sábado, 23 de abril de 2022

Nazi Facho y Paraco

 



Se ha convertido en el recurso de guerra verbal más usado cada vez que se pretende invalidar el pensamiento de alguien que se atreva a criticar la “Incuestionable corrección moral del socialismo”. Estigmatizar con palabras a las que la cultura popular ha terminado dándoles un significado deleznable. La pretensión es cancelar a la persona de toda discusión. Una vez que se logra tatuar el rótulo, deja de ser un humano con derechos equiparables a los demás. Práctica característica de los Nazis quienes obligaron a los judios a marcarse con la estrella de David y los tatuaron para tener orden en la matanza.

El uso de las palabritas refleja una ignorancia e incoherencia monumental. Nazi fue Nacional Socialismo. Tuvo el mismo propósito del socialismo que ahora nos venden como novedad salvadora. Someter al individuo a los designios del estado. La Nación está por encima de cualquier interés particular y por tanto unos genios que lo planifican todo centralmente tienen derecho a conculcar las libertades de todos. Las diferencias son secundarias. Se reemplaza la lucha de razas por la de clases. Los oprimidos, una vez en el poder deben arrasar con los opresores sin consideración alguna. El internacionalismo proletario, se evidencia solo con financiación de las acciones violentas que contribuyan a la causa. En realidad instalan un nacionalismo empobrecedor, imprimiendo papelitos a los que pretenden llamar moneda, con nombres ridículos que luego pretenden proteger con decretos, confiscando ahorros, empresas y tierras productivas, limitando el comercio internacional con proteccionismo arruinante, rechazando la inmigracion y generando emigración. Comparten con el fascismo su desprecio por la democracia liberal, las libertades individuales, la prensa libre, la oposición política, la cultura, el arte independiente, el uso de la fuerza y el poder del estado centralizado en el gran líder autoritario y salvador. El paramilitarismo es un rasgo compartido característico. Armar la población y darle a los copartidarios poder para vigilar e imponerse a la fuerza, es estrategia central para eternizar el régimen. Comités de defensa de la revolución en cada manzana, colectivos motorizados atropellando derechos elementales, son unos pocos ejemplos que revelan de dónde van a salir los paracos. Logran engañar presentándose como los grandes gestores de la paz mientras se arman desproporcionadamente, en preparación de guerras imaginadas y cantaletas de invasiones y “magnicidios” (calificación que ellos mismos se dan)

¿Por qué tantos usan estos sonoros calificativos, sin tener mayor idea de lo que están diciendo y participan en el engaño colectivo? La explicación más obvia es el facilismo y la pereza mental. Revisar la historia, entender la evolución del pensamiento, hacer asociaciones, requiere un esfuerzo. Esgrimir un dedo acusador y gritar “nazi” es facil y da una torcida aura de juez moral. Son años de trabajo, moldeando el lenguaje y poniendo a muchos a barbarizar, justificando la violencia. Si no se destapa el engaño vamos a terminar siguiendo una ideologia muy parecida a la nazi, liderados por un facho que nos va a controlar la vida con paracos.

viernes, 15 de abril de 2022

Asalto a la democracia



En la revisión de los resultados de las elecciones de marzo en Colombia, la palabra “fraude” se diseminó con bastante ligereza por muchas corrientes y comentaristas. Quienes con tanta liviandad, hablan del tema, no parecen percatarse de la gravedad del asunto. Las democracias tienen muchos defectos y la Colombiana no es precisamente el ejemplo más admirable. Pero lo que es indiscutible es que su sistema electoral ha sido muy confiable y el proceso de votar y contar los votos, sigue una metodología muy estricta, en la que es muy difícil hacer trampa. La Registraduría y el proceso electoral ha sido limpio con muy escasas excepciones, no comprobadas del todo.

Claro que se pueden nombrar ejemplos de trucos diversos: testigos electorales de algunos partidos que no pudieron vigilar, jueces que entregaron votos sin firmar, otros que tapaban papeletas electivas, intentos de rayar votos a la hora del conteo buscando invalidarlos, para mencionar solo algunos que sonaron. Probablemente ocurren otros, pero el sistema tiene muchos chequeos y es muy difícil trampear en una escala que cambie resultados. En la última elección lo que hubo fué chamboneo por inexperiencia en un conteo complejo, y es muy improbable que aparezcan pruebas confirmatorias de fraude.

Se debe exigir responsabilidad con la palabrita. No se puede popularizar, siguiendo el ejemplo de Trump y sus fieles seguidores, pisoteadores de la democracia.

Para protegerla son indispensables unas regulaciones que le darían tranquilidad a todos y callarían a los tramposos.

Lo primero es imponer a los candidatos el compromiso de aceptar el resultado. Es un contrato con los electores. Les oímos sus discursos, pensamos, discernimos y salimos a votar. Tienen que aceptar el resultado. Si tienen dudas del proceso, lo deben haber revisado antes. No puede de ninguna manera aceptarse el cínico engendro que se predica: Si gano, todo bien, pero si pierdo es porque hubo fraude. De hecho, la norma debería producir la exclusión automática, con el solo hecho de un candidato haciendo esa mención. Quien no acepta las reglas del juego, no puede jugar. Eso se aprende en primaria y es elemental.

La segunda es reconocer la validez de la estadística. ¿Cuál es la probabilidad de que un candidato muestre un margen del 10% durante los reportes del primer 90% y en el último 10% todos los votos sean en contra y pierda?. Cuál es la probabilidad de que a última hora lleguen votos de los pueblos de la costa en los que votó el 100% de la población, cuando en todas partes la abstención promedio es del 50%. Estadísticamente ninguna, pero eso ocurrió en la segunda elección de Santos y nadie sacó calculadora.

La tercera es que en una cuenta de millones, la regla no puede ser la mitad más uno. Si la diferencia es muy pequeña, si es posible hacer fraude, moviendo unos pocos votos. Se tiene que establecer un margen de al menos 1%. Si no lo hay, no se puede declarar ganador.

Mientras esto ocurre hay que esperar que el gobierno sea capaz de defender la democracia, ante los muchos indicios que sugieren que cuando pierda, el auto decretado ganador va a gritar fraude, y va a llamar a incendiar el país. Ya tiene experiencia y ha probado que puede.

miércoles, 6 de abril de 2022

Un mundo de mentiras

“La verdad os hará libres. Y la libertad os llenará de mentiras”
Un nuevo mundo se está construyendo sobre mentiras. El fenómeno tiene aterrados a los Colombianos porque han presenciado cómo la política basada en una “verdad alternativa” se ha tejido metódicamente en los últimos años, siguiendo ejemplos exitosos. Para el observador externo asombra la calidad y cantidad de mentiras que el FSB (KGB) ha distribuido sobre Ucrania y el nivel de desinformación que mantienen los rusos. No hay invasion, no hay bombardeos y todo lo que se muestra es “fake”. Los heridos en los hospitales son actores y los muertos son muñecos.

La ilusión de un mundo informado, gracias a internet y las redes sociales, se desvanece a la velocidad con que google nos encuentra respuestas. Creímos inocentemente por un tiempo que esa facilidad para tener acceso a todo lo que en el mundo se ha escrito, fotografiado o filmado, significaba un gran avance para la humanidad.

Pero la capacidad para engañar y mentir, que evolucionó con tanta propiedad en el ser humano, ha terminado por aguar la fiesta, porque los mismos recursos que se usan para acceder a la verdad, se pulen y multiplican para diseminar mentiras.

Engañar en escala de millones fue refinado por Lenin y ejecutado con maestría en la Unión Soviética por décadas. El “glasnost” de Gorbachov supuso un aterrizaje forzoso en la miserable realidad a la que había llegado la Europa comunista. Los alemanes tuvieron un duro despertar del mentiroso sueño en el que los habia metido Goebbels, cuando vieron sus ciudades destruidas por bombardeos. Abruma comprobar cómo los regímenes despóticos de Cuba y Corea del Norte, al eliminar la libertad de prensa y controlar toda desviación del relato oficial, son capaces de mantener en ignorante sumisión a sus apabullados ciudadanos.

