domingo, 26 de septiembre de 2021

Buscar la verdad


La verdad no ha sido fiel compañera de la humanidad. Los chismes y mentiras se han diseminado con la rapidez del suspiro y en pocos minutos, la turba enfurecida de la aldea, podía estar quemando la cabaña de la viejita que vivía en el bosque y había sido vista recorriendo vecindarios, volando en su escoba.
La diferencia es que ahora la aldea es global. Y son miles de millones los que pueden usar su imaginación, o expresar sus trastornos mentales, usando recursos que están a la mano de todos. Pero siendo un mundo tan competido, ¿cómo es posible que se disemine tan rápido tanta bobada y mentira?
Hay que entender, como lo explica Harari, que estamos en transición del humanismo al dataísmo. Hasta el siglo 17 la cosa era sencilla. ¿Se quería la verdad de un asunto? Se consultaban un libro sagrado o se le preguntaba a una autoridad religiosa. Todo estaba escrito y resuelto. Luego vino el cientifismo y el humanismo. Reconocimos la ignorancia y resolvimos adoptar la observación y experimentación como método para descifrar la verdad. Y empoderamos los sentimientos humanos, que tienen siempre la razón. Sea que se vote o se consuma, la verdad está siempre donde la mayoría decide.
En el dataísmo son los algoritmos los que resuelven. Si alguien lo duda, vaya a un banco y verá como su crédito lo rechaza un algoritmo basado en el conocimiento de su historia crediticia. El solo hecho de estar vivo puede ser la consecuencia de un algoritmo médico que tomó la decisión del tratamiento correcto, basado en una gran cantidad de datos.
Son los algoritmos los que deciden, para muchísima gente, qué información se consume, qué libros se leen y con qué películas o videos se distraen. Todos viven convencidos de estar tomando decisiones autónomas siguiendo su libre albedrío.
La verdad es que casi todo el que navega por redes, dejándose llevar, está siendo manipulado. Ha sido estudiado y se le entrega la información que está predispuesto a creer. Si lee falacias fantásticas, cada vez le presentarán más de lo mismo. Si consume miedo y odio político, lo alimentarán de ficciones hasta llenarlo de un fanatismo irreconciliable
La pandemia, un fenómeno globalmente asustador, ha sido territorio fértil para la dañina mezcla de tecnología y chapucerías.
Los “deep fakes” (falsos profundos) están poniendo en manos del usuario común herramientas que antes eran solo del cine. Hacen posible, teniendo unas cuantas fotos de la víctima, ponerla a decir y hacer lo que se quiera, en un video perfectamente realista. Así le amargaron la vida a Rana Ayyub, activista anticorrupción y de los derechos de la mujer en India, poniéndola a participar en un video porno. En solo 24 horas el video falso tenía más de cuarenta mil vistas y su vida familiar y política estaba arruinada.
Es cierto que no hay verdad absoluta. Solo podemos aspirar a acercarnos a ella. El camino implica no validar basura, diseminandola con la graciosa irresponsabilidad de un click. La VERDAD estará cada vez más distante en la medida en que no se investiguen las fuentes, y se examine coherencia y credibilidad. Tenemos que hacer un esfuerzo para dejar de ver para creer. La verdad no se encuentra porque no se la busca.


No pagar


Es uno de los rasgos culturales que caracteriza al subdesarrollo. No se pagan las multas, los impuestos, los arriendos, los préstamos ...y no pasa nada. El deudor se suele rodear de abogados que lo adornan con toda clase de derechos y, yéndole mal, recibe una palmadita.
El demoledor video de Bruno Diaz, acongojado por la muerte de su hijo, centra el drama en el no pago, desencadenante de la tragedia. No ahorra improperios contra el senador Gustavo Bolivar, confirmando lo que tantos sospechan: no parece ser una persona correcta y menos decente, como lo anunciaba en grandes vallas electorales.
Ejecutar un contrato, incurriendo en gastos importantes, para entregar una obra o prestar un servicio de calidad, y luego tener que perseguir al contratante, quien recibió el beneficio, porque se niega a pagar, produce una indignación inmarcesible.
Bruno transmite el inmenso dolor que significa perder un hijo, y destaca con crudeza la ira que genera el engaño de quien no paga un contrato cumplido.
Aspiro que lo hayan visto los demás padres de la patria, magistrados y funcionarios. Les sería muy instructivo dedicarle un tiempo a entender lo que vienen sintiendo a diario, y desde hace muchos años los cientos de prestadores del sistema de salud en Colombia. Allí el no pago es “parte de la cultura”, con la que “hay que aprender a vivir”.
Médicos trabajando durante meses, prestando sus servicios con dedicación, sacrificio y enormes esfuerzos, que ven pasar los años. Y no les pagan. Clínicas y hospitales, que se endeudan para comprar insumos, pagar personal y prestar los servicios contratados con las EPS. Y no les pagan.
Hablar de cuántos son los billones de pesos que se le debe a los prestadores públicos y privados, perdió el sentido en Colombia. No ha servido para nada. Quienes tienen en sus manos el poder para resolver esta situación tan inaudita, se pasan interminablemente la pelota.
Demandar no tiene mayor valor. Después de años de arrastrar un proceso, el juez ordena el pago de servicios legítimamente prestados y soportados con facturas e historias clínicas. Y no pagan. Los gerentes reciben 3 días de cárcel (lease casa) cuando incumplen la orden. Y no pasa nada. Siguen sin pagar. Cuando las cuentas se acercan a la década, los médicos asumen que trabajaron gratis, como en otras épocas y las empresas ajustan sus balances borrando carteras irrecuperables.
Es el diseño ideal para promover la corrupción. Se paga para obtener contratos y luego viene la comisión para que los paguen. Obviamente la ejecución del contrato tiene que ser también tramposa, para poder repartir los respectivos porcentajes.
Quienes no “comprenden” el sistema, languidecen en medio de abogados que dilatan los procesos sin fin. Eventualmente algunas EPS terminan intervenidas con lo que se debe proceder a enterrar cualquier esperanza. No queda sino seguir apretando el cinturón mientras se conocen los desproporcionados sueldos y prebendas de directivos, que fueron tan diligentes en llevar sus entidades al desastre.
Si Colombia aspira tener un sistema de salud decente o más aún, una economía y estado que funcionen, es indispensable acabar con la tolerancia al no pago.


sábado, 11 de septiembre de 2021

Mi cuerpo, mi libertad

“El estado no tiene porqué imponer restricciones que limiten mi libertad en el manejo de mi cuerpo.
Quiero circular libremente por donde quiera, a la velocidad que quiera. No me tienen por qué restringir la libertad, con límites de velocidad, obligarme a usar cinturón o limitarme con semáforos que me obligan a parar donde no quiero.
Quiero tener la libertad de tomar todo el alcohol que quiera, donde quiera y no me tienen porque poner horarios, ni sitios prohibidos o exigir conductas decorosas. Es mi cuerpo el que se emborracha.
Quiero fumar todo lo que quiera, de la hoja que yo quiera, en el sitio y cantidades que quiera. No me tienen porqué impedir ni limitar la cantidad o los espacios. Es mi cuerpo el que inhala el humo y eso es asunto mío.
Quiero oír música al volumen que quiera a la hora que quiera y de la calidad que quiera. Son mis oídos y nadie tiene porqué restringir mi libertad de distraerme como me parezca.
Tengo derecho a celebrar haciendo disparos al aire o al horizonte, sin pensar a donde o a quien le van a caer esas balas. Es mi cuerpo el que dispara y mi libertad para expresarme no tiene porqué restringirse.”

