La ola de violencia que golpea al suroccidente del país —con bombas y ataques que han dejado decenas de muertos y heridos, incluyendo mujeres y niños— ha alborotado varios avisperos.
El de los intelectuales torcidos que elaboran “sesudos” análisis para insinuar que los responsables deben ser Uribe o Abelardo, porque —según ellos— se ha afectado la “imagen” pacifista del Petro. Una pirueta argumental que pretende convertir la tragedia en propaganda.
El de la gente corriente que observa, con creciente angustia, cómo el país regresa a épocas tenebrosas de inseguridad y muerte. Lo hacen con la amarga convicción de que los pactos del gobierno con el hampa armada y organizada han terminado por fortalecer a quienes hoy controlan territorios y exhiben su poder con una confianza cada vez más desafiante.
El de quienes se envuelven en un pesimismo paralizante frente al futuro. Ven en el eventual triunfo de Cepeda una desgracia inevitable. No alcanzan a entender que, aunque un presidente puede hacer mucho daño, los 52 millones de colombianos tienen mucho más poder. Se angustian con la larga lista de errores de Petro pero se niegan a reconocer todo lo que el país ha logrado a pesar de una dirección equivocada.
Colombia ha demostrado, una y otra vez, que una nación puede sostenerse cuando una masa crítica de ciudadanos cree, aporta y construye, incluso cargando con el lastre de un mal gobierno. La narrativa que han logrado incrustar en muchas mentes sostiene que lo único que mueve al ser humano es la lucha por el poder. Que la cooperación y la empatía son ficciones irrelevantes. Así, la violencia encuentra justificación: el arma se convierte en el símbolo del poder, porque somete y domina. Pero eso es solo parte de la historia. También existe la búsqueda de la verdad de los científicos, la compasión de quienes cuidan a otros, la entrega silenciosa de los médicos, la belleza que persiguen los artistas, la generosidad cotidiana. Hay otra forma de ejercer poder: la de construir, cuidar y sostener. Si triunfa la idea de que solo manda la fuerza, tendremos una comunidad dominada por el miedo. Pero si una mayoría actúa desde la solidaridad y el compromiso, el país que emerge es otro. No el de los cínicos obsesionados con el poder sobre los demás, sino el de quienes, a pesar de todo, siguen apostando por la convivencia.
viernes, 1 de mayo de 2026
Estallido demencial
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