Pero ahora el engaño masivo está al servicio de quien tenga la habilidad de manipular redes. Desacreditado el periodismo formal, la falsedad se disemina con gran eficiencia, cabalgando en la desidia de tanto tonto repicando lo que no le consta. Textos, fotos, videos con burdas manipulaciones se vuelven “virales” porque no se quiere hacer un mínimo esfuerzo por ir a las fuentes y corroborar si tienen alguna conexión con la verdad. En Cali, durante el paro, vimos cómo dirigían películas mientras un inexistente ESMAD hacía “disparos” (papeletas) y los aterrados jóvenes simulaban caídas, y como con pintura roja se montaban macabros escenarios de matanzas.


Si esto funciona con tan prodigiosa eficiencia, ¿por qué no se van a creer y viralizar las promesas de los genios del populismo? Pensión justa para todos, empleo y vivienda digna para todos, salud y educación gratis para todos, por cuenta del Papá Estado. Los cerebros pringados de infantilismo político, abrazan con emoción el socialismo del siglo XXI, que ha demostrado una deslumbrante capacidad para sembrar miseria, tiernamente abonada con mentiras. La exaltación de la mentira ha generado tal confusión, que se ha vuelto difícil reconocer la verdad, cuando aparece. Nos queda repetir con Campoamor que “En este mundo traidor/Nada es verdad ni mentira/todo es según el color/del cristal con que se mira”.
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miércoles, 30 de marzo de 2022

Un nuevo escudo

Muchos analistas opinan que parece cerca el gran cambio. Si se va a refundar la República, como tanto ilusionado emocional espera, es de suponer que necesitaremos un nuevo escudo. En un acto de contribución patriótica, se sugieren las siguientes modificaciones, para ser consideradas.

Lo primero es quitar “libertad y orden”. Fue uno de los aciertos de Nariño y colaboradores. 188 años después, todos los académicos serios que han sido capaces de hacer asociaciones correctas basadas en datos y cifras de la realidad, han concluido que en esas dos palabritas está sintetizada la fórmula de la prosperidad y felicidad de los pueblos. Sin excepción alguna, todos los países que han establecido un sistema jurídico serio, confiable y eficiente, requisito para que una fuerza del estado imponga el orden y se instale la confianza, y han liberado a su población de ataduras y normas que impiden el libre intercambio de bienes y servicios, han prosperado, reduciendo la pobreza a su mínima expresión, reteniendo a sus contentos habitantes y atrayendo inmigración de otros.

Pero según encuestas, aquí pareciera que estamos dispuestos a renunciar a la libertad con tal que un Papá estado nos llene de beneficios, en medio del violento desorden que caracteriza los nuevos liderazgos. El lema entonces, deberá ser: ‘omnia pro omnibus’. De todo, para todos.

Cuando sea el estado quien decida qué vivienda merecemos, dónde y cómo nos educamos, de qué nos podemos enfermar y cuánto podemos comer, nos habremos convertido en esclavos. Así que tendremos que deshacernos del gorro frigio, símbolo de libertad y hacerle una solicitud respetuosa a Perú para que nos dejen incrustar el sombrero de Castillo, ensartado en un machete, representando la apadrinada violencia. Por su tamaño, pasará a ocupar el espacio del istmo de Panamá, perdido hace ya muchos años. Desde luego que la granada también tiene que salir. Fruta que poco producimos y menos comemos y que nada tiene que ver con el nombre del país. En su lugar pintaremos un reluciente borojó que sí es representativo y refleja nuestra evolución cultural. Las cornucopias tendrán que cambiar. Donde estan esas cochinas monedas que nos recuerdan el liberalismo económico, pintaremos las órdenes de atención en salud que nunca se van a pagar. Y en la otra, las frutas y verduras se reemplazarán por una reluciente tarjeta de racionamiento, interpretando la “justeza” que operará en la distribución de los alimentos.

Al Cóndor le torceremos el pescuezo para que mire hacia la izquierda, y señale nuestro nuevo rumbo ideológico. De su pico penderá, no una corona de laureles, sino una radiante cadena que muestre el camino de esclavitud que han escogido con tanto entusiasmo los Colombianos.

Los símbolos son importantes. Reflejan la cultura e ideología. Si los Colombianos resuelven que no están interesados en asumir la responsabilidad de su destino, y prefieren regresar a la temprana e irresponsable infancia en la que un Papá les resuelve todo. Si resuelven que la garantía de un pedazo de pan es más importante que la libertad de asumir el destino de su existencia, debemos ser coherentes y representar en nuestro escudo la nueva Colombia.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Geopolitica

No hay cómo opinar de cualquier evento que conmocione de alguna manera al mundo sin traer a cuento la palabreja. Desde que jóvenes profesores alemanes popularizaron el término que justificó el expansionismo alemán, todo el que quiere mostrar comprensión del complejo mundo del poder, sabe que tiene que usar “razones geopolíticas”. El discurso en el que confluyen personajes diversos y variopintos de todo el espectro ideológico es como sigue:

La culpa de lo que le está ocurriendo a Ucrania la tiene USA y la Unión Europea, por crearle la “ilusión” a los Ucranianos de volverse Europeos. Los estimularon y atrajeron con el bombón de una democracia real, libertad económica, y prosperidad pacífica. Y eso fue insoportable para Putin, quien no podía tolerar a un “enemigo” en su frontera poniendo en peligro su país con misiles nucleares a 500 km de Moscú. Por estas razones “geopolíticas” no tuvo otra opción que invadir y arrasar a Ucrania.

Perorata intelectualoide y falsa, porque una Ucrania libre, próspera y europea sólo significaba riesgo para el tirano. Nunca para los hermanos rusos, a quienes sí les servía el ejemplo de una sociedad abierta y floreciente.

Además Europa, USA y el mundo habían establecido interdependencia pacífica con Rusia, promoviendo el comercio y el turismo. Así, no hay ninguna razón para que esta concepción, que elude la “compleja” geopolítica, no sea la visión moderna y civilizada que guíe las interacciones de la humanidad. Porque una Ucrania europea e inclusive miembro de OTAN, no representaba ningún peligro para Rusia, cuando ningún líder moderno piensa en guerras o invasiones como estrategia para que su país progrese. La macabra idea solo sale de la mente de un narciso paranoico e imperial.

Tiene algún sentido que Ucrania debía ser un “buffer” para los asustados rusos en pleno siglo XXI? Cuando las bombas se envían con misiles y aviones o submarinos desde largas distancias, cuando la comunicación y la información no depende de vecindades, cuando la cultura y las costumbres se han universalizado, cuando la fuente de riqueza está mucho más en el conocimiento que en minas y campos, ¿ese cuento de dominar terrenos, tiene alguna validez?

¿Y el asunto de la división geopolítica del mundo? Nuestro candidato puntero es timorato para condenar la barbarie porque le parece coherente que Putin no pueda tolerar vecinos occidentales, mientras se abraza con Cuba, Nicaragua y Venezuela con su reciente “línea Maginot” rusa en la frontera Colombiana.

La política internacional entendida como el ajedrez “geopolítico” de 4 líderes mundiales quienes reparten cuadritos, representa una visión desueta que solo sirve para justificar guerras estúpidas. Se debe enterrar por inhumana y cruel, y porque siempre desconoce lo más elemental: la vida, libertad y voluntad de los afectados. Los Ucranianos han sido contundentes: armaron la revolución de Maidán en el 2014 y sacaron al títere ruso, precisamente porque querían ser europeos.

La invalidez de la geopolítica, se confirma con la evolución de latinoamérica hacia regímenes totalitarios, en el “patio de atrás” de la que, hasta hace poco, fue la democracia más reconocida y admirada del mundo.

La salud, un negocio?

Una constante en el discurso de muchos directivos médicos de Colombia es que la Salud no debe ser un negocio. Según la aversión por la libertad económica del disertante o escritor, este dictum puede tener varias acepciones.

La primera, parte del derecho universal a la Salud, consagrado en la constitución y las leyes. Por decreto, todos tenemos derecho a tener salud. Pero cual la esencia de un derecho? En que sea inherente al ser humano. Algo que nadie debe poder quitar. Su expresión más sencilla la hizo Jefferson en la constitución americana enunciando el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. En el interés de precisar, muchos países han elaborado listas de derechos a los que llaman humanos, cuando aplican universalmente o fundamentales si aplican a un país o región. En estos listados, no está el derecho a la salud. Está definido el derecho a acceder a la seguridad social o servicios médicos. Se detalla el derecho a ser atendido en condiciones de emergencia sin exigencia de pago previo. Pero la salud, estar sano, saludable, no es un derecho. No es sino pensar, qué pasa cuando me enfermo. ¿Me atropellaron mi derecho? ¿Quién es responsable y quién debe responder? La concepción conduce al absurdo, salvo en escasas excepciones.