Podría seguir con una larga lista de libertades que NO tenemos y las concesiones que todos hacemos para vivir en sociedad. Una de las más elementales se basa en el respeto a la vida de los demás. No tengo derecho a tomar u omitir acciones que pongan en peligro la vida de otros. No tengo derecho a inventar o seguir una ficción, para sustentar esa particular forma de defender la libertad. Mis derechos terminan donde empiezan los de los demás. Mi libre cuerpito puede fácilmente convertirse en un caldo de cultivo de los más variados microbios: virus, bacterias, hongos, parásitos, transmisibles a muchos en variadisimas formas. Las pestes que diezmaban a la ignorante humanidad , se controlaron cuando los científicos entendieron los mecanismos de diseminación de la extensa fauna microbiana. Las medidas sanitarias (agua potable y alcantarillado) fueron las más elementales y efectivas. Junto con las vacunas, un poco más difíciles de entender, han sido las contribuciones más efectivas al bienestar y longevidad de los humanos. Solo en esta pandemia se estima que han salvado 5 millones de vidas.
La negativa a vacunarse ha frenado el ritmo de prevención en los países que más estaban avanzando. Inglaterra con 63%, Israel con 62% y USA con 52% están todavía lejos de los niveles deseables. Habían logrado bajar sus tasas, especialmente de mortalidad, pero el éxito los llevó a relajarse y todos están subiendo de nuevo. La negativa a vacunarse en un tercio de la población, no solo mantiene los hospitales y UCIs llenas, sino que le da al virus mayor oportunidad de mutar a variantes peores. Ya estamos viendo los estragos de la Delta y otras, cuya peligrosidad aún se desconoce.
En ninguna parte se está vacunando a la brava. Eso es libertad. Solo se establecen límites sociales a quien no se vacuna. También se les respeta el derecho a morir de COVID. Siguiendo el ejemplo de sus más sonoros voceros, lo están haciendo a una tasa 3.000 veces mayor que la de los vacunados. La libertad de abandonar el cuerpo no la restringe nadie.

domingo, 5 de septiembre de 2021

El mundo conspira

Todo el que ha querido hacer algo de valor para la sociedad, sabe que tiene que trabajar en equipo. Y que poner de acuerdo a un grupo de dos o mas seres humanos no es fácil. Poner a muchos a gritar o brincar al mismo paso, lo logran los jugadores de fútbol y los cantantes, pero solo por unas horas.

Lograr esa gracia por años, es campo de las religiones y la política. Con una educación muy estricta y excluyente se graban cerebros con los sagrados preceptos desde temprana edad. Asi se enseña en las madrasas, el Islam de los Taliban y los Wahabis. El resultado son mentes robotizadas incapaces de interpretar la realidad o entender cualquier concepto que se salga del marco establecido. Así ha funcionado la Corea de los Kim y la Cuba de Castro. Como el proceso no es infalible y algunas mentes no quedan bien moldeadas, se recurre con liberalidad al paredón o los campos de concentración.

Así que suponer que hay en el mundo 8 presidentes, o 5 billonarios o 10 directivos de farmacéuticas que se ponen de acuerdo y logran dirigir la vida de miles de millones, no pasa de ser un mediocre guión para una película de ficción.

En casi todas partes, la información fluye libremente en todos los sentidos. Si no fuese así, las tonterías no se podrían diseminar con tan graciosa facilidad.

Que hay periodistas torcidos, es verdad, pero la gran mayoría están dedicados a buscar y revelar la verdad. Que hay científicos de gran calibre que han sido dominados por el ego, la fama o el dinero, y han publicado fraudes, también es cierto, pero la gran mayoría está dedicados a avanzar el conocimiento para beneficio de la humanidad. Que hay líderes y políticos mentirosos, con agendas ocultas, es verdad, pero también hay muchos que trabajan por el bien de sus comunidades. No hay posibilidad alguna de ponerlos de acuerdo en ninguna acción universal. Lo han demostrado la ONU y todas las demás organizaciones internacionales

Del enorme volumen de informes, estudios y revisiones, se logra extraer algo que es lo más parecido a la verdad. El “establecimiento” la disemina y enseña, con variaciones en los detalles, y ajustes permanentes, probando que no suele haber verdad absoluta o revelada.

Así, cuando un grupo rompe con la verdad establecida y lanza la creencia de que la tierra es plana, no le queda de otra que acudir a la conspiración: es que todos se pusieron de acuerdo para engañarnos y hacernos creer que vivimos en una bola que da vueltas enloquecidas en el universo, cuando basta con mirar el horizonte y comprobar que es plana.

Cuando no se puede sustentar la conspiración en una comprobación simplista, la táctica más efectiva es secuestrar el lenguaje científico. Se arma un discurso que suene bio-molecular. Y hasta puede ser cierto. En un acto de magia, se saca del sombrero la asombrosa teoría, que nada tiene que ver con el discurso pero que en la mente del incauto lego, queda firmemente conectada, dándole “sustento científico” al invento.



Desde la religión, pasando por los cuentos infantiles, la literatura y el cine, nos educan o distraen con fantasías. No nos debe extrañar que las teorías conspiratorias que más circulan, inflan la imaginación al territorio de la ridiculez.

domingo, 29 de agosto de 2021

Akisiestan


Trescientos mil hombres entrenados y el gasto de un trillón(US) de dólares, se desmoronan como castillo de polvo Afgano en pocos días. Los principales protagonistas se pasan, en círculo, la papa caliente de la culpa. Muchas aterradas mujeres buscan veneno para no tener que tolerar el oprobio del régimen Talibán.

Solo los cándidos les creen que vienen con una version mas “light” de su absurda y criminal interpretacion del Islam. Ya mataron a culatazos a una viuda, delante de sus 4 hijas, porque se atrevió a desobedecer sus designios y van muchos otros asesinatos documentados.

Conocí de primera línea lo que significa para la mujer la no muy distinta versión wahhabi de los Saudis. El indignante atropello a todos los derechos de la mujer, que no puede estudiar, no se puede mover, no puede decidir, con el pretexto de que solo así es protegida y respetada. La más aberrante restricción a la libertad de la mitad de la población. Condenadas a pasar la vida como bultos negros anonimos y amorfos, embrutecidas por la ignorancia y el aislamiento, pierden hasta el sentido de humanidad.

No son convincentes los análisis y explicaciones que por estos días pululan. 4 años conviviendo con el Islam radical, me dan elementos para pensar que la explicacion mas sólida esta en los vericuetos de la mente. Los americanos dieron entrenamiento técnico militar. Los equiparon y les enseñaron estrategia de batalla. Pero les respetaron sus creencias y religión, siguiendo una tradición muy americana. Mientras los talibanes trabajan pacientemente moldeando los cerebros, inculcando la Sharía y el odio a los infieles, en el otro lado les enseñaban a armar una ametralladora o calcular la trayectoria de un misil. Sus fundamentos ideológicos no cambiaron y cuando llegó la hora, tiraron las armas y cambiaron sus uniformes, al no entender para qué iban a pelear.

No es muy forzado hacer un símil con lo que ha pasado y sigue ocurriendo cada vez más en Colombia. El sistema educativo entrega armas técnicas y profesionales. Pero poco es el esfuerzo y tiempo invertido en enseñar los valores de democracia, libertad, responsabilidad, propiedad y bien común. Y tenemos unos fanáticos “talibanes” que, paciente y disciplinadamente, complementan con su sesgo la educación. Han logrado diseminar en la juventud una diatriba ideológica de odio, explotación y lucha de clases, que combinada con la dosis apropiada de violencia pueden derrumbar como castillo de hojarasca, nuestra democracia. Así, respetando las ideas, empoderamos a quienes aspiran asfixiar la libertad.

Significa tanto perderla, que los hemos visto morir pretendiendo colgarse de los aviones para escapar del horror. Va a ser muy valioso oir a los que, con orgullo humanitario, vamos a recibir.
Hace 20 años, con la invasión de Afganistán, salí de Arabia huyéndole a la violencia que se veía venir, convencido que al menos la mujer si iba a vivir momentos mejores. Pero millones siguen sometidas, abusadas y sin libertad, para vergüenza del mundo libre.

El valor y resiliencia que tantas están mostrando, son un campanazo para los que piensan que la libertad es negociable y puede entregarse a cambio de imaginarios paraísos de un nuevo orden.

lunes, 16 de agosto de 2021

Las 3 mentiras

La mentira ha sido siempre un arma útil para arrear el rebaño. Cuando la usan los jefes de estado se convierte en Verdad Institucional. Muchos avezados han mostrado su maestría en tan perversa habilidad, a lo largo de la historia. Todos aprendices, comparados con Trump.

