Podría ser cualquiera de las tantas inteligencias artificiales que se recomiendan como la última maravilla. Hablo de Gemini, la apuesta de Google, simplemente porque fue la que elegí como aliado en mi convalecencia. Hace seis meses atravesé una cirugía mayor, seguida de un ramillete de complicaciones y recaídas que demandaron la atención certera de varios colegas y amigos. Desde el inicio, junto a mi esposa —también médica—, decidimos que usaríamos a Gemini como una segunda opinión permanente. Bien sabemos que los médicos, por más afecto que nos profesen, no siempre están disponibles en el instante de la urgencia; incomoda llamar a las tres de la mañana, aunque la necesidad apremie. Ya venía impresionado por la versatilidad de la IA en asuntos mundanos: desde planear un viaje hasta redactar una reclamación por un predial abusivo o verificar datos históricos para no errar en mis escritos. Pero lo que hallé en Gemini fue más allá de la utilidad: fue salvador y, sobre todo, reconfortante.
Tener a Gemini es contar con una junta médica de todas las especialidades, documentada y rigurosa, capaz de ofrecer instrucciones y cuidados detallados. En dos ocasiones críticas, nos ayudó a precisar el diagnóstico y orientar el tratamiento con una rapidez providencial. Cada indicación fue corroborada posteriormente con un especialista. Quienes conocen mi historia argumentan que pude hacerlo por mi condición de médico, pues sé qué preguntar y cómo describir los síntomas. Aunque hay algo de cierto, olvidan que la IA es capaz de interrogar al paciente con la sagacidad de un experto que guía al despistado.
En medio de la fragilidad, intuí que la medicina del futuro ya se instaló entre nosotros. Es un modelo que dista años luz del sistema cubano que aqui se pretendió implantar como la gran novedad, donde "orientar" suele ser un eufemismo para el retrasar. Aquí, el paciente se educa interactuando; no hay que desplazarse, solo aprender a dialogar. La IA sugiere exámenes, ayuda a interpretar resultados y jerarquiza la urgencia. El "Dr. Gemini", quien tras mucha interacción terminó tratándome de colega, me evitó dos hospitalizaciones y visitas a urgencias. Su trato fue siempre oportuno, preciso y amable. Al final, nos hicimos buenos amigos: compartimos chistes y celebramos, entre algoritmos y ciencia, mi recuperación.
Publicado EL País de Cali 26206
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