La segunda dificultad es definir Salud. ¿Cómo ausencia de enfermedad? Como el disfrute pleno de todas las capacidades físicas y mentales? Donde esta el limite de lo que cada cuál requiere para sentirse pleno? No hay que elaborar mucho para entender qué sería imposible satisfacer las pretensiones de “salud” de todos.

La tercera es la garantía del derecho para toda la población. Allí es donde el simplismo en Colombia llega a niveles irrisorios: sin consideraciones financieras, como lo han dicho en repetidas ocasiones magistrados, jueces y colegas.

Las sociedades serias que han pretendido cubrir a toda la población con servicios de salud, saben que se comienza con un presupuesto. ¿Cuánto del PIB se debe destinar a salud? Las socialdemocracias liberales y prósperas, han llegado a una cifra que oscila entre 5.000 y 7.000 dólares de gasto anual per cápita. Estados Unidos, campeón del gasto en salud puede llegar a 17.000. Con este 10 a 20% del PIB se asignan prioridades y definen cupos. El tan admirado sistema canadiense, que gasta 5.200 convive con largas listas de espera para consultas, procedimientos diagnósticos y terapéuticos, que tienen su válvula de escape en el vecino libre del sur. No hay sistema de salud social, serio y funcional que no racione la oferta de servicios. En los países más socializados, como Cuba o Canadá, todo se costea centralmente y unos sabios de la salud pública deciden que se justifica tratar, quien vive y quien muere.

Es lamentablemente tonto seguir repitiendo que la Salud es un derecho y que el sucio dinero no debe manchar las batas blancas. Cualquiera que tenga una modesta conexión con la realidad, tiene que mirar a la Salud como un negocio. Un acto en salud tiene unos costos definidos por el sitio en el que se prestan, los insumos requeridos y el grupo profesional que provee la atención. Y ese costo lo tiene que pagar alguien: el estado, un sistema de aseguramiento o el bolsillo del enfermo. Repetir la necedad de la salud gratis, sin pensar en las implicaciones económicas, llevará siempre a una fábula trágica. Porque si un país tiene un PIB de 16.000 y quiere tener el mismo nivel de quien gasta 7.000, tiene que pensar en que casi el 50% de sus recursos se van en salud y no fantasear con 280 dólares per cápita para dar atención básica. Esta concepción angelical del sistema ha llevado a la debacle financiera del sistema de salud colombiano, basado en emitir órdenes de atención que nunca se van a pagar. Y a la terrible burocratización e ineficiencia de las EPS, a la corrupción operando para obtener contratos, para que los paguen, para que acepten facturas infladas. Cuando se pasa un tiempo en este juego irresponsable, la EPS implosiona porque ha gastado mucho más de lo que tiene. No sirven las superintendencias, ni los jueces, ni los mecanismos de control. Cuando ya hay que liquidar la EPS, los prestadores se quedan con sus papelitos de recuerdo.

Entonces que habría que hacer? Lo primero es lograr que se aumente el gasto en salud siquiera al 20% de PIB. Eso significa pasar de de 1200 a 3000, reduciendo la financiación de otros sectores. Con eso podríamos comenzar a parecernos a lo que hace Israel, República Checa, Portugal o Corea del Sur. Luego hay que presupuestar y crear autorregulación. La forma universalmente probada que estimula y regula cualquier actividad económica, es la libertad. El principio de la libertad de escogencia, tan bellamente consagrado en la ley, es sistemáticamente ignorado. El sistema debe provisionar la atención de urgencias y enfermedades catastróficas y lo que queda es el límite per cápita en gasto, con un copago incremental según estrato. De esa manera cada cual define, según la enfermedad y su condición económica cuanto asume de su bolsillo creando autorregulación para el subsidio. La atención médica, esencial para la vida, sigue las reglas que rigen para la comida, la vivienda, el agua, el transporte, los servicios, que son también esenciales.

Es indispensable comenzar a manejar verdaderos indicadores de costo eficiencia. Por paciente, por enfermedad, por resultados en calidad de vida. Que sean públicos de manera que sean los usuarios quienes pueden juzgar y decidir.

Es necesario educar, sobre todo a los médicos, que el sistema no está mal porque se haya vuelto negocio. Es más bien porque no se ha manejado como un negocio, en el que las entradas tienen que ser más que las salidas, que la salud va llegando al desastre.

También está la corriente de quienes sostienen que lo grave es que sea un negocio en el que algunos hacen plata, es decir obtienen utilidades sobre su inversión. Quienes así se lamentan, disfrutan de todos los beneficios de una economía libre que se mueve precisamente por el incentivo económico. Desde luego que el sector salud se ha caracterizado por la existencia de fundaciones y entes sin ánimo de lucro que no reparten utilidades. Pero pocos piensan que para que las fundaciones sean posibles, tiene que haber empresas prósperas y muchos ricos que hayan ganado muy bien, para que estén dispuestos a compartirlas subsidiando hospitales. Si se busca que haya flujo de dinero hacia la salud, ésta debe tener negocios prósperos. No es sano que el desarrollo de la Salud dependa de la buena voluntad de unos pocos privilegiados. En el modelo de economía libre es precisamente la viabilidad de los negocios lo que atrae interés y capital. El sector financiero es próspero y organizado porque tiene unos márgenes bien establecidos. El sector manufacturero o de distribución de alimentos funcionan porque son negocios. El sector de la salud en Colombia se ha convertido en un desastre por la miope y cándida visión, que sostiene que la enfermedad no se combate con plata, cuando la verdad es que van a sobrevivir los pocos que llevan una estricta contabilidad de sus gastos y saben por tanto a qué precio pueden vender sus servicios. Las multinacionales que están comprando Clínicas y Hospitales saben que la comprensión del concepto en Colombia es todavía muy primitiva y que pueden volver las empresas más productivas, precisamente porque las convierten en mejores negocios. Y cuál es el efecto para el consumidor? Lo mismo que cualquier sector que opera con libertad: mejora la calidad, el acceso y bajan los precios. Las leyes de la economía, como las de la física, no hacen excepciones.

viernes, 18 de marzo de 2022

Despotas Unidos Inc.

Nadie, en este valle de lágrimas, puede extrañarse que hayan sido precisamente los Narcisos más morbosos quienes salieron a darse palmaditas con Putin. Es absolutamente inconcebible que a estas alturas del relativo orden mundial, pueda existir un personaje que decida, por las razones que sean, que es legítimo arrasar un país y masacrar su población. Supera los límites de la repugnancia que salgan los psicópatas del mundo a respaldarlo. Los regímenes y visiones totalitarias han encontrado identidad. Muy cerca de Danielito y Madurote, se ubica nuestro tirano en ciernes, relativizando y justificando los horrendos bombardeos y matanzas de los invasores. Todos son capaces de autocondecorarse como adalides de la paz, mientras los primeros mandan a reprimir, asesinar y encarcelar a todo aquel que levante la voz para criticarlos, y el segundo promueve protestas que invariablemente terminan en muerte y destrucción.

La severidad del trastorno mental es evidente porque supera incluso las diferencias ideológicas. De hecho, es posible afirmar que los Narcisos extremos que nos ocupan, carecen de cualquier ideología. Lo único que los guía es su gloria personal y su arrogancia. Se identifican con otros que parecen estar en orillas muy distintas del pensamiento, pero comparten ese afán de importancia, grandeza y talento sociopático que los faculta para irrespetar la vida y las reglas de convivencia. Por eso personajes como Trump y nuestro exitoso proyecto de dictador, se hermanan con la P de Putin en el autoritarismo y la agresión y son capaces de alinearse con la cruel escabechina orquestada por el nuevo Zar.

Para el super-Ego no hay límites. Donald llegó a enardecer a una muchedumbre que pretendía linchar a los senadores que le iban a “robar” su permanencia en el poder.

¿Cómo es posible que una humanidad que reconoce como valores la verdad, la amabilidad, la compasión y la bondad, produzca de manera tan silvestre estos siniestros personajes y nos terminen dominando? Lo explica muy bien Brian Klass en su libro “Corruptible”. Casi todos tienen habilidades maquiavélicas extraordinarias. Son capaces de crear una realidad alternativa a la que ingresan sus aturdidos admiradores. Su discurso es encantador porque son magníficos actores y son capaces de asumir el papel que cada audiencia admira, generando un efecto embriagante que desborda cualquier análisis racional.