Antes de su reinado, nadie podía imaginar que el líder del país más influyente del mundo, fuese capaz de mentir con tanta propiedad y persistencia. 30.573 se contabilizaron en sus 4 años. Tanto que convirtió la mentira en lustrosa virtud que comenzaron a admirar y seguir millones de personas. Le dio tanto estatus que proliferaron líderes que se han validado repitiendo las más prominentes, o han creado su propia escuela.

En política, el “robo de las elecciones” ha significado patente de corso para todo el que quiere instalar su propia versión de democracia. Aquí, nos han querido vender la versión de la “feroz dictadura”, con la que quedan justificados todos los actos de rebelión violenta. En USA llevó a una turba al capitolio, sacudiendo en forma inverosímil la democracia más sólida que conocíamos.

Otra Gran Mentira, de la misma cocción, es la negación del cambio climático. Ignorar la abrumadora evidencia científica que demuestra que vamos irremediablemente hacia el desastre ambiental. Se juega con la posibilidad de terribles tragedias para la humanidad, haciendo gala de una ignorancia y banalidad, que por más que sean asombrosas no dejan de tener millones de seguidores. Los incendios, las temperaturas extremas, las inundaciones, los huracanes, que ya están ocurriendo, no les sirven de argumento a los encantados con las fábulas.

Como tampoco sirven los miles de muertos de no vacunados a quienes se oponen a las medidas anti covid. Burlarse de las máscaras y el distanciamiento premió a Trump con el liderazgo mundial de muertos y le inyectó gasolina a los creativos argumentos antivacunas, muchos de los cuales compiten con la literatura fantástica: que se cambia el ADN, que esterilizan, que nos convierten en chimpancés, que matan niños para hacerlas, que nos inyectan chips para controlarnos, que es un montaje de las farmacéuticas. Aquí también, cientos de datos de sitios serios y reconocidos, fácilmente consultables, comprobables y coherentes, son reemplazados, incluso en mentes ilustradas, por teorías sin sentido, originadas por personajes y sitios de dudosa reputación, con claro historial de mentiras previas. Es difícil entender como una personas de alto nivel cultural, puede leer y ayudar a diseminar tonterías tan obvias y se resiste a entender principios elementales de salud pública y derechos. Nadie tiene la libertad de decidir qué hacer con su cuerpo si esa decisión va a causar daño y muerte a otros. “Mi cuerpo, mi libertad” implica que mi libertad está por encima de la vida de los demás.

Tres grandes mentiras, cuya diseminación ocupa buena parte del tráfico en redes. Impulsadas desde lo más alto del liderazgo mundial, tienen el potencial de llevar a la humanidad desastres políticos, de salud pública, y comprometer la supervivencia de la especie.

Nunca antes la Mentira había tenido el poder de causar un daño tan profundo y universal.

Las pantallas

Es de alto nivel intelectual dogmatizar sobre los efectos nocivos de las pantallas.

Por un lado están los ojos. Con qué facilidad se disemina el mito de los perniciosos rayos que salen de las pantallas y dañan nuestros ojos. No hay ninguna evidencia científica y cientos de estudios demuestran lo contrario. De las pantallas sale luz que estimula nuestras retinas de la misma manera que lo hace un paisaje. Lo único que está demostrado es que si los niños pasan muchas horas mirando objetos de cerca, pantallas o papeles, desarrollan o aumentan la miopía. Las abuelitas tenían razón. Pero la prevención es fácil y basta con dos horas de exposición al sol y juego al aire libre todos los días.

La preocupación mayor, personificada en el viral discurso del ministro francés de finanzas es el daño mental de “les écrans”. Estimulante la erudición pero equivocada.

“Las pantallas” haciendo referencia al mundo digital y de internet, no son sino un medio. Son tan responsables de las tonterías, que con tanto éxito circulan, como lo fue la imprenta de las fotonovelas, los cómics y tantos otros impresos llenos de basura. Muchos de ellos, libros. Así que el hecho de que un libro sea impreso no quiere decir que abre la inteligencia, estimula la imaginación y nos agrega como seres humanos. Depende del contenido. Igual que las pantallas. Se pueden usar para leer los más clásicos e inspiradores libros, o para pasarse el día viendo volteretas de gatos.

Es cierto que las redes están diseñadas para enganchar al usuario a ver las mismas necedades en forma repetitiva. Lo mismo podría decirse de un buen libro. El escritor engancha con las primeras líneas y mete al lector en su mundo imaginado a través del hábil manejo del lenguaje. Un gran clasico estimula la mente de la misma forma, independiente de si se lee en un papel o en una pantalla.

De hecho, las pantallas tienen grandes ventajas: no se requiere luz especial, se puede graduar el contraste, el tamaño de la letra y la iluminación a gusto y necesidad del lector. El peso es mucho menor que un libro y no hay el problema del curvado en la union de las páginas. Es posible consultar el significado de palabras en forma instantánea y ampliar referencias a medida que se lee. Los libros son transportables, consultables, accesibles. Es posible leer en forma gratuita millones de títulos y se pueden comprar en instantes y a menor precio los autores recientes. Se subraya sin dañar y se extraen fragmentos con gran facilidad.

La añoranza del olor del papel y el ruido de las paginas es comparable a la de los coches de caballos. Más bien desconcierta que haya aún todavía ese afán por imprimir en papel, con todo el daño ecológico que implica, cuando todo se transmite tan fácil por vía digital.

La controversia está mal planteada y si sigue así, la razón tiene las de perder. El camino es estimular a los jóvenes para que usen los medios digitales todo lo que quieran. El esfuerzo no es contrarrestarlos sino educar para hacer ver que dan acceso al mundo del arte, de la literatura y la ciencia. Si se logra enseñar a usar bien “las pantallas” se logrará que cada vez menos, sean dominadas por la superficialidad y las bobadas.

domingo, 8 de agosto de 2021

Autoridad

Desacreditar y deslegitimar la autoridad es el ingrediente, que mezclado con destrucción lleva a la desmoralización social y eventualmente sumisión.
El daño moral que se le ha hecho a Cali es mucho más grave que el recuento de los daños materiales. La fórmula más probada para salir de la pobreza y reducir el desempleo, es atraer talento y capital, para que generen prosperidad, en un ambiente de seguridad. Y aquí el talento y las inversiones entraron en pánico y están saliendo espantados.

Nada de lo que se ha hecho y se sigue haciendo corresponde a un espontáneo “estallido social”. Siendo cierto que la pandemia empeoró la situación de un buen número de Colombianos, cuando ocurre una “explosion”, consecuencia del hambre, los afectados no salen a tumbar semáforos y cámaras de seguridad. El Fiscal ha demostrado lo que todos somos capaces de observar: un plan sincronizado con objetivos específicos, que sigue una estrategia precisa, con logística compleja y costosa.

Inmovilizar a la policía fue el eje central. Con bien planeadas campañas de medios y redes se la culpa de la violencia. Inventar desaparecidos, cantar “nos estan matando”, y denunciar “asesinato” para el infortunado resultado una refriega violenta, va creando el ambiente de odio y rechazo que se busca. Con la autoridad inhabilitada, se puede proceder a implantar la kraterocracia, que ha azotado grandes sectores de Cali.
Quienes, desde cómodos sillones, defienden el vandalismo y critican con severidad la acción de la autoridad, son los primeros que lamentan su ausencia, cuando ocurre un enfrentamiento entre civiles. Les parece que incendiar bancos y comercios es expresión de ira popular incontenible, pero si llegan a quemar algo que aprecian, denuncian la ausencia culposa del ejército, sin el menor asomo de vergüenza.

Oscar Wilde les habría advertido que tengan cuidado con lo que desean.
Cuando falta la autoridad, todos sufren. Y como suele ocurrir con toda calamidad social, quienes llevan la peor parte son los más pobres. No han aparecido los “investigadores sociales” a mostrar como a los habitantes del oriente de Cali, Siloé o Buenaventura, se les amargó la vida con el imperio de los “resistentes”. Y cómo los vecinos aplauden emocionados cuando la policía regresa.

