida. Cuando además le mezclamos nuestro bajo nivel cultural, que permite que personas sin instrucción ni educación, salgan a las calles a cometer todo tipo de violaciones, y a esto le sumamos un pobrísimo control policial, con un ineficiente sistema judicial, entendemos porque nuestros accidentes de tránsito matan 5 veces más por habitante y gasolina consumida que los países desarrollados. Pocos caen en cuenta que es tanta la capacidad de daño y muerte del sistema de transporte, que nos hemos tenido que inventar un sistema específico de aseguramiento para tratar de pagar la enorme cuenta en salud que esto representa.

Se argumenta que este es el precio que tenemos que pagar para movernos. Pero resulta que nuestras ciudades no han sido diseñadas para los carros. Con obras públicas pobres, inconsistente señalización y normas de tránsito violadas por doquier, no nos debe asombrar que nuestra productividad sea tan baja. Cuando la gente está bloqueada en la calle, no trabaja.

Podemos, desde el nivel ciudad, hacer una contribución a la revolución energética del COP 26? Y de paso evitar el desastre en salud pública,economía y movilidad ? Si, no es tan complejo, y ciertamente no consiste en armar protestas, que solo van a empeorar nuestra ineficiencia. .

Quien tenga interés puede leer el paso a paso de transformar la ciudad y los vehículos en http://bit.ly/soñarciudad.

Ciudad bloqueada

La pesadilla se está cumpliendo. Esta vez lentamente. Después de vivir la tragedia que significó sitiar la ciudad por dos meses con unos bloqueos criminales, nos estamos bloqueando lentamente por la congestión vehicular. La velocidad promedio de un carro en Cali, es de 16 km por hora.

Es un desastre que venimos construyendo gradualmente, mediado por la incapacidad de imaginar una ciudad en la que el carro no sea el principal actor del transporte.

No hemos tenido los recursos económicos, ni el desarrollo en ingeniería civil, ni la honradez, para construir una infraestructura vial razonable. El MIO no fue solución porque partió de un concepto equivocado, fue ejecutado con desmaña y su operación y aceptación por la comunidad han sido muy pobres.

El resultado ha sido el sálvese quien pueda, con motos suicidas, reciclaje de carros viejos para el transporte informal, y un apurado esfuerzo de la clase media para hacerse al anhelado carrito. Los cálculos están hechos. A este ritmo no está lejos el momento en que las calles estén tan copadas que nada se mueve. Excepto las motos por los andenes atropellando peatones. Las vías convertidas en un inmenso parqueadero de carros pitando por avanzar unos pocos centímetros.

Tenemos que ser capaces de soñar una ciudad distinta. Siendo pequeña, mayormente plana y con un clima benigno, el principal medio de transporte debería ser la bicicleta, motoneta o carro eléctricos. Que ocupen menos espacio, no contaminen y no maten. Que no requieran grandes e irrealizables obras viales para solucionar cruces. Un vehículo de esas características se puede fabricar enteramente en Colombia, estimulando la economía y parando la exportación neta de riqueza que significa la solución existente de importar todo lo que se mueve. El carro eléctrico es menos complejo y se ahorra miles de piezas del convencional. Por algo Tesla vale hoy un trillón (US) de dólares. Si se logra orientar el esfuerzo de ingenieros locales a fabricar un vehículo liviano (sin latas), simple mecánicamente, pequeño, y se pone a circular en vías exclusivas en las que nada se mueve a más de 30 kms por hora, podríamos aproximarnos a una ciudad vivible y amable, en la que la gente pueda llegar a su destino en un tiempo razonable, sin el prospecto de perder la vida en el intento.

La transformación de la ciudad tiene que ser gradual y siguiendo una planeación con una lógica muy distinta a la actual. Desarrollo vertical en las vías de eléctricos y bicicletas y barrios pueblo con todos los servicios para reducir la necesidad de recorrer trayectos largos. Evolucionar hacia un concepto de ciudad sin polución, sin ruido, sin accidentes mortales en la que la vida no transcurra en un cajón de hierro lleno de comodidades costosas, requiere tumbar paradigmas muy afincados en las mentes. Muchas ciudades europeas lo están logrando, y han demostrado que no es una utopía. Igual que con el cambio climático, no tenemos alternativa. O seguimos empecinados en recorrer el camino hacia el desastre en nuestros ineficientes, contaminantes, peligrosos y costosos vehículos o aceptamos las necesarias transformaciones que requerimos como sociedad y ciudad para seguir siendo viables.