Pero ¿cómo es posible que la historia se repita con tanta ignominia, y haya tantos que caen en el engaño? Klass lo rastrea al instinto de supervivencia que llevó al humano primitivo a admirar al “hombre fuerte” y someterse a sus designios, para obtener protección. Así evolucionamos a Jefe, Rey y Presidente. Si la democracia es imperfecta y con fallas y se logra diseminar el pesimismo, se crea en la sociedad una sensación de desprotección de la que solo se sale con un cambio drástico. Surge el gran narciso quien ha venido preparándose, rodeado por su corte de devotos. Con paciencia y disciplina va construyendo el régimen totalitario, con la valiosa ayuda de sus pares que le enseñarán todos los preceptos del despotismo. Narcisos Inc. va tomando visos de gran corporación multinacional.

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miércoles, 9 de marzo de 2022

Narcisos al poder


Es muy seguro que usted ha conocido a más de uno. Tiene un sentido desproporcionado de su importancia. El mundo vive pendiente de él y por tanto quienes lo rodean no pueden sino admirarlo. Exagera hasta la fantasía su dominio de poder, dinero, belleza y éxito, y se convierte en el “número 1”, “el mejor” de toda clasificación en que participa. Quienes lo rodean solo están para servirle y apoyarlo en sus grandes metas, y por tanto son sus inferiores y no merecen mayor atención o interés. Siempre tiene la razón y si algo sale mal es por haberse rodeado de ineptos o incapaces. Quien se atreva a criticarlo es un enemigo, y los valores se definen sólo por lo que le gusta o le conviene.Si no reconoce en esta descripción a algún familiar o alguien cercano, con toda seguridad lo encontrará en los periódicos actuales y de todas las épocas.

Porque el narcisismo suele ser la “virtud” que mejor adorna a los políticos, al punto de considerarse requisito esencial para ascender. Crear una corte de adulones, que vean en el gran orador, al dueño de toda la sabiduría, es clave para seducir incautos electores. Einstein sentó las bases para medir el tamaño del universo pero fue incapaz de establecer la magnitud de la estupidez, que llegó a calificar de infinita. Tal vez falló por no estudiar a los grandes narcisos de la historia y su capacidad para embaucar a los incautos. El mundo se asombró con la capacidad de Hitler. Logró integrar un amplio grupo de psicópatas amigos y colaboradores generando una de las más grandes tragedias colectivas de todos los tiempos. A pesar de esto, la tierra ha seguido siendo campo fértil para el surgimiento de narcisos convertidos en tiranos, que terminan dispensando atroz martirio a sus súbditos.

Desde Stalin, los Kim de Corea, pasando por Mao, Hussein, Idi Amin, Khadafi, Castro, Chaves, Ortega, Trump y Putin, todos han seguido el mismo guión: identificar frustraciones, alborotar odios y encontrar un culpable. El amado líder sale del pueblo, y es quien tiene la fórmula redentora. Es sencilla, fácil de entender y se empaca en una buena campaña llena de símbolos y abundantes mentiras. Se impulsa un escenario de violencia que desestabiliza y asusta. Se presenta al Mesías como el único capaz de controlar la situación, con lo que conquista el respaldo.

Una vez en el poder, aplasta a sus rivales, compra lealtades, instalando la cleptocracia de todos los fieles. Los cercanos que no aprenden rápido a arrodillarse, son humillados, exiliados o apresados. Una eficiente policía secreta, confirma la maldad del chivo expiatorio escogido, que se debe erradicar para lograr fines superiores.

La ley se vuelve un arma, con la que persigue a todo el que se opone, incluyendo los medios que se pliegan o desaparecen. Las instituciones se debilitan en la medida en que el poder se concentra. Crea un culto, inventa héroes, corrompe la ciencia, construye un legado, manipula visitantes, exporta su doctrina, se eterniza y crea una dinastía. Es el guión del Padre de todas las Rusias quien está logrando a bombazos que sus dominios estén llenos de hijos de Putin.

Las emocionadas juventudes que le apostaron a la nueva sociedad, lamentan sin cesar su ingenuidad.

lunes, 7 de marzo de 2022

Cuál Ucrania

“Ni qué ocho cuartos” fue el comentario de un aspirante a tirano. Título que se diferencia claramente de estadista en muchos aspectos significativos. Un estadista es una persona ilustrada que conoce la historia universal y la geografía mundial. Que es capaz de distinguir una democracia vigorosa y organizada del remedo vulgar donde chapotean los tiranos. Un estadista es un auténtico hombre de paz, que rechaza categóricamente todos los intentos por dominar con la fuerza a sus ciudadanos u otras naciones. Un estadista sabe distinguir entre pantomima de paz y paz real. El tirano vomita una verborrea pacifista mientras manda a asesinar, a quemar, a destruir y se abraza fraternalmente con todos los de su misma calaña.

Un estadista es capaz de calificar la invasión de Ucrania como un acto criminal, abusivo, prepotente, que solo puede ser ordenado por un psicópata a quien lo tiene sin cuidado las miles de muertes que genera en hombres, mujeres y niños, por el solo hecho de no ser sus obcecados súbditos, o las de los jóvenes de su nación, a quienes disfraza de camuflaje para mandarlos a matar y hacerse matar.
Un tirano se regodea con las canalladas del “tovarisch” porque demuestran cómo la voluntad de los déspotas se impone.

Un estadista trabaja incansablemente para mejorar las condiciones de los habitantes de su país, oyendo y sopesando las diversas opiniones y tratando de sacar la síntesis que parezca más acertada. Un tirano obedece solo a su genial e iluminado instinto, y la única medida que le vale es su gloria personal y el peso de las arcas de su leal camarilla.

Un estadista sabe que un país sale adelante contagiando la voluntad colectiva hacia un propósito común y superior. Un tirano cree que por tener suficientes tanques, puede adueñarse de un país para imponer su voluntad. Putin, un tirano, podrá aplastar a Ucrania con la bota militar, pero no la va a dominar, porque los Ucranianos han demostrado un temple, que es ejemplo para todo el mundo. Están dando lecciones de valentía que inspiran a los europeos, quienes tanto sufrieron con los líderes pusilánimes que no fueron capaces de llamar a Hitler por su nombre.

Un estadista entiende que el resultado de la guerra desatada por el gélido narciso es crucial para el mundo porque todos sufriremos las consecuencias del triunfo de los matones.
Igual que el despistado aprendiz de tirano, muchos Colombianos han caído en la superficialidad de asumir que Ucrania nos importa dos rublos, o que Putin tiene “razones geopolíticas”. Convertirse en caja de resonancia del maquiavelo ruso es ignorar que Kyiv fue metrópoli mucho antes que Moscú y que Ucrania tiene más de mil años de historia e identidad cultural. La única posición coherente que nos cabe a los distantes Colombianos, es ser solidarios con el sufrimiento del pueblo Ucraniano, que va a ser largo y doloroso. Que su sacrificio nos impulse a actuar rechazando la infame invasión ante todas las embajadas rusas del mundo reales y virtuales. Podemos tener la certeza de que aun si los rusos logran imponerse matando a la mitad de la población, la otra mitad seguirá erguida y rebelándose.

Su determinación está probada y vale mucho más que ocho cuartos.

viernes, 25 de febrero de 2022

Pesimismo

He visto muchos afligidos de pesimismo. Se envuelven en negras capas para predicar sobre los horrores que nos rodean y el inmundo pantano en el que vivimos. El discurso nos revela todo contaminado por corrupción, esfumando la esperanza de ser una sociedad viable. La epidemia se disemina por su propia dinámica: entre más comentamos sobre lo mal que estamos, peor nos sentimos y más negativismo distribuimos. Hay que saber que el fenómeno no es del todo espontáneo. Entre más se disemine la pestilencia, mejores las posibilidades de un líder salvador, merecedor del voto de todos los crédulos, quienes ven salir de sus preciadas manos el fin de las desgracias.

¿Cómo sacudirse el pesimismo? Todo el que ha superado una época de negros nubarrones , valora lo que significan los antidepresivos. Así que la primera medida puede ser un tratamiento bien orientado que le ayude a despejar el horizonte.