La prosperidad de un país está en relación directa con el respeto a la autoridad. Que Canadá y Suecia son pacíficos y ordenados? Levante la voz a un policía, y mida la rapidez con que termina enjaulado. De hecho, son los anhelados regímenes socialistas, reinos de inequidad, donde el respeto a la autoridad es absoluto.
Yo conocí el poder de la policía en la Unión Soviética, Cuba, China, Bulgaria. Uno sabe que tiene que ser en extremo sumiso y nadie, que aprecie su integridad y libertad, se atreve a lanzar una pluma a la policía. Hemos comprobado la efectividad de la represión en Cuba.
Quien considere contradictorio que los mismos que vilipendian la autoridad, son los que nos quieren llevar a un régimen autoritario, descubrirá, que en este siglo XXI, nos están aclimatando con términos como “primera línea”y “colectivos”, para las nuevas formas de autoridad, que florecen, hasta para dirigir el tránsito.

CRISPR

Reconocemos y nos alegramos con los progresos de homo sapiens. Cuando se aplica a combinar inteligencia con bondad, logra enormes avances. La ciencia aplicada a la medicina nos ha llevado a reducir el sufrimiento y la muerte, en la ingeniería y física nos lleno de comodidades y movilidad. Con internet nos integramos y estamos logrando la diseminación del saber. Todas, han sido modificaciones que se le hacen al entorno para mejorar nuestras vidas.

Transformarnos a nosotros, nuestra esencia humana es algo que parecía imposible. Era el terreno de Dios. CRISPR nos ha abierto la posibilidad de editar nuestros propios genes.
Gracias a decididas y brillantes mujeres que se concentraron en el RNA, y no el DNA, dominado por hombres, se logró entender cómo es que estas particulares moléculas de la vida, transmiten el código que permite construir otras moléculas. Este trabajo, fruto de largos años en los que observaron cuidadosamente lo que hacen las bacterias para defenderse, mereció un premio Nobel, y fue fundamental para el rapidísimo desarrollo de las vacunas COVID.

La Ciencia básica sale del laboratorio y en una ambiente de libertad económica, se atraen grandes capitales y se crean empresas con enorme capacidad de producción con lo que se logra diseminar el extraordinario desarrollo a gran parte de la humanidad.
Así como la imaginación y la inteligencia de Sapiens, son infinitas, también lo es la estupidez, y resurge el movimiento antivacunas, que tantas muerte y daño ha generado. Argumentan que fue muy rápido, porque no quieren ver todos los años de trabajo previo, que sentaron las bases de la edición molecular. Que no está probada, como si 3.000 millones de vacunados con el 99.5% de las muertes ocurriendo en no vacunados, no fuese suficiente. Que hay efectos colaterales, porque se niegan a entender sencillos conceptos aritméticos que demuestran que el riesgo de la vacuna es ridículo al lado del riesgo de la enfermedad.

La INTELIGENCIA colectiva de la humanidad está en mora de quitarse los guantes y discutir prescindiendo de tanta corrección política. Ya Macron, muy crispado, tomó el liderazgo, desde la cuna de la ilustración y la libertad. Las bobadas y la ignorancia hay que llamarlas por su nombre. Quienes están interesados en regir sus vidas al ritmo de los avances de la Ciencia no tienen por qué encerrarse. Que lo hagan los que quieren permanecer en el oscurantismo. Quien es trabajador de salud, NO TIENE la libertad de enfermar a los demás.
CRISPR está ya probando ser uno de los avances más trascendentales para la humanidad. Seguiremos dando grandes pasos para reducir el sufrimiento, a pesar de las advertencias apocalípticas que han enfrentado a lo largo de la historia todas las innovaciones.

Los temerosos y excesivamente prudentes tendrán que reconocer que lo que ha ocurrido con la vacuna, ha sido extraordinario para la humanidad. Se estan evitando millones de muertes. Quien le tenga miedo a CRISPR (leer lo que significa, lo dejará en las mismas), averigüe que opinan los ciegos congénitos que están comenzando a ver, gracias a su aplicación en la retina.

La guerra tibia


Es cierto que en la guerra fría se evitó la confrontación nuclear entre los dos sistemas predominantes. Pero la verdad es que no fue tan fría . Hubo confrontaciones bélicas, desde Vietnam, hasta Siria, pasando por Angola y muchos otros. Por un lado USA y Europa y por el otro los Soviéticos y Chinos. Todos vendiendo armas y facilitando que otros se maten con cada vez más eficiencia.
El derrumbe de la Unión Soviética con la liberación de Europa Oriental y el invento del capitalismo comunista en China, acabaron con la guerra fría, y la confrontación ideológica perdió relevancia en el mundo, excepto en latinoamérica. Se reunieron en Sao Paulo quienes insisten que las teorías bonitas están por encima de la realidad. Por alguna razón se ha concluido que nuestra particular inequidad justifica la economía estatista y la repartición de la riqueza. Y que la fórmula no va a diseminar la pobreza, como ha ocurrido en el resto del planeta.
Un gran aporte fue renunciar a la guerra como método para hacerse al poder. En este mundo cada vez más civilizado y conectado, se estaban viendo demasiado anacrónicos esos personajes disfrazados de militares, sembrando minas quiebrapatas. Había que entibiar la toma del poder. En vez de AK-47 y granadas se deberá recurrir a la piedra y las molotov. No habrá más guerra de guerrillas en las selvas. Habrá marchas, paros, bloqueos en las ciudades, donde está concentrada la gente, y es posible gestionar la frustración colectiva.

El guión quedó tan bien hecho que los cubanos comenzaron a copiarlo. Con muy poca experiencia en marchas y protestas y enfrentado un estado que sí sabe reprimir, han intentado usar las mismas fórmulas que ven funcionando en varios países del sur.
Que son conspiraciones de la derecha cubana de Miami apoyados por la CIA? Si suena parecido a las conspiraciones de la izquierda promoviendo marchas violentas, es porque “está sucediendo”. Es la nueva guerra tibia que van a seguir librando las dos ideologías predominantes. Los creyentes en la libertad económica, en el valor de la competencia y la propiedad privada, harán lo posible por hacerle la vida imposible a los regímenes que expropian, controlan y racionan. Y lo contrario. Ya hemos conocido y vivido como opera la estrategia.
Desde luego los autoritarios le llevan mucha ventaja a las democracias. El liberalismo económico viene con un paquete de libertades individuales, prensa, justicia y elecciones independientes, ejército neutral, todo fácil de infiltrar y socavar. El totalitarismo en cambio justifica todas las violaciones a la libertad, basándose en la superioridad moral de un equilibrio social que se queda en anhelos y consignas. Lo que realmente queda es una pequeña camarilla de privilegiados.
Será que estamos condenados a ésta guerra tibia? La de la lucha en las calles, donde las democracias liberales llevan las de perder?
Nos seguiremos protestando los unos a los otros y los otros a los unos, mientras el resto de la humanidad trabaja, coopera y progresa?

O seremos capaces de encontrar un camino intermedio como tantas democracias que se respetan y suelen alternar entre centro derecha y centro izquierda, sin hacer tanto drama?




domingo, 4 de julio de 2021

La linea delta



El fenómeno es universal. La vacuna está disponible para todos en USA pero solo el 40% de los jóvenes ha acudido,mientras que los viejos ya pasan el 80%. Quienes la rechazan? Los de más bajo nivel educativo.Que más evidencia se requiere, para probar éxito indiscutible de la vacunación?. Con un poco más del 50% de la población vacunada, el número de muertes por COVID ha caído a menos del 10% de los 3.000 en que estuvo varios meses. Y con restricciones sociales eliminadas.

Los datos estadísticos son fríos y no permiten captar el sufrimiento. Es fácil pasar por alto lo que significa para una sociedad reducir 3.000 muertos CADA DIA. Eso hace posible hablar con tanta banalidad del asunto, recurriendo a datos parciales y conceptos descaradamente tendenciosos.

No son solo las muertes, que traumatizan familias y empresas. Muchos han conocido, ahogados por el llanto, el martirio de familiares hospitalizados. Pasar días en un corredor, esperando que se libere una cama o una conexión a oxígeno. Médicos exhaustos, abrumados, forzados a tomar las decisiones más crueles: como priorizan sus esfuerzos y limitados recursos. El horror de estar aislado de allegados, rodeado de luces, aparatos y sonidos, viendo morir a los vecinos de cama, agobiado por el malestar, y la ansiedad de no saber cuándo lo van a intubar, ni cuales son las circunstancias en que se va a tener que despedir de este mundo.

