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viernes, 16 de octubre de 2026

El centro y la igualdad

Tras el fracaso de la izquierda en el poder, cobran fuerza las propuestas de centro, construidas alrededor del rechazo a los extremos. Entre sus primeras banderas aparece la igualdad social, convertida en una cruzada moral. Muchos abrazan ese propósito sin advertir que la igualdad es una imposibilidad práctica. Ningún sistema ha logrado establecerla y algunos de los que más la han prometido terminaron produciendo desigualdades escandalosas. Una sociedad puede proponerse algo mucho más sensato: acabar con la pobreza extrema. Que ninguna familia carezca de techo, agua potable, saneamiento, alimentación, atención médica y educación para sus hijos. Es una tarea que exige un Estado eficaz y un sector privado comprometido.

Alcanzado ese piso, comienza una segunda etapa: mejorar progresivamente las condiciones de vida. Viviendas más cómodas, mejor alimentación, transporte seguro, educación de calidad. Su principal motor es la libertad de empresa. Quien dude de la capacidad de las personas para transformar su existencia puede visitar los barrios que comenzaron como invasiones y observar cómo, en una o dos generaciones, sus habitantes han construido viviendas, negocios y comunidades prósperas. La meta razonable no es que todos tengan lo mismo, sino que la mayoría pueda acceder a una vida digna. Esa ha sido la gran conquista de las socialdemocracias europeas.

La aspiración de mejorar parece innata en las personas. Cuando existen oportunidades, millones trabajan, emprenden, producen e intercambian bienes y servicios sin necesitar que el Estado organice cada aspecto de sus vidas. Al Estado le corresponde establecer reglas, impartir justicia y proteger la libertad. Su éxito no consiste en multiplicar dependientes, sino en crear las condiciones para que cada vez menos ciudadanos necesiten depender de él. Pero toda esta arquitectura descansa sobre un fundamento que demasiados olvidan: la seguridad. Sin ella no hay confianza, inversión ni prosperidad. La tolerancia con las organizaciones criminales destruye las condiciones necesarias para cualquier proyecto socialdemócrata. La igualdad ante la ley es indispensable. La igualdad de oportunidades es una aspiración legítima. La igualdad de resultados, una ilusión. Y sin seguridad, hasta las mejores promesas de justicia social terminan convertidas en palabras.

Publicaso El País de Cali 26291