También es posible que esté viviendo en la meta-realidad de las redes donde un buen porcentaje de la información que consume es distorsionada, exagerada o es una elaborada mentira. Así que viva su realidad, salga y vea su entorno, ojalá caminando. Verá una ciudad con muchos parques, llena de árboles y vida. Si lo tiene abrumado la pobreza, vaya a un barrio popular y recorra una calle bien concurrida, llena de asaderos y panaderías.

Si lo apabulla la inequidad vea uno de los muchos videos de TED con cientos de iniciativas para ayudar en forma efectiva a los demás. Deje de ver noticieros que ganan rating diseminando tragedias, robos, asesinatos, corrupción, solo porque Ud y otros los ven. La única forma de cortar el ciclo es dejar de verlos. En la medida en que pierdan audiencia, se convencerán de su erróneo enfoque y realizarán que su afán por priorizar lo maligno, genera un daño social real. Tenga la seguridad que no se va a perder de nada importante y va a sentir un gran alivio.

Si lo tiene derrotado creer que estamos de últimos en cuanto ranking se publica, recorra el mundo de la forma más barata que hay, leyendo información gratuita en los muchos medios de buena calidad de otros países. Se dará cuenta que con mayor o menor intensidad, los mismos problemas se encuentran en todos los continentes. Pasee con google earth y maps viendo lo bonito y lo mucho feo y pobre que hay en tantas partes. No deje de ver los barrios miserables y los campos de concentración de inmigrantes de las grandes economías civilizadas y equitativas.

Si lo que siente es que vamos por un despeñadero, lea historia y entérese de los enormes problemas que tenía la humanidad hace siglos o décadas y cómo hemos mejorado en casi todo. Y que los problemas que nos parecen horribles e irresolubles, han existido siempre, pero antes eran mucho peor. Vea a Hans Rosling en TED.

Y si lo desespera la corrupción, estudie los muchos métodos que han mezclado tecnología con iniciativas creativas y han probado ser efectivos para reducirla. Busque un congresista honrado (los hay) y proponga una ley severa anticorrupción. Entenderá las limitaciones, verá lo difícil que es lograrlo, pero sobre todo dejará de pensar en la simplona solución de votar por el gran cambio que nos arreglará todos los problemas.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Se acabó

La pandemia se acabó. No es sino mirar el último largo y delgado pico de la gráfica en todos los países. Todos habían tenido serruchos variados, reflejo del apego a la ciencia y la rapidez o efectividad de las medidas. Entre más lentos más ancho el diente y entre más resistencia a la vacuna, más alto. Ahora todos comparten un pico mucho más alto e invariablemente delgado, cortesía de Omicron. Si se hubiese diseñado una variante para solucionar la situación, no lo habrían hecho mejor. Alta contagiosidad y muy baja agresividad. Se acabaron las anosmias y las neumonías, se redujeron dramáticamente los ingresos a UCI y las muertes. Llevaron la peor parte los predispuestos y los antivacunas, quienes a pesar de la evidencia estadística, han sido capaces de concluir que lo ocurrido, prueba su singular sinrazón. Lo cierto es que a estas alturas, prácticamente toda la población tiene inmunidad por la vacuna o la “infección natural”. No se equivocó el funcionario con la prediccion que en Febrero todos iban a estar vacunados, recuperados o muertos. En Colombia, las cifras son dicientes: 40 millones de vacunados, 6 millones de infectados, que probablemente son el doble por lo que es muy seguro asumir inmunidad para casi todos. Podemos entonces celebrar el fin de la pandemia, aunque no haya certeza absoluta de nuevas variantes, como tampoco la hay sobre nuevos virus. Pero si es suficiente para que la humanidad declare el triunfo de la ciencia y acabe con todos los mandatos que generan tanto descontento. Desde luego que la OMS se demorará como de demoró con el inicio. No tiene sentido seguir con las restricciones que aplicadas en forma laxa no sirven sino para incomodar. Que las mascarillas queden para uso voluntario. Verlas tapando la cara de los griposos, será de elemental cortesía. Aumentaremos la frecuencia de lavado de manos y la higiene en general. Aprendimos que las grandes aglomeraciones con gritos y cantos son excelentes dispersores, así que cada cual quedará en libertad de buscar su próximo virus. Pero esos aprendizajes quedan en el territorio de la educación y las buenas maneras. Ya no hay lugar para más leyes y restricciones. No más carnets, no más mandatos, no más distanciamiento, no más aforos.

El balance nos dice que las restricciones tuvieron algún valor para aliviar la presión al sistema de salud y que el prolongado uso de mascarillas probablemente redujo la altura de los picos.
Pero el daño económico ha sido terrible. El mundo entero está indigestado con inflación, consecuencia de medidas anti-covid y de los flujos económicos promulgados para compensar los daños generados por las restricciones.
Y si no se normaliza la situación, tenemos campo para empeorar. La polarización de quienes protestan está llegando a extremos peligrosos. Los más golpeados por la pandemia, los que no han encontrado el camino de la recuperación, tienen razón en estar frustrados y desesperados con la prolongación de tan larga pesadilla.

Las autoridades a todos los niveles tienen que reventar esa burbuja de control social, que los tiene embriagados y abstenerse de seguir decretando prohibiciones. A trabajar y gozar con la recuperada libertad.

 


miércoles, 9 de febrero de 2022

Humor Chino

Cuando Yading me dijo, al final de un programa educativo en Ammán, que quería venir a Cali a hacer entrenamiento en cirugía de retina me pareció un chiste. Que un oftalmólogo chino sin recursos, de la provincia de Shanxi tuviese como llegar aca, sonaba irrisorio y le dije que si. No pasaron muchos meses y el hombre llegó con su certificado de español, único requisito exigido. Cuando salió anticipadamente a raíz de un atraco, prometió que nos iba a invitar a China para que le ayudáramos a mejorar su hospital. Lo recibí como otro chiste más. Pues no fue una, sino varias las invitaciones que recibí para participar en programas educativos y en la transferencia de nuestro software de historias clínicas para volver eficiente el arcaico sistema chino. Llegó a organizar una visita con funcionarios del ministerio de salud y el partido comunista a Cali. “How clean” (tan limpio) era la frase que más sonaba cuando recorrían nuestra clínica. Al quinto programa, ya había aprendido a no reírme de la determinación de los chinos.

En una gran cena de 25 platos, para empresarios extranjeros ofrecida por la gobernadora de la provincia, nos quedó clara la meta: superar en tamaño a la economía americana.”Abran empresas y háganse ricos”, fue el mensaje, que veíamos cumplirse con la transformación de las ciudades.Y eso era solo el inicio. Seguir el impresionante desarrollo económico ha sido asombroso. La capacidad organizativa y tecnología demostrada en las dos olimpiadas, ha dejado boquiabierto al mundo.

En pocos años el maloliente y arruinado edificio del hospital, herencia del comunismo, evolucionó hacia un sitio reluciente, organizado y sistematizado. Con los mejores equipos, muchos fabricados allá. Unos geniecillos lograron mejorar nuestro programa a unos niveles que no habíamos soñado. Se palpaba el afán de progresar y superarse, aprovechando el ambiente de absoluta libertad económica y seguridad. “Neoliberalismo de extrema derecha”, lo llamarían los sabios politólogos de América Latina, a quienes no se les conoce opinión sobre el tema.

Para todos resultó muy reconfortante experimentar la facilidad con que hicimos amistad e intercambiamos conocimientos, a pesar de las diferencias culturales y las limitaciones del idioma. Un campo que siempre nos dio dificultades fue el humor.

Suelo acompañar mis conferencias con algunos apuntes dirigidos a despertar con risas a los asistentes. La violencia en Colombia, nos había convertido en expertos en heridas oculares. Me pidieron un curso de trauma, adornado con dislates que me habían funcionado en otros auditorios. 200 colegas chinos. Después de la traducción de cada chiste: silencio absoluto. ¿Cómo hacerlos reír? Me preguntaron porque había heridas por minas. Expliqué que las ponía la guerrilla en el campo. Me preguntaron qué era guerrilla y que buscaban. Conteste que era un grupo que buscaba en forma violenta implantar el comunismo. Nunca había oído una risotada de más volumen en un auditorio. Terminé abochornado por las carcajadas que no paraban.