Después de espantarnos con Wuhan, Bérgamo fue el primer susto que tuvo occidente. El brote ocurrió después de un partido de fútbol. La tragedia se veía aterradora. Vino luego Madrid, que tuvo su pico después de una marcha masiva y clamorosa. Luego Estados Unidos, batió récord mundial, mientras Trump promovía ruidosos mítines. Son muchos los sitios con brotes trágicos, donde se ha podido establecer la asociación con eventos públicos en los que la gente grita o canta.

Pero en Colombia le teníamos que mezclar ideología a la epidemiología. Ya se pronunciaron pontífices de la verdad: el hecho de que Colombia tenga en el momento la peor tasa del mundo, con más de 700 muertos diarios, “nada tiene que ver con las marchas”. Si tuviésemos algo de coherencia social, deberíamos estar encausando a todos los que promovieron las marchas en conjunto con los que afirman con cara de sabios que no hay relación entre miles de marchas y miles de muertos por COVID.

Es probable que ya circule entre nosotros la variante Delta, más contagiosa, más letal, especialmente en jóvenes. Además engañosa porque los síntomas iniciales son distintos (cefalea, debilidad, neumonía, sin tos, ni fiebre) y hay más test falsos negativos. Es posible que con tan alta tasa de contagios, generosamente distribuidos por ardientes jóvenes, tengamos también nuestra propia variante a la que podremos llamar “primera línea” en reconocimiento a sus promotores.

El desastre está creado y es urgente acelerar la vacunación, abriéndose a todas las edades, y dejar bien claro que son las bulliciosas aglomeraciones las que explican nuestra debacle.

Hay quienes imaginan a la naturaleza diezmando a homo sapiens por haberse multiplicado tanto. Difícil confirmar. Pero no hay duda que está usando a los menos sapiens para diseminar el virus.

Progresofobia

Son comicas, algunas acrobacias del lenguaje:

Progresista: Dícese del que aboga por el estado de bienestar, los derechos civiles, la participación ciudadana y la distribución de la riqueza.

PROGRESOFOBIA: Descomposición emocional que sufre un progresista cuando lo confrontan con la evidencia de progreso.

Quiere Ud tener un reconocimiento de intelectual profundo y serio? Debe ingresar al culto del pesimismo y la negatividad: No es posible que esté ocurriendo NADA bueno; no hay duda que estamos en el peor momento de la historia; la más alta concentración de la riqueza; el racismo, la xenofobia, el clasismo, peor que nunca, la corrupción generalizada, apoderada de todo; nunca habíamos tenido políticos tan ladrones, gobiernos tan ineptos, pobres tan pobres y desigualdad peor. Expresarse así, es lo serio y responsable.

En cambio si Ud quiere pasar por candido, simplista y hasta tonto, muestrese optimista con todo lo que la humanidad y el país han mejorado. Será categorizado como un insensible y despistado oligarca, que no es capaz de darse cuenta del escabroso mundo que lo rodea.

Steven Pinker ha asumido el quijotesco emprendimiento de mostrarle al mundo lo mucho que hemos progresado y cómo la humanidad da pasos gigantes hacia la prosperidad, el bienestar y la equidad. Por supuesto la intelectualidad fatalista, lo detesta y lo critica con ferocidad.

Lo “in” es lamentarse y enumerar con sevicia todos detalles de lo que nos está llevando a la hecatombe. Lo “out” es reconocer que hay enormes avances en muchos campos. Hacer una enumeración de cifras y gráficos, como lo ha hecho Pinker, para el mundo, en sus conferencias y libros, resulta muy extenso para un corto escrito. Quien no esté irremediablemente carcomido por la desesperanza, lo puede consultar. He hecho en www.satiagraja.org una compilación de las cifras y gráficas más notables, y le he agregado algunas de Colombia. (gratis y sin propaganda).

Se que a muchos, el solo hecho de dirigirlos a un sitio en el que se demuestre progreso, les da revulsion. No toleran leer sino pocas líneas. Cuestionar su armazón ideológica les da escalofríos. ¿De qué se van a quejar? Que van a gritar en sus marchas?. Concluirán que la gráficas son manipuladas y los testimonios son dirigidos, para dar una impresión, que no concuerda con su calamitosa visión del mundo.

Recomiendo vacunarse y evitar el contagio de la pandemia pesimista, el daño más grave que dejó el paro violento. Se debe saber que los infectados son pocos. Son muy bulliciosos, y eso nos hace creer que la mayoría está afectada. Además, reciben la generosa amplificación de medios, que siempre publican lo que más vende: lo malo, la tragedia, el miedo.

Es también clave entender que reconocer el progreso, no significa que seamos unos bobos irredimibles que no entendemos todo lo que todavía hay por mejorar. El mundo está mucho mejor, pero aún está lejos de estar terminado. Adquirir inmunidad juntándose con los optimistas, que en general son los que están trabajando y aportando ideas. Practicar el distanciamiento social con los que poco saben y los frustrados y amargados que han pasado una existencia gris en la que el único valor que queda es : Protestar!


sábado, 19 de junio de 2021

Cosecha de falacias



Que época tan fértil para la siembra de falacias. Con qué facilidad se cosechan y distribuyen, sin análisis alguno.

He aquí unas, de las tantas que circulan:

“Tan irracionales son los bloqueos y los paros indefinidos como la falta de oportunidades y de esperanzas para la inmensa mayoría de colombianos.” Inmensa mayoría? Todos los estudios muestran que, como en toda sociedad de este planeta, hay un porcentaje de personas que quedan marginadas de las oportunidades. En Colombia es muy alta porque puede llegar a 10% dependiendo de quien y donde y que se mide. Es alta y muchos trabajan para bajarla. Pero equiparar la irracionalidad de los bloqueos y los paros a lo que no ha podido solucionar un sistema lleno de defectos, es buen ejemplo de pensamiento absurdo . No hay equivalencia entre impedir un derecho, y no ser capaz de dárselo a todos. Al que se rasga las vestiduras, con semejante malabar moral, se le debe preguntar: ¿Y cuál ha sido su aporte?

“No hay diferencias entre la carencia de alimentos que surge de un bloqueo y la que nace de la simple incapacidad de adquirirlos porque no tiene dinero para hacerlo”. ¿No hay diferencia entre impedirle a Ud comer y no ser capaz de repartir equitativamente la comida? Hay cientos de iniciativas en este y muchos otros países, para los pocos que se quedan por fuera del acceso seguro a la alimentación. Que no funcionen a la perfección y siga habiendo algunos que pasan hambre, valida cortarle el acceso a todos, para que allí si, el hambre se disemine? La falacia pasa de inmoral a estúpida.

“Tan criminal es bloquear el paso de una ambulancia como lo es que la falta de recursos impida el acceso a servicios de salud”. Esta es la joya de la corona. Poner en el mismo plano impedir la atencion de un enfermo, con las dificultades que tienen todo sistema de salud, para dar atencion oportuna a todos, es tan absurdo como equiparar el asesinato con la muerte natural.

“Tan vándalo es quien destruye infraestructura colectiva cómo quien se roba los recursos para construirla”. ¿Cuánto hay que torcer la lógica, para ser capaz de armar semejante barbaridad? Si la infraestructura está construida, es porque hubo la suerte de que alguien no se la robó. Y si eso se logró, es un beneficio para la sociedad, y se debe proteger, como se deben vigilar y proteger los contratos de construcción. Justificar la destrucción, con la corrupción es un sinsentido.

“La paz no es posible hasta que todo ser humano tenga un lugar en la dignidad”. El mundo entero viviría en guerra porque ningún país, ha logrado tan bonita utopía. Que está muy bien como sueño, pero sumamente torcida, como justificación de la violencia, que ha probado precisamente aplastar la dignidad humana de forma atroz.

“Autoridades ineptas e incapaces…”. No los elegimos nosotros?, los aptos y capaces? ¿Por qué ley de la naturaleza, resulta que de esta conjunción de seres prístinos e inteligentes, salen siempre los más brutos y corruptos a dirigirnos?

La filosofía de todo vale porque nada sirve, hija de la mediocridad y hermana del negativismo es de un simplismo grotesco. Inmejorable ejemplo, el grafiti pintado en una estación destruida: CUIDEMOS LO NUESTRO.