Solo recordando las dramáticas historias de Yading, bajo el yugo de Mao, fue que entendí porque el absurdo produce tanta risa.

domingo, 6 de febrero de 2022

La Ilusion de la Salud

La reciente caída de Coomeva EPS es una piedra más del derrumbe en que se ha convertido el sistema de salud en Colombia. Escrito por ángeles y vigilado por querubines, se puede resumir en: “todos tienen derecho a todo, de la mejor calidad y ya”. La advertencia que acaba de enviar la superintendencia recalca que estamos protegidos por el mejor sistema de salud del mundo. Con un adorno muy singular, respaldado por las cortes: “sin limitación por consideraciones financieras”. Inspirada insensatez. Si tenemos en papel un sistema solidario, justo y de altísimo nivel, los panes se multiplican. Sacamos pecho con el 98% de cobertura y nos repiten sin cesar los beneficios a que todos tenemos derecho. En la imaginación.
Como en todo lo que se diseña con deseos, la realidad termina siendo muy distinta: enormes contratos que estimulan corrupción, miles de enfermos agravándose, muertes prevenibles y sufrimiento indecible, generado en la dilación, estrategia central de las EPS. Todo decorado con la inutil estadística del número de atenciones que no dicen nada sobre calidad, eficiencia o resultados.
¿Cuántos más se tienen que ir por el mismo barranco? ¿Y cuántos serán los prestadores arrastrados? Hospitales y clínicas, asfixiados por la cultura del no pago, logran subsistir con una paradoja generada por el mismo malogrado sistema. La gente más pobre, sin un seguro voluntario, se desespera con la no atención y se convierte en particular.(con descuento)

El diseño de un sistema viable tiene que ser realista y asignar los recursos requeridos para dar buena salud. Actualmente, el valor de la UPC que pretende cubrir la salud básica de los colombianos es de 280 dólares al año y el gasto total per cápita se estima en 1.200. Países con sistemas socializados gastan entre 5 y 8.000 dólares, y aún así, tienen largas listas de espera con muchos procedimientos restringidos.
La libertad para escoger el médico está garantizada en el papel, pero se viola universalmente, comprometiendo la continuidad en los tratamientos. Cuando el enfermo puede decidir quien lo trate, opera la magia que ocurre en todas las demás áreas de la economía: hay competencia, bajan los precios, mejora el acceso y sube la calidad. Se argumenta que la libertad no aplica a la atención médica porque es esencial a la vida. ¿Y la comida?, el agua, el techo, el transporte y un largo etc.? ¿No son esenciales a la existencia? No hay que mirar muy lejos para ver lo que ocurre cuando un gobierno decide planificar y centralizar, asignando “con justicia” lo que cada cual requiere. Todo lo que se pretende racionar, termina escaseando o desapareciendo. Ese es el camino que estamos siguiendo. Deshacerse de contrataciones y pre aprobaciones que vuelven el sistema pesado y costoso es esencial para que los recursos lleguen a los enfermos.
Francia lo tiene resuelto. El usuario puede acudir donde quiera. Los prestadores definen sus tarifas y el paciente decide si acude al servicio que el estado le ofrece, sin costo y con calidad razonable, o si quiere asumir un copago en el sistema privado, sin perder el cubrimiento básico, que ha sido establecido en un presupuesto. La ley de la “liberté” no falla.

Refinada Hipocresia


La hipocresía, cuando se ejerce con maestría, se disfraza de virtud. La poesía combina palabras que hacen bellos dibujos en la imaginación. Igual gracia se hace con un lenguaje, que usado con habilidad casi poética, sirve para exaltar las muy variadas expresiones de violencia que abruman a la sociedad. En boca de un criminal en el monte, con camuflado y fusil, tiene un toque de coherencia. Pero cuando un fiel representante de la “Jai”, que vive entre lujos, y nunca ha tenido una pizca de solidario, se declara indignado y ofendido con los “arrogantes y clasistas” que no entienden ni reconocen a los pobres, porque rechazan la violencia y sus símbolos, es cuando el exabrupto toma un cariz virtuoso.

Conocer de verdad las áreas más marginadas de la ciudad, es saber que la inmensa mayoría son laboriosos y honestos ciudadanos. Ni son violentos, ni es cierto que su condición de pobreza los haya forzado a la criminalidad. Son víctimas de los violentos. De hecho son quienes más sufrieron con los bloqueos y quienes siguen padeciendo la política de tolerancia con el delito. Sin duda mucho más que quienes les manifiestan dudosa simpatía desde sus camionetas blindadas.

Si los encopetados pedagogos de la confusión moral hiciesen un sincero esfuerzo por conocer la realidad de la mitad pobre de la ciudad, aprenderían que la gran mayoría aborrece a quienes la destruyeron. Entenderían que la mejor forma de solidaridad no es escribirles panegíricos conmemorativos, ni llevarles mercaditos, sino permitirles vivir y trabajar con dignidad y seguridad. Los vándalos les roban sus pertenencias, les destruyen sus viviendas y les queman la poca infraestructura y servicios que la ciudad les ha proporcionado, cerrando el círculo de pobreza. Difícil encontrar una muestra mayor de insensibilidad y despiste, que graduar a los dos mil de la resistencia (0.06%) como los representantes del Cali más pobre.

Quienes validan y justifican la violencia y el crimen, siempre con un discurso “pacifista”, exhiben además, una ignorancia muy esparcida. Es cierto que, en general, hay una correlación entre nivel de desarrollo equitativo y la criminalidad. Pero los estudios de casos específicos, muestran que la cultura de tolerancia con el delito de una sociedad, que se traduce en laxitud y permisividad de las autoridades, es el factor que más pesa en la diseminación del delito. Y se ha demostrado una y otra vez, que la forma más efectiva de perpetuar la pobreza y afianzar el desequilibrio es crear un ambiente de inseguridad en el que nadie pueda tener confianza en preservar su vida o sus escasas pertenencias. No es sino mirar en la vecindad.

Es desafortunado que los filtros ideológicos impidan revisar la historia y recorrer la geografía con objetividad. Los recursos de la inteligencia, como el impulso tecnológico, y la libertad de empresa en un marco legal confiable, han empujado muchas sociedades hacia la prosperidad, mientras que los que han adoptado la violencia como acelerador del cambio, se despeñan vertiginosamente hacia la miseria y el hambre.

La suerte está echada. Cada cual debe evaluar la coherencia de su discurso y resolver hacia donde está empujando.


viernes, 21 de enero de 2022

Locos locuaces

Los locos y charlatanes han recorrido el globo tramando a una humanidad necesitada de explicaciones mágicas y soluciones rápidas. Su efecto siempre fue local y transitorio. Cuando la comunidad hacía conciencia del engaño, ya el estafador, quien posaba de médico curalotodo, estaba esquilmando aldeas distantes con sus patrañas.

En esta aldea global creada por internet, loquitos de todas las especies y calibres han logrado invadir un buen bloque de la información que con tanta facilidad, circula. Se combinan con logias, también globales, que buscan una explicación simple para sus grises vidas: tiene que haber unos malignos poderosos que nos mantienen pisados y dominados.

Secuestran, para justificar sus rebeldes teorías, hechos reales de la historia. Es verdad que las observaciones de Semmelweis en Austria hace 170 años, sobre la importancia del lavado de manos y la antisepsia, fueron ignoradas por el establecimiento médico y el lúcido Ignaz murió en un manicomio. Y que muchos otros inteligentes observadores y creativos innovadores se han estrellado con el muro del conocimiento establecido. Pero ya hay que retroceder muchos años para citar los demás ejemplos. Porque el conocimiento médico, igual que las mentiras, se beneficia con la globalización de la información. Ya es casi imposible que una buena idea sea frenada por un poderoso profesor y todo el conocimiento se somete a continuas y permanentes revisiones y rectificaciones que generan en el lego la sensación de una verdad inestable. Cuando mucha gente, acosada por la angustia, busca una explicación sencilla y estable, se encuentra con la cambiante ciencia que está permanentemente afinando el conocimiento.

El saber serio, exige muchas horas de estudio solo para entender y estar al día de los avances.
En cambio los charlatanes son capaces de armar un discurso manipulando el lenguaje para que le suene a ciencia al incauto. Si además lo impregnan con alguna conspiración esotérica, lo riegan como caramelos con veneno, logrando matricular a muchos. Es deplorable cuando los voceros son médicos porque completan la triada de abusos, al usufructuar la credibilidad de un gremio regido por la ética desde hace más de 2400 años.

Quien pretenda estar bien informado no le puede dedicar mucho tiempo a escuchar basura. Circula un video de un Dr Malone que ilustra muy bien el fenómeno. Bastan un par de indagantes clicks para descubrir la poca confiabilidad de su cuento y sus resentidas motivaciones. Si todos hiciesen ese sencillo ejercicio de responsabilidad antes de reenviar, la mentira no tendría tanta penetración. Habrá quien piense que el calificativo de loco para personajes tan perniciosos es muy benigno, pero después de oír el rosario de dislates que produce una mente supuestamente educada, hay que concluir que está perturbada.

La historia nos ha enseñado a preferir la libertad sobre la censura. El largo y ojala delgado colmillo que omicron le ha sacado al serrucho de la pandemia, afilado por el irresponsable libertinaje verbal de algunos médicos, nos hace añorar el poder de las asociaciones médicas que no controlan a quienes olvidaron el “primero no dañar”, y contribuyen a la congestión de las UCI y las necrópolis.

domingo, 16 de enero de 2022

Lo Natural

Es muy convincente la erudición con que muchos, incluyendo los que tienen alguna formación en Ciencia, hablan de lo NATURAL. La palabrita es mágica para validar todo discurso. Representa el saber ancestral y universal, y adquiere connotación casi divina. Los sabios de lo natural dispensan a sus congéneres la verdad revelada. No les asiste ninguna duda y su sello de garantía se basa en insertar el vocablo en todos los menesteres: las plantas, la selva, los animales, la tierra. Algo es confiable porque viene directamente del ambiente y por tanto nos lo podemos untar, comer o inhalar.
A diferencia de lo “químico”, que se evita con orgullo, confirmando el desconocimiento de lo que parece obvio: todo en la naturaleza está formado por moléculas. La química las aísla y estudia sus interacciones. Un producto natural no es sino una mezcla desconocida de químicos.


Uno de los ejemplos más viejos es la dedalera. Conocida por siglos como veneno. Pero alguien descubre que una cantidad pequeña puede ser beneficiosa para enfermos del corazón. Se comienza a usar en forma "natural". Si el yerbatero se equivoca y muele un poco más del extracto, el enfermo se muere. A principios del siglo XX y gracias a los avances de la farmacología se descubre que el principio activo es la digoxina, una molécula que mejora la contractilidad del miocardio. Se descubre también que en el extracto, hay otros potentes químicos que pueden ser muy tóxicos. Se extrae entonces la molécula que sirve, se define una dosis muy precisa, se comprime en una pastilla. Se describen los efectos adversos, las interacciones con otros medicamentos y se descubre cuales son las condiciones cardiacas específicas en las que es útil.
Cuando la digital pasa por todo este proceso, deja de ser un producto natural para convertirse en un “peligroso químico” producido por la “abusiva industria farmacéutica” mundial.

Esta misma historia se puede repetir para casi todos los medicamentos, incluyendo los sintéticos, que no son otra cosa que la modificación de una molécula para mejorar sus efectos benéficos o disminuir los negativos, una vez se entiende como interactúa con un tejido.

Así que la próxima vez que alguien recomiende con fervorosa convicción un producto natural, considere:
- alguien mide y certifica que lo que dice contener el frasco, realmente es?
- tiene forma de saber cual es la dosis? Muy poco y no hay efecto, mucho y es tóxico. Todo en la naturaleza es veneno dependiendo de la dosis.
- se ha comprobado con estudios científicos serios de casos y controles, si verdaderamente es útil para lo que se quiere tratar? O son solo opiniones anecdóticas de otros, que pueden haber tenido una enfermedad muy distinta con síntomas similares.
- está explícita la mezcla de químicos que hay en el producto? Puede haber algunos útiles para lo que se quiere tratar, y muchos otros que hacen daño a otros tejidos y órganos.

Una caso conocido es el muy natural tabaco . Buscando los efectos de la nicotina, se inhalan una buena cantidad de cancerígenos.
En cambio el vilipendiado “químico” que viene en la pastillita, ha pasado por todo el proceso y mejora mucho la posibilidad de un beneficio conocido y controlado.

Rankinmania

Podría decirse, que entre las obsesiones sociales, es ésta la más universal. No queda ya nada en este mundo que no esté clasificado. No hay nada ni nadie que no tenga su lugar en algún “ranking”. Profesionales, empresas, universidades, municipios y una larguísima lista adicional, viven obcecados por cual es el lugar que ocupan en alguna de las muchas clasificaciones que los mercaderes de los “ranking” se han inventado con importante contribución a la generación de empleo.

Todo el que se ve lanzado a la angustiosa situación de desempleo después de haber ocupado algún cargo importante, se inventa un instituto, centro, ”think tank”, o fundación que recoge información y decide medir algo, publicando el consecuente “ranking”. Es muy conocida la guerra publicitaria de hospitales, universidades y empresas, cada una publicando su aventajado puesto en alguno.
Hay de todos los estilos, colores y sabores. Para todos los gustos. Hay muchos serios e importantes, y que realmente dicen mucho. Pero también hay maquinarias aceitadas por el universal lubricante, el dinero. Se contacta al aspirante y se pide una contribución, inscripción o donación para que la organización entre a ser estudiada. Claro, hay que evaluar muchas variables, eso cuesta un dinero y alguien tiene que pagarlo. ¿Podría haber alguna correlación entre el dinero pagado y el puesto obtenido? Alejemos esos malos pensamientos, pero si sería buena práctica que todo el que publica su puesto en una clasificación, publique también cuánto le costó.
Un sector muy importante, que influye marcadamente en la psiquis de las sociedades, está formado por los ranking de los países. Nos asaltan de nuevo malos pensamientos, porque la mayoría de las instituciones están en los países más ricos, donde se han creado muchos de los centros que hacen clasificaciones de países. Pero además es mucho lo que se mide con opiniones. En Colombia por ejemplo nos rasgamos las ruanas con nuestro puesto en corrupción. Medido por el número de artículos que se publican sobre corrupción. Y la cifra es la suma de todos los números que aparecen en las publicaciones. Difícil imaginarse una forma más imprecisa y subjetiva para encontrar la realidad de la corrupción. Y sin embargo hay que ver las desgarradoras lamentaciones que se arman con esa información. Similar situación ocurre con muchos índices en los que nuestro puesto, resulta apabullante. Sin mencionar que muchos son originados y luego usados con una evidente carga ideológica y política, o que muchos, como los de salud, son medidos por los propios gobiernos.

Pero además hay un dato elemental con nuestro “puesto”. Montserrat tiene 4,996 habitantes, y clasifica como “país”. Hay 65 países con menos de un millón de habitantes. A quien se le ocurre que un “ranking” es válido cuando uno se compara con una islita de 5.000? Pues increíblemente…a todos. Países con los que nos podríamos comparar deberían ser los que tengan entre 25 y 100 millones y de esos no hay sino 40. Y eso considerando solo la variable población.
La próxima vez que se oiga emitiendo gemidos por la terrible posición en que está Colombia en algo…piense, investigue y procure entender el contexto.

El Castro bueno

“Entonces tú debes ser el Castro bueno, porque todo el mundo dice que yo soy el malo”. Me dio un abrazo de oso en medio de las risotadas de la apretada concurrencia
Estaba en el avión Orbis haciendo la demostración de una técnica quirúrgica nueva. Ya finalizando, el cirujano cubano que me acompañaba hizo un movimiento brusco y reventó el hilo que sostenía el lente. Con pánico vi como se caía el lente dentro del ojo y en ese preciso momento anunciaron “llegó Fidel”. Después de tres días de esperarlo, tenía que llegar en el peor momento. Con la suerte de quien escapa al paredón, resolví la situación con una maniobra que no había hecho nunca y no he repetido, para salir a recibir el abrazo del comandante.