Confusion



Es, sin duda, la esencia de la estrategia del paro. Crear confusión. Un ejército de periodistas y analistas, muchos pagados y contratados, otros… confundidos!, consumen lo que nos han servido en la misma bandeja, para que no seamos capaces de discernir.

Por un lado tenemos un gran grupo de Colombianos, que tienen justificados motivos para estar inconformes: corrupción, ineficiencia estatal, sistema judicial pesado, congresistas y magistrados llenos de privilegios, inequidad, miseria, hambre, pesima educacion, fallas tremendas en el sistema de salud. Cada cual, a su nivel, según su campo de acción y sus intereses, logra compilar una larga lista de quejas, que despliega con orgullo cada que se convoca al deporte nacional más popular: rajar del país.

Quienes hemos tenido oportunidad de vivir en otras latitudes, sabemos que esas listas existen en todas partes. Pero es motivo de orgullo patrio, mantenerlas bien guardadas y airearlas lo menos posible. Por eso, cuando se mide percepción de cualquier cosa negativa, somos campeones.

La gran mayoría de estos quejosos patriotas, creen en la democracia, la libertad económica y el diálogo pacifico para resolver nuestras diferencias. Los más molestos, protestan, marchan, y quieren ejercer presión para que las cosas mejoren más rápido. Esos son los pacíficos manifestantes.

Pero hay también un pequeño grupo que representa un 3% de la población, que cree que la dictadura del proletariado es la solución. Y como no la han podido imponer a la fuerza, usan con habilidad la confusión.

Se organizan marchas. Salen los pacíficos cantando con entusiasmo. Al final, entran cuadros bien armados a atacar, destruir, quemar, cuando todavía hay marchantes. La policía hace lo que tiene que hacer: tratar de proteger vida y bienes. Se confunde la reacción policial, con represión a unos jóvenes pacíficos inconformes. Así lo perciben los marchantes. Así lo reportan los periodistas. La misma policía se confunde, de tanto ser acusados de abuso, ya no se defienden ni defienden a nadie.

La protesta auténtica y legítima de miles, se confunde con la barbarie de unos pocos. Ayudan los recuentos y videos mentirosos. Todos caen en la trampa. La sociedad se confunde. “Tenemos que cambiar porque nos van a arrasar”. No distinguen que la violencia viene de unos pocos, contra los que bastaría una efectiva acción policial, como ocurre en todo el mundo. Se proponen soluciones. Recojamos plata para dar empleo. Hagamos fundaciones para ayudar. Regalemos comida.

Como todos estamos confundidos, no se entiende que esas acciones, si bien alivian la presión, son de corto plazo. La gran inconformidad, la de la mayoría de los ciudadanos molestos, se resuelve con cambios estructurales permanentes: sistema tributario que no sea burlado por los más poderosos, participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas, cárcel y confiscación de bienes para los corruptos y tramposos.

Creer que con medidas temporales se va a lograr el apaciguamiento de los violentos es una ilusión vacua. La violencia es promovida por los amigos del socialismo del siglo XXI, quienes van a considerar cualquier ayuda, como migajas que caen de la mesa de los ricos.

Resistencia



Todo el que se ha atrevido a opinar en este largo paro ha sido reiterativo en que hay que escuchar a los muchachos de la resistencia. Y la verdad, muchos hemos hecho el esfuerzo por escuchar. Y no hemos podido oír algo medianamente inteligente o útil. Solo lamentos de asistencialismo y estatismo, que mal planteados, han demostrado ser la fórmula perfecta para generar miseria. No es muy probable que de esa juventud inconforme salga el proyecto de reforma tributaria o pensional, que sí podría contribuir a mejorar la equidad en Colombia. Eso requiere inteligencia, disciplina y trabajo, que no abundan, en las mentes rebeldes. Lo que más entusiasmo produce, es hablar de RESISTENCIA.

Claro, siendo que un componente importante de la estrategia es el manejo de la información y las palabras, había que escoger una con glamour francés. La “resistence” a la invasion nazi, que tantas añoranzas de valor y libertad nos despiertan.

¿Pero aquí, qué es lo que resisten? La capacidad para pasar largas horas, haciendo nada, después de haber tumbado semáforos y desvalijado estaciones? Aunque habrá quienes digan que el hecho de que todos los “puntos de resistencia” estén desbaratados, nada tiene que ver con la protesta pacífica.

¿Que resisten? La grandes y continuas dosis de cannabis y alcohol que generosamente les proveen? ¿El impulso de seguir destruyendo?

La verdadera resistencia la tienen todos los que se levantan a diario a tratar de llegar a sus sitios de trabajo. Los habitantes del oriente que pagan para poder pasar la noche en sus casas o llevarle comida a sus familias. Los miles de dueños de pequeños negocios que han quebrado.

Resistencia la de los que hemos sufrido bloqueos de unos pocos patanes que se sienten con derecho a chantajear a toda una ciudad violando el elemental de derecho de moverse libremente. La de los médicos y enfermeras atendiendo el peor incremento COVID del mundo, cortesía de la irresponsabilidad de las marchas.

Resistencia la de las fuerzas armadas que tienen que remover con cortesía a esos niños indefensos una y otra vez de sus sitios de bloqueo, después de recibir ataques con piedras, gasolina y armas de fuego.

Resistencia la de los policías de tránsito que pasan largas horas bajo lluvia y sol reemplazando los semáforos que se cayeron mientras los alegres chicos participaban en bailes y actos culturales.

Resistencia la que hemos tenido todos los que hemos participado en la discusión, ante el alud de escritos y videos que usan los más inverosímiles argumentos para darle validez a tan inutil y dañina forma de entender la participación en democracia.

Resistencia la que vamos a tener los caleños cuando nos pasen la cuenta de los billones que valdrá la reconstrucción de todo lo que un pusilánime jefe de la ciudad no supo defender, pero denuncia, cuando todo está consumado, para hallar unos responsables que están en sus narices.

Resistencia mientras nos imaginamos una utópica justicia que obligue a todos los responsables: los que organizan, los que ejecutan, los que permiten y los que alientan y estimulan la destrucción, a pagar según su capacidad, las enormes necesidades que va a tener la ciudad.

jueves, 3 de junio de 2021

La gloriosa guerra

Es muy romántico el discurso que nos muestra el progreso de las sociedades a punta de guerras. Qué son los bombazos, la carne quemada, la sangre, el sufrimiento y el dolor, los que nos han dado los derechos. En lo que se refiere a las guerras de independencia del siglo 18, puede tener alguna validez y de hecho los himnos, textos de historia y monumentos están llenos de bella literatura exaltando el sacrificio que hicieron nuestros antepasados para darnos libertad.

Pero ver a un actor trasnochado queriendonos vender que el progreso social en el siglo 21 solo se logrará con “jóvenes mutilados, cabezas rodando, mujeres ardiendo en las llamas de las hogueras”, no solo tiene la perfidia de graduar de heroico todo el asesinato y vandalismo, sino que demuestra que los ideólogos detrás de toda esta destrucción estan terriblemente desinformados de la historia moderna.

El primer supuesto, absolutamente falso, es que las guerras son gloriosas y es gracias a ellas que nos hemos ganado los derechos. Hitler, Mussolini y los generales japoneses, fueron diligentes parteros de la historia. Para no mencionar a Stalin, Mao y la dinastía Kim, que en conjunto aportaron más de 100 millones de muertes, execrable sufrimiento a sus respectivos países, y tremendo retraso en el avance en derechos de la humanidad.


Pero peor es la ignorancia de desconocer a Gandhi, quien logró la independencia de la India sin empuñar un arma y sin invocar a nadie a hacerlo. A Marin Luther King, quien logró la eliminación de las odiosas leyes discriminatorias en Estados Unidos, contando un sueño. A Nelson Mandela, quien después de una juventud equivocada, fue capaz de invocar la fuerza de la razón para terminar firmando con sus carceleros y peores enemigos. A Desmond Tutu quien fue catalizador de la transformación en Suráfrica y figura apaciguadora en otros conflictos. A Gorbachov quien logró acabar con la Unión Soviética, tumbó el muro de Berlín, con el solo ruido de los martillos. A Lech Walesa y Juan Pablo II que liberaron a Polonia y Europa oriental del yugo comunista, con la fuerza de la palabra y la fe. A Deng Xiaoping quien logró la transformación de China con la implantación del “glorioso” liberalismo económico.