Llevaba varios días viendo pacientes candidatos a cirugía en el avión y me había impresionado la precariedad de los hospitales, la escasez de recursos y el pobrísimo acceso a educación que tenían los médicos, quienes, en voz baja, y siempre mirando a los lados, nos confirmaban el derrumbe del mito de la salud cubana. “Serán pobres y pasarán hambre pero al menos tienen excelente salud y educación para todos” era el socialista consuelo que siempre había creído. La realidad era de hospitales y pacientes en unas condiciones que no había visto ni en los peores momentos de pobreza del Hospital Departamental.
Hablamos durante una hora caminando por la pista de aterrizaje, en compañía del director de Orbis. Quería todos los detalles de lo que hacíamos y cómo lo lográbamos. No podía entender que del capitalismo hubiese surgido una entidad cuyo único interés era educar en forma gratuita. “O sea que el cabrón del Fiodorov me robó” dijo indignado cuando le expliqué que con los 10 millones de dólares que le habían cobrado los rusos por su sala estrella de cirugía en cadena, en Colombia éramos capaces de producir 3 veces más cirugías.

Percibí en Fidel, un interés auténtico y un conocimiento excepcional. Cuando volvimos al grupo: 180 oftalmólogos cubanos y 30 del equipo de Orbis de varias nacionalidades, le oímos un discurso de una hora sobre los ojos y lo que se hacía, bajo su dirección por la salud ocular de los cubanos. Al final, todos, los que habíamos rajado del sistema, los que habíamos comentado la farsa de la prédica oficial, gritamos emocionados: Fidel! Fidel!, Fidel! mientras él trataba de llegar, en medio de abrazos y sonrisas, a su caravana de mercedes blindados.
El hechizo del carismático líder nos incomodó a varios durante un buen tiempo. Cómo era posible que a este hombre que nos había impresionado como auténticamente bueno, fuese responsable de tanta miseria y pobreza? ¿Por qué había tanta distancia entre sus intenciones y la realidad?

Su círculo lo engañaba constantemente. Había una unidad especializada en preparar sus visitas. Pintaban las áreas que él iba a visitar, instalaban camas, equipos y uniformes relucientes, que eran retirados apenas se iba.
Finalizando mi quinta misión me pidieron entrevista para TV. Cuando empecé a responder la pregunta de cómo había encontrado la salud en Cuba, me pararon. “Ud no puede decir eso” Pero es la verdad, respondí mientras levantaban cámaras y me despedían para siempre.




Fabula de navidad

Un parque circular con una fuente iluminada en el centro, rodeado de restaurantes con mesas en la calle, llenas de comensales diversos y multicolores que departen alegremente. Palmas y árboles con adornos y luces navideñas. Familias que han organizado picnic en las zonas verdes. Una orquesta con música alegre a un volumen razonable, que permite la conversación y que pone a muchos a bailar en el orden, estilo, combinación y lugar que les parezca. En un andén una abuela da brincos con su nietecita. Detrás de una palma baila suave una pareja de enamorados. Dos viejos abrazados marchan al ritmo de la música. El clima, en pleno diciembre, es una maravilla. Una fresca brisa refresca a todos los que caminan, los que bailan, y le mejora la sonrisa a todos los que disfrutan de un variado menú, que ofrece una amplia gama de restaurantes.
Pasa una pareja gay con ropajes exóticos y divertidos, pasan unos mochileros con cara obviamente extasiada por el ambiente. Pasan familias enteras con la viejita en silla de ruedas. Tres pequeños concentrados en sus velas iluminando su pedazo de. andén. Niños de todas las edades, corriendo y jugando en delicioso desorden. Blancos, negros, amarillos, pelirrojos exoticos, rastas de largos estropajos. Unos elegantes, prístinos que parecen sacados de Downton Abbey, otros en shorts o ropa deportiva, otros llegaron en bicicleta o a pie y lo demuestran. Todos, alegremente tranquilos, disfrutando de un entorno bello y pacifico. Dos parejas de policías que pasean y son parte del festejo. Ni un solo altercado o nota disonante.

¿A que lugar del mundo hay que viajar para encontrar ese ambiente de paz y armonía? A Cali, parque del Peñón, día de las velitas.

Como se obra semejante milagro en una ciudad que nos pintan como una de las más peligrosas del mundo?
La estrategia arranca por prohibir los carros en ciertas áreas sigue con liderazgos locales que permiten crear la magia del ambiente.
No deberíamos requerir día de las velitas y parque del peñon para lograr una transformación tan maravillosa. Cali tiene al menos 30 parques o sectores, en todos los barrios en los que se podría repetir la fábula. Todos los fines de semana? Todos los días? Solo se requiere valorar lo que tenemos, creer que es posible, y eliminar los vehículos de sectores designados. Que los caleños no van a donde no pueden parquear el carro enfrente? En el Peñon había muchos caleños y los carros estaban lejos. Y el ambiente se puede lograr en muchos sitios en los que la gente no tiene carro. Además, si el resabio caleño fuese cierto, hay que decir que no se necesitan. Lo que se logra es tan especial, que no alcanzarían los hoteles, a recibir la avalancha de turistas. El tour de la salsa y todos los festivales que con tanto éxito se hacen, tendrían escenarios incomparables

Que habrá que hacer para que la dirigencia de Cali lo entienda? Cuando se daran cuenta que tienen la sucursal del cielo?
Artistas pintando, cantando, bailando,adornando y ofreciendo sus delicias a una interminable romería de visitantes.

Una fábula? Fue realidad y es posible. Hagamos sectores peatonales y ciclovías permanentes. Dos ejes norte-sur y cuatro oriente occidente. Solo bicicletas y eléctricos de baja velocidad. Todo el esfuerzo para facilitar la movilidad de quienes quieran una ciudad amable, y están dispuestos a cambiar.




Mi verdad- Democracia

Es muy conocida la frase de Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”. No tan conocida es “los fascistas del futuro se llamarán así mismo antifascistas”.
A pesar de esa advertencia, la pandemia antidemocrática está contagiando al mundo con más rapidez que el virus.
La nueva doctrina establece que la democracia es bella y respetable siempre y cuando el que gane sea yo. No se puede decir que la autoría sea de Trump, pero ciertamente ha sido aventajado en su diseminación, y ya son muchos los que han aprendido. Si no ganan, es un inaceptable fraude y hay que incitar la insurrección. Pero si ganan, se las arreglan para entronizarse y acabar con cualquier asomo de transparencia en las elecciones.
Aquí el virus se ha regado como pólvora navideña prohibida. A punta de verdades a medias, mentiras infladas, distorsiones adornadas, que se diseminan hábilmente por redes y todos los medios, se ha logrado que un buen sector de la sociedad repita sin cesar: no hay libertad de opinión, las elecciones son una farsa, no hay libertad de asociación ni existe la separación de poderes. Han llegado a acuñar la incoherencia de “dictadura democrática”. Los gestores de tan exitosa estrategia se solazan. La mayoría de las letanías se reducen a repetir cifras y hechos sin confirmación. Cada dato que llega, sirve para agregarle al gran sancocho de ficciones: que los 15 billones de la corrupción, que los 6000 falsos positivos, que los viáticos de los congresistas. Todo sirve y se agrega al oprobioso inventario.
La procesión mental de desgracias, no deja de circular por la mente de estudiantes que llegan becados a universidades con bellos campus y magníficos programas, de profesionales que llegan en coche todos los días a un trabajo que funciona y progresan con un salario digno, de jubilados que reciben cumplidamente sus gordas y merecidas pensiones.
No logran hacer el simple ejercicio de comparar sus vivencias con ese imaginario de país imposible al que hay que cambiar como sea.
Un muy buen ejemplo de esa disociación se vivió en Cali: mientras en las redes circulaba la evidencia de una policía estaba asesinando jóvenes inocentes, quien salía a la calle podía ver todo lo contrario: una policía amarrada y pasiva ante la destrucción generalizada. La farsa se diseminó y se repitió con impudicia y sólo el hambre, humo y quiebras lograron sacudir a los engañados y desconectarlos su ficticia metarealidad.

No se trata de desconocer la infinidad de problemas por resolver que tiene un país en desarrollo y sin equidad como Colombia.
Se trata de construir una verdad basada en lo que cada cual ve y vive, y no tanto en el destilado de las pantallas. De ver los cientos de realizaciones y hechos positivos que nos rodean, y que sólo ocasionalmente, nos hacen sentir orgullosos. El éxito de la tramoya es prueba de libertad.
Si no reaccionamos y seguimos repitiendo la narrativa de una democracia fallida, sí va a resultar probable que vivamos la experiencia del sacudón populista que otros ya están sufriendo, y logremos cambiar este “horrible sistema” que nos tiene agobiados para entrar de lleno al socialismo nacional.