Todas, enormes e importantísimas transformaciones sociales, que han producido indudables beneficios en sus respectivos países, y con indiscutibes avances en los derechos humanos. Sin poesía y sin melodrama revolucionario desueto, el mundo ha evolucionado hacia la mejoría. Ninguno de esos grandes líderes ha invocado “empalados, o chimeneas de campos de concentración, o cuerpos destrozados”, para lograr que en sus países se respeten derechos humanos, se logren derechos laborales, se implanten servicios de educación o salud. Ninguno ha acudido al efecto redentor del humo de bancos y mercados quemados, o al liberador olor de la leche fluyendo por las alcantarillas o la piel de policía ardiendo con bombas molotov.


¿Habrá quien nos ayude a dilucidar, porque el mundo escogió el camino de prosperar en paz, mientras en latinoamérica florece esta versión tan anacrónica y brutal de la izquierda? ¿Cómo cabe la palabra “humana” al lado de semejante apología del horror?

martes, 1 de junio de 2021

An unpopular truth



Bewilderment. Astonishment. Revulsion. These have been the predominant feelings experienced lately by Colombians who work daily towards a better country when they see the international press coverage on the recent events involving terror and violence in Colombia.


Overwhelming evidence, which is already being processed by the country’s national prosecutors, reveals a macabre plan orchestrated by narcoterrorist guerrillas leveraging their immense resources to hire street gangs in major cities to create a state of anarchy.


Their strategy is twofold. The first front is focused on destruction and coordinated attacks with multiple targets: public transportation infrastructure, police stations, shopping malls, supermarkets, banks, government offices... dozens of these vandalized, destroyed or even set on fire. Police officers have been burnt alive, stabbed and beaten by angry mobs of drugged street thugs. Cali, the country’s third largest city, has been under siege for weeks, with over 50 illegal blockades that froze most economic activities and drove hundreds of companies to bankruptcy, generating massive unemployment.


The second front is a careful PR campaign designed to disguise everything that’s happening as justified and pacific protests. They’ve mobilized the country’s youngest adults, whose lists of unfulfilled dreams have been growing steadily since the pandemic, driving them to take to the streets and protest peacefully with chants and dances. Simultaneously, they’ve published skillfully edited videos on social media where they make it look like the police’s response to violent attacks is actually an unjustified, proactive strategy of repression against peaceful protests. Also, they’ve reported hundreds of supposedly “disappeared” protesters, most of them magically reappearing when the press coverage has been published and the damage is done. Of course, the entire world has reacted against the government’s “brutal repression”.


The truth, however, is that those being murdered are mostly police officers forced to refrain from using their weapons by feeble authorities, such as Cali’s Mayor. Once this twisted lie became the predominant version on most media outlets, other governments and major NGO’s began pressuring the local government and most authorities retreated. The result? A large portion of Colombia’s southern roads have been blocked for over a month. Scarcely any movement of supplies and merchandise. Millions of tons of food spoiled. Besieged cities with no gas, no food. Their inhabitants unable to work, deprived of medical attention, all of this in the midst of the country’s worst Covid 19 peak.


The whole montage has been so cynical, so shameless, that there are videos where a director gives instructions to amateur actors posing as peaceful protesters, telling them to run and trigger fireworks that sound like gunshots, coaching them on how and when to yell “the police are shooting, they’re killing us” and how to fall to the ground realistically, simulating being shot. Just like a Hollywood movie, the farce has been working perfectly and these phrases have become trends on news outlets and social media.


To the shocked human rights groups, to the concerned journalists, to the inflamed politicians, all asking for moderation on behalf of government authorities, we must ask: What would be your reaction if you saw Rome’s subway system on fire? Or Milan’s shops looted? What if you saw Madrid’s police stations burnt to the ground? What would you do if you couldn’t drive to work? If you couldn’t buy groceries? If your sick relatives died on the streets because they aren’t allowed to reach a hospital? What if your entire city was on the brink of disaster because all economic activity is paralyzed?


An Unpopular Truth: What’s Really Happening in Colombia.


Bewilderment. Astonishment. Revulsion. These have been the predominant feelings experienced lately by Colombians who work daily towards a better country when they see the international press coverage on the recent events involving terror and violence in Colombia.


Overwhelming evidence, which is already being processed by the country’s national prosecutors, reveals a macabre plan orchestrated by narcoterrorist guerrillas leveraging their immense resources to hire street gangs in major cities to create a state of anarchy.


Their strategy is twofold. The first front is focused on destruction and coordinated attacks with multiple targets: public transportation infrastructure, police stations, shopping malls, supermarkets, banks, government offices... dozens of these vandalized, destroyed or even set on fire. Police officers have been burnt alive, stabbed and beaten by angry mobs of drugged street thugs. Cali, the country’s third largest city, has been under siege for weeks, with over 50 illegal blockades that froze most economic activities and drove hundreds of companies to bankruptcy, generating massive unemployment.


The second front is a careful PR campaign designed to disguise everything that’s happening as justified and pacific protests. They’ve mobilized the country’s youngest adults, whose lists of unfulfilled dreams have been growing steadily since the pandemic, driving them to take to the streets and protest peacefully with chants and dances. Simultaneously, they’ve published skillfully edited videos on social media where they make it look like the police’s response to violent attacks is actually an unjustified, proactive strategy of repression against peaceful protests. Also, they’ve reported hundreds of supposedly “disappeared” protesters, most of them magically reappearing when the press coverage has been published and the damage is done. Of course, the entire world has reacted against the government’s “brutal repression”.


The truth, however, is that those being murdered are mostly police officers forced to refrain from using their weapons by feeble authorities, such as Cali’s Mayor. Once this twisted lie became the predominant version on most media outlets, other governments and major NGO’s began pressuring the local government and most authorities retreated. The result? A large portion of Colombia’s southern roads have been blocked for over a month. Scarcely any movement of supplies and merchandise. Millions of tons of food spoiled. Besieged cities with no gas, no food. Their inhabitants unable to work, deprived of medical attention, all of this in the midst of the country’s worst Covid 19 peak.


The whole montage has been so cynical, so shameless, that there are videos where a director gives instructions to amateur actors posing as peaceful protesters, telling them to run and trigger fireworks that sound like gunshots, coaching them on how and when to yell “the police are shooting, they’re killing us” and how to fall to the ground realistically, simulating being shot. Just like a Hollywood movie, the farce has been working perfectly and these phrases have become trends on news outlets and social media.


To the shocked human rights groups, to the concerned journalists, to the inflamed politicians, all asking for moderation on behalf of government authorities, we must ask: What would be your reaction if you saw Rome’s subway system on fire? Or Milan’s shops looted? What if you saw Madrid’s police stations burnt to the ground? What would you do if you couldn’t drive to work? If you couldn’t buy groceries? If your sick relatives died on the streets because they aren’t allowed to reach a hospital? What if your entire city was on the brink of disaster because all economic activity is paralyzed?

Calikistan

“Mi Cali bella, Mi Cali hermosa, Cali preciosa..”

¿En qué te ha convertido el más inepto de los alcaldes?


Recorrer la ciudad arruga el alma. Donde antes sentíamos una ciudad pujante, organizada, civilizada, alegre, desordenada, llena de verde, donde gracias a la inventiva de la informalidad, era posible solucionar desde un almuerzo, hasta un espectáculo circense, en cualquier esquina, ahora vemos ruinas que nos transportan a Afganistán.

Recorrida por modernos buses azules con aire acondicionado moviendo pasajeros gracias a una estaciones diseñadas para proteger y facilitar el abordaje a los más necesitados.

Sembrada de mercados, tiendas, panaderías, centros comerciales y parques que sus habitantes usan para nutrir el cuerpo y el espíritu.

Llena de programas sencillos y accesibles a todos, como ir a baño en los ríos aledaños, jugar fútbol en los parques, treparse en bicicleta en sus cerros, subir al 18 a coger aire fresco, bailar en el parrandeadero de la esquina.

Quienes hemos vivido aquí los últimos 50 años, hemos podido ver una ciudad que se transforma y progresa. Mejora sus vías y su transporte público, mejora sus parques, mejora su oferta culinaria y de toda clase de servicios en todos los niveles. Los que conocimos los cinturones de miseria, hemos podido presenciar una transformación asombrosa. Donde antes había ranchos, ahora hay casas con acabados. Donde antes había casitas, ya hay edificios de 4 pisos, con escalera caracol. Donde antes había lotes de basura, ahora hay un enorme supermercado o moderno colegio, o una gran estación del MIO. Donde antes había miseria y desnutrición ahora hay familias recibiendo un ingreso digno y los hijos están subiendo dos o tres estratos, gracias a que recibieron educación.

Desde luego que estaba lejos de ser un paraíso sin problemas. La inmigracion continua del sur, de la costa pacífica, de Venezuela, producida por las pequeñas guerras, allá montadas. Cali recibe un influjo permanente de migrantes y hacía enormes esfuerzos por incorporarlos.

Pero le cayeron dos pestes. El virus indujo a un alcalde, incapaz de ver el alcance de sus medidas, a imponer unas restricciones que era obvio iban a generar desempleo y miseria. Puso a la policía a imponer el aislamiento, generando entre la población más afectada, rechazo y desafecto con la autoridad.

Estando en lo peor de la pandemia, vino la segunda plaga. La invasión de la narcoguerrilla que se alió con las bandas delincuenciales para destruir y adueñarse de las ruinas. Y participó del engaño generalizado de la protesta legítima y pacífica, en la que cayeron tantos.

Se nos salen las lagrimas de recorrer el Cali que nos entrega este Alcalde, incapaz de entender lo que representa la autoridad, de valorar el orden, de proteger los derechos de todos. Obsesionado con el derecho a la protesta, le entregó la ciudad a malandrines de todos los pelambres, que se ocuparon de saquearla y quemarla. Pasará a la historia como el personaje que logró en un mes, revertir la historia de la ciudad 30 años.

domingo, 30 de mayo de 2021

Conexidad


Término no muy castizo usado en política y justicia para establecer la relación entre un discurso y unos hechos.

Se entiende que periodistas de otros lares, muchos con agenda, den informes que atropellen la verdad en forma obscena. No hacen un trabajo responsable. Van con la moda antidemocracia, anti autoridad, y difunden con entusiasmo noticias que siguen la corriente.

Pero a los que vivimos aquí, no nos enredan. Vemos los edificios quemados. Vemos las estaciones vandalizadas, los semáforos en el suelo, las cámaras de seguridad destruidas, los vidrios quebrados. Sufrimos los bloqueos y la arrogancia de sus patanes vigilantes. Vemos la ruina de empresas y la angustia del desempleo. Vemos como enfermos graves, ambulancias, carros de bomberos, alimentos perecederos, tienen que devolverse porque un malandrín con ínfulas de jefecillo guerrillero no permite el paso.

Seguir repitiendo la insulsa tontería de que este es un paro pacifico, que promueven unos muchachos inconformes que están ejerciendo su legítimo derecho a la protesta, nos está llevando a la disolución del entramado de la civilizacion.

Es difícil entender cómo la Fiscalía,no lo ve. Debería establecer la obvia conexidad entre los discursos del político incitador y los hechos de violencia. Y si eso no ocurre, parece mucho más improbable que pudiese establecerse la conexidad entre el gran número de escribientes, que han justificado y alentado el paro adornándolo cariñosamente como una pacifica protesta del pueblo inconforme.

Nadie va a negar los múltiples problemas que tiene esta sociedad. En lo que tenemos que insistir, sin cansarnos, es que ninguno de esos problemas se arregla o siquiera se mejora, destruyendo, vandalizando, quemando. Quien pregona que esos son actos independientes de la protesta y que nada tienen que ver con ella, no puede ser tildado sino de ciego, sordo, o afectado del entendimiento.

La violencia se tiene que acabar. Han logrado invalidar y limitar a la autoridad, que es la llamada a contrarrestarla. Les queda a los ciudadanos rechazar verticalmente bloqueos y marchas, confrontando con la acción pacífica a los que la apoyan. Pero sobretodo, es indispensable dejar de consumir el sancocho moral que la justifica y la sostiene. Los líderes y políticos deben ser judicializados. Su discurso está conectado con la destrucción y la muerte. Los intelectuales que describen la receta deben ser develados. Entre más relativismo y sutileza, más daño hacen.

Se tiene que restituir el respeto por la autoridad. No pueden seguir sacando a la policía para que los quemen o los maten a patadas. La fuerza tiene que estar en manos de la autoridad, como en toda sociedad que vive en paz. Entre más respeto infunde la autoridad, menos opciones tienen los criminales.

Tenemos que rechazar ese cínico discurso de que “salimos a marchar en paz”, pero “no sabemos qué pasó y nos infiltraron unos vándalos”. Quienes marchan, están prohijando el vandalismo. Son disfraz del crimen. La sociedad que aprecia la paz, se los tiene que hacer saber.

Son honestamente pacíficos? ¡No marchen más! ¡No se dejen usar más!




Sueños juveniles

La letanía es interminable. Una juventud azotada, reprimida, ignorada, sin oportunidades, que no puede estudiar (aunque muchos son universitarios) y no encuentra empleos dignos. En las encuestas describen sus sueños: “acceso fácil a las universidades”, “lineas de credito fáciles”, “Estamos en pie de lucha”, para lograr “un país equitativo y justo”, “ donde no haya miedo represión, ni guerras”, “ donde podamos denunciar inequidades”, “con garantías para los activistas”, “ para el arte” “un mejor país” “descentralizado”, “donde todos podamos coexistir”, ”reformar policia ejercito, eliminar esmad”. “Construir ese futuro a través del diálogo”

Jóvenes: los escuchamos: vemos que las palabras “facil”, “garantia” y “pedimos” se repiten en todos sus sueños. Lamentamos no oír por ningún lado: “obligaciones”, “deberes”, “disciplina”, “creatividad”, “construir”, “trabajo duro”, “emprendimiento”.

Piden diálogo. Sabrán, que eso es entre dos. Los oímos. Ahora escuchen:
Este es el país que reciben, con todos sus defectos. Con universidades, hospitales, colegios, escuelas, carreteras y puentes, grandes y pequeñas empresas, sembrados, industria, mercados, almacenes, transporte público, aeropuertos, instituciones, constitución, leyes. TODAS defectuosas y mal hechas. No quedaron a la altura de sus sueños. Pero asi quedó y son Uds los que van a tener que inventarse la forma de crear uno mejor.

¿Piden que los eduquen? Vuelvan a las Universidades. Quieren empleos dignos y más equidad? Sepan que no es marchando, bloqueando, destruyendo y quebrando empresas que lo van a lograr. No se pasen la vida denunciando inequidades. Ocupen mejor su vida en resolverlas.

Despierten. Sacudanse el sueño y sepan que son Uds los que van a tener que lograr ese maravilloso país. Si no saben cómo, vuelvan a las aulas. Vean cómo es que van a hacer para que su compañero no se convierta en el corrupto político que tanto los indigna. No van a tener mucho tiempo. Así que comiencen cuanto antes a trabajar, a producir, a construir. Se darán cuenta lo difícil que es. Y cuando lleven una vida haciéndolo, con la mejor intención y duro esfuerzo, les tocará aguantar las protestas de los que vienen detrás y les dirán que todo les quedo mal.

Pero por ahora les exigimos que al menos exhiban algo de coherencia. Están con la violencia, los saqueos, la destrucción, los ataques armados? Si es verdad que son solo pacíficos soñadores, no permitan que sus marchas degeneren en vandalismo. Ningún Colombiano que trabaja cree que la policía los ataca mientras rezan el rosario. Muchos hemos marchado pacíficamente y jamás hemos visto a la policía reprimiendo. ¿Que su presencia es una provocación? O sea que soy pacifico pero veo un policía y me provoca tirar piedras y bombas molotov?

Les toleramos su inconformidad, pero no su incoherencia. Y les cedemos el turno. Bajaremos tranquilos al sepulcro, sabiendo que trabajamos muy duro para construir país, y no nos pasamos media vida marchando